LOGAN
Cole y yo dejamos a su madre descansando y nos dirigimos en silencio al salón. Cuando llegamos ahí lo invito a que mantengamos esta conversación en mi despacho para tener una mayor intimidad. Creo que, por fin, ha llegado el momento de hablar con tranquilidad con mi hijo y conocernos de verdad.
Me siento en mi sillón detrás de la mesa y Cole lo hace enfrente. Lo percibo nervioso, se retuerce las manos, yo también lo estoy, pero los duros años transcurridos me han servido para ocultar mis emociones ante los demás.
—Si te digo la verdad, no sé muy bien cómo comenzar a ser un buen padre contigo —comento de forma natural—.
No puedo pedirte que me guíes porque supongo que te encontrarás tan perdido como yo, pero sí quiero que seas siempre sincero conmigo y me digas si lo estoy haciendo mal o cómo te gustaría que fuesen las cosas entre nosotros.
—Yo… siempre pensé que estabas muerto, pero mamá me hablaba muy bien de mi padre. Supongo que todo lo que me decía era verdad —revela con dudas.
—¿Qué te contó sobre mí? —pregunto con sumo interés.
—Te admiraba, y podía sentir todo lo que te seguía amando a pesar de que no estuvieses.
No te tuve de una forma presente, pero creo que llegué a conocerte.
Nunca me habló de tus orígenes como has revelado en la comida hoy, pero sí me contó que os enamorasteis y cómo pensabais llevar una vida juntos.
Siempre me dijo que eras bueno, justo, cariñoso, valiente, trabajador y que la quisiste mucho.
Siempre me dijo que éramos muy parecidos física y emocionalmente.
También me contó que una vez la rescataste cuando se cayó a la piscina, que fuiste su primer amor y se enamoró de ti en cuanto te vio con solo catorce años.
Las palabras de mi hijo me emocionan. Tengo que carraspear con fuerza para deshacer el nudo que siento en la garganta y parpadear con la misma intensidad para que las lágrimas que están a punto de brotar en mis ojos no lo hagan.
—Cuando te vi con tu madre en la cama desee matarte y es una sensación que me parte en dos cuando te miro —reconozco con dolor.
—No sabías que era tu hijo. Yo también desee matarte por entrar de esa forma y hablarle como lo hiciste a mi madre —revela—. Por lo visto, nos parecemos más de lo que pensamos y estamos en igualdad de condiciones.
—Mi vida no ha sido fácil, Cole. Quiero que lo sepas.
Puede que cuando ves todo lo que tengo pienses que he sido muy afortunado, pero en los años que tengo solo fui feliz cuando tuve a tu madre conmigo.
Ganar dinero y estar con otras mujeres —reconozco—, solo eran una forma de aliviar su recuerdo.
Estaba solo. Nunca tuve familia, no sé quiénes fueron mis padres, me abandonaron.
Nunca me llegaron a adoptar, y mira que cada vez que aparecía una familia deseaba irme con ellos, pero ninguna resultaba apta para mí.
Finalmente, siempre se decidían por otros niños y esto llegó a preocuparme y plantearme qué podía tener para que no me quisiesen.
Tu madre fue la primera persona que se interesó en mí, la primera que me quiso y sentí que lo hacía de verdad.
Y la primera por la que sentí que daría mi vida sin dudarlo.
La conocí con catorce años y yo tenía tu edad ahora, me sentí un monstruo porque sus ojos se clavaron en mi alma en cuanto me crucé con ella.
Pasaron los años y la atracción que sentía y me negaba iba en aumento, hasta que un día los sentimientos me ganaron y descubrí que Maggie sentía lo mismo que yo.
Tuvimos una relación a escondidas de tu abuelo.
Primero fui su jardinero y luego su chófer.
Cuando me encomendó que cuidase de tu madre y me acostaba con ella vivía con una gran culpabilidad, pero lo enamorado que estaba podía con todo.
Estudié, me saqué el título del instituto y tu madre y yo soñamos con ir juntos a la universidad.
Nos casamos en Las Vegas cuando cumplió dieciocho años, pero tu abuelo, un hombre con mucho dinero y poder, nos separó.
Sus hombres me retuvieron, obligaron a tu madre a firmar el divorcio, ella lo hizo para salvarme, pero yo soporté las torturas a las que me sometieron y me negué siempre a firmarlo, por eso seguimos casados —aclaro—.
Escapé de los hombres de tu abuelo, estuve mucho tiempo en un hospital recuperándome de las secuelas y luego nunca más supe nada de tu madre —resumo—.
La busqué por cielo y tierra. Cada centavo que ganaba era para intentar encontrarla, pero jamás lo logré hasta que ella volvió a Nueva York y se convirtió en mi socia porque yo había comprado la mitad de la empresa de tu abuelo para vengarme de él por lo que me hizo años atrás.
Me porté con tu madre como un verdadero hijo de puta —reconozco—, la obligué a fingir que éramos un matrimonio de verdad ante los demás por ciertos asuntos que lo requerían en la empresa —no le explico que la salvé de unas amenazas de alguien peligroso—, pero en realidad solo deseaba tenerla cerca porque nunca había dejado de amarla y pensar que estuviese con otro hombre me mataba.
Vivir juntos nos hizo ir aclarando las cosas entre nosotros poco a poco hasta que nos confesamos todo y nos perdonamos, pensé que no existían secretos entre ninguno, por eso me ha dolido tanto que no me contase nada sobre ti ni del embarazo que presenta.
Aquí tienes todo lo que soy, hijo. Puedes juzgarme como quieras, lo aceptaré.
No soy perfecto, es algo que sé —expongo con el corazón en la mano.
Cole me mira en silencio, creo que está impactado por todo lo que le he contado y siento miedo a cómo pueda juzgarme, pero no podía mentirle.
—Me alegra haberte conocido al fin —susurra con una sonrisa tímida.
—Y a mí que estés aquí y estés asumiendo toda esta situación de una forma tan madura —contesto—.
Hace solo unos días que sé que eres mi hijo, pero este amor que siento por ti en el corazón es muy nuevo para mí y no sé gestionarlo muy bien, solo puedo decirte que daría todo lo que tengo por ti, incluso mi vida.
Observo cómo mi hijo se levanta de la silla y da unos pasos hacia mí. Lo imito y nos abrazamos con fuerza al mismo tiempo que los dos rompemos a llorar sin poder evitarlo.
—Eres una gran persona, papá —susurra Cole y esto hace que me rompa aún más. Ha pronunciado esa palabra mucho antes de lo que esperaba—. Creo que es todo un honor parecerme a ti, además quiero que me enseñes a ser como tú. No dudo de que llegaré a quererte tanto como a mamá.
—Cole, hijo —murmuro con un nudo en la garganta, sintiéndome completamente feliz mientras le acaricio la cabeza, emocionado.
—Todo es muy raro ahora, pero aprenderemos a ser una familia. No me esperaba tener un hermano a esta edad —bromea—. Quieres a mamá y ella te quiere.
Vuelvo a abrazarlo y doy gracias por este momento. Luego le comento:
—Cole, ahora las cosas entre tu madre y yo son un poco complicadas, debemos superar esto. Nunca dudes de que la amo, pero, al mismo tiempo, jamás pienses que algo de lo que pueda hacer es para perjudicarla, todo lo contrario. Antes me dejaría matar. Solo quiero lo mejor para vosotros.
Mi hijo me mira con el entrecejo fruncido, creo que no entiende muy bien mis palabras.
—¿La situación entre mamá y tú no está bien? —pregunta de forma directa.
—Tengo que asimilar muchas cosas. No la juzgo por estos años en los que no supe de ti.
Lo que me duele es que en estos meses no tuviese seguridad en mí y no me revelase tu existencia, al igual que su embarazo.
Es un problema de confianza el que no logro entender.
Tampoco le perdono la forma en la que nos conocimos.
Esa rabia y ese dolor es un mal sabor de boca que no consigo quitarme.
—Mamá necesita mucho cariño en estos delicados momentos por los que pasa en su estado por el bebé que espera —me recuerda.
—Lo sé. Y te juro que es la única razón por la que no le he reprochado de forma abierta todo lo que llevo dentro. Controlar esta rabia me está matando.
—La quieres —susurra.
—La amo. Nunca dejaré de hacerlo por muy herido que me sienta como en estos momentos —revelo.
—¿Y si olvidamos todo y nos centramos en ser una familia feliz? —propone con buena intención.
—Aún quedan algunos asuntos por resolver, pero lo intentaremos, si tu madre me perdona —añado en un susurro que no sé si llega a escuchar.
—Creo que seremos capaces de ello si ponemos toda la intención.
Mi hijo me extiende la mano y se la tomo con fuerza.
—Me gustaría que mañana me acompañes a mi empresa. Quisiera presentarte como mi hijo y que veas todo lo de tu padre que también es tuyo.
—Me encantará. Llamaré a la abuela para que acompañe a mamá.
—Bien pensado.
—Papá —me llama mi hijo y creo que el corazón me va a explotar—, siento que no tuvieses una familia de pequeño, pero ahora la tienes. Disfruta de ella —lo recibo como un consejo.
—Estoy muy orgulloso de mi familia. Eso no lo pongas en duda nunca. Y os protegeré siempre, por encima de todo.
Tras la larga charla con mi hijo voy a comprobar cómo se encuentra Maggie.
Abro la puerta de su habitación con cuidado y la observo aún dormida.
Me siento en la cama y la admiro. Mi corazón se acelera, es única para mí, nunca habrá otra mujer como ella.
Admito que el embarazo la tiene mucho más guapa, y sonrío con orgullo al pensar en una hija como ella.
Mi mujer abre sus preciosos ojos verdes y me mira en silencio.
—¿Has descansado? —pregunto en un susurro.
—Creo que he dormido bastante —contesta removiéndose sobre el colchón, me presta más atención y dice—: Logan, no hemos hablado sobre este embarazo.
—¿De qué quieres que hablemos? —inquiero con desánimo, dolido por enterarme de la forma en la que lo hice.
—Cómo concebimos a este bebé —aclara.
—Creo que lo tengo claro, Maggie.
—Comencé a tomarme las pastillas anticonceptivas, hablamos de que no era el momento para tener a un hijo —me recuerda.
—Supongo que no surtieron efecto.
—Me quedé embarazada antes de tomarlas. —La miro serio—. Lo siento, Logan —susurra con culpa.
—¿Qué es lo que sientes exactamente? —intento que me aclare.
—Que esto haya ocurrido sin planear, soy consciente de que no era el momento, por eso no te dije nada —insiste.
—Maggie, he deseado tanto un hijo contigo que este embarazo y Cole me parecen un completo milagro —revelo y percibo cómo esboza una tímida sonrisa—, sin embargo, la decepción que siento por tu falta de confianza en mí me mata.
—Debí contarte de la existencia de Cole cuando todo entre nosotros se aclaró, pero te juro que no sabía cómo hacerlo. Aparte, la situación en la que nos encontramos… Decidí esperar a que todo pasase. Cole estaba seguro en Qatar. Era lo único que importaba.
—Cada vez que cierro los ojos y rememoro el momento en el que te encontré en la cama con nuestro hijo pensando que era otro hombre en tu vida… No te haces una idea de lo que os odié. Hiciste que el primer sentimiento que tuviese por mi hijo fuese las ganas de matarlo —le revelo con dolor.
—No sabes cómo me arrepiento de todo. Debí contarte de la existencia de Cole antes. Pero nunca imaginé que él se presentase en Nueva York.
—Ni que yo os encontraría en la cama. Debía llegar al día siguiente. Dime una cosa, ¿cómo pensabas presentarnos? Cole ya estaba aquí —pregunto con interés.
—No lo sé. Esa noche no me sentía muy bien. Apenas podía pensar con la alegría de tenerlo junto a mí.
La miro en silencio y desvío los ojos hacia su vientre, apenas se le nota el embarazo.
—Estás de casi tres meses y no me di cuenta —susurro con culpa.
—Apenas se me nota.
—Debí haberme dado cuenta. Tus pechos han aumentado, estás diferente —murmuro admirándola.
—¿Me perdonarás algún día? —pregunta con la voz cortada y los ojos anegados en lágrimas a punto de romper.
—No me esperaba nada de esto, Maggie. La decepción que siento es tan grande y duele tanto que no sé gestionarla.
—¿No podemos arreglarlo? —me suplica—. Te amo, Logan. Y no sabes cómo me duele este distanciamiento. Anhelo tus besos, tus abrazos y tu mirada profunda sobre la mía diciéndome en silencio cuanto me amas. ¿Compartirás esta habitación conmigo? —susurra mirándome con la respiración agitada.
—Creo que estarás más cómoda sin mí —manifiesto sin mirarla a los ojos.
—Te necesito a mi lado. Tengo miedo —revela llevándose las manos al vientre—.
Proporcióname la paz y la tranquilidad, al menos durante la próxima semana que debo de permanecer en reposo por el bien de este bebé, de dormir a mi lado por si algo a medianoche va mal y no me doy cuenta. No quiero perderlo.
Puedo apreciar en sus ojos lo aterrada que está de volver a sangrar. Chasqueo la lengua y manifiesto:
—Está bien. Dormiré a tu lado y velaré tus sueños, asegurándome de que todo vaya bien.
Yo también deseo a este bebé con todas mis fuerzas, Maggie.
No quiero que se te pase por la cabeza ni por un solo segundo que no es bienvenido.
No me arrepiento de haberlo concebido, porque es producto del amor, con la única mujer que podría tener a mis hijos.
—Gracias. ¿Puedes darme un abrazo? —me ruega.
No puedo negárselo, asiento con un gesto de cabeza y espero a que sea ella quién se acerque y me lo dé. No la rodeo con mis brazos, dejo que sea Maggie quién cubra mi cuerpo mientras intento mantener la compostura y no romperme por completo.
Ella siente mi frialdad, se retira y me mira a los ojos. La percibo incómoda, aparta sus ojos de los míos como con vergüenza y susurra retirándose de mi lado:
—Voy a darme un baño relajante. Lo necesito.
La observo entrar en el baño y luego salgo de la habitación con el corazón en un puño, sé que con mi actitud no ayudo a Maggie en su estado, pero no sé manejar la situación de otra forma.