Un acuerdo con el diablo Amor a escondidas
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Amor a escondidas

Hoy es domingo y me despierto haciendo planes para pasar todo el día con Logan.

Mi padre está fuera y mi abuela seguro que tiene algo con sus amigas, además, está acostumbrada que los fines de semana salga o tenga que estudiar.

Creo que tanto ella como mi padre ya asumieron que la época de estar todo el tiempo con ellos pasó.

Aparezco por la cocina, saludo a Owen y a Elodie y, de inmediato, al no ver a Logan pregunto por él sintiendo un miedo atroz a que todo lo que hablamos la noche pasada se haya desvanecido.

Pero antes de obtener respuesta de Owen, que se disponía a contestar, Logan aparece por la puerta de la cocina que conecta con el jardín y me dirige una mirada tan intensa que me hace temblar.

Tengo que contenerme para no lanzarme a sus brazos y besarlo.

Está tan guapo y arrebatador con la camisa remangada y sin corbata que tengo que sentarme para controlar mis impulsos.

—Coche limpio —comenta.

—Perfecto, porque hoy pensaba salir —le indico, sonriente.

—Maggie, con lo que pasó y tu padre fuera, ¿no sería mejor que te quedases en casa? —me pide Elodie. Lleva tanto tiempo trabajando para nosotros que es como de la familia.

—Tengo a Logan que me cuida.

—Pero este hombre no es inmortal. Una bala le rozó el hombro. A saber, la próxima vez.

—Voy a estar bien —abrazo a Elodie para tranquilizarla y me dirijo a Logan—: Desayuno y nos vamos en media hora.

Él asiente y desaparece hacia la zona de servicio donde está su cuarto. Yo me quedo observándolo embobada hasta que Elodie me susurra cerca:

—Es un hombre increíble. Bueno, trabajador, responsable y guapísimo.

—Sí —respondo como si no me hubiese dado cuenta de ello.

Me reúno con Logan en el jardín y nos dirigimos hacia mi coche, lo veo colocarse al volante, pero no protesto. Me gusta observarlo mientras conduce.

—¿Dónde vamos? —pregunta muy profesional.

—A perdernos en Nueva York. Quiero pasar el día contigo —revelo mirándolo con una enorme sonrisa mientras abandonamos mi casa.

—Bien, pero hagámoslo a mi manera. Nada de lujos —propone—. Quiero que tengas muy claro siempre lo que te voy a poder ofrecer, Maggie. No soy como los demás tíos que te rodean.

—¿Y has visto que haya perdido la cabeza por alguno? —le pregunto con una enorme sonrisa pintada en mis labios. Nunca en mi vida me había sentido tan sumamente feliz—. Yo te quiero a ti.

—¡¿Qué estamos haciendo, Maggie?! —susurra en una especie de plegaria.

—Hacer caso a nuestros corazones y ser felices.

Logan me lleva a dar un paseo por el puente de Brooklyn, algo que nunca había hecho.

Me muestra los edificios como si fueran suyos, me lleva por calles y atajos que conoce bien y descubro una ciudad desconocida hasta el momento.

Luego nos montamos en el metro y cuando le revelo que es la primera vez que lo hago no se lo cree.

Me coge de la mano con fuerza mientras corremos para que no se nos escape el vagón, entramos en este, atestado de gente, y siento cómo me protege con su pecho.

Me revuelvo en sus brazos, me coloco de puntillas, es mucho más alto que yo y llevo zapatillas planas, y le doy un beso en los labios.

Un simple roce que me hace temblar por completo.

Me lleva hasta Central Park, compramos comida en varios puestos y nos sentamos en el césped para comer. Hace un día increíble.

—Me encanta la cita que has improvisado —susurro con un perrito caliente con una pinta deliciosa en mis manos.

—No te creas, llevo pensando en ella y en ti toda la noche. Apenas he dormido —confiesa, se inclina hacia mí y me roba un beso que me sabe a poco.

—Esto es increíble, Logan —susurro con emoción.

—Tú eres increíble, Maggie —confiesa con sus maravillosos ojos grises posados sobre los míos.

Jamás había comido en un parque al aire libre ni comida de puestos de la calle. Me sabe exquisita. Me relamo los dedos y creo que Logan disfruta al verme. Luego lo abrazo, reposo la cabeza sobre su pecho y susurro:

—Esto es perfecto. No sabes las veces que lo soñé. Tú y yo así.

—Maggie, me temo que me vas a complicar la vida, pero alejarme de ti no lo contemplo como opción.

—Me alegro de que lo tengas claro, lo de que alejarte de mí no es opción —le recalco, sonriente.

Me abraza con más fuerza y me besa con pasión. Recogemos todo y, para finalizar el día, me propone coger el ferry para ver el atardecer con una vista exclusiva de la Estatua de la Libertad y del Skyline.

Montada en el ferry, con el viento azotando mi pelo y Logan rodeándome la cintura mientras que mantiene su pecho pegado a mi espalda me siento inmensamente feliz.

Me giro en sus brazos y nos besamos al mismo tiempo que ruego por no despertar jamás de esto. Porque es mil veces mejor de lo que lo soñé.

De vuelta a casa, él conduce mi coche de nuevo, llevo mi mano hacia la suya y le confieso:

—Gracias por el mejor día de mi vida. —Él lleva mi mano hacia sus labios y deposita un beso en ella.

—Nunca había tenido a nadie importante en mi vida —revela de golpe—. Te juro que el temor de perderte me mata.

—Te amo, Logan Kessler. Y nunca me vas a perder.

Regresamos a casa y al bajarnos del coche volvemos a retomar nuestro rol de hija rica y chófer guardián. Nos despedimos en el salón de mi casa entre miradas cómplices y me marcho a la cama sintiéndome la mujer más feliz del universo.

La siguiente semana Logan de encarga de llevarme a clases todos los días y agradezco estos momentos a solas en el coche porque no tenemos muchos más.

Estoy a tope con los exámenes y mi padre, cuando estamos en casa y sabe que debo estudiar, le encomienda a Logan otros asuntos que lo hacen estar ausente.

Llevo dos semanas que apenas lo veo, solo en los veinte minutos en el trayecto hacia el instituto. No puedo besarlo ni abrazarlo como deseo. Me limito a contarle cómo van mis días de estudiante y él me escucha atentamente.

Esta noche decido escaparme a su habitación cuando todos duermen.

Me muero por besarlo en condiciones y que pasemos un rato a solas.

Entro en su cuarto, son casi las dos de la madrugada, y cuando siente que la puerta se abre se incorpora de la cama como un león al acecho de su presa.

Solo lleva unos calzoncillos negros y me quedo paralizada.

Nunca lo había sentido tan enorme como en estos momentos.

Descalzo en el suelo y percibiendo todo su cuerpo en tensión tengo que carraspear un poco para salir de la impresión que percibo.

—Maggie —susurra en la penumbra de la habitación. Enciende una leve lamparita—. ¿Pasa algo? —pregunta, preocupado, mirándome con atención.

Me lanzo hacia su cuerpo y lo abrazo con fuerza.

—Llevo noches que apenas duermo. Necesitaba abrazarte así —susurro mirándolo a los ojos.

—Esto es peligroso, que vengas a mi cuarto a estas horas.

—Tranquilo, nadie me vio. Esperé que todos estuviesen dormidos y las luces apagadas.

Logan me abraza y me acaricia el pelo. Me coloco de puntillas y lo beso con pasión. Terminamos tumbados en su cama, acariciándonos y sintiendo una necesidad urgente que nunca había experimentado.

Me sorprendo cuando él se aparta de mí, se coloca boca arriba, suspira y cierra los ojos.

—¿Qué pasa? —pregunto con sorpresa.

—Tenemos que parar, Maggie. Si continuamos terminaré haciéndote el amor y quiero que tu primera vez sea especial y siempre lo recuerdes.

—Sé que contigo siempre será perfecto —susurro acariciándole el pecho. Él siente mi necesidad, se inclina sobre mí y murmura en mi oído al mismo tiempo que me besa el cuello—: Haré algo para que te alivies y luego te vas a dormir.

Introduce la mano por mi pantalón del pijama, aparta mis braguitas y lleva su mano hacia mi sexo.

Gimo y me retuerzo de forma involuntaria ante su contacto.

Observo a Logan sonreír y me besa para acallar un fuerte gemido cuando introduce dos dedos en mi interior.

Todo lo que siento me desborda, soy incapaz de describirlo, es tan nuevo, tan increíble y mágico que pierdo la razón de pensar por completo.

Me provoca tal orgasmo que hace que me tense por completo y mi cuerpo tiemble y se estremezca de puro placer a la vez.

Me besa de una forma tan diferente a como lo había hecho hasta el momento que, pese a mi inexperiencia, sé que me está haciendo el amor con su boca.

Rendida ante él, sin fuerza ni para moverme ni para hablar, me abrazo a su pecho y le doy un beso al mismo tiempo que susurro:

—Te amo.

—Creo que deberías volver a tu habitación —dice al cabo de unos minutos.

—No creo que sea capaz de subir las escaleras —bromeo, me aferro más a su pecho y le dejo claro que voy a dormir con él el resto de la noche.

Siento como Logan me zarandea y susurra agitado:

—Maggie, tienes que irte a tu habitación. Son las seis de la mañana. No pueden verte salir de aquí.

Me revuelvo en sus brazos, le dedico una amplia sonrisa y le doy un beso.

—Gracias por la mejor noche de mi vida —murmuro sobre sus labios.

—Intentaré seguir mejorando —bromea, me da un último beso y me insta a que salga de la cama.

Me marcho de su cuarto, llego hasta mi habitación a escondidas y me tumbo en la cama rememorando la noche que he pasado con el hombre que amo.