Me haces muy feliz #2
—Desde que volvimos a decirnos abiertamente que nos amamos te juro que he tenido miedo —confieso y Logan me mira sorprendido y serio—.
Miedo a que el tiempo nos hubiese cambiado, que no fuésemos los mismos de años atrás, que todo ese amor que nos tuvimos y todo lo que quisimos hacer juntos no nos complaciese ahora, pero esta semana juntos ha sido increíble, como si los años no hubiesen pasado.
—Y eso que hemos trabajado más de diez horas al día.
Yo que pensaba que ser rico era estar todo el día de vacaciones —bromea, me besa y susurra—: Esta semana con mi mujer ha sido la más feliz de toda mi vida.
Cuando aparecí por mi empresa Kevin y Helena me dijeron que ya no daba tanto miedo a los empleados cuando el gran jefe aparecía, que mi semblante frío se había suavizado un poco.
—Me alegro. Quiero que todo el mundo te conozca como el gran hombre que eres. Con un corazón tan grande que no le cabe en el pecho.
Entramos en el ático, me coge en brazos y comienza a subir las escaleras conmigo mientras lo beso.
—¿Intentas impresionarme para llevarme a la cama? —bromeo con una amplia sonrisa.
—No, es solo porque hace una semana que no hago nada de ejercicio —contesta, sonriente.
—Yo creo que hacemos bastante ejercicio todas las noches. Me tienes agotada.
—¿Es una queja? —inquiere con la ceja alzada.
—Para nada. Solo espero que mi socio no se dé cuenta de que doy cabezadas entre informe e informe financiero que leo.
—Creo que es alguien muy comprensivo —susurra en mi oído al mismo tiempo que me deja caer sobre la cama y él viene conmigo.
—Yo también lo creo. He tenido mucha suerte. —Lo beso, comienzo a quitarle la ropa y le ponemos un gran broche final a una noche que siempre permanecerá en nuestros recuerdos.
El sábado por la mañana me quedo en la cama hasta tarde. Escucho a Logan levantarse y meterse en la ducha, pero mi cuerpo me pide dormir más. Mi marido me da un beso en la frente y me susurra:
—Me voy a jugar al pádel. Nos vemos luego. Descansa, mi amor, porque esta noche no volveré a dejarte dormir.
Lo despido con una enorme sonrisa inmersa en los recuerdos de la pasada noche, en cómo me hizo el amor y me quedé dormida en sus brazos sintiéndome en la más absoluta de las felicidades.
Me levanto casi al mediodía, junto con Mary diseño un menú para la cena que quiero preparar y le doy la noche libre al servicio.
Necesito el ático solo para Logan y para mí.
Cocino durante dos horas y luego se me antoja meterme en la bañera del cuarto que ocupé cuando no dormía con Logan.
Mi marido tardará un poco más. Me puso un mensaje al teléfono en el que me decía que se quedaba a tomarse algo con sus compañeros de pádel.
Necesito un rato de relax para mí. Enciendo unas velas, echo sales al agua y me meto en la bañera con los chorros de hidromasaje al máximo.
Me relajo la espalda y luego cierro los ojos reposando la cabeza en una toalla.
Mientras estoy metida ahí me estremezco al recordar cuando Logan me contó que los hombres de mi padre lo torturaron para que firmase nuestro divorcio metiéndolo en agua helada.
Comprendo que no quiera volver a meterse en una, sin embargo, a mí me encantaría tenerlo aquí conmigo.
El ambiente en el baño es tan relajante y silencioso que me quedo dormida. Cuando abro los ojos, porque escucho el ruido de la puerta, veo a Logan parado frente a mí mirándome con preocupación. Me incorporo de golpe y le pregunto:
—¿Qué sucede?
—No te encontraba en todo el ático. Los guardaespaldas me dijeron que no habías salido y me preocupé.
—Me apeteció relajarme en esta bañera después de cocinar —le comento con cierta culpa mientras observo los ojos de Logan clavados en el agua que casi rebosa al yo moverme.
—No tienes que darme explicaciones, Maggie. Esta también es tu casa y puedes darte todos los baños que quieras cuando lo desees. No me molesta.
—No tienes una bañera en el baño de tu cuarto —reflexiono y me da pena que sea por el trauma que tiene por culpa de mi padre.
—Podemos poner un jacuzzi si quieres.
—¿Sería mucho pedir que algún día compartas un baño caliente con tu mujer? —le pregunto al mismo tiempo que me coloco en pie, resbala por mi cuerpo el jabón y Logan clava sus ojos en mí.
Me da la mano para ayudarme a salir, luego me envuelve en una enorme toalla y pega su pecho a mi espalda. Me da un beso en la mejilla y susurra:
—Bueno, si le añades alguna motivación puede que me anime.
Me revuelvo entre sus brazos, lo miro a los ojos y le confieso:
—Me encantaría hacer el amor con mi marido en la bañera.
Observo cómo Logan cierra los ojos y traga con dificultad.
—Soy todo tuyo —revela al mismo tiempo que comienza a desabrocharse los pantalones y mira hacia el agua.
—No tiene que ser hoy, puedes ir haciéndote a la idea y cuando estés preparado lo probamos. Siempre puedes decir que no y lo entendería. El agua está casi fría —lo prevengo.
—¿Dudas de que no la calentemos?
—Logan, no quiero que te veas obligado a entrar. Solo ha sido una sugerencia. Igual no debería habértela hecho —comento con culpa.
—Maggie —me alza el mentón y me obliga a que lo mire—, no me ocultes nunca nada. Soy tu marido y es justo que sepa qué fantasías tiene su mujer —susurra con una amplia sonrisa—. En una bañera de agua solo podría hacerlo contigo.
—Vale, pero no será en este momento —determino.
—¿Me vas a dejar con las ganas ahora que me has exitado? —pregunta en tono jocoso.
—No. Simplemente quiero que sea perfecto. Déjame sorprenderte. Una cita.
—¿Una cita en la bañera? —pregunta, confuso, frunciendo el ceño.
—¿Lo he sorprendido, señor Kessler?
—Totalmente.
—Ahora vamos a apagar este fuego —llevo la mano hacia su abultado miembro y lo toco a conciencia a través del pantalón— en nuestra cama. Y esta tarde tendremos una cita en este baño, luego cenaremos en el salón y finalmente veremos una película con palomitas.
—Si alguna vez pensé que no era un hombre afortunado estaba muy equivocado.
Se apodera de mis labios y caminamos juntos sin dejar de besarnos hasta que aterrizamos en la cama que ocupé recién llegada al ático de Logan. Cuando soy consciente de ello le revelo entre besos y desnudándolo con prisa:
—No tienes idea de las noches que imaginé esto entre tú y yo en mi cama.
—No sabes tú las noches que me paré detrás de la puerta dispuesto a entrar y meterme en tu cama y hacerte el amor. Me tenías loco. Habías regresado más guapa, más atractiva y más mujer después de estos años.