Capítulo 39
Entre la espada y la pared
Hace meses le juré a Logan, nos juramos, que nunca más nos ocultaríamos nada.
En estos momentos, Lia Mckay me tiene en una situación muy complicada.
Por el momento debo ocultarle a mi marido que ella es su madre y hacer que venda Wexler a las empresas de Lia.
Siento que vuelvo a poner mi matrimonio en peligro, pero, al mismo tiempo sé que, en este caso, el fin justifica los medios. Logan será libre para siempre.
Mi marido no tarda ni una hora en regresar a casa para interesarse de forma personal cómo me encuentro. Estoy metida en la cama, despierta y pensativa. De inmediato Logan sabe que algo me sucede en cuanto me mira a los ojos.
—¿Qué pasa, Maggie? —inquiere con preocupación—. Vamos al médico.
—El bebé está bien. Es solo cansancio. Algo normal en mi estado. Cada vez estoy más pesada e hinchada. No te alarmes —me excuso.
—Esto es producto de lo que trabajas en casa. Ya sabía que no era buena idea que te estresases con los asuntos de Wexler en tu estado —lamenta.
—Logan, no es por eso. Es solo que llevo un par de noches en las que no duermo bien. Has estado muy inquieto —le recuerdo y me siento mal por hacerlo responsable de algo de lo que no tiene la culpa.
—Lo siento, Maggie —suspira revolviéndose el pelo, incómodo—. Si quieres puedo dormir en otro cuarto —plantea con remordimientos.
—No —niego de inmediato—. Te quiero a mi lado. Solo me preocupa que no concilies el sueño por algo que no me cuentes.
—Son demasiadas cosas las que no abarco y debo darles solución, y eso que cuento con tu ayuda y la de Cole en Kessler. Nuestro hijo muy pronto, sin necesidad de acudir a la universidad, se va a convertir en uno de mis principales ejecutivos —manifiesta con orgullo.
—Pronto acabaremos con esto. He estado investigando a algunas empresas a las que podríamos vender Wexler —le anticipo—. En estos días podemos perfilar hablar con ellos. ¿Qué te parece si te presento todo y lo valoramos? —le planteo con tacto.
Logan me abraza y suspira.
—Todo este tema te altera, amor. Aunque no te des cuenta.
—Logan, necesito que para cuando nazca nuestra hija ya todo esté en orden. Que nos centremos en ella y que ya no tengamos nada que ver con la empresa de mi padre.
—He intentado limpiar todo —susurra, cabizbajo.
—¿Qué? —pregunto, confusa.
—Venderla sin que Callaham y tíos como él sigan utilizando a Wexler como hasta ahora. Limpiar a esta sociedad de contrabandistas y narcotraficantes, pero es complicado. Tienen mucho poder.
—No te metas en eso, Logan —le advierto con miedo—. Puede que fuesen nuestras metas en un inicio, pero ahora tenemos una familia a la que proteger. Que la policía se encargue de atraparlos.
—Lo sé, y es algo que me reconcome. Vender Wexler por partes y que los nuevos adquirentes se encuentren con que deben someterse a las exigencias de Callaham y el resto me mortifica —explica con presión.
—¿Y si te digo que he encontrado a empresas que ya están vinculadas con esas personas de otra forma y quieren nuevos horizontes? Comprarían sabiendo lo que hay —le explico con cautela.
—¿Cómo has hecho eso? —pregunta mirándome, serio.
—Con la ayuda de Malcolm —le miento. Ya le pediré a Malcolm que acuda en mi rescate con respecto a esto—. Igual así a la policía les es más fácil atraparlos a todos.
Logan se queda pensativo mientras lo miro con el corazón agitado.
—Sería una buena solución —susurra un poco aliviado.
Luego me abraza, nos tumbamos juntos en la cama y lo acuno en mi pecho cuando se queda dormido entre mis brazos.
El resto del día mi marido se queda a mi lado, cuidándome mientras yo me siento una completa bruja por ocultarle todo lo que hago.
Al día siguiente me reúno en casa con Malcolm cuando mi marido se marcha al trabajo y le cuento todo lo que Lia Mckay me reveló.
Estoy inquieta por ocultarle todo a Logan, pero también sé que si lo hago jamás aceptaría la ayuda de su madre y seguiría estando en peligro.
Yo solo deseo que se deshaga de Wexler y todo lo que ser su dueño implica, no corra más peligro con esos hombres peligrosos ni jugando al filo de la navaja con la ley.
Los días siguientes trabajo en casa codo con codo con Malcolm. Le presento a mi marido las empresas dispuestas a comprar Wexler por partes y nos ponemos en marcha con reuniones y precios de venta. Si todo va bien en unas semanas estará todo cerrado.
No vuelvo a ponerme más en contacto con Lia, pero algo me dice que ella sigue todo de cerca. Temo el momento en el que le tenga que revelar a mi marido quién es su madre y que todo esto ha sido un plan de ella. Solo espero que Logan me perdone.
***
Dos meses después
Brindo con mi marido y con mi hijo en el despacho de Kessler después de haber firmado la última venta de las acciones de Wexler. Yo lo hago con una copa de agua.
—Somos libres —susurra Logan, sonriente y feliz.
—Sí, al fin —manifiesto muy contenta, pensé que jamás llegaría este día.
Me abraza y me besa. Me acaricia el vientre y le dice a nuestra hija acercándose a ella:
—Cuando nazcas tu padre se va a coger unas bien merecidas vacaciones y tu hermano mayor se va a encargar de todo esto.
—Mira a Cole, sonriente, y yo me siento tan dichosa de que padre e hijo hayan forjado una relación tan estrecha y cómplice en estos meses que siento que el corazón se me sale del pecho.
Nos vamos juntos a celebrar la venta con Malcolm, mi madre y John. Ahora sí que empieza de verdad nuestras vidas sin sombras. En mitad de la comida Malcolm se acerca a mí y me pregunta en un susurro:
—¿Cuándo le vas a decir lo de su madre?
—En estos días. Quiero disfrutar de mi marido sin preocupaciones. Sé que cuando le revele lo de Lia se desatará una tormenta entre nosotros que tardará un poco en volver a la calma. Soy consciente.
—Logan te ama —me recuerda.
—Lo sé, pero el tema de su madre es delicado. Pasó muchas noches solo de pequeño, anheló durante años tener una familia. Lia le arrebató todo eso por su egoísmo. Yo tampoco la perdono. No solo no se hizo cargo de su hijo, sino que impidió que tuviese una familia.
Los siguientes tres días disfruto de mi marido relajado, sonriente, feliz y siento que esta es la verdadera vida que nos merecemos.
Junto con Cole vamos a visitar nuestra nueva casa, nos queremos mudar antes de que nazca la bebé, ya está lista por completo.
Soy tan feliz porque nuestro hijo haya decidido seguir viviendo con sus padres a su edad en vez de independizarse con el gran sueldo que gana en Kessler que siento que es un regalo de la vida.
Nuestro nuevo hogar es increíble. Estamos en el exterior de la casa, me abrazo a Logan y le susurro:
—Gracias por hacerme tan feliz. Estoy deseando mudarnos y tener a esta pequeña en mis brazos —manifiesto acariciándome el vientre.
—Esperaremos unos meses, pero después viajaremos con ella por todo el mundo. Tenemos una luna de miel pendiente, señora Kessler. Nos la debemos por nuestro reencuentro y todos estos años separados.
—Sorpréndame, señor Kessler —lo insto besándolo con pasión.
Dos días después, nuestra última noche en el ático, al día siguiente nos mudamos a la nueva casa, Logan ha preparado una cena romántica y una despedida especial. Ha encargado comida, tiene velas y flores por el salón. Un ambiente romántico muy íntimo. Cuando descubro todo le pregunto:
—¿Y Cole?
—Bueno, le dije que esta noche ya podía pasarla en la nueva casa como el resto del servicio, que su madre y yo tendríamos una íntima despedida en el ático.
—Logan… —lo reprendo. Siento vergüenza que no tenga reparos en decirle a su hijo que tendrá una noche íntima con su madre.
—Maggie… por favor. Cole ya es un hombre, y tiene a miles de mujeres detrás de sus talones. Sabe muy bien lo que pasa entre un hombre y una mujer cuando se desean de la forma en la que lo hacemos nosotros.
—Estoy embarazada —le susurro con rubor.
—Ya le he dicho que disfrutará de un buen sexo el día que su mujer esté embarazada de mi nieto —bromea esbozando una sonrisa diabólica—. No te enfades, Cole y yo tenemos una relación fantástica. Le cuento mis cosas porque también quiero que confíe en mí cuando me necesite.
—Estoy muy orgullosa de lo bien que os lleváis.
—Mi mayor orgullo es cada vez que me llama papá y lo hace de forma natural.
Me besa, me abraza y pasea las manos por mi abultado vientre.
Logan me siente un poco incómoda, me conoce muy bien. Le doy vueltas a la cabeza cómo decirle que Lia es su madre y todo lo demás, pero me he propuesto marcharnos de esta casa sin secretos. Comenzar una nueva vida siendo solo nosotros, sin cargar con los lastres de nuestros padres.
—¿Qué te sucede, Maggie? —pregunta mirándome con atención, con el ceño fruncido.
Tomamos asiento en el sofá y lo tomo de las manos.
—Logan… hay algo que quiero contarte —susurro al mismo tiempo que miro a nuestro alrededor y presiento que nuestra última noche romántica en el ático no lo será tanto.
—¿Qué pasa, Maggie? Sabes que puedes contarme lo que sea. ¿Qué te atormenta, mi amor? —inquiere, preocupado.
—No sé cómo decirte esto. Llevo tiempo dándole vueltas —adelanto.
—Dilo sin más, mi vida. No quiero que nada te preocupe.
—Es… complicado —susurro.
—¿De qué se trata? —pregunta perdiendo la paciencia.
—De tu madre —murmuro mirándolo a los ojos. Solo con nombrarla aprecio cómo se pone rígido.
—¿Qué pasa con ella? No me preocupa no saber quién fue. ¿Tú tienes algún problema?
—¿Y si tuvieses la ocasión de conocerla? —lo tanteo con miedo.
—Maggie… No me gusta hablar de ella. ¿A qué viene todo esto? —inquiere perdiendo la paciencia.
—Logan… mi amor, sé quién es tu madre —manifiesto con la voz rota, mirándolo a los ojos con lágrimas a punto de brotar.
—¡¿Qué?! ¿Cómo? Yo jamás pude averiguar nada sobre ella.
—Ella se puso en contacto conmigo —revelo.
—¡¿Te ha molestado?! —brama levantándose del sofá y revolviéndose el pelo.
—Nunca hubiese imaginado que ella podría ser tu madre. La conozco, Logan —susurro mirándolo con un sentimiento que me rompe el corazón.
—¿Qué me estás diciendo? Maggie… ¿De quién se trata? —inquiere, alterado.
—Logan, tu madre es Lia Mckay.
—No —susurra de inmediato. Reconoce el nombre al instante.
—Se puso en contacto conmigo. Me llamó para que fuese a verla y me confesó que es tu madre.
—No. No. No —maldice caminando delante de mí, desesperado. Me coloco en pie y me acerco a él. Sé por lo que tiene que estar pasando—. ¿Y por qué ahora? —susurra.
—Lia me confesó que siempre te siguió la pista durante años.
—¿Por qué no se puso en contacto conmigo? —alza la voz, enfadado.
—Porque conocía a mi abuela, me conocía a mí —le recuerdo—, y no tiene el valor de decírtelo ella —confieso.
—¿Te pidió que lo hicieses tú? —brama y siento su ira.
—Sí —admito con un nudo en la garganta.
—Bien, pues ya lo sé. Eso no va a cambiar nada. ¿Qué espera? ¿Qué vaya a verla? —grita fuera de sí—. Si siempre odié a mi madre por abandonarme ahora lo hago mucho más, porque estuvo cerca y vio todo lo que necesité a una.
—Logan… lo siento —intento abrazarlo, pero está demasiado alterado y confuso. En su cabeza está intentando juntar todas las piezas del puzle.
—¿Desde cuándo sabes todo esto? —hace la gran pregunta y siento que la tormenta está a punto de estallar.
Me quedo unos segundos en silencio, bajo la mirada y susurro:
—Unos dos meses.
—¡¿Qué?! —grita mirándome con sus ojos grises echando fuego—. ¡Dos meses! —alza más la voz, mirándome, furioso—. Dijimos que entre nosotros no habría más secretos, Maggie —me recuerda en forma de reproche señalándome con un dedo.
—Lo siento, mi amor, pero no podía decírtelo —justifico con lágrimas en los ojos.
—¡¿Por qué?! —me espeta con la mirada herida.
Tomo una gran bocanada de aire y me siento antes de confesar:
—Lia es una persona con mucho dinero, influencias, empresas… Pese a su edad y que se encuentra en una residencia de ancianos donde la cuidan porque no tiene a nadie maneja muchísimo poder en esta ciudad.
—¡¿Me estás diciendo que se ha atrevido a chantajearte con algo?! —brama fuera de sí, nervioso.
—No —digo de inmediato—. Todo lo contrario. Nos ha ayudado —alego y suena que la defiendo. Logan me mira con los ojos ensangrentados—. Sus empresas, las que heredó de su marido, compraron Wexler. Me confesó que tras recibirlas tuvo tratos con mi padre.
—¿Has estado tratando todo esto con ella a mis espaldas sabiendo que era mi madre? —grita mirándome con desconfianza—. ¿Desde cuándo me ocultas todo esto? —inquiere mirándome de una forma que me hace sentir un escalofrío por todo el cuerpo.
—Logan… sé que el tema de tu madre es delicado, pero yo solo quería que no tuvieses nada que ver con Wexler, que te centrases en la venta —intento justificar.
—¡¿Algún día podré confiar en ti, Maggie?! —me reprocha acercándose, con los dientes apretados, furioso y fuera de sí.
—Logan, yo…
—¡No digas nada! —grita y comienzo a llorar.
De repente, se dirige a la puerta, grito su nombre, no me echa cuenta y se marcha mientras corro tras él, pero no logro alcanzarlo.