Un acuerdo con el diablo Capítulo 13
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Capítulo 13

La dura realidad

Logan me aprieta la mano con fuerza. Hace tres días que nos casamos y ya hemos hablado de este momento. Vamos a decirle juntos a mi padre que somos marido y mujer y reiterarle que nos amamos.

Aún no hemos establecido dónde vamos a vivir.

He pensado pedirle a mi padre que nos deje la casa de Los Hamptons por un tiempo hasta que encontremos el apartamento que pensamos compartir cuando iniciemos la universidad.

Solo espero que entienda que Logan es el amor de mi vida, nos apoye y nos ayude en todo ahora que somos marido y mujer.

Cuando entramos en mi casa es mi abuela la que nos recibe llorando. En estos días fuera, desde que me marché con Logan de forma precipitada de la fiesta de mi cumpleaños, solo han sabido de mí por mis amigas. No me he puesto en contacto con mi familia.

—Me tenías muy preocupada —susurra mientras me abraza.

—Estoy bien. ¿Está papá en casa? —pregunto. Queremos darle la noticia a él primero.

—Está en su despacho —dice mi abuela con la mirada clavada en Logan y en mí.

Tomo a mi marido de la mano y hago que camine a mi lado. Llamo a la puerta del despacho y cuando escucho la orden para pasar abro la puerta y mi padre nos mira con sorpresa al vernos a los dos juntos.

—Maggie —susurra colocándose en pie y taladrando con sus ojos a Logan.

—Papá.

—Al fin te dignas a venir —me reprocha, distante—. Estás despedido, Logan. No quiero que vuelvas a poner un pie en mi casa, mucho menos, que te acerques a mi hija. ¿Queda claro? —inquiere alzando la voz de forma amenazante, mirándolo de manera directa, como si yo no existiese.

—Pues me temo que volverá a poner un pie en esta casa porque también es la mía y no se va a separar de mí porque es mi marido.

Nos hemos casado, papá —anuncio de golpe, con rabia, y alzo mi dedo para que vea el anillo en él.

Le sostengo la mirada intentando no temblar por fuera como lo hago por dentro.

Siento que Logan me aprieta con más fuerza mi mano.

—¡¿Qué?! —grita mi padre, furioso—. ¿Te has casado con él? —pregunta mirándolo con desprecio—. ¡No será verdad! —dice, en tono de desafío.

—Lo es, señor. Amo a su hija —reconoce Logan con valentía frente a él.

—Hijo de puta, amas su dinero y que será mi única heredera —escupe mi padre y golpea con fuerza a Logan en la cara. Él retrocede un poco y observo que tiene sangre en la nariz.

—Papá… —comienzo a reprenderlo, pero me toma con fuerza del brazo y me aparta de mi marido de malas formas.

—Nunca pensé que pudieses llegar tan lejos, Maggie. Casarte con alguien como él. Ahora mismo llamaré a mi abogado para que os divorciéis. No voy a permitir algo así —grita muy enfadado. Me lleva con él hasta su mesa y hace una llamada, solo dice—: Os necesito en el despacho de mi casa.

—Señor, no me interesa lo más mínimo el dinero de su hija. Si quiere puedo firmar renunciando a lo que sea. Yo amo a Maggie, solo la quiero a ella —manifiesta Logan.

—Lo único que vas a firmar es el divorcio, hijo de puta —sentencia mi padre, alzando la voz, casi fuera de sí.

—No lo haré a menos que Maggie me lo pida —le planta cara Logan con valentía.

—Fuera de mi casa, ya —ordena y lo echa sin piedad a gritos limpios, perdiendo toda la compostura.

—Si él se va yo también —contesto a mi padre.

—No seas imbécil. Tú harás lo que yo diga. No me va a frenar que tengas dieciocho años ni que él sea tu marido —grita, enfadado, agarrándome con más fuerza y zarandeándome.

—Suelte a mi mujer —resuena la voz de Logan, se acerca peligrosamente a mi padre.

—Eres un don nadie y en breve me voy a ocupar de ti —le espeta—. Se te van a bajar esos aires de mediocre —le advierte de forma desafiante.

Cuando Logan da dos pasos más de forma amenazante para apartarme de mi padre la puerta del despacho se abre y entran dos personas de seguridad. Nunca los había visto antes. Se tratan de dos hombres muy altos y corpulentos.

—Saquen a este hombre de mi casa —les ordena de inmediato.

Ambos se dirigen hacia Logan y lo toman del brazo con fuerza.

—No me voy sin mi mujer —le advierte a mi padre, encarándolo de forma firme y segura.

—Yo creo que sí. Sáquenlo —ordena de nuevo mostrándole a Logan una sonrisa de victoria.

Logan se deshace con facilidad del agarre de ambos y me coge de la mano. Mi padre se interpone y lo mira desafiante.

—Fuera. Tú así lo has querido.

Cuando mi marido intenta cogerme de la mano de nuevo esos hombres sacan una pistola cada uno y se la ponen en la cabeza.

—¡¿Qué es esto?! —pregunto con pavor mirando a mi padre mientras apuntan a mi marido.

—Vete sin montar un escándalo o no dudaré en ordenar que te metan una bala en la cabeza delante de mi hija —le ordena a Logan, ignorándome por completo.

Se hace un silencio entre ambos, se miden con las miradas—.

Sabes de lo que soy capaz, Logan Kessler —le advierte mientras que miro a mi padre y no lo reconozco.

—Papá… —susurro en forma de ruego.

—¡No te metas! —brama alzando la voz—. Tú y yo vamos a tener una conversación muy seria en cuanto este hombre se marche. Lleváoslo —ordena.

—¡No! —grito mientras mi padre se interpone, me agarra e impide que me acerque a Logan.

Entre los dos hombres se lo llevan a punta de pistola mientras yo me pregunto qué está pasando. Por qué mi padre se comporta así. Logan me mira de forma tranquila, se marcha con paso firme al mismo tiempo que rezo porque no intente escapar de ellos y puedan hacerle algo.

Cuando nos quedamos a solas mi padre me lleva hasta un sillón, hace que me siente y él se pasea delante de mí, nervioso.

—Casarte con el chófer es la estupidez más grande que has hecho en tu vida —brama fuera de sí—.

Si hubiese sospechado lo más mínimo… Tu amiga Tessa volvió la noche de tu cumpleaños y me dijo que estabas con Helena en su casa.

Confié que reflexionarías y te di unos días. Confié en ti y me vienes con esto…

—Me da igual que no lo aceptes —manifiesto alzando la voz, encarándolo.

—Lo aceptarás cuando te exponga cómo van a ser las cosas de ahora en adelante, si quieres a Logan —añade de coletilla.

Miro a mi padre y descubro a un hombre que no conozco.

Un escalofrío me recorre el cuerpo por completo.

Lo miro con la respiración alterada y soy incapaz de decir nada.

Siento un gran nudo en la garganta que no me deja articular palabra.

Observo cómo se sienta detrás de su mesa, junta sus manos, las entrelaza y me mira serio y distante. Carraspea y dice:

—No volverás a ver a Logan —sentencia, rotundo—.

Mis abogados redactarán un acuerdo de divorcio que vas a firmar sin poner problemas —me advierte alzando una ceja.

Yo muevo la cabeza en gesto negativo—. Si te niegas a ello y te empeñas en irte a vivir con ese don nadie y no deshacer este estúpido matrimonio te juro que me deshago de él y no lo vuelves a ver más.

Así de simple. Si quieres que siga con vida, será lejos de ti.

—¿Pero tú te estás escuchando? —le reprocho, dolida y estupefacta ante su actitud.

—No conoces a tu padre, Maggie. Nadie me arrebata lo que es mío y tú eres mi única hija. Tienes un futuro brillante por delante y no lo vas a arruinar con un chófer que no tiene dónde caerse muerto.

—¿No puedes aceptar que lo quiero? —susurro, llorando.

—Eso es ridículo, solo tienes dieciocho años recién cumplidos. Has idealizado a ese hombre, pero ya llegarán otros que te convengan más.

—Lo siento, pero no lo acepto —bramo colocándome en pie y apoyando las manos sobre la mesa—. Me iré con él con o sin tu aprobación. Soy mayor de edad y si me quieres desheredar me da igual. Prefiero a Logan ante que a todos tus millones.

—No sabes lo que dices, insensata —grita, agitado, golpeando la mesa.

—Lo sé muy bien. Adiós, papá. —Me encamino hacia la puerta.

—Si sales de esta casa Logan es un hombre muerto. Luego no digas que no te lo advertí. Tienes su vida en tus manos —manifiesta con tal frialdad que me quedo paralizada.

Me giro despacio y lo miro con un profundo resentimiento, luego me marcho y subo corriendo las escaleras. Entro en mi habitación y comienzo a hacer una maleta grande. Pienso irme muy lejos.

De repente, Owen irrumpe en mi cuarto como un ladrón, cierra la puerta con llave con misterio y me dice en un susurro:

—Maggie, ha llegado la hora de que sepas quién es realmente tu padre. No lo desafíes, no le lleves la contraria o Logan estará muerto de verdad en cuestión de horas.

—¿Qué dices, Owen? Mi padre no es un asesino —murmuro, incrédula—. Solo trata de que haga su voluntad, pero se equivoca. No pienso ceder a su chantaje.

—Tu padre es un hombre muy poderoso dentro de la mafia en esta ciudad.

Controla los puertos, entradas, salidas, drogas, armas…

todo a través de sus empresas. Por supuesto que él no va a matar a Logan, lo hará alguien a quién envíe, pero creo que aún no sabes que una orden de Harrison Wexler no se contradice.

Eres su hija, pero tu madre era su esposa y casi termina en la cárcel por meterla en sus negocios sucios sin ella saberlo.

—¡¿Qué?! —pregunto sin entender completamente nada.

—No hay mucho tiempo. Si realmente quieres a Logan y que tu padre no arruine su vida de verdad, tienes que bajar y decirle a Harrison que lo has pensado muy bien y que vas a divorciarte de Logan. Por favor, Maggie. Es un buen muchacho, no le condenes la vida. Baja y rectifica —me suplica.

—Owen, me estás asustando. ¿Realmente quién es mi padre? —pregunto con temor.

—Un hombre sin límites, con mucho poder, muchísimo dinero, metas claras y planes para su única hija. Te aseguro que no va a permitir verlos arruinarse por alguien como Logan. Lo va a quitar de tu camino sin escrúpulo alguno.

—Yo lo quiero —susurro con lágrimas en mis ojos.

—Pues sálvalo.

—¿Y si me voy lejos con él? —plateo, desesperada, pensando con rapidez.

—¿Dónde te crees que está Logan ahora? Los hombres de tu padre lo tienen retenido a la fuerza a la espera de sus órdenes.

—¿Y si llamo a la policía?

—No seas ingenua, Maggie. El poder de tu padre rebasaría todo lo que intentes —explica muy seguro de ello.

Me siento en la cama, lloro de forma desconsolada y finalmente acepto la propuesta de Owen porque me siento acorralada. Estoy muy asustada, mi mente parece que va a explotar y lo único que deseo es que no le pase nada a Logan.

Bajo al despacho de mi padre y le manifiesto aparentando arrepentimiento:

—Lo he pensado mejor. Me quedaré aquí y me divorciaré de Logan, pero que a él no le pase nada y pueda seguir con su beca en Harvard —establezco como condición.

—¿Tú me crees un imbécil? Tú vas a Harvard también.

—Puedo marcharme a otra parte del mundo, lejos —propongo y los ojos de mi padre se agrandan. Asiente y me mira fijo.

—Eso está mejor. Un océano de por medio hará que lo olvides para siempre. —Percibo que le agrada mi idea.

—Acepto —susurro, abatida, mirándolo inquieta tratando de averiguar quién es realmente. Si un padre que me quiere o un verdadero monstruo al que desconocía hasta el momento.

—Lo arreglaré todo. Mañana mismo estará el acuerdo de divorcio para que lo firmes.

—Está bien. Pero que no le pase nada a Logan —le ruego.

—Soy un hombre de palabra. Me has dado la tuya de que te divorciarás y te alejarás de él. Yo cumpliré.

Salgo de su despacho y corro de nuevo hasta mi habitación. Me tiro en la cama y lloro sin consuelo alguno. Siento que esto es una completa pesadilla de la que no consigo despertar.

Cuando ya no me quedan lágrimas Owen aparece en mi habitación de nuevo. Son casi las doce de la noche.

—Creo que debes de comer algo. —Me trae un sándwich con un zumo.

—No puedo. Solo me quiero morir. Odio a mi padre. Y me vas a tener que explicar muy bien lo que me dijiste antes porque hay muchas cosas que no entiendo y desconozco —lo advierto.

—Maggie, yo solo cumplo órdenes. Te protejo. Llevo algunos años haciéndolo —revela y lo miro con sorpresa.

—¿De quién me proteges? —susurro, confusa.

—De tu propio padre.

—¿Y quién te lo ha pedido? —pregunto con desconcierto.

—La persona que más te quiere en este mundo.

—¿Logan? —inquiero con sorpresa.

—No. Por el momento solo puedo decirte que escojas una universidad en Europa. Luego serás libre. Yo me puedo encargar de todo. Confía en mí, Maggie.

—Owen, no puedo pensar en estos momentos. Mi cabeza me va a estallar de tanta información y dolor al mismo tiempo —manifiesto con lágrimas en mis ojos.

—Todo va a salir bien. Solo debes confiar en mí y no contarle nada de esto a tu padre ni a nadie. Soy la única persona que te puede ayudar en esta situación.

Lloro durante el resto de la noche, llamo por desesperación al móvil a Logan, está desconectado. No sé qué hacer. Solo puedo confiar en Owen, pero es un simple sirviente de mi padre. Sin embargo, todo en mi vida está perdido, y Owen me brinda la única luz.

A la mañana siguiente mi padre me obliga a firmar los documentos de mi divorcio.

Le suplico ver a Logan por última vez, pero no accede.

Le pido de nuevo que me dé su palabra de que no le va a hacer nada y me asegura que respetará el acuerdo al que llegamos.

En estos instantes siento a mi padre como el mismísimo demonio.

Nunca llegué a imaginar que me obligase a algo así.

Siempre lo consideré bueno, justo y bondadoso.

Es como si me hubiese dado un fuerte golpe contra un muro y ahora no reconozco nada de lo que tengo frente a mí. Lo siento como un completo extraño.

—Ta vas a marchar lejos por un tiempo —sentencia.

—¿Dónde?

—A Europa. Ya veremos el destino exacto.

Vigilaré bien de cerca a Logan para que no se te acerque, y a la mínima que sepa que intentas ponerte en contacto con él pagará las consecuencias —me amenaza de forma despiadada mientras intento ver al hombre que era mi padre, no al monstruo que tengo delante de mí.

—Bien, avísame cuando tengas pensado a qué cárcel de lujo me piensas enviar —murmuro de forma mordaz. Me doy media vuelta y me marcho odiándolo como nunca pensé que podría hacerlo.