Capítulo 17
Malos comienzos
Logan permanece en pie por unos segundos, reconociéndome, mirándome de forma dura y despiadada.
Un fuerte escalofrío recorre todo mi cuerpo.
Me retuerzo las manos sobre la mesa, mi corazón se acelera de una forma tan vertiginosa que creo que se me va a salir del pecho.
Intento controlar todo lo que estoy sintiendo en estos momentos.
Lo que menos esperaba era verlo aquí. Estaba preparada para descubrir muchas sorpresas en esta empresa, pero no contaba con esta.
Observo cómo toma asiento con una elegancia natural que me sorprende, impropia del Logan que yo conocía. Carraspea un poco, mira al resto de personas que nos rodean y, como si fuese un dios al que los demás esperan su orden, dice con una tranquilidad vertiginosa:
—Podemos empezar. —No deja de taladrarme con sus impresionantes ojos grises, los cuales encuentro más claros y fríos.
Hunter toma la palabra, escucho que me presenta a Logan y él solo asiente mientras no deja de mirarme de una forma tan fija y penetrante que me hace temblar. Luego me indica:
—El señor Logan Kessler es el nuevo accionista del grupo Wexler.
Hoy es su primera junta con nosotros. Harrison le vendió el cincuenta por ciento dos semanas antes de fallecer.
El señor Kessler es un empresario que se dedica a comprar partes de empresas que pasan por una mala situación financiera inyectando el capital que necesita.
Es el CEO de Kessler Holding, controla edificios, seguridad y contratos de estos y es el fundador de Kessler Capital, compra, absorbe y rescata empresas.
Recibo la información mientras me pellizco las manos diciéndome que esto no es un sueño.
Logan se ha convertido en un hombre muy rico e importante, y es accionista del grupo de mi padre.
No puedo creerlo. Tengo un gran nudo en la garganta, su presencia ha descolocado todos mis planes.
Miro con los ojos muy abiertos a Malcolm y presiento que él desconocía todo esto tanto como yo.
Es cierto que hace años le prohibí a mi madre y a él que me hablasen de Logan, pero estoy segura de que, de saber algo como esto, me lo hubiesen dicho.
Logan no aparta los ojos de mí. Hace que me sienta incómoda ante su escrutinio.
Lo observo con atención e interés sin poder remediarlo.
Sus ojos ya no tienen la tibieza ni la nobleza de hace años.
Me encuentro ante alguien frío y despiadado.
Aprecio que ha cambiado mucho, no porque lleve un traje de chaqueta hecho a medida que debe de costar tres veces lo que ganaba cuando era chófer de mi padre, sino por su porte, su forma de mirar a todos con la arrogancia que parece un dios, y la seguridad que emana de todo su ser.
Debo de reconocer que los años le han sentado de maravilla.
Está incluso más guapo y atractivo de lo que lo recordaba.
Me impacta más de lo que quisiera. Y en este momento reconozco, muy a mi pesar, que en estos años solo me he estado engañando a mí misma.
Nunca lo olvidé. Deseo salir corriendo de esta sala de juntas, llegar a mi despacho y llorar.
No sé exactamente porqué, pero mis sentimientos y mis hormonas me traicionan.
Maldigo que me viniese la regla esta misma mañana.
En estos días siempre estoy más sensible y vulnerable y Logan Kessler ha tenido que aparecer justo en este momento.
Dejo que Hunter hable de números, inversiones, proyectos…; no le hago caso, mi mente bulle en otra dirección. Logan y yo nos miramos en silencio, con reproches en nuestros ojos, ajenos a todo lo que está sucediendo alrededor.
De repente, se produce un silencio y toda la junta me mira. Esperan una respuesta, pero no he atendido a la pregunta ni sé qué se supone que responda. Tomo una gran bocanada de aire, miro a Malcolm y me quedo en blanco.
—Déjenme a solas con la señorita Wexler —escucho la voz de Logan.
No mira a los demás, no les está pidiendo permiso, es una orden, clara.
Toda la sala se queda en silencio, incluida yo misma.
Malcolm me mira preguntándome si abandona el lugar—.
¿No me han oído? —brama Logan, alzando la voz, enfadado, sin inmutarse de su sillón.
Todos comienzan a levantarse. El último en abandonar la sala es Malcolm, que me pregunta frente a Logan:
—¿Quieres que me quede?
Advierto la expresión en el rostro de Logan cuando Malcolm me habla con la familiaridad que lo hace.
—Esto es algo que debo enfrentar sola. Es personal —susurro.
Él se aproxima y me indica en el oído:
—Estaré fuera. Muy cerca. Pero estoy seguro de que puedes con esto. También ha sido una completa sorpresa para mí —aclara.
Malcolm se marcha, cierra la puerta y al escuchar el sonido del clic del pestillo y saber que estoy a solas por completo con Logan me hace sentir un gran agujero en el pecho.
Él se levanta con pasmosa tranquilidad, serio, distante y en silencio, sin dejar de mirarme como un depredador a su presa. Yo soy incapaz de moverme de mi asiento. No puedo dejar de temblar.
—Dieciocho años, Maggie —susurra caminando con paso seguro hacia mí.
—No esperaba encontrarte aquí —le indico de golpe, controlando el tono nervioso de voz a la misma vez que llevo las manos debajo de la mesa y me las retuerzo para que no aprecie mi inquietud.
—Me he dado cuenta. Cuando me has visto parecía que estabas observando a un fantasma, pero debo decirte que aquí el único que pensaba que estabas muerta hasta hace poco, cuando se rumoreó tu vuelta a Nueva York unos días atrás, era yo —revela y lo miro con los ojos muy abiertos—.
Hasta te llevé flores a una tumba simbólica, sin tu cuerpo, que colocó tu padre en el cementerio hace ocho años.
—¡¿De qué estás hablando?! —le espeto, confusa. Ignoraba que mi padre hubiese hecho eso.
—Harrison te declaró muerta tras diez años de intensa búsqueda.
La policía de Londres determinó que te tiraste al Támesis y tu cuerpo nunca apareció.
Hasta ahí llegaron todas las investigaciones de tu padre, como las mías.
¿Dónde has estado, Maggie? —pregunta con pasmosa frialdad—.
¿Y por qué has vuelto ahora? —Lo siento como un reproche.
No hay alegría alguna por verme. Solo aprecio rencor.
Ignoraba que Logan tuviese todos esos datos. Cuando lo encontré a través del investigador privado en Indiana con otra mujer y una vida resuelta le pedí a Malcolm que moviese sus hilos para que todo hiciese pensar que estaba muerta. Era lo mejor.
—No te debo explicaciones —manifiesto a la defensiva. No puedo ni pensar.
—Ah, ¿no? —alza la voz. Se acerca más a mí y apoya ambas manos en la mesa y me mira de cerca. Percibo el olor de su colonia, sus intensos ojos sobre los míos y el leve tic en su mandíbula—. Me volví loco buscándote —revela como si fuese un secreto.
—¿De verdad me vas a venir con reproches después de dieciocho años? —le espeto, a la defensiva.
Percibe mis palabras como un tiro directo. Se queda callado, serio, expulsa aire, se da media vuelta y camina varios pasos revolviéndose el pelo.
—Tienes razón —susurra—. Hablemos por lo que estamos aquí. —Se gira y me encara, distante—. Soy tu nuevo socio y por lo que se ve, vienes con aires de ser la nueva presidenta del grupo Wexler.
—¿Cómo llegaste a comprar las acciones de mi padre? Él nunca te las hubiese vendido —comento, muy segura de ello. Sé cuánto lo odiaba.
—Pagué muy bien por ellas. Era yo o todo se iba a la mierda. En cierto modo lo salvé —revela. Creo que mostrarse ante mí como un hombre rico y poderoso lo enorgullece.
—Todo esto forma parte de un plan, ¿cierto? —Estoy convencida de ello.
—Supongo que tú también tienes uno al volver tras la muerte de tu padre llevando tantos años desaparecida —contraataca mirándome con desconfianza.
—No sabía nada de esto —me excuso refiriéndome a él como socio.
—Yo tampoco, pero, por lo que se ve, vamos a dirigir el grupo Wexler juntos. También puedes venderme tu parte ahora como heredera —propone de golpe.
—No —niego de inmediato.
—Bien, entonces tendremos que ponernos de acuerdo en demasiados asuntos —establece—. Venía con muchos planes en mente.
—Yo también.
—¿De verdad sabes algo de finanzas y empresas como esta? —pregunta en tono de burla y me molesta.
—Voy a demostrártelo —le espeto con garra.
—No estoy para juegos. Tengo que dirigir dos grandes empresas —me advierte—. Pese a la inyección de capital que he hecho en este grupo hay mucho por hacer para restablecerlo. He de confesarte que cuando compré la mitad del grupo Wexler no contaba con la muerte de tu padre tan temprana.
—¿Le compraste la mitad de sus empresas para desquitarte con él por lo que te hizo hace años? —lanzo de golpe, segura de ello.
—Maggie, soy un hombre de negocios que solo se mueve por dinero. Ya no me conoces. Han pasado muchos años. Comprar el grupo Wexler solo iba a hacerme mucho más rico. Pensaba restablecerlo y luego vender mis acciones por partes, por muchísimo más dinero del que pagué.
Lo miro seria y no sé si creerlo.
—Has cambiado mucho —susurro con pena y decepción.
—Es bueno que lo aprecies, porque del Logan que conociste hace dieciocho años no queda nada. Como tú, he cambiado muchísimo —lanza, y lo siento como una pulla.
—Ya veo —murmuro apreciando la frialdad impecable con la que me mira.
—Continuemos con la reunión. Ha sido un error pensar por un segundo que tú y yo tendríamos algo que tratar en privado —comenta caminando hacia la puerta.
La abre con un porte y una elegancia que me dejan mirándolo embobada y les indica a todos los que están fuera con una orden disfrazada de cortesía que vuelvan a entrar para continuar la reunión.
Malcolm se sienta a mi lado y susurra:
—¿Estás bien? —La preocupación es patente en sus ojos.
—Sí. No contábamos con esto. —Alzo la mirada al frente y me topo con Logan pendiente de mí y de Malcolm. Aprecio que nos observa con interés.