Todo es posible cuando hay amor
No tengo intenciones de quedarme mucho tiempo en la fiesta.
Soy consciente de que Logan está convaleciente, pero tras el beso que nos dimos necesito comprobar qué siente por mí.
Fue un beso desesperado, cargado de pasión y, por muy inexperta que sea en este tema, sé que había algo más, y es lo que trato de descubrir hoy.
Logan me espera paseándose de arriba abajo en el salón con su traje de chaqueta negro, impoluto. Le queda tan bien que parece un modelo de cualquier campaña publicitaria cara. Lo admiro desde la penumbra y suspiro, cada vez que lo miro consigue acelerarme el corazón.
Escucha el tintineo de mis tacones y alza la mirada hacia mí. Siento cómo sus ojos se agrandan y de forma inconsciente me mira de arriba abajo con atención. Carraspea un poco y se lleva la mano al nudo de la corbata, parece que le cuesta un poco respirar.
—Lista —susurro parándome delante de él.
—¿Vas así? ¿No llevas nada encima? —pregunta.
—Vamos directos al club, y allí siempre hace mucho calor.
Camino delante de él con paso seguro y me dirijo hacia mi coche. Me coloco delante del volante y espero a que Logan cierre su puerta. Me tomo unos segundos antes de arrancar y fantaseo con que es una cita, tal y como lo hice este mediodía mientras almorzábamos.
Llegamos al club y en la puerta le entrego las llaves al aparcacoches. Logan me sigue unos pasos más atrás, siento su mirada clavada en mi espalda. Contoneo las caderas a conciencia mientras deseo que me mire el culo.
Saludo a mis amigos, nos dirigimos al reservado y Logan se queda a un poco de distancia, sin perderme de vista. Lo percibo en todo momento. Por mucho que aparente charlar con mis amigas, reírme y pasármelo bien, estoy pendiente de él.
Salgo a la pista a bailar con Helena y Tessa, se nos unen Steve, John y Paul.
Los novios de mis amigas las toman por las cinturas y comienzan a bailar juntos.
Steve hace lo mismo conmigo y me siento incómoda.
Últimamente está de nuevo más insistente que nunca para que seamos novios y cada día tengo más claro que no quiero nada con él.
Intenta besarme y lo rechazo de forma elegante, le sonrío y le recuerdo que solo somos amigos, pero él continúa al acecho.
Me deshago de sus manos y le pongo la excusa de que voy al baño, me sigue y fuera de la pista me abraza y me planta un beso que no deseo.
Lo empujo y de inmediato tengo a Logan al lado diciéndole a Steve de forma severa:
—Quítale las manos de encima. Y si vuelves a tocarla sin que ella te lo permita te partiré la cara. ¿Entendido? Por lo visto, no te queda claro que no quiere nada contigo.
—Steve, vete —le indico antes de que la pelea entre ellos vaya a mayores. Logan está lesionado y no quiero una discusión que acabe en golpes entre ambos.
—Vamos, Maggie, deja de hacerte la estrecha. ¿Para quién te has puesto ese vestidito hoy? Está claro lo que vas buscando, y llevas toda la noche tonteando conmigo. Pensé que habías cambiado de opinión sobre lo nuestro.
—Me visto como me da la gana —le espeto, furiosa—. Y te he dejado muy claro en infinidad de ocasiones que no quiero nada contigo —declaro delante de Logan.
—Siempre lo mismo, calentándome para nada —susurra y no le sigo el juego.
Steve se da media vuelta y se marcha contrariado.
Logan y yo nos miramos en silencio. Puedo apreciar que está muy enfadado. Un leve tic en su mandíbula lo delata. No quería que las cosas llegasen hasta aquí, solo pretendía que Logan se fijase en mí.
—Será mejor que nos vayamos a casa —murmuro. Logan asiente y nos encaminamos hacia la salida.
Para mi sorpresa, cuando nos traen el coche él se adelanta y se coloca al volante. Me siento a su lado y lo miro.
—Has bebido esta noche —me recuerda arrancando, enfadado.
—Nada llevaba alcohol —susurro, desvío la mirada y me quedo en silencio.
—¿Estás bien? —se interesa cuando estamos parados en un semáforo. No dejo de pensar en lo que ha ocurrido con Steve. No era esta la forma en la que quería que Logan se fijase en mí. Mucho menos que presenciase como Steve me besaba a la fuerza.
—Con este vestido solo quería captar tu atención —revelo y giro la cabeza para mirarlo—.
Salir esta noche solo era un plan para que te fijases en mí como mujer en un ambiente diferente al que me ves siempre.
Ya no soy esa niña de catorce años que conociste cuando empezaste a trabajar en mi casa de Los Hamptons. He crecido, ahora soy una mujer.
—Maggie —susurra bajito y ese tono de voz suyo consigue acelerarme la respiración.
—Sí, ya lo sé. Un hombre como tú nunca se fijaría en alguien como yo. Lo he comprendido. He hecho el ridículo. Lo siento. Al menos, déjame pedirte un favor. Bésame de nuevo. No quiero dormir con el recuerdo del amargo beso de Steve. No te llega ni a la altura de los zapatos.
Siento cómo Logan da un volantazo de golpe, sobresaltándome, saca el coche fuera de la carretera, se gira hacia mí, me toma el rostro con sus manos y me besa con absoluta pasión. Le correspondo mientras no quiero que este beso se termine.
—¿Cómo puedes pensar que nunca me fijaría en ti? —susurra sobre mis labios, agitado, mientras suspira. Me aparto un poco de él y lo miro a los ojos. ¿Está bromeando?
—¡¿Qué?! —inquiero con absoluto desconcierto.
—Desde que me besaste aquel día no he podido dejar de pensar en ti —confiesa y mi corazón palpita con fuerza—.
Esta noche has hecho que te desease de mil formas diferentes.
He luchado contra esto que es más fuerte que yo, Maggie.
Algo entre nosotros es imposible porque solo tienes diecisiete años y yo soy un simple empleado de tu padre.
Llevo mis manos hacia sus mejillas, se las acaricio y lo miro a los ojos con los míos empañados de lágrimas por la emoción. Aún estoy procesando sus palabras.
—Me da igual. Si sientes esto… Logan vivo pensando en ti desde que te conocí.
Cuando nos besamos por primera vez en meses no dejé que nadie me besase por temor a borrar tu sabor y tu recuerdo.
Soñaba todas las noches contigo. Cuando estuve de vacaciones en Los Hamptons te esperé cada día, y no apareciste —le reprocho, enfadada—.
Cuando nos besamos ayer todo me hizo pensar que había algo entre nosotros, que podías sentir lo mismo que yo.
Tu beso fue tan… ni siquiera sé cómo calificarlo.
No te lo voy a negar, soy muy inexperta en esto.
Vivo soñando con que seas el primer hombre en mi vida, con que tú me hagas el amor por primera vez, es la única razón por la que he esperado en el tema del sexo —revelo agitada, sintiendo que he perdido el control al confesar todo esto de golpe, pero ha salido de mi boca sin pensar.
Logan me mira con una enorme sonrisa en sus labios y un brillo especial en sus ojos que hacen que me silencie de inmediato. ¿Se está burlando de mí?
—Maggie, tienes diecisiete años, eres increíblemente guapa, con un cuerpo de escándalo y me dices que no te has acostado con nadie porque quieres que yo sea el primero. —Me abraza de golpe y me besa el cuello.
—Llevo años enamorada de ti, Logan —confieso—. No veo en otros hombres lo que en ti, ni despiertan en mí lo que tú.
—Me tienes loco por completo desde el beso que te di anoche. Esto que siento me asusta, y mucho —reconoce—. Cuando te tengo cerca pierdo el control y es algo que me desconcierta.
—No te alejes de mí, por favor —le ruego con su rostro entre mis manos, con varias lágrimas rodando por mis mejillas.
—Me temo que ya no puedo, Maggie. Estoy perdido. Nunca el recuerdo de una mujer me había perseguido como el tuyo. No creía en el amor, ni sé cómo te has metido en mi corazón, pero te has convertido en alguien muy importante para mí a la que protegería con mi vida si hace falta.
—Me lo demostraste anoche —susurro con emoción, perdida en sus ojos, con el corazón latiéndome a mil por hora y sin ser capaz de procesar todo lo que estamos manifestando.
—Y lo haré el resto de mi vida. Te lo juro.
—Bésame de nuevo —le suplico. Solo quiero sentir sus labios sobre los míos, su sabor, y saber que ambos sentimos lo mismo.
Logan me besa con una dulzura tan exquisita que casi me hace llorar. Quiero esto en mi vida, lo quiero a él. Nunca me he enamorado, no sé nada del amor, pero estoy absolutamente convencida de que estoy perdidamente enamorada de Logan Kessler y esto no cambiará jamás.
—Será mejor que regresemos a casa —propone cuando nuestras respiraciones están muy alteradas y siento que me sobra toda la ropa que llevo encima.
Se abrocha el cinturón de nuevo y conduce hasta mi casa mientras no dejo de observarlo con una gran sonrisa en mi boca y no paro de repetirme que esto no es un sueño.
Llegamos a casa, apaga el motor y reposa la cabeza en el asiento cerrando los ojos.
—Esto no va a ser fácil —susurra con un leve hilo de voz.
—¿A qué te refieres? —pregunto con miedo.
—A gestionar esto que sentimos. Puedo renunciar mañana mismo a mi trabajo, pero eres menor de edad, si tu padre se entera de lo nuestro... Podría tener graves problemas. Estoy seguro de que no va a aceptar que su única heredera ande con alguien como yo. No soy nadie.
Me quedo unos largos segundos en silencio sopesando la situación. Me da igual mi posición, lo que menos deseo es perjudicar a Logan de cualquier forma.
—Bien, vamos a pensar. Me faltan nueve meses para cumplir dieciocho años.
Podemos llevarlo en secreto hasta entonces.
Ahora vives en esta casa, y mi padre te ha encomendado que seas mi sombra, creo que tenemos todo a nuestro favor.
Quiero que sepas que no le tengo miedo a mi padre, pero no deseo que haga nada en tu contra.
Sí es cierto que si se entera de que ando con alguien que no es de mi edad ni de mi circulo social no lo encajará bien.
¿Qué te parece llevarlo en silencio por este tiempo y luego ya vemos cómo resolvemos todo? —propongo con entusiasmo.
—Creo que es una completa locura —manifiesta con los ojos cerrados mientras un nudo se instala en mi garganta, pero de inmediato dice—: Sin embargo, estoy seguro de que me vas a arrastrar a ella.
Ayer presencié como podrían haberte hecho mucho daño y hoy cómo otro hombre te quiere para él y ambas me hicieron desearte más de lo que puedo controlar.
Sé que alejarme de ti no es una solución.
—No lo hagas —le suplico de inmediato.
—No lo haré. Te quiero, Maggie —confiesa y yo me lanzo a sus brazos y lo beso con emoción.
De inmediato se separa de mí.
—Debemos tener cuidado —me advierte.
—Vale. Nos vemos mañana y vamos viendo cómo gestionamos todo esto que nos sucede. Todo es posible cuando hay amor —susurro. Se dispone a salir del coche y le confieso—: Logan, hoy ha sido la mejor noche de mi vida.
Me acaricia la mejilla y nos encaminamos hacia el interior de la casa. Nos despedimos con miradas cómplices e incendiadas de deseo y promesas mientras cada uno nos dirigimos a nuestras habitaciones.