Un acuerdo con el diablo Capítulo 16
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Capítulo 16

La hora de volver

Dieciocho años después

—¿Estás segura, Maggie? Después de tantos años…

—Es una etapa de mi vida que necesito cerrar, mamá.

Mi padre ha muerto y no voy a permitir que sus empresas sigan contribuyendo al tráfico de drogas y armas.

Mi venganza será destruir su imperio como él destruyó mi vida.

Soy su única heredera, ¿no? Pues ahora todo queda en mis manos.

No tienes de qué preocuparte. Malcolm viajará conmigo, me ayudará a entregar al FBI todo lo que no pudieron conseguir en estos años de investigarlo.

Y lo más importante por lo que vuelvo, para probar tu inocencia.

Quiero que seas libre, que un día puedas regresar a Nueva York y decirle al mundo que estás viva y eres inocente.

—Es un mundo muy peligroso, Maggie —me advierte con miedo—.

No conoces las empresas de Harrison. No puedes pretender llegar, entregarle al FBI a las personas que trabajaban con tu padre y demostrar que yo no blanqueé todo ese dinero.

No conoces cómo funciona todo eso. La policía lleva años detrás de él y nunca lo han cogido —me recuerda.

—¿Olvidas que aparte de medicina estudié finanzas y derecho americano? Me siento preparada. Es una venganza que llevo años trazando en mi mente. Ha llegado la hora. No podemos vivir escondidos por el resto de nuestras vidas.

—No tienes necesidad de algo como esto —me suplica con lágrimas en sus ojos.

—Lo necesito para sentirme en paz. Además, también creo que hago un bien a la sociedad al colaborar con la policía.

Sabes que no quiero el dinero de mi padre.

No lo necesito. Aquí en Qatar tenemos una vida completa.

Ya siento este lugar como mi casa. He pasado la mitad de mi vida aquí y puedo decir muy alto que he sido feliz y deseo seguir siéndolo, pero necesito arreglar esa parte de mi vida para seguir adelante.

—Nada de lo que te diga va a hacerte cambiar de idea, ¿verdad? —pregunta con tristeza. Sabe que tiene esta batalla perdida.

—Estoy decidida. Nos merecemos volver a ser quienes éramos.

Hace años que no uso el nombre de Maggie Wexler y ha llegado la hora de ser ella de nuevo, y tú, volverás a ser Grace Pembroke y podrás casarte con Malcolm como siempre habéis soñado.

Sé que en vuestros documentos falsos figuráis como un matrimonio, sin embargo, te mereces algo real.

—Solo te deseo mucha suerte, hija. Va a ser un verdadero bombazo tu regreso a Nueva York dieciocho años después.

—Soy consciente de que muchas cosas habrán cambiado. Ya no estará la abuela, sentí no estar cuando murió, pero estoy preparada para la vuelta. Llevo años soñando con este día. Siempre supe que no podría regresar hasta que papá estuviese en la cárcel o muerto. Y mi momento ha llegado.

—Se mató antes de que la policía llegase a él —susurra mi madre.

—O lo mataron. Es algo que aún se investiga. No está clara su muerte —tercia Malcolm.

—Júrame que tendréis los dos mucho cuidado —nos implora mi madre.

—Cuidaré de Maggie —le promete Malcolm. Y sé que lo hará. En estos años a su lado he sentido que me quiere como a una hija. Yo lo aprecio muchísimo. Es un gran hombre y me enorgullece que sea la pareja de mi madre.

—Estaremos bien. No voy sola.

Mi madre nos lleva al aeropuerto y allí nos despedimos entre lágrimas. Malcolm y yo sabemos que la dejamos en buenas manos porque en estos años hemos hecho grandes amigos en Qatar que cuidarán de ella en nuestra ausencia.

Los tres sabemos que vamos a pasar unos largos meses en Nueva York dedicados con los asuntos de mi padre tratando de encontrar la inocencia de mi madre y de entregarle a la policía los negocios sucios y a las personas que trabajaban con él.

***

Nueva York, una semana y media después

—Todo arreglado, Maggie. Eres la única heredera de Harrison y oficialmente ya puedes ponerte al frente de sus empresas —me comunica Malcolm.

Desde que regresamos hemos causado un gran revuelo en la ciudad.

Nadie espera mi vuelta tras años de ausencia, incluso creerme muerta.

Me han preguntado dónde estaba, qué ha sido de mi vida, pero no le he dado detalles a nadie, que cada uno piense lo que quiera.

Tampoco saben cuál es el verdadero motivo de mi regreso.

—Gracias, Malcolm.

—Gracias a ti por colaborar con todo esto. Eres muy valiente.

—Mi madre se lo merece. No es justo que pase más años escondida. Encontraremos las pruebas de su inocencia y le entregaremos a la policía todos los negocios ilegales de mi padre, fin del asunto.

—Quiero pactar con ellos, aún conservo buenos amigos en el cuerpo, que si no encontramos las pruebas de la inocencia de tu madre, han pasado muchos años, puedan acceder a su libertad a cambio de entregarles a otras personas que llevan años tras ellas.

—Bien pensado. Mañana me reuniré con todo el consejo de Wexler y comenzaré a tomar decisiones. Pronto tendremos todo en nuestras manos.

—La nueva presidenta del grupo Wexler y la fundación Wexler —susurra con admiración y miedo a la vez—. Recuerda que debes ir con mucho cuidado —me advierte de nuevo. Es algo que hemos hablado en varias ocasiones.

—Voy a limpiar todo, te lo prometo. Va a caer mucha gente.

—Me tienes de tu lado y a mis contactos.

Pero esto va mucho más allá, también tenemos a la DEA y otros departamentos detrás de tu padre desde hace tiempo.

Era un tío muy listo. Solo patinó con tu madre, en lo demás, jamás han podido inculparlo en nada por muchas investigaciones que han llevado a cabo —me recuerda.

—Lo sé, tendré cuidado.

—Maggie, ya te lo he dicho muchas veces, tienes muchos conocimientos, pero te falta práctica en este mundo —me advierte antes de marcharse.

—No me precipitaré en nada y te consultaré todo.

Malcolm se va más tranquilo y yo me quedo mirando las luces de la ciudad de Nueva York cuando ha anochecido. Me doy cuenta de cuánto lo echaba de menos.

He vuelto al ático donde siempre viví con mis padres hasta que nos mudamos a la casa con jardín tras la muerte de mi madre. Por suerte, Harrison Wexler nunca se deshizo de él. Lo he redecorado en días y ahora lo siento mi hogar para el tiempo que voy a pasar aquí.

Camino descalza en la penumbra hasta mi habitación y entro en el enorme vestidor, lleno de ropa nueva, adecuada para la ejecutiva que voy a ser de ahora en adelante.

Admiro las prendas caras y de marcas, los zapatos, los bolsos, los complementos y las joyas.

Hago cálculos y sonrío, tengo una pequeña fortuna ante mis ojos, y lo más increíble de todo es que he vivido estos años sin esto y no lo he echado de menos.

Mi madre me enseñó a valorar a la familia, a las personas que queremos, a pasar tiempo juntos y a ser felices dejando el dinero y el lujo a un lado.

Escojo un traje de chaqueta en tono crema para hacer mi aparición en el consejo como la nueva presidenta del grupo Wexler.

Saco unos complementos marrones a juego y lo dejo todo listo para por la mañana.

Me meto en la enorme cama y admiro la habitación, decorada de forma tan suntuosa que hasta me resulta incómoda.

En estos dieciocho años he estado muy lejos de la Maggie que se crio como una niña rica, he vivido como una persona normal y corriente, con un sueldo muy saneado, pero sin caprichos extravagantes.

Doy vueltas en la cama, me levanto al amanecer y me tomo un café bien cargado en la cocina cuando aparece Owen.

Fue a la primera persona que vine a ver cuándo aterricé en Nueva York.

A sus sesenta y dos años seguía trabajando para mi padre, le he ofrecido una buena casa para que disfrute de su jubilación, pero me ha rogado seguir a mi lado.

No he podido negarme, hará sus funciones de mayordomo en este ático, solo encargándose de mandar a otros.

Es una forma de tenerlo cerca y de que se sienta útil.

—Hoy es el día de tu regreso oficial, Maggie. Se rumorea que has venido por tu herencia, pero hoy todos te verán de verdad y sabrán que has vuelto para quedarte.

—Sí. Nueva York siempre fue mi hogar. —Owen tiene una edad y es mejor mantenerlo al margen de mis verdaderos planes por el momento—. Tengo que recuperar muchos años, amigos y todo lo que dejé atrás cuando me marché.

—¿Y Logan Kessler? ¿No tiene nada que ver con tu vuelta? —pregunta con cautela. Lo miro con el corazón acelerado por solo haber escuchado su nombre en voz alta. Hace años que nadie me lo nombra.

—Me llevé ocho años buscándolo sin descanso, ignorando si estaba vivo o muerto, nunca me rendí.

Cuando un detective lo encontró en Indiana tenía una empresa relacionada con el sector de la soldadura, una mujer a su lado y una bonita casa.

Ese día decidí que ahí acababa lo nuestro para siempre.

Me obligué a enterrar el pasado entre nosotros.

Hacía diez años que no hablaba de Logan con nadie.

Les prohibí a mi madre y a Malcolm que volviesen a decirme algo sobre él.

Me obligué a olvidarlo. No te voy a negar que no dolió, pero lo conseguí —confieso con orgullo.

—Lo siento, Maggie. Lo nombré porque pensé que tras la muerte de tu padre habías vuelto porque…

Mi teléfono suena y observo que es Malcolm.

—Discúlpame, Owen. Debo vestirme, tengo el tiempo justo. A la noche te cuento cómo ha ido todo. Mil gracias por estar a mi lado, cuidándome como siempre hacías hace años.

—Es un placer. Sabes que tu madre y tú sois como unas hijas para mí.

—Te prometo que te llevaré a verla en cuanto pueda.

—Gracias.

Me miro al espejo, lista para enfrentarme a toda una junta directiva y aparecer como la presidenta del grupo Wexler.

Hacía años que no me vestía así ni me reconozco.

Me siento casi disfrazada, pero también estoy muy segura de lo que voy a hacer.

Tengo que encontrar las pruebas que exculpen a mi madre para que pueda recuperar su nombre y regresar algún día a Nueva York y también acabar con esos negocios de mi padre que no son legales.

Luego venderé todo y me plantearé si mi futuro sigue estando en Qatar o volver a Nueva York, pero necesito la libertad de poder decidir mi destino y no tener la obligación de permanecer en un lugar escondiéndome con mi madre.

Al morir mi padre siento que ya soy libre, ahora voy a liberarla a ella.

Malcolm me recoge, viene en el coche con un hombre que no conozco y me lo presenta como John Feldman. Será nuestro abogado y asesor personal en todo.

Entramos los tres en la empresa de mi padre.

Un gran edificio en el centro de Wall Street.

Recuerdo haberlo pisado de pequeña; con mi madre veníamos algunas veces a visitarlo en su gran despacho con vistas.

Aprecio que muchas cosas han cambiado. Nos reciben a la entrada; siento que todos los empleados de recepción y demás personal me miran con atención y nos dirigimos hacia el ascensor.

Hunter, el hombre que se ha encargo de todo desde que mi padre falleció hace tres semanas, me dirige hacia el despacho de la presidencia; me presenta a mi secretaria, Vivian, una mujer de mediana edad.

Me pone un poco al tanto de la empresa y los puntos a tratar en la junta que tendremos en una hora.

Presiento que a Hunter no le hace mucha gracia cuando les presento a Malcolm y a John y le revelo que ambos estarán conmigo como parte de mi nuevo equipo y se incorporarán a la compañía como asesores.

Me paseo por el despacho sin decir nada, observando todo, recordando a mi padre y alentándome a ser fuerte ante lo que viene. Percibo la mirada en silencio de Hunter, Vivian, Malcolm y John sobre mi espalda mientras admiro las vistas desde los grandes ventanales del despacho.

Me giro y susurro:

—Haré algunas reformas en este lugar —intento que suene frío, sin que se note que me duele demasiado recordar a mi padre aquí. Observo una fotografía de él conmigo de pequeña sobre la mesa, la cojo en mis manos y luego la coloco boca abajo.

—¿Quiere que llame a un decorador? —pregunta de inmediato Vivian. Me da la sensación de que es una persona muy eficaz.

—Sí. Que me presenten varias opciones. Gracias. ¿Podemos ir a la sala de juntas? —le propongo a Hunter.

—Por supuesto. —Me hace un gesto con la mano.

Nos encaminamos hacia allí, ocupo mi lugar en la cabecera de la mesa, Hunter se sitúa a mi izquierda, Malcolm a mi derecha y John a su lado.

La sala está completa a falta de un asiento que queda vacío justo frente a mí.

Miro a cada una de las personas que están ahí.

Todos son hombres, un total de ocho sin contar a John y Malcolm.

Tengo una carpeta delante de mí con el logo de la empresa, supongo que en su interior hay muchas cuentas de las que me tendrán que poner al tanto.

Vivian entra en la sala, enciende la gran pantalla que tengo a mi derecha y creo que todos estamos listos para comenzar la junta.

—Bien, señores, ella es Maggie Wexler —me presenta Hunter.

Todos me miran con atención y tomo la palabra:

—Podemos empezar. Pónganme al tanto de la situación del grupo Wexler y la fundación —manifiesto de forma profesional.

—Aún no estamos todos. Esperemos cinco minutos más —comunica Hunter consultando su reloj—. Falta el nuevo accionista —revela y lo miro con sorpresa, lo desconocía.

De repente, la puerta de la sala de juntas se abre y entra un hombre alto, fuerte, con un traje de chaqueta gris claro y con paso seguro se dirige hacia el lugar que queda libre en la mesa sin reparar en los presentes.

Cuando se coloca frente a mí para tomar asiento nuestras miradas se cruzan.

Sus ojos grises se clavan en los míos. Me mira serio.

Lo reconozco, me reconoce. Por su expresión, la cual conozco bien, deduzco que me esperaba aquí presidiendo la junta, está tranquilo y relajado, no hay sorpresa alguna en su rostro, mientras que yo siento que me falta el aire para respirar al tener a Logan Kessler frente a mí después de dieciocho años.