CAPÍTULO 9
—¡MAMIPAPIIIIIIIII! ¡QUElO A MI MAMIPAPIIIIIIIIIIIIII!
Antes de que las puertas del ascensor se abrieran, pude oír el llanto desgarrado de Allegra atravesarlas.
Al entrar, me encontré con un desorden enloquecedor reinando en el apartamento.
Juguetes, tentempiés infantiles, incluso los prohibidos, estaban esparcidos por todos los lugares que alcanzaba mi vista.
Mi cabeza casi estalló con la música de cuna infernal que sonaba en el salón.
El sonido, mezclado con el llanto de Allegra, se transformaba en una cacofonía de lamento y música macabra capaz de dejar a cualquier ser humano inmediatamente mareado, por no decir loco.
Y en medio de todo aquello, Lucca caminaba alrededor de una rubia muy pija, intentando rescatar a Allegra de sus brazos.
—¿Qué está pasando aquí? —grité, furiosa, tratando de superar la anarquía de los sonidos y caminé apresurada en dirección al trío—. ¿Qué están haciendo? ¿Quieren matarla con esa música diabólica?
—¿Quién es esta loca, Lucca? —preguntó, intentando hacerme un escáner completo. Tal vez mi look, estilo supermodelo Paola Manzzano, no era lo que usaría una simple niñera.
—¡Ecaaa, ecaaaaaaa! —antes de que él pudiera responder, Allegra reanudó sus lamentos, intentando liberarse de los brazos que la sujetaban—. Ecaaa, no quieo a eia, eia e ala on Alela.[12]
—Dámela aquí —al oír la acusación, no me detuve a pensar ni, mucho menos, a ser educada y responder a las presentaciones que Lucca intentaba hacer.
Tiré mi clutch sobre el sofá y me apresuré a rescatar a Allegra de los brazos de la rubia malvada—.
¿Es que no puedo salir una noche a descansar sin que el mundo se venga abajo?
¿Eres incapaz de cuidar de una niña durante solo unas horas?
—¿Lucca? —se horrorizó la bruja—. Si está aquí como ayudante, ¿cómo permites que te falte al respeto y te hable de esa manera?
—Hablo con él, contigo y con el mundo como me da la gana —ya había conseguido quitarle a Allegra de sus brazos secos y no tenía ganas de discutir mi educación con ella—. Sobre todo con una mujer tan inútil, que no tiene ni idea de cómo calmar a una niña.
—¡VUELVE AQUÍ, CHICA IDIOTA, SINVERGÜENZA! —gritó, colérica—. ¿Te crees que no conozco a las de tu calaña? Vestida así, seguro que estás haciendo horas extra en alguna esquina. ¿Qué clase de niñera usa ropa de marca si no es para salir a la calle o meterse en la cama con el jefe?
—¿Corina? —rugió Lucca—. ¿Cómo puedes?
Al oír aquello, me di la vuelta, dispuesta a darle a aquella aguja de tejer forrada la respuesta que merecía; sin embargo, como Allegra aún no estaba del todo calmada, preferí seguir alejándome de la tóxica.
—¿Lucca? —oí, cuando ya estaba entrando en la cocina, aún sintiendo los sollozos de Allegra en mis hombros—. ¿La estás defendiendo? ¿Me estás humillando delante de una empleada?
Poniendo los ojos en blanco ante el absurdo que acababa de oír, dejé a Allegra, ya más tranquila, sentada en la trona y me dispuse a buscar algo que pudiera comer para que olvidara el mal humor.
Por suerte, después del desesperante inicio de nevera vacía, en ese momento contábamos con innumerables tentempiés, que iban desde yogures y zumos naturales hasta una buena variedad de frutas y galletas.
—¿Quieres comer frambuesas? —pregunté, secándole la carita mojada de lágrimas—. ¿O prefieres arándanos?
—Alalano, alalano, oesa amiem —pidió, sorbiéndose los mocos mientras aplaudía, toda feliz—. Alela queie alalano y oesa.
—Está bien, golosita —sonreí, dejando un besito en su mejilla—. Voy a coger los dos para ti.
Abriendo de nuevo la nevera, saqué los envases con la fruta fresca, la lavé y ya estaba dejando el cuenco frente a ella cuando Lucca entró, cabizbajo, en la cocina, y tuve que contenerme para no soltarle todo lo que pensaba.
—Perdona por lo que ha dicho Corina —dijo, apoyado contra las puertas cerradas—. Creo que ha sido por el estrés que hemos pasado; normalmente no es así.
—Me importa bien poco lo que sea o deje de ser la “Orina”.
Y el estrés no tiene nada que ver con la mala educación —respondí, seca, fingiendo equivocarme de nombre a propósito.
Yo también había gritado, sabía que también había sido maleducada, pero él no tenía por qué saber que era consciente de ello—.
Si no trata a las personas que conoces como me ha tratado a mí, es porque pertenecen a tu misma clase social.
—Tienes razón —hizo una mueca; quizá para que la discusión no fuera a más, fingió no haber notado el cambio de nombre—. Voy a llevarla a casa.
Abrí la boca para decirle que Allegra seguía bajo su responsabilidad y que no tenía por qué irse, que ella se las arreglara para volver sola.
Sin embargo, me callé y solo suspiré con tristeza.
No había aguantado ni una noche sin buscar compañía, así que desapareciera de mi vista y fuera a meter su miembro en la cueva seca.
Deseé que volviera a casa con el todo irritado. Contuve la risa.
—Y yo voy a darle un baño y acostarla —dije, dándome cuenta de que aún llevaba la ropita de la tarde—. No te preocupes.
Con un asentimiento, salió de la cocina y yo me preparé para subir. Allegra ya había comido lo que quería y, en ese momento, jugaba con las frutitas, manchando no solo su cara, sino convirtiendo todo a su alrededor en los famosos jardines de Monet[13].
—Parece que has estado dando guerra al tío Lucca, ¿eh, traviesilla?
—comenté al entrar en la suite y descubrir un nuevo desastre.
Libros, juguetes, botes de galletas y todo tipo de tentempiés; había de todo esparcido por el lugar.
Bueno, al menos lo había intentado—. Intenta ser más dulce con él la próxima vez, ¿vale, mi amor?
Dejando su pijamita preparado sobre la cama, entré en el baño.
No pensaba tardar, así que me desnudé y, con ella en brazos, me metí bajo la ducha de agua templada.
Tras el baño, volví a la habitación y, después de acomodarla, busqué un libro de cuentos, rezando por conseguir que se durmiera antes que yo.
No sabría decir si era por el cansancio de la tarde o por haber pasado un buen rato gritando, pero, antes siquiera de terminar la tercera página, ya dormía profundamente.
Con un beso en su cabecita, me aparté. No entendía cómo podían liarse con una niña tan adorable.
Busqué la tablet y no la encontré, pero, como no pensaba salir de la suite por mucho tiempo, no me preocupé.
Con una última mirada a la cama, cerré la puerta despacio y, con una toalla enrollada al cuerpo, volví a la cocina.
Había visto una botella de vino abierta y pensé en tomar, al menos, una copa para olvidar a la rubia que, en ese momento, ya debería de estar enredándose con Lucca en algún sitio.
Después de saborear y aprobar la deliciosa bebida, llené de nuevo la copa y volví a la suite.
Allegra seguía dormida y, ahora con la casa solo para mí, iba a aprovechar para relajarme.
Busqué dentro de mi mochila un paquetito especial y, con él y la copa en la mano, entré en el baño, dejando la puerta entreabierta por si Allegra se despertaba.
Llené la bañera, dejé la copa en el borde y encendí varias velas perfumadas.
Velas que había allí, pero que, hasta ese momento, estaban solo de decoración, ya que seguían intactas.
Saqué de uno de los armarios sales de baño, aceites y espumas, cada uno con un aroma más delicioso que el otro.
Perfumé el agua con un poco de cada uno.
Me apetecía salir de la bañera más relajada que aquella chica virgen después de acostarse con el chico de las Cincuenta sombras. [14]
Busqué en mi galería una de mis listas de reproducción favoritas, una que hiciera hervir el agua, y la elegida esta vez fue I Feel Like I’m Drowning.
[15] Escuchando la melodía sensual llenar el ambiente, saqué mi juguetito resistente al agua de la bolsa y sumergí mi cuerpo en la bañera.
Con un largo suspiro de placer, de esos que solo da quien sabe que algo muy bueno está a punto de pasar, di un sorbo a mi vino y, al ritmo de la voz ronca de Two Feet cantando en mi oído:
You keep dreaming and dark scheming / Sigues soñando y tramando algo oscuroYeah, you do / Sí, lo hacesYou're a poison and I know that it's the truth / Eres veneno y sé que es verdad
En esa parte, sonreí, porque realmente me sentía muy venenosa. Di otro sorbo y volví a dejar la copa en el borde, cerré los ojos y deslicé mi mano sobre mis pechos.
All my friends think you're vicious / Todos mis amigos creen que eres viciosaAnd they say you're suspicious / Y dicen que eres sospechosaYou keep dreaming and dark scheming / Sigues soñando y tramando algo oscuroYeah, you do / Sí, lo haces
(gemí)
Encendí el aparatito y, lentamente, fui deslizándolo por mi cuerpo febril. Cuando alcanzó mi centro, ya estaba en llamas y el agua parecía hervir. Mientras tanto, la música seguía en la sensual voz de Two Feet.
I feel like I'm drowning / Siento que me estoy ahogandoI'm drowning / Me estoy ahogandoYou're holding me down and / Me estás empujando hacia abajo yHolding me down / Me mantienes abajoYou're killing me slow / Me estás matando despacioSo slow, oh no / Muy despacio, oh noI feel like I'm drowning / Siento que me estoy ahogandoI'm drowning / Me estoy ahogando
La vibración sobre mi clítoris provocó un temblor por todo mi cuerpo y un gemido ronco, de puro placer, escapó de mi garganta.
You're so plastic and it's tragic / Eres tan falsa y es tan trágicoJust for you / Solo para tiI don't know what the hell you gonna do / No sé qué demonios vas a hacerWhen your look start depleting / Cuando tu aspecto empiece a decaerAnd your friends all start leaving / Y tus amigos empiecen a abandonarteYou're so plastic and it's tragic / Eres tan falsa y es tan trágicoJust for you / Solo para ti