Un acuerdo con el diablo Cuando todo estalla #2
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Cuando todo estalla #2

—Tengo que hablar con Cole. ¿Lo has visto? —inquiero, preocupada por un encuentro entre padre e hijo.

—No. Me he duchado y cambiado aquí al lado. —Señala la pared contigua. Aprecio que la habitación tiene una puerta que debe de conectar con otra.

—No es necesario que te quedes. Comprendo que mi presencia te incomode y no quieras ni verme.

—¿No consideras que ya me has apartado lo suficiente de tu vida? —me reprocha—. Estás embarazada y voy a cuidar de la madre de mi hijo —zanja el asunto.

Cierro los ojos y trato de reprimir todas las lágrimas que están a punto de brotar. Me duele que solo me considere la madre de su hijo. ¿Dónde está todo el amor que me tenía cuando más lo necesito?

Una enfermera viene a sacarme sangre, otra me da una medicación y finalmente llega un médico que me pone al tanto de mi estado. Logan permanece en todo momento a mi lado, pero ni siquiera me toma de la mano.

—Por favor, déjame hablar con Cole desde tu móvil —le suplico a mi marido.

—No —vuelve a negar de manera rotunda.

—Logan, hay muchas cosas que tengo que hablar con los dos.

—Maggie, en estos momentos tengo la cabeza que me va a explotar.

Te juro que nunca en mi vida había recibido tanta información de una forma tan impactante.

No logro asimilar todo lo que ha pasado.

Siempre había deseado tener un hijo contigo, y de la noche a la mañana, me encuentro con que tenemos uno de dieciocho años, nada más y nada menos, al que casi mato porque pensaba que era tu amante, y otro en camino.

Mi pregunta es, ¿por qué mi mujer no confía en mí cuando le he demostrado cuanto la amo y todo lo que haría por ella?

—Solo trataba de protegernos a todos —susurro, excusándome. Esto provoca una carcajada amarga en Logan, que me mira con desconfianza.

—¿Cuántos más secretos me escondes? —pregunta de forma distante.

—No hay más.

—¿Se supone que debería creerte? —comenta de forma sarcástica.

—Intuyo que desconfiarás de mí para siempre —manifiesto con sumo dolor.

Logan me mira serio, siento su mandíbula en tensión. Una vena de la sien le palpita con fuerza y siento todo lo que se está conteniendo para no echarme en cara ni gritarme lo que lleva por dentro.

Unos golpes en la puerta nos distraen, se abre un poco y observo que es uno de los guardaespaldas que he tenido durante este tiempo. Le dice a Logan:

—Señor, aquí lo tiene.

De repente, observo aparecer por la puerta de mi habitación a Cole. Los ojos se me empañan de lágrimas y un gran nudo se instala en mi garganta que me deja sin palabras y me impide respirar bien.

Cole y Logan se miran en silencio, siento que se miden con la mirada, ambos tienen los mismos ojos, se repasan de arriba abajo de una forma que me rompe el corazón.

No era el encuentro que había imaginado entre padre e hijo.

La frialdad y la distancia que Cole mantiene con Logan me hacen recordar que es igual a su padre.

Ahora Logan está bebiendo de su propia medicina al verse reflejado en su hijo.

—¿Estás bien, mamá? —inquiere Cole acercándose a la cama.

Sin dejar de mirar a Logan con desconfianza—.

Por mucho dinero, seguridad y guardaespaldas que tenga este hijo de puta si te vuelve a poner una mano encima lo mato.

Voy a denunciarte, cabrón, también por secuestro —lo amenaza sin miedo alguno—.

Es tu marido —escupe con asco—. Su seguridad me lo dijo.

Me encontraron caminando por las calles de Nueva York y me metieron en un coche a la fuerza.

—Cole, por favor. No vas a denunciar a nadie. Logan no me ha puesto una mano encima y jamás lo hará —lo defiendo de forma intensa—. ¿Por qué dices eso?

—Mamá, vi cómo te tiró al suelo —defiende con los ojos clavados en Logan.

—No me tiró, Cole. Solo apartó mi mano, apenas me rozó, pero yo estaba muy débil. Recuerda cómo me encontraste anoche y mírame en esta cama. Los médicos no me van a dejar salir de aquí en unos días por mi debilidad.

—Así estás por su culpa —lo acusa de forma directa.

—No, cariño. Estoy así porque el embarazo no va muy bien. Existe el riesgo de que pueda perder a tu hermanito —le explico llevándome las manos al vientre.

—¡¿Qué?! ¿Estás embarazada? ¿Y él es el padre? —pregunta mirando a Logan que se mantiene en silencio, a una distancia prudente de nosotros.

—Cole, amo a Logan desde hace años. Solo él podría ser el padre de mis hijos, y estoy completamente segura de que será el mejor —susurro mirándolo con lágrimas en los ojos, pero ni estas ni mis palabras conmueven a mi marido.

Mi hijo suspira y lo siento nervioso. Tiro de su mano, le doy un beso y un abrazo.

—Perdóname por ocultarte tantos años quién era realmente tu padre.

Las circunstancias me obligaron a ello. Creo que ya eres lo suficientemente mayor como para entenderlo todo.

Y, si después de contarte la verdad, decides odiar a alguien, que sea a mí —establezco con todo el dolor de mi corazón—.

Tu padre es tan víctima como tú de todo esto.

Siento muchísimo cómo os conocisteis y que llegaseis a las manos.

Os juro —incluyo a ambos, mirando a mi marido— que creí que me moría cuando os vi peleándoos.

—Maggie, todo esto, estas emociones, no te hacen bien. Cole vino con la única misión de que te quedases tranquila de que había aparecido y se encontraba bien —dice Logan desde la distancia que nos separa.

—¿No entiendes que no me voy a sentir completamente liberada hasta que los dos conozcáis por qué actué así durante todos estos años? Quiero hablar con ambos, desprenderme de esta agonía que me está matando —le suplico.

Logan se queda en silencio, solo hace un gesto con la cabeza y cruza los brazos a la altura de su pecho.

Se queda dónde está. Yo miro a mi hijo y lo insto a que tome asiento a mi lado.

Cole me obedece y, con su mano agarrada a la mía, le cuento todo lo que Logan ya sabe sobre mi padre, mi madre y los años que pasamos escondidos en Qatar.

También le relato con la intensidad que busqué a su padre durante años y que por un error que he conocido hace poco creí que había rehecho su vida con otra mujer.

También le explico que su padre y yo nos casamos hace años muy enamorados en Las Vegas y cómo él se negó a firmar nuestro divorcio.

Por duro que sea le cuento las torturas a las que lo sometió mi padre para que lo hiciese.

—Y esa es la razón por la que tu padre y yo aun seguimos casados. Bueno, la principal razón es porque lo amo y es maravilloso en todos los sentidos, pese a que en estos momentos no me pueda perdonar y me odie un poco —termino mi relato con la mirada clavada en Logan.

Observo cómo se remueve un poco incómodo.

—Y si en todos estos meses no le dije nada a tu padre de tu existencia —continúo explicándole a Cole—, fue para protegerte.

Porque tenemos algunos enemigos y no nos convine que sepan que tenemos un hijo con el que poder chantajearnos —Miro a Logan a los ojos—.

Y si no te dije que estaba embarazada —le explico— fue porque te conozco muy bien, todo lo que me amas y me proteges.

En cuanto hubieses sabido de mi estado me hubieses sacado de la empresa para tú cargar con todo.

¿Piensas que no me moría por decirte que tenemos un hijo que es un calco de ti del que me siento muy orgullosa?

¿Ni que íbamos a ser padres de nuevo y en esta ocasión sí estarías a mi lado viviendo todo el embarazo?

Pero no era el momento —susurro con lágrimas en los ojos.

Cole se levanta del sillón que ocupa a mi lado y me abraza con fuerza. Siento el perdón de mi hijo y me hace la madre más feliz del mundo. Siempre ha sido un niño muy bueno y noble. Me enorgullece que en estos duros momento me haya comprendido.

—Mamá —murmura en mi oído con emoción—. Te quiero.

—Y yo a ti, mi amor. Eres mi vida entera.

Cole se seca las lágrimas de su rostro, lo miro a sus ojos grises y luego reparo en Logan, que continúa sin acercarse a nosotros, como si fuese alguien ajeno. Padre e hijo se miran, sin saber qué decirse y yo decido interceder por ellos:

—Nada me haría más feliz, para borrar la imagen tan dantesca de vosotros enzarzados en una pelea, que os fundierais en un abrazo. Cole, no te quepa la menor duda de que tu padre es un gran hombre al que debes admirar siempre y seguir sus pasos. Logan, Cole es un digno hijo de su padre.

Ambos se quedan mirándose mientras yo no dejo de llorar. Observo que Logan da el primer paso para acercarse a nuestro hijo, el corazón se me desboca por completo. Le tiende la mano a Cole, que lo mira de arriba abajo y le dice:

—Ya me enseñarás esa llave que usaste para reducirme y tumbarme en el suelo en cuestión de segundos. —Acto seguido se abraza a su padre y yo siento que mi corazón va a explotar de emoción al ver esa imagen con la que he soñado tantos años que se hiciese realidad.

Observo cómo Logan se aparta las lágrimas de su rostro cuando termina el abrazo de su hijo.

—Y tú pegas duro —refleja Logan refiriéndose al golpe que lleva en la cara.

—Por mi madre, lo que sea.

—Me alegra que la defiendas de esa forma. —Le palmea la espalda mientras que no dejo de llorar admirándolos.

De repente, los tres nos miramos en un incómodo silencio donde ninguno sabe qué decir ni qué rumbo tomará nuestras vidas a partir de este momento donde ya no existen más secretos en nuestras vidas.

—Logan, por favor. Ponle seguridad constante a Cole —le suplico a mi marido.

—¡¿Por qué?! —se queja Cole de inmediato.

—Porque no conoces Nueva York y porque tu padre y yo también la llevamos desde hace meses.

—Eres muy rico, ¿verdad? —le indica Cole a su padre.

—Puede decirse que el dinero no es un problema para mí —contesta de forma despreocupada.

—No llevamos seguridad porque Logan sea muy rico, sino porque no tenemos más remedio que tratar con algunas personas peligrosas en la empresa que me dejó tu abuelo en herencia —le explico—.

Es algo temporal, pero no quiero que llegue a oídos de la gente que eres nuestro hijo, que supongas un blanco fácil.

Prométeme que harás lo que te digamos —le ruego.

—No voy a volver a Qatar —dice de inmediato.

—Es mejor que estés con nosotros, bajo nuestra protección —manifiesta Logan—. Vuelve al ático, es tu casa. Puedes salir y entrar cuando quieras, pero siempre con los guardaespaldas. Ellos te llevarán dónde necesites.

—Vale —accede Cole.

—Y ahora, creo que deberíamos dejar a tu madre descansar —propone mi marido.

—Igual no te parece mal invitarme a un café —le ofrece Cole al mismo tiempo que me siento muy orgullosa de él.

—Por supuesto.

Observo salir de mi habitación a los dos amores de mi vida con emoción y lágrimas en mis ojos al mismo tiempo que me llevo una mano al vientre y susurro:

—No me abandones mi pequeño bebé, lucha. Deseo formar una bonita familia cuando logre que tu padre me perdone.