38 Un par de días
No fue suficiente. Ahora lo sé. Dos encuentros son apenasla frase inicial de algo. Cuando le pregunté años después sinuestra amistad había cambiado tras aquel día, dudó, y algotriste cruzó su rostro.
—Tal vez —dijo en voz baja—. Pero no hubo tiemposuficiente.
No hubo tiempo suficiente. Lo sentí en el pecho. Tambiénera cierto para mí, y lo ha sido todos los años desde entonces.
Ella tenía sus razones para seguir en contacto, y me las diocon franqueza.
—Me resultabas interesante —dijo—, e inteligente.
Me llevé el cumplido a casa como una moneda que temíagastar.
Hay otra cosa que debo contarte sobre ella, porque explicael resto.
Cuando le pregunté por qué nunca se había alejadosimplemente, como la gente se aleja de los amigos que vivendemasiado lejos, no dijo que hubiera sido sentimental, nique estuviera sola, ni aburrida. Pareció casi ofendida por lapregunta.
—Yo no puedo hacer eso —dijo—. No soy esa clase depersona. Yo no me voy sin más.
Ella no es una persona que se va. No le cierra la puertaa alguien porque mantenerla abierta resulte incómodo.
He conocido a muy pocas personas así, y entonces no sabía lasuerte que había tenido al conocer a una.