Un acuerdo con el diablo Malos comienzos #2
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Malos comienzos #2

Hunter vuelve a tomar la palabra en la junta, se empieza a hablar de números rojos, de problemas y de cómo comenzar a solucionarlo todo con la nueva inversión del señor Logan Kessler.

Logan expone sus puntos de vistas sin leer nada, nos habla de cómo restablecer al grupo Wexler y en la media hora que dura su charla solo puedo admirarlo.

La seguridad con la que habla, la confianza que tiene en lo que dice y ese porte de dios que nos enmudece a todos me dejan impactada.

Jamás pensé que se pudiese convertir en alguien como el hombre de negocios que tengo delante.

Cuando termina no puedo evitar sonreír y que un sentimiento de orgullo que no controlo se apodere de mi interior y que incluso me moleste.

Durante muchos años de mi vida soñé con reencontrarme con Logan, imaginé en cómo sería tras los años.

Luego ese sueño se desvaneció por completo y hoy de golpe y porrazo me lo he encontrado en un escenario en el que jamás lo hubiese encajado.

Un hombre rico, poderoso, con traje a medida que cuesta una pasta, con un Rolex en su mano y comprando empresas como quién adquiere un libro.

Me anoto mentalmente averiguar todo sobre Logan Kessler en cuanto termine esta reunión.

Igual que deseé hace años no saber nada de él, en estos momentos quiero saber cómo ha llegado a la posición que ocupa en estos momentos en la vida.

Logan me mira a la expectativa de que reaccione a sus planteamientos.

—Estudiaré sus propuestas, señor Kessler —advierto que alza una ceja cuando lo llamo así—, me pondré al tanto de la situación y, en un par de días, podríamos ponernos manos a la obra para rescatar esta empresa.

—Es lo más sensato —comenta John, que ha estado tomando notas sin parar durante todo el tiempo que Logan ha hablado.

—No me gusta perder mi tiempo ni repetir las cosas dos veces, señorita Wexler —lo siento como una advertencia.

—Estoy recién llegada a la empresa, como usted. Creo que es lógico que necesite unos días para ver todos los estados financieros y poder tomar decisiones que no sean precipitadas —le rebato con el mentón alzado.

—Bien, dos días. Ni uno más. Vivian —se dirige a mi secretaria, situada en una banqueta a mi derecha con el mando a distancia de varias diapositivas proyectadas en la mano—. Necesitaré un despacho cerca del de la señorita Wexler para cuando venga a este edificio. Me gusta tener mi propio espacio.

Vivian se queda callada, mira a Hunter, me mira a mí y le contesta:

—Sí, señor Kessler. Me encargaré de ello.

Logan se pone en pie, da la reunión por finalizada y se marcha. El resto de las personas de la junta abandonan la sala y cuando estoy a solas con Hunter, John y Malcolm pregunto molesta:

—¿Alguien sabía que Logan Kessler era el nuevo accionista?

—No. Ese acuerdo lo llevó su padre muy en privado.

Solo sabíamos que iba a entrar capital nuevo en modo de rescate para la situación por la que pasaba el grupo Wexler —contesta Hunter—.

Yo supe su nombre esta misma mañana antes de comenzar la reunión, pensé que usted también habría recibido la información, señorita Wexler —se excusa.

—Por favor, Hunter, enséñale a John su oficina y todo sobre la empresa.

Me dirijo con Malcolm a mi despacho y cuando estamos a solas exploto:

—¡Esto lo cambia todo! ¿Qué hace él aquí?

—Maggie, cálmate. Tu madre y yo supimos hace años que se estaba convirtiendo en alguien muy rico, pero tú ya nos habías prohibido que te hablásemos de él.

Lo pasaste muy mal y no queríamos que volvieses a eso.

Pero te juro que nunca supe que tenía tratos con tu padre ni mucho menos que compraría parte de su imperio.

—¿Crees que Logan también se dedica a los negocios ilegales de mi padre? ¿Qué así ha hecho su fortuna? —pregunto, preocupada.

—No lo sé —susurra, pensativo.

—Malcolm, he venido para hacer caer todo lo ilegal ligado a esta empresa, si Logan está metido en ello… —No quiero ni pensarlo.

—Han pasado dieciocho años, te has cansado de repetir que lo habías olvidado —me recuerda—. ¿Qué sucede ahora?

—Hoy me ha impactado muchísimo encontrármelo —reconozco con lágrimas en los ojos.

—A mí también. Ha sido una sorpresa muy poco agradable para nuestros planes. ¿De qué habéis hablado cuando os quedasteis solos? —pregunta con cautela.

—No existe un nosotros. Ahora él tiene su vida y yo la mía. El pasado quedó atrás. Creo que ambos lo tenemos claro.

—Ven aquí, creo que necesitas un buen abrazo. —Malcolm me estrecha sobre su pecho y me da un beso en el cabello.

De repente, la puerta de mi despacho se abre sin llamar antes y me encuentro con Logan, que nos mira serio.

—Perdón si interrumpo, pero hay algo que quiero hablar contigo en privado —me indica con ese tono de orden que parece que todo el que lo rodea debe obedecerle sin rechistar.

—No tengo secretos para Malcolm, se puede quedar —contesto, algo crispada, por haber entrado en mi despacho sin pedir permiso. ¿Quién se cree?

—Mañana por la noche se otorgan diez becas en la fundación Wexler y hay una subasta de cuadros para recaudar fondos.

En pocas horas la prensa ya se hará eco de que he comprado la mitad del grupo Wexler.

Creo que es un lugar idóneo para que aparezcamos juntos como socios de cara a los demás.

Dar una buena imagen de unión beneficiará a la empresa, no es que esté en sus mejores momentos —ironiza.

Me quedo en silencio, no estoy preparada para enfrentarme a la sociedad de Nueva York con Logan a mi lado como socio. Me altera demasiado.

—Creo que es una buena idea —contesta Malcolm por mí—. Iremos —le indica a Logan que lo mira serio, distante y con cara desagradable.

—Le diré a mi asistente que prepare una nota de prensa que confirme nuestra asistencia —responde sin dejar de taladrar a Malcolm con la mirada. Se gira sobre sus talones y se marcha sin decir nada más.

—Vas a tener que ser muy fuerte, Maggie —susurra el novio de mi madre. Sé que me lo dice como consejo, pero no puedo dejar de temblar por lo que viene.

—Vámonos a casa, necesito averiguar todo sobre Logan desde un lugar seguro. Tengo que saber en qué clase de hombre se ha convertido.