Un beso al aire
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Prólogo
Me doy la vuelta bajo las sábanas, buscándola, pero cuál no será mi sorpresa al darme cuenta de que estoy solo en la cama.
Respiro hondo y vuelvo a cerrar los ojos un momento antes de empezar el día.
El ruido de algo al caer y el ladrido de mi perro Trasto hacen que me levante de un salto y alce la voz:
—¡Cariño, ¿va todo bien?!
Su respuesta no se hace esperar.
—Sí..., solo se me ha caído el mando de la tele.
Vale, era eso. Me fijo en la cama y veo que está hecha un desastre. Estiro las sábanas como buenamente puedo y coloco la almohada en su sitio. Hoy no toca cambiarlas, eso lo dejo para mañana, domingo.
Paso por el baño para asearme un poco, momento en el que me miro en el espejo. Sí, tengo cara de cansado. Me lavo los dientes y me echo algo de agua fría en la cara.
—Uff...
Está congelada, pero suele funcionar. Me seco y le dedico una mueca al espejo.
—Es lo que hay.
Abandono la habitación aún en pijama. Mi piso no es muy grande, pero es más que suficiente para nosotros dos. Además, vivir aquí me permite estar cerca de mi familia; sin ellos... todo sería mucho más complicado.
Cuando voy a entrar en la cocina, la veo en el salón. Me acerco para darle los buenos días con un beso. Ella me lo agradece desde la comodidad del sofá.
Trasto se cuela entre mis piernas en la cocina. Abro la nevera y preparo el desayuno. Hoy tocan unos cruasanes buenísimos que nos trajo mamá hace un par de días.
Noto una ligera presión en el pie izquierdo.
Al mirar, veo que Trasto me ha puesto una patita encima y me mira.
Asiento con la cabeza, sé lo que quiere.
Me acerco a su cuenco y lo relleno con un vasito de pienso.
Él también se merece desayunar. Aprovecho para echarle agua fresca en el cuenco de al lado.
Realmente Trasto no es mío, es de mis padres. Lo adoptaron cuando yo aún vivía en su casa. Desde que me independicé, pasa unos días conmigo y unos días con ellos, depende de cómo nos venga a todos.
Una vez que el perro se pone a comer, sigo con lo que estaba haciendo. Tras un par de minutos, el desayuno está listo.
—¡A desayunar! —grito mientras lo pongo sobre la mesita de la cocina.
—Voooy...
Nada más verla entrar por la puerta, sonrío.
—¿Cómo puedes estar tan guapa incluso por las mañanas? —comento, y ella se ríe.
Nos sentamos el uno al lado del otro y pasamos el rato desayunando y charlando sobre lo que haremos hoy. Parece animada. Yo también.
Al terminar, entre los dos recogemos lo poco que hemos ensuciado y vamos directos a cambiarnos de ropa para empezar el día de verdad.
Pero nada más salir de la cocina, algo llama mi atención.
Al mirar hacia el salón veo que ella, al rebuscar algo en el mueble, ha sacado unos álbumes de fotos y los ha dejado en la mesa baja.
No puedo dejarlos ahí, Trasto podría hacer de las suyas.
Me acerco y cojo los álbumes uno a uno para devolverlos a su sitio.
Hasta que un viejo cuaderno de tapa dura y color claro hace que me detenga.
Lo conozco bien, hay varios como ese en casa.
Lo tomo con cuidado, como si fuese de cristal, y me fijo en la tapa lisa.
Tiene una frase escrita a mano con bolígrafo negro.
PREFIERO AMAR DEMASIADO A VIVIR A MEDIAS
Sonrío levemente al leerla y de inmediato me llevo la mano al costado. Moviendo la pierna hacia atrás, me dejo caer en el sofá. Y, tras un instante de duda, abro el cuaderno y empiezo a leer.