Ángel o demonio
Volvemos a casa tras decirnos los médicos que Blair y yo estamos bien.
Pero ya no vamos al ático. Cuando entramos en la nueva propiedad que llevamos meses reformando y la verja se abre ante nosotros, sé que aquí empieza nuestra nueva vida de verdad.
Toda la familia junta, como siempre imaginé con Logan.
Mi madre, Malcolm, Cole, Mary, su marido y Owen nos esperan para recibirnos. Me bajo del coche, Logan saca a la bebé en sus brazos y dice con orgullo:
—Bienvenida a tu hogar, hija.
Se me saltan las lágrimas, no puedo ser más feliz. Con el amor que mira a su hija siempre siento ganas de llorar.
De repente, en medio de la inmensa felicidad que experimentamos se escuchan unas sirenas de fondo. Los guardaespaldas que nos acompañan siempre se colocan alerta e incluso llegan a sacar sus pistolas cuando dos coches de la policía invaden nuestra propiedad a demasiada velocidad.
—¿Qué pasa? —pregunta Malcolm agitado mirando a los policías que se han bajado del coche.
—Señor Logan Kessler, queda detenido —anuncia un policía.
Mi marido tiene a su hija en brazos, los mira sin entender nada. Mi madre coge a la niña de inmediato mientras que Cole y yo nos acercamos a la policía con los rostros desencajados.
—¿De qué lo acusan? —pregunta de inmediato Malcolm.
—De colaboración con el contrabando. Tiene que acompañarnos, señor Kessler.
—Cole, llama a los abogados —susurro a mi hijo, nerviosa—. Logan… —Lo miro con lágrimas en los ojos.
Mi marido me da un beso y solo dice:
—Estate tranquila.
De forma voluntaria comienza a caminar con la policía y observo cómo entra en el coche con ellos.
—Malcolm, por favor, haz algo —le suplico entre lágrimas.
El novio de mi madre saca su teléfono y comienza a hacer llamadas. Owen me toma de los hombros y me obliga a entrar en casa. Mi madre y Mary se encargan de mi hija, yo estoy bastante nerviosa viendo cómo Malcolm y Cole no paran de hacer llamadas mientras se pasean intranquilos.
Dos horas más tarde mi teléfono recibe una llamada, lo cojo de inmediato y es la mismísima Lia Mckay.
—Puedo salvar a mi hijo, pero antes quiero hacerte una confesión —dice en tono serio y seguro.
—Voy para allá —le indico sin dudar ni un solo segundo.
Cole está presente cuando hablo con ella, no me deja salir sola, le tengo que decir quién me ha llamado e insiste en acompañarme.
Sé que esto no le va a gustar nada a Logan, pero mi hijo ya es mayor de edad y toma sus propias decisiones.
Voy muy alterada y nerviosa mientras Cole conduce en dirección a la residencia donde se encuentra su abuela.
En el trayecto le explico su historia y la de Logan, y ya que sea Cole quien juzgue a cada uno.
En estos instantes solo me importa que sobre mi marido no recaiga ningún cargo y lo pongan en libertad cuanto antes.
Después de todo lo que nos ha costado conseguir estar juntos con la familia que tenemos solo me faltaba que tuviese que pasar unos años en la cárcel.
Mi padre sigue jodiéndonos la vida hasta después de muerto. Lo maldigo.
Antes de entrar en la habitación que ocupa Lia Mckay tomo con fuerza de la mano a mi hijo y le pregunto:
—¿Estás seguro? Puedes esperarme en el coche.
—Iré contigo, no te pienso dejar sola. Estoy preparado para conocer a esa mujer. En estos momentos papá es lo único que me importa.
En cuanto entro Lia fija los ojos en mi hijo y comienza a llorar emocionada. Sé que lo reconoce. Susurra de inmediato:
—Eres igual que tu padre a tu edad. Sois un calco. —Lia lo conoció bien con dieciocho años, cuando Logan tuvo que abandonar el hogar de acogida.
—¿Qué quieres, Lia? —le pregunto de forma distante, nerviosa.
—Déjame conocer a mi nieto, Maggie. Qué alegría verte, Cole. No te esperaba.
Mi hijo la mira serio y distante, sin decir nada.
—¿Cómo puedes ayudar a Logan? —pregunto de golpe, es lo único que me interesa de ella.
—No contaba con hacerte esta confesión delante de mi nieto —susurra con pesar y lágrimas en los ojos.
—Si quieres Cole puede marcharse —intento protegerlo.
—No me moveré de aquí —dice serio y seguro, plantado delante de su abuela.
—Habla de una vez, Lia. O comenzaré a pensar que todo esto es una estrategia —la apremio. Conozco a Cole y sé que no se moverá de mi lado. En cierto modo no se fía de esta mujer postrada en cama.
—Yo siempre he protegido lo mío. A mi manera —explica Lia—.
Puede que no fuese la mejor forma, pero no tenía otra.
No pude hacerme cargo de Logan como madre porque si mi marido descubría su existencia me hubiese matado y también a él.
Pero evité que tu padre matase a Logan —dice de golpe.
La miro seria, con desconfianza—. Cuando Logan compró la mitad de Wexler él envió a matarlo.
No podía soportar haberse doblegado al hombre que un día fue su chófer.
Llegó a mí esa información y fui yo quien mandó a matar a tu padre —reconoce sin pudor alguno—.
Harrison siempre sería un peligro para mi hijo y no iba a permitir que a Logan le pasase nada —lo defiende con coraje y sin remordimiento.
—¡¿Qué?! —pregunto con sorpresa. Esta mujer me está confesando delante de Cole que mandó a matar a su abuelo como si nada. ¿Qué clase de persona sin escrúpulos es?
—Era la vida de mi hijo la que estaba en juego.
Harrison lo odiaba y más cuando lo puso contra la espada y la pared como única opción para salvar Wexler.
Tu padre agachó la cabeza y le vendió una parte, pero pensaba cobrárselo mandándolo a matar.
Yo tenía a personas muy cercanas al círculo de Harrison que me informaron a tiempo.
—Lia… eres…
—Ahórrate los calificativos, Maggie. Solo piensa que el gran amor de tu vida está vivo gracias a mí. Que tus hijos tienen la presencia de un padre porque yo evité que lo matase tu propio padre —me recuerda.
—Pero ahora está en la cárcel. Me llamaste y me dijiste que tenías la forma de salvarlo —le reprocho, confusa.
—Y lo haré. Logan saldrá en unas horas. Ya hice las gestiones oportunas para que eso suceda —comenta con pasmosa tranquilidad. Miro a mi hijo en silencio y él suelta:
—¿Esta mujer quién es, Dios? ¿Lo sabe y lo controla todo? —pregunta con sorpresa.
—Para mí Lia siempre fue una mujer normal como mi abuela, eran amigas, y dirigía una casa de acogida —le explico a Cole. Desconozco a la mujer que tengo enfrente.
—¿Cómo vas a hacer que mi padre sea exculpado de los cargos que lo acusan? —le pregunta Cole, alterado.
Ya éramos conocedores de que a Logan le imputaban colaboración al narcotráfico, lo relacionaban con personas como Callaham, que estaban siendo investigados y otros de su círculo detenidos.
Malcolm estaba hablando con el FBI, con la DEA, trataba de explicarles que Logan estaba colaborando para que pudiesen coger a esas personas, pero nunca firmó nada con ellos.
Ante los ojos de la justicia era tan culpable como ellos o mi padre.
No podía creer que mi marido pudiese llegar a pisar la cárcel y pasar años ahí.
—Porque resulta que tu abuela conoce grandes secretos de estado que no convienen que salga jamás a la luz —le explica a Cole con orgullo—.
Y por mi hijo haría cualquier cosa. —Me mira a mí—.
El padre de Logan fue el jefe de estado Richard Halbrook, antes de morir me entregó mucha documentación que está a muy buen recaudo y que nunca he querido usar, hasta el momento.
El actual secretario de estado y el mismísimo presidente del país ya están al tanto de la situación.
Si Logan no sale en unas horas comenzaré a sacar secretitos.
Supongo que estarán intentando encontrar mis pruebas, pero eso no lo harán jamás.
Richard me dijo cómo custodiarlos muy bien —explica mientras Cole y yo nos miramos estupefactos.
—Lia… —susurro casi con miedo. Nos encontramos ante una mujer en cama, que con solo descolgar el teléfono puede dirigir un país.
—Puede que haya sido una pésima madre, pero le he salvado la vida a mi hijo y lo he salvado de ir a la cárcel —reconoce con orgullo—. Creo que ya puedo marcharme de este mundo en paz. Logan tiene una familia de la que estoy orgullosa y es un gran hombre —manifiesta y la siento un poco cansada.
Una de las máquinas a las que está enchufada empieza a pitar, me acerco, entra una enfermera y le dice a Lia:
—Debe descansar.
—Ya no me importa no tener fuerzas, ni que me alarguéis la vida. Ya me puedo marchar en paz.
—¿Qué tienes? —pregunta Cole de golpe.
—Un cáncer terminal. No hay nada que hacer. Me lo diagnosticaron hace tres meses. Los médicos no me dan más de seis meses de vida —revela Lia con calma.
—En estos momentos tengo muchísimos sentimientos encontrados hacia ti —susurro con pesar. Lo principal en lo que puedo pensar es que gracias a ella Logan está vivo y lo ha salvado de la cárcel.
—Cole, conviértete en un gran hombre como tu padre —le aconseja a modo de despedida—. Y si me concedéis ver una foto de mi nueva nieta y conocerla antes de que os marchéis para siempre, me haríais muy feliz —suplica.
Miro a mi hijo, me aparto varias lágrimas de mi rostro y asiento. Creo que no es tan descabellado lo que nos pide. Me acerco a ella con el móvil y le enseño a Blair. Lia llora al verla y solloza:
—Es igual a ti, Maggie. Sed muy felices. Puede que vaya al infierno por todo lo malo que he hecho en mi vida, pero velaré por vosotros desde donde esté.
—Vámonos, Cole —susurro a mi hijo tomándolo del brazo. Permanece en los pies de la cama de su abuela.
Ella le dedica una sonrisa y nos marchamos.
Algo en mi corazón se quiebra cuando salimos de esa habitación dejando a una mujer moribunda sola, pero no puedo hacer otra cosa. En estos momentos me debo a mi familia.
Antes de montarnos en el coche abrazo a mi hijo, lo siento muy impactado por todo lo que su abuela nos ha revelado.
Lamento que haya escuchado todas esas confesiones.
Cole es demasiado joven para conocer tantos secretos, pero también sé que cuenta con la madurez suficiente para asimilarlos y sobrellevarlos.
En esta ocasión conduzco yo de vuelta a casa. Cuando regresamos Malcolm nos anuncia muy contento:
—Van a dejar libre a Logan. Han comprendido que la labor de Kessler en todo esto era de colaborar con la justicia. Tampoco hay pruebas claras contra él.
Cole y yo lo miramos serios, le explicamos todo lo que Lia nos ha dicho y Malcolm no puede creerlo.
Al cabo de cuatro horas, las cuales se nos hacen interminables, de madrugada, Logan regresa a casa con nuestros abogados.
En cuanto mi marido pone un pie en el salón corro a abrazarme a él. Lo beso y suspiro con alivio.
—Se ha aclarado todo. Estoy libre de cargos —anuncia Logan.
Cole se abraza a su padre y nos quedamos los tres a solas. Creo que el resto de la familia entiende que necesitamos intimidad. Logan nos mira a Cole y a mí en silencio, evaluándonos.
—¿Qué sabéis que yo ignoro? —inquiere con seguridad.
—Tu padre nos conoce bien, Cole —susurro.
—Es una larga historia, papá. Creo que deberías ponerte cómodo —le indica nuestro hijo señalándole el sofá cercano.
Entre Cole y yo le contamos a Logan todo lo que hemos hablado con Lia. Él nos mira sin creerlo, pero cuando aprecia que no se trata de ninguna broma traga con dificultad y se masajea el pelo con fuerza, nervioso.
—¿Quién más sabe esto? —pregunta, preocupado.
—Nosotros y Malcolm —respondo.
—Bien, pues que no salga de aquí. Estamos hablando de información muy delicada —dice, preocupado.
—Lo sabemos —susurra Cole, pensativo.
Yo abrazo a mi marido. Lo siento exhausto. El día de hoy ha debido de ser un infierno para él. Lo han detenido, se ha enterado de quién fue su padre y de todo lo que es y ha sido su madre.
—Deberíamos ir a dormir —lo animo. Estamos rendidos.
—¿Y Blair? ¿Cómo está mi hija? —se interesa mi marido.
—Muy bien cuidada. Esta noche se encargará de ella Mary. Yo me debo a mi esposo, creo que me necesita más que mi pequeña —manifiesto con orgullo.
Logan hunde la cara en mi cuello y suspira, agotado.
Nos metemos en la cama, me abraza y susurra con la voz cortada:
—¿Quién es Lia Mckay, un ángel o un demonio?
—Yo prefiero pensar que es el ángel que me ha permitido tenerte así a mi lado.
—Maggie… te amo.
—Y yo, Logan Kessler.