Un acuerdo con el diablo ¿Te he perdido para siempre?
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¿Te he perdido para siempre?

Me siento en el suelo detrás de la puerta tras marcharse Logan, llorando, abatida y sin fuerzas. De repente, siento un líquido por mis piernas. Acabo de romper aguas, pero me asusto porque no es limpia, tiene color marrón y sé lo que eso significa.

Me levanto como puedo y voy en busca de mi teléfono.

Esta noche estábamos solos en el ático. Llamo a Logan, no me responde, insisto, pero nada.

Luego apaga su teléfono. Llamo a una ambulancia y después a mi hijo.

No quiero meterlo en todo esto, pero me siento mareada y no quiero perder el conocimiento antes de que lleguen los sanitarios.

Por suerte, Cole me coge el teléfono al instante, solo le digo:

—Ven al ático, acabo de romper aguas. Estoy sola, he llamado a una ambulancia.

—¡¿Y papá?! —pregunta de inmediato, alerta.

—Hemos discutido. Se ha ido.

—Maldita sea —susurra mi hijo al otro lado de la línea.

Cuando Cole llega al ático la ambulancia me está llevando.

—¿Cómo estás? —pregunta, agitado.

—Solo he roto aguas. Tu hermana va a nacer. Por favor, encuentra a tu padre —le suplico.

—¿Qué ha pasado? —pregunta, preocupado.

—Descubrí quién era su madre. Es complicado, Cole. No está bien. Encuéntralo, me preocupa mucho el estado en el que se marchó.

—Joder —susurra haciendo una llamada.

Me meten en la ambulancia, llego al hospital, me llevan a una sala donde comprueban cómo está mi bebé, por suerte todo está bien, solo se ha hecho caca dentro y he roto aguas, nacerá en unas horas.

Solo pido que cuando eso suceda Logan esté a mi lado.

Sé lo culpable que se va a sentir por haberme dejado sola y que esto sucediese.

Mi madre entra en la sala donde me tienen monitorizada, lo primero que hago es preguntarle por mi marido.

—Cole y la seguridad ya están con él. Llegará en poco tiempo.

—¿Está bien? —pregunto con miedo.

—Lo encontraron en un bar bebiendo. Cole lo ha llevado a casa, lo está refrescando y lo traerá en breve. Mi nieto es un gran hombre. Me enorgullece cómo está llevando todo desde que llegó a Nueva York.

—Es un digno hijo de su padre —susurro con orgullo.

—Y esta niña será una digna hija de su madre. Estoy deseando volver a ser abuela de nuevo.

Mi madre me acompaña durante una hora hasta que la puerta de la habitación de paritorio que ocupo se abre de golpe y aparecen los dos hombres de mi vida.

Cole escoltando a su padre con una mano colocada en el hombro de este me emociona.

Ambos tienen la misma altura y se parecen tanto que el corazón me da un vuelco.

—Aquí está, mamá —susurra mi hijo.

Logan me mira en silencio, tiene un aspecto deplorable, siento en su mirada la culpa. Le extiendo una mano y le digo:

—Estoy bien. Estamos bien. Lo que ha pasado es algo natural. No ha sido consecuencia de nada —le advierto antes de que su mente se castigue.

—Maggie, perdóname. Fui un completo egoísta que no reparó en tu estado —se disculpa.

—Lo importante es que Cole te ha encontrado y no te vas a perder el nacimiento de tu hija. Eso sí que no te lo hubiese perdonado —le advierto dedicándole una tierna sonrisa para relajar el ambiente entre nosotros.

Logan se lleva mi mano a sus labios y deposita un beso en ella. Me devuelve la sonrisa y dice nervioso:

—¿Qué tengo que hacer?

—Darme la mano muy fuerte, y no desmayarte —añado.

—Lo intentaré —susurra con su increíble sonrisa y un brillo especial en sus ojos.

Cole me da un beso, abandona la habitación y me preparan para dar a luz. Ya he dilatado los centímetros necesarios.

Mi hija nace en un parto natural en el que sufro más viendo cómo Logan lo pasa mal por mí que por las fuertes contracciones.

Mi pequeña tiene los mismos ojos que su madre y ha pesado tres kilos doscientos gramos. Está perfecta. Es perfecta.

Cuando veo que Logan la coge en sus brazos y le da su primer beso rompo a llorar. Él ya lo hace y lo miro con el corazón a punto de salírseme del pecho. Es un hombre muy fuerte, pero ha tenido muchas carencias en su vida. Siento que me mira con miedo y le susurro:

—Vas a ser el mejor padre del mundo. No lo dudo ni por un segundo.

Se acerca a mí y me da un beso en los labios.

—Gracias por este regalo —dice con nuestra hija cargada en sus brazos y llorando, sin dejar de mirarme.

—Te amo. Te elegiría como padre de mis hijos una y mil veces.

Coloca a nuestra hija sobre mi pecho, la beso y Logan me abraza.

Una hora después mi marido y yo estamos instalados con nuestra hija en una habitación del hospital donde el resto de la familia conocen a Blair.

—Es preciosa —dice mi madre con su nieta en brazos.

—Va a ser la consentida de la familia —comenta Malcolm con una gran sonrisa.

Cole está sentado a mi lado y me observa con admiración al mismo tiempo que comenta:

—Parece mentira que ya sea parte de nosotros. Mamá, creo que nos tendrás que dar clases a papá y a mí de cómo cuidar de ella. Es tan pequeña y frágil.

Blair comienza a llorar y mi madre me entrega a mi hija para que le dé el pecho.

Tocan a la puerta y Cole recibe un gran ramo de flores. Miro a mi marido y él se excusa encogiendo los hombros:

—No son mías. No he tenido tiempo de encargarlas.

Mi hijo me acerca el ramo y Logan se encarga de coger la tarjeta. Cuando la lee se queda blanco. De inmediato la rompe y dice:

—Cole, tira ese ramo. Sácalo de mi vista.

Malcolm se hace cargo del ramo y sale en silencio de la habitación con mi madre.

—¿Qué sucede? ¿De quién es? —pregunta Cole mirándome.

Logan se queda en silencio, nuestro hijo nos mira a uno y a otro hasta que estallo y digo:

—Logan, ¿quién envía las flores? Creo que Cole está pensando que tengo un amante.

—Son de Lia —masculla tras tomar una gran bocanada de aire.

—¿Quién coño es Lia? —inquiere Cole—. ¿Qué está pasando? —pregunta sin entender la situación. Creo que nuestro hijo ahora piensa que el que tiene una amante es su padre.

—Lia es la madre de Logan —revelo en una especie de susurro sin dejar de mirar a mi marido.

Cole observa a su padre, serio, que se pasea por la habitación intranquilo.

—¡¿Cómo coño sabe que Blair ha nacido?! —brama mirando a Cole—. Hijo, averigua si nos tiene vigilado o algo.

Me estremezco al comprobar el poder que puede tener Lia Mckay al tener ya conocimiento del nacimiento de su nieta.

—¿Debemos temerle? —pregunta Cole.

—No —niego de inmediato—. Solo quiere conocer a sus nietos antes de morir. Nunca haría nada en contra de vosotros, ni de su hijo —añado mirando a Cole.

—Pues no los va a conocer. Para mí seguirá siendo tan anónima como hasta el momento. Que no espere nada. Porque yo no tuve nada de ella —sentencia Logan, duro e implacable.

Cole acude al lado de su padre, le pasa la mano por el hombro a modo de tranquilizarlo y le susurra:

—Cálmate. Blair está presente.

Logan la mira, suspira y toma asiento a mi lado en silencio, mirando a su hija.

Cuando Cole, mi madre y Malcolm se despiden y nos quedamos solos para pasar la primera noche con nuestra hija le pregunto a mi marido:

—¿Estás bien? —Se encuentra sentado en un sillón a mi lado y tiene a Blair en sus brazos. La mira en silencio, embobado en ella.

—¿Cómo pudo deshacerse de mí? ¿Cómo pudo pasar tantos años a mi lado sin decirme quién era? —lamenta observando a su hija—. Amo a Blair desde que la miré por primera vez cuando nació. Daría mi vida por ella, ¿cómo mi madre me hizo eso? —cuestiona con dolor en sus palabras.

—No quiero justificarla, yo tampoco la entiendo ni actuaría como ella nunca, pero igual te ayudaría escucharla —le propongo con prudencia.

—No me interesa, Maggie.

—No te voy a presionar a nada —le dejo claro.

—No quiero que conozca a mis hijos.

—Es decisión tuya. No voy a interferir.

—Quiero a Lia lejos de mi familia.

—Está arrepentida —musito—. Y no dudo que te quiera. Te ha cuidado a su manera desde que naciste.

—Solo tengo que agradecerle que me pusiese en tu camino al encontrarme ese trabajo en tu casa. Es lo único bueno que me ha dado.

—¿Ya me has perdonado por ocultarte que era tu madre y que sus empresas comprasen Wexler? —inquiero con miedo.

—No creo que sea el momento de hablar de ese tema —dice mirando a Blair—. Solo estoy dolido porque nuevamente mi mujer no confió en mí —añade en una especie de lamento, mirándome a los ojos de una forma muy profunda.

—Lo siento. Solo quería que cuando Blair naciese tú estuvieses libre de todo —justifico—. ¿Puedo hacer algo para que mi marido no pierda la fe en mí? —pregunto con cierto temor.

—Ya se me ocurrirá algo —susurra dedicándome una sonrisa. Se acerca a mis labios y dice muy cerca—: Al menos tengo la certeza de que mi mujer me ama.

—Eso no lo dudes jamás.

Me da un tierno beso y sé que todo entre nosotros está bien.