Un corazón indomable (Silver Pines 2) Extra #3
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Extra #3

— Wade , por favor… te lo suplico —ruega de nuevo con un suspiro tembloroso.

Suelto un gruñido profundo. Ella sabe que esas palabras me vuelven loco, así que cedo al instante y pierdo el poco control que me quedaba.

Veo un atisbo de sonrisa en su rostro. He vuelto a darle exactamente lo que quiere porque siempre actúa con premeditación.

Le separo más las nalgas y deslizo la polla contra su ano antes de hundir la punta.

«Me cago en la puta».

Sigo follándole el coño con los dedos y ella se inclina hacia atrás para marcar el ritmo.

Estoy desesperado por llenarla como nunca antes lo había hecho y su culo acepta la invasión un poco más cada vez que se mueve.

Ivy desea mi control tanto como yo deseo el suyo.

Es un juego de dar y tomar, de repartirnos el poder entre los dos, y me provoca un subidón del que soy adicto. Pero, en realidad, soy adicto a ella.

Suelta un gemido y mi polla palpita al oírlo. Nunca había estado tan duro, hostias.

—Eso es —la animo según me hundo más en ella—. Dime cuánto te gusta sentir mi polla enterrada hasta el fondo de tu culo.

—Me encanta, virgen santa —exclama.

Echo la cabeza hacia atrás y suelto un gruñido, un sonido áspero que nace de un lugar oscuro dentro de mí, mientras intento controlarme. Me hace perder la cabeza. Cada parte y cosa de ella.

Ivy jadea, a punto de correrse. Utilizo su deseo para penetrarla aún más.

—Por favor, Wade , deja que me corra. No aguanto más —lloriquea.

«Como si no lo puto supiera».

—Respira hondo —le ordeno.

Ella se estremece cuando por fin me meto totalmente en ella. No voy con delicadeza y ambos gemimos. Me debato entre cuidarla y follármela hasta la saciedad. Deslizo ambas manos hacia arriba y le agarro las caderas.

—Esto es… hostia puta, no sé qué decir —gruño.

Ivy gime y tiembla de la forma que me indica que está tan desesperada por mí como yo por ella.

—Mírate… Me obedeces como la buena chica que eres mientras tu culo le da la bienvenida a mi polla.

Suelta un gemido incoherente cuando me salgo un poco y vuelvo a embestirla. Después, vuelve a suplicarme por todo y por nada a la vez.

—Demasiado, Wade … esto es demasiado —gime e introduzco dos dedos en su apretado coño al mismo tiempo que la embisto por el culo hasta el fondo.

«Joder, jamás había sentido algo así».

—¿ Wade ? —pregunta.

—¿Sí, cielo? —digo entre dientes.

—No te contengas.

—Nunca… —respondo con un rugido.

Sus palabras me animan a reclamarla y ella lo sabe perfectamente.

Empiezo a follármela sin descanso y soy plenamente consciente de que esto no va a durar.

Soy el único que ha estado aquí dentro y ese pensamiento incendia por dentro mi cuerpo a la vez que ella me empapa la mano.

Siento que su coño me oprime los dedos al perseguir su orgasmo.

Enredo la mano en su pelo para apoyarme cuando ella toma el relevo y empieza a masturbarse.

El sonido de sus dedos moviéndose y de sus gemidos llenan la habitación, y cierro los ojos para disfrutar de este momento.

Salgo de ella casi por completo, miro al punto donde seguimos conectados y casi me corro.

—¿Notas eso, Ivy ? —pregunto y vuelvo a penetrarla despacio. Puede que me esté moviendo demasiado despacio, pero quiero saborear este momento.

—Sí… —contesta de forma entrecortada mientras sigue masturbándose.

—Es tu culo, que me acepta de puta madre. Eres la zorra perfecta para mi polla —mascullo, a punto de volverme loco con el ritmo tortuoso con el que me la follo.

Ivy gimotea cuando mi control se resquebraja y me salgo para volver a embestirla, esta vez sin contenerme. Grita y empieza a soltar gemidos incoherentes.

—Jodeeer… —gruño descontrolado.

Ya no puedo ir despacio. Le tiro del pelo para levantarla y poso los labios en su sudorosa espalda. Le follo el culo como si no fuera su primera vez, porque sé que eso es exactamente lo que quiere.

Si quisiera a un hombre que la tratara con gentileza, no estaría conmigo.

Deslizo la mano hasta su garganta y noto que suelta un gemido cuando se me tensan las pelotas.

Noto en todo mi cuerpo el instante en que se corre con mi polla enterrada en su culo, justo como yo quería.

Los sonidos que emite son ahogados, desesperados, casi salvajes, y, Dios santísimo, me llevan al límite.

Me corro con un gruñido bestial. Se me tensa el cuerpo por completo y me derramo en su interior con una fuerza que hace que se me nuble la vista.

Me corro durante lo que parece una eternidad.

Murmuro su nombre y le digo lo bien que ha aceptado mi polla hasta que su respiración calmada me devuelve a la realidad.

Me quedo un momento así e intento que mi corazón vuelva a su ritmo habitual porque voy a tener que llevar su agotado cuerpo hasta el baño. Cuando salgo de su interior, le sonrío y beso su frente sudorosa.

—Ahora eres completamente mía, Ivy . Sabía que te encantaría —afirmo.

Ella me besa la barbilla.

—Y yo sabía que te doblegaría antes que tú a mí. —Me sonríe con dulzura y yo suelto una carcajada.

—Siempre, Lianta —admito—. Siempre.

AHORA SÍ… FIN