Un acuerdo con el diablo ¿Y ahora qué?
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¿Y ahora qué?

Sin dejar de besarnos ni acariciarnos, como locos, Logan y yo nos desnudamos por completo.

La necesidad y la urgencia de sentir piel con piel nos consume.

Han sido demasiados años separados, pensando que esto que experimentamos no volvería a suceder, pero aquí lo estamos viviendo, más fuerte que nunca.

El tacto de su piel, el sabor de sus besos, sus caricias íntimas, me hacen arder por completo.

Llegué a pensar que nunca más podría volver a hacer el amor de esta forma, pero en el fondo sabía que solo sería con él.

Mis miedos, mis inseguridades y mis complejos desaparecen por completo de un plumazo en sus brazos. Logan se está encargando de hacerme sentir única, especial, solo suya.

Lleva la mano hacia mi sexo, me lo masajea y sé que comprueba lo mojada que estoy, empapada por completo.

—¿De verdad se te puede llegar a pasar por la cabeza que podrías decepcionarme en este estado? Joder, Maggie. No puedo contenerme más —susurra en mi oído con los dientes apretados—. Si no te lo hago voy a morir aquí mismo.

—Te necesito dentro de mí —le suplico alzando las caderas, apremiándolo con urgencia.

Logan se coloca en mi entrada y me embiste con fuerza. Grito, me siento llena por completo, suya en todos los sentidos. Su calor me abrasa al mismo tiempo que es la sensación más exquisita que jamás he sentido. Siento que somos uno, encajamos de una forma tan perfecta que es mágico.

—No tienes ni idea lo que te he extrañado, esposa mía.

Ni se te ocurra pensar que me puedes llegar a decepcionar cuando en estos instantes me tienes a tu completa merced.

Soy tuyo en cuerpo y alma, siempre lo he sido.

Una simple mirada tuya es suficiente para que me tengas rendido a tus pies —confiesa.

Logan comienza a salir y a entrar con fuerza, le sigo el ritmo, gemimos, gritamos y nos besamos hasta que ambos llegamos a un orgasmo devastador que nos hace corrernos al mismo tiempo.

Siento que me llena por completo, nos derrumbamos a la vez y simplemente es lo más hermoso que he vivido en mi vida, mejor que cuando lo hicimos la primera vez, porque sé que no solo hemos hecho el amor de una forma desesperada, sino que nos hemos reconciliado con nosotros, con el pasado y con la vida.

Logan me arrastra con él, sin salir de mí, me abraza con fuerza sobre su pecho y siento cómo me da un beso en la frente mientras que nuestros corazones laten a un ritmo vertiginoso que nos impide articular palabra.

Le acaricio el pecho, le doy un beso en su corazón y cierro los ojos sumergiéndome en todo lo que siento en estos momentos. Necesito grabarlo para siempre en mi memoria.

Al cabo de unos minutos, cuando nuestras respiraciones se han normalizado un poco más, Logan me alza el rostro, obligándome a que lo mire a los ojos, me muestra una sonrisa impresionante que me hace sentir muy orgullosa porque sé que soy la responsable directa de ella.

—Te juro que tengo mil preguntas en mi mente, muchas cosas de las que tenemos que hablar y poner en orden, pero esta noche solo quiero hacerte el amor una y otra vez sin parar. Ahora solo importa que nos amamos y estamos juntos.

—Soy tuya, tu mujer. Te amo. Y yo también deseo esto contigo una y otra vez. Por favor, vuelve a hacerme sentir viva, porque esto solo eres capaz de lograrlo tú —confieso con emoción.

—Si me hubiesen dicho que la noche de mi cuarenta cumpleaños iba a ser la más feliz de toda mi vida no me hubiese importado llegar antes.

—Creo que sin querer acerté con la reserva de esta suite como regalo de cumpleaños, aunque en un principio fue por apariencia para los demás —susurro.

—No te equivoques, mi amor. El verdadero regalo eres tú.

Siento a Logan de nuevo duro en mi interior, sonrío, satisfecha y feliz, lo beso y volvemos a hacer el amor de una forma maravillosa que quedará por siempre grabada en mi memoria.

No quiero que llegue el amanecer, deseo que esta noche sea eterna, solos él y yo amándonos como nos merecemos y hemos anhelado en estos largos años.

No me importa que por la mañana no pueda levantarme de esta cama y ponerme de pie. Solo lo quiero a él muy dentro de mí, haciéndome el amor sin descanso.

Después de hacer el amor tres veces, dormir unas horas, despertarnos hambrientos y pedir el desayuno al servicio de habitaciones, Logan y yo nos encontramos abrazados sobre la gruesa alfombra de la suite , medio desnudos, hasta el momento solo nos hemos dedicado a amarnos, pero ambos sabemos que tenemos mucho de qué hablar.

Dieciocho años no se resumen en unas horas de besos, caricias, abrazos y demostrarnos nuestro eterno amor.

—Ni siquiera sé por dónde empezar a hacerte preguntas, Maggie —susurra con cautela—. Te juro que aún me parece increíble que tu madre esté viva.

—Cuando Malcolm me sacó de Oxford y me llevó con ella no lo podía creer.

Y cuando me contó que casi termina en la cárcel por culpa de mi padre…

Cuando sufrimos ese accidente, Malcolm, que era agente del FBI y conocía a mi madre desde hacía años y siempre estuvo enamorado de ella, decidió fingir su muerte y sacarla del país.

La hermana de Malcolm fue amiga de mi madre desde pequeña y se casó con un jeque árabe que fue quien los ayudó económicamente y les proporcionó todo en Qatar.

Mi madre siempre supo todo sobre mí por Owen.

—¿Owen siempre supo que estaba viva? —pregunta con sorpresa.

—Sí, era el espía de Malcolm y mi madre.

A través de él sabían todo lo que sucedía en casa.

Cuando mi padre me obligó a separarme de ti y me envió fuera Owen me propuso desaparecer y acepté, pero yo siempre pensé que tú ibas en el lote.

Me dijeron que vendrías más tarde, nunca dudé que lo dejarías todo para reunirte conmigo donde fuese y pudiésemos empezar una nueva vida lejos de mi padre, pero no te encontraron.

—Tu padre me tuvo varias semanas retenido, solo me daban agua, me pegaban y me ponían a diario los documentos del divorcio delante para que los firmase.

Me aseguraban que si lo hacía me dejarían libre y con dinero, pero nunca acepté —revela.

Me revuelvo en sus brazos y lo miro a los ojos con lágrimas en mis mejillas, un nudo en la garganta y acariciándole el rostro.

—Me dijiste que te metieron en una bañera de agua congelada, ¿qué más te hicieron? —pregunto con la voz cortada.

—Para qué revivir esos duros momentos, Maggie.

Prefiero ahorrártelo —susurra con delicadeza y me duele imaginar por todo lo que debió pasar—.

Escapé de ellos, no sé ni cómo, pero lo hice.

Un buen hombre me encontró desvanecido y me llevó a un centro médico.

No sabía mi nombre y estuve varios días sin despertar, luego fingí que había perdido la memoria, si decía mi nombre me registrarían como tal y sería fácil para tu padre volver a encontrarme.

Pasé semanas en un hospital recuperándome.

Me dieron el alta y Thomas me llevó a su casa, le conté toda verdad y me ofreció trabajar para él.

Tenía una empresa de soldaduras. Me enseñó el oficio, comencé a ganar dinero y todo lo que tenía lo invertía en buscarte.

Cuando reuní el dinero suficiente para ir a por ti saltó la noticia de tu desaparición.

Trabajé día y noche para conseguir más dinero.

Me asocié con Thomas, la empresa nos fue bien, comenzamos a ganar mucho dinero, invertimos y las ganancias empezaron a multiplicarse.

Cuando mejor nos iba a Thomas le diagnosticaron un cáncer de páncreas y le dieron tres meses de vida.

Me pidió que no le dijese nada a su reciente mujer, solo llevaban seis meses casados.

Cuando murió su esposa se dio cuenta de que estaba embarazada de pocos meses, era un embarazo de riesgo y debía guardar reposo, me fui a vivir con ella hasta que el bebé nació, pero nunca tuve nada con ella, Maggie.

En todo ese tiempo Sarah me ayudaba con detectives e investigadores a buscarte, sabía cómo te amaba.

Un día iremos a Indiana y te la presentaré.

—El día que Malcolm me dijo que te había encontrado tras años de intensas búsquedas fue el día más feliz de mi vida, pero cuando me contó que vivías con otra mujer…

Pensé que me habías olvidado. Habían pasado ocho años, Logan.

Decidí no decirte dónde estaba. Yo no podía volver a Nueva York por mi madre, y mi padre ni nadie podía saber que estaba viva porque a través de mí podían dar con el paradero de ella.

—Maggie —me abraza con más fuerza—. Nunca dejé de buscarte, no me di por vencido, pero mis investigaciones se limitaron a Europa.

No sabes lo que supuso para mí tratar de aceptar que podías haber muerto cuando tu padre te declaró así.

Un día decidí llevar flores a tu supuesta tumba vacía en consuelo con mi alma, pero en el fondo de mi corazón siempre albergué la esperanza de que estuvieses viva y algún día te recuperaría.

—Con mi padre muerto era mi gran oportunidad de volver.

Era su única heredera y necesitaba encontrar las pruebas de la inocencia de mi madre, se lo merecía y quería vengarme de él destruyendo su empresa y entregando todos sus asuntos ilegales al FBI con la ayuda de Malcolm que aún conservaba amigos en el cuerpo.

No sabía que te había vendido la mitad de Wexler, que eras un gran empresario ni te movías entre los más ricos de Nueva York.

Años atrás decidí que no quería saber más nada de ti para no sufrir.

Dolía demasiado imaginarte en una vida feliz con otra mujer como la que soñamos crear cuando nos casamos.

—Cuando me informaron de que la heredera de Wexler había regresado y pensaba ponerse al frente de la empresa no pensé que fueses tú, pero me presentaron fotos tuyas y comprobé que era mi esposa.

El primer impulso fue salir a buscarte al ático de tu padre, pero llevabas unos días en Nueva York y no me habías buscado.

Entonces decidí enfrentarte en esa reunión, que te sorprendieses al verme como el socio de tu padre.

—Casi me dio un infarto cuando entraste en esa sala —revelo y me estremezco al recordarlo.

—Te odiaba y te amaba al mismo tiempo. Quería exigirte el divorcio y obligarte a ser mi mujer. Sentimientos contradictorios me abordaban todo el tiempo. Te juro que me estaba volviendo completamente loco.

—¿Por qué tardaste tantos días en decirme que seguíamos casados? No lo habías olvidado.

—Siempre tuve muy presente que seguíamos casados.

Quería obligarte de alguna forma para que fueses mi mujer y el cabrón de Callaham me lo puso en bandeja pese a que ello conllevaba que te estaba amenazando de muerte.

Tenía unos celos terribles de Malcolm —confiesa—.

No podía entender cómo habías pasado dieciocho años alejada de mí y enamorada de él si podía ser tu padre por edad.

—Durante años me esforcé por olvidarte, hasta llegué a pensar que lo había conseguido, pero en cuanto entraste por la puerta de la sala de juntas y te vi supe que seguía amándote como el primer día y que no lo podría cambiar jamás.

Solo que ahora te habías convertido en alguien con porte seguro, arrogante, con una mirada afilada y una frialdad impecable que en ocasiones no llegaba a reconocer.

Pero, en el fondo, nunca perdí la esperanza de que en alguna parte de tu corazón y de tu alma quedase algo del Logan Kessler que yo conocí, y del que me enamoré con solo catorce años cuando lo miré a los ojos por primera vez.

—Maggie —susurra en mi oído abrazándome muy fuerte.

—¿Y ahora qué? —pregunto con miedo.

Logan me mira a los ojos y me muestra una amplia sonrisa.

—Me quedaría en este hotel un mes entero sin salir, recuperando los años perdidos con mi mujer, pero ahí fuera hay una realidad que tenemos que afrontar porque existe mucho en juego.

Coge las pruebas que exculpan a tu madre y arréglalo todo con Malcolm.

Yo me encargaré de Callaham y los demás.

Lo importante es que hemos aclarado todo entre nosotros y sabemos que nos amamos.

Te esperaré a que regreses con tu madre a Nueva York.

—No —niego de forma rotunda mirándolo a los ojos—.

No volveré a dejarte solo. Le entregaremos las pruebas de la inocencia de mi madre a Malcolm, que él lo gestione todo y tú y yo nos libraremos de la empresa de mi padre.

Veremos cómo ponerlo en manos de la policía sin que salgamos salpicados.

¿Logan Kessler, quiere compartir su fantástico ático y su vida con su esposa? —le propongo con una enorme sonrisa.

—Maggie, sí quiero. ¿Cómo no voy a querer? Pero esto es peligroso para ti. No es necesario que estés metida en ello.

—Lo siento, pero es lo que hay. Me tendrás que soportar en la cama y en el trabajo. Además, me muero por trabajar de una forma más íntima al lado del gran Logan Kessler y que me enseñe todo lo que sabe en el ámbito de las finanzas.

—Te amo, Maggie. Me muero por empezar una vida contigo juntos, como marido y mujer, como una vez lo soñamos.

—Creo que ha llegado nuestro momento —susurro, lo beso, me siento a horcajadas encima de él y volvemos a hacer el amor.