Un beso al aire 90
85%

90

Gabriela lleva tiempo con esta semana señalada en la agenda. Ayer volvió al trabajo y hoy, tras apagar el despertador, sonríe sabiendo que su rutina implica algo más que cambiar pañales, leer cuentos y poner lavadoras.

Como tiene turno de tarde, será ella la que deje a la niña en la guardería.

Tras asearse, cambiarse de ropa y hacer lo mismo con Roma, la coge en brazos para bajar las escaleras.

Cuál es su sorpresa al encontrarse un gran ramo de flores en la mesa del comedor.

Deja a la niña con cuidado en el suelo para que gatee y se acerca a olerlas.

—Mmm... peonías —susurra, es su flor favorita. Junto al jarrón hay una nota.

Esta noche nos vemos. Te quiero mucho.

Gabriela sonríe de oreja a oreja. Se acerca a las flores una vez más para olerlas y, sin tiempo que perder, se pone manos a la obra con el desayuno de su hija.

El comienzo de Roma en la guardería ha sido escalonado. Empezó el 1 de septiembre yendo solo un rato, y a medida que han ido pasando los días, ha aumentado su jornada hasta que, como hoy, puede hacerla completa y pasar toda la mañana allí.

Tras dejarla en la guardería y hacer un par de recados mientras recibe llamadas de la familia de Adrián para desearle un feliz día, Gabriela come y se va directamente a trabajar. Allí la espera Azahara, que en cuanto la ve, corre hacia ella.

—¡Feliz cumpleañooos!

Se funden en un fuerte y cariñoso abrazo. Aunque han hecho videollamadas, es la primera vez que se ven físicamente desde las vacaciones de verano.

—¿Qué tal estás, reina?

—Contenta de volver por aquí, ¿y tú qué tal? ¿Cómo lo habéis pasado en México?

—Increíble —afirma—. Lo hemos disfrutado muchísimo, creo que hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien en un viaje familiar.

—Gabriela asiente, se alegra por ella—. Os he traído chocolate de cacao maya —dice dándole una bolsita—, para Roma, un alebrije mexicano, pero ya se lo doy yo cuando la vea el sábado.

—Muchas gracias, Aza.

Como su cumpleaños cae en martes, hace días que quedaron en invitar a sus amigos el sábado a comer a casa.

Las chicas entran en la clínica y los compañeros con los que se cruzan también le felicitan el cumpleaños.

Nada más llegar a su puesto de trabajo, Gabriela ve que junto al teclado del ordenador hay algo rosa doblado.

Azahara la mira expectante mientras ella lo desdobla.

Es una banda de las que te pasas por el hombro para que quede cruzada sobre el pecho.

En ella se puede leer: «HOY ES MI CUMPLEAÑOS».

—No será verdad —murmura mirando a su amiga. Pero Azahara asiente con una gran sonrisa.

—Pues claro que es verdad.

—¿Pretendes que lleve puesto esto toda la tarde?

—Precisamente eso es justo lo que quiero que hagas —responde divertida—. He hablado con Jacobo y le pareció una muy buena idea.

Se lleva las manos a la cara para tapársela, lo último que esperaba de su jefe es que participara en algo así. Gabriela sabe que luchar va a ser imposible, así que se la pone sin rechistar. En realidad, incluso le hace cierta gracia.

Según pasan las horas, todo el que pasa por recepción le desea un feliz cumpleaños. Es el año que más gente la ha felicitado en toda su vida...

Entre unas cosas y otras, la tarde pasa rápido.

Cuando quiere darse cuenta, son las ocho y media, hora de irse.

Recoge sus cosas y da un paseo de camino a casa.

Mete la llave en la cerradura y, nada más abrir la puerta, escucha a Adrián cantar el Cumpleaños feliz .

Entra en casa con una gran sonrisa. La niña aún no puede ayudarlo con la canción, pero hace sus pequeñas aportaciones con balbuceos varios.

Deja el bolso sobre la mesa. Adrián, agachado, camina lentamente mientras ayuda a la niña a mantener el equilibrio.

—¡Bueno! —exclama ella al verla—. ¡¿Desde cuándo sabe caminar?!

Gabriela se agacha abriendo los brazos para recibir a su hija. Adrián sonríe mirando la escena.

—Cuando he ido a recogerla, me han avisado de que hoy ha empezado a levantarse e intentar mantener el equilibrio —le explica.

Cenan los tres juntos y, de postre, Adrián saca una tarta de chocolate que ha comprado esa misma tarde. Vuelven a cantar el Cumpleaños feliz para que Gabriela sople las velas.

A continuación, Adrián lleva unos regalos que tenía escondidos y entre Roma y él se los dan a la cumpleañera, que los abre encantada. Al terminar, como empieza a ser tarde para ella, llevan a Roma a la habitación. Es hora de dormir.

Una vez dormida, la pareja vuelve al salón. Gabriela abraza a Adrián.

—Tu primer cumpleaños siendo madre —murmura él.

Con la cabeza apoyada en su pecho, ella susurra:

—Roma y tú vais a ser siempre mi regalo favorito. —Ambos sonríen—. Muchas gracias por el día de hoy, cariño.

Conmovido por sus palabras, Adrián acomoda su cuerpo para no dejar de abrazarla nunca.