No le llevaré la contraria a mi padre
Paso toda la noche abrazada a mí misma, pensativa en ese extraño que se nos acercó a mi padre y a mí con una pistola y en el beso que Logan me dio.
Tiemblo de miedo y de placer al mismo tiempo.
Si para mí era un completo sueño el primer beso que nos dimos este ha sido muchísimo mejor.
No sé por qué lo hizo, pero si algo sentí es que no le soy indiferente y eso me hace tener una sonrisa tonta en los labios.
He deseado tanto que nos volviésemos a besar que me siento en una completa nube.
Lo he imaginado y soñado de mil formas, pero ninguna en la que pasó.
Unos toques en la puerta me distraen de mis pensamientos y observo a mi padre entrar. No lo había visto desde la noche anterior.
Camina hasta mi cama, se sienta en ella y me abraza.
—No te preocupes por nada. Lo de anoche no volverá a pasar, Maggie. He contratado a la mejor empresa de seguridad. Llevaremos guardaespaldas de ahora en adelante.
—Pero, papá… ¿cómo voy a estar todo el día vigilada? —me quejo.
—No te preocupes. Logan se encargará de ti. Es joven y no desentonará en tu ambiente.
—¿Él? —pregunto con sorpresa.
—Sí. Desde que trabaja para mí ha realizado cursos de seguridad. Está preparado para ello. Mira anoche cómo nos defendió. Nos salvó la vida, Maggie.
Asiento con emoción. Mi padre me acaba de poner en bandeja pasarme el día junto a Logan. No sé si abrazarlo fuerte y agradecérselo o mostrarme un poco recelosa, por mantener las apariencias.
—No tengas miedo, hija. Te aseguro que no volverá a pasar —me indica.
—¿Sabes quién nos quiso hacer eso anoche? —pregunto con interés—. ¿Has hablado con la policía?
—Probablemente trataban de secuestrarnos a punta de pistola a alguno de los dos para conseguir una buena suma de dinero —dice a modo de hipótesis.
—¿Y por qué anoche no llamaste a la policía? —insisto en poner el asunto en manos de la autoridad.
—Porque no quiero a la prensa metida en esto, especulando. Lo resolveré por mis propios medios. Confía en tu padre siempre, cariño.
Me abraza de nuevo, me da un beso y decido no hacerle más preguntas. Tengo lo que más deseo y jamás llegué a imaginar; a Logan todo el día junto a mí, siguiendo mis pasos.
—Tengo que salir del país por unos días. Logan cuidará de ti y el resto de la seguridad que puse en esta casa.
—¿Por qué te vas ahora? —inquiero con miedo.
—Negocios, cariño. Requieren mi presencia. Tú continúa con tu vida como hasta ahora. Todo está bien —me asegura—. No temas.
Me abraza de nuevo y sale de mi habitación. Me dejo caer sobre el colchón de golpe y me llevo las manos a los ojos. Esto es un completo sueño, pero no le pienso llevar la contraria a mi padre. Voy a dejar que Logan me proteja.
Cuando bajo a desayunar me encuentro con Logan perfectamente vestido en la cocina y aprecio en su oído un pinganillo.
—¿Qué haces aquí? Deberías estar en la cama descansando, es lo que dijo el médico ayer —le recuerdo.
—Estoy bien. ¿Ha hablado tu padre contigo? —pregunta de forma abrupta.
—Eh… sí —respondo sin saber a qué se refiere exactamente.
—Bien, entonces ya sabes que vayas donde vayas iré contigo. Voy a protegerte —manifiesta de forma cortante.
—¿Y eso te desagrada? —inquiero con curiosidad ante su tono crispado.
—No es el trabajo de mis sueños —susurra con indiferencia.
—¿Con qué sueñas, Logan? —me intereso acercándome a él.
Me mira de una forma peligrosa que hace que todo mi cuerpo tiemble, se toma unos segundos en silencio y luego dice:
—Con una vida mejor.
—Estoy segura de que la conseguirás. Creo que eres la clase de persona que consigue todo lo que se propone.
—¿Qué planes tienes hoy sábado? —suelta de golpe, rompiendo el contacto visual entre ambos y paseándose bajo mi atenta mirada.
—Ir de compras en un rato y una fiesta esta noche —revelo pensando rápido. No deseo quedarme en casa rodeada de gente, quiero tener a Logan a solas. Y más tras lo que sucedió ayer, necesito averiguar por qué me besó así.
—Bien. Estaré listo en cuanto me digas.
—Me ducho, me arreglo y salimos —le indico con ilusión.
Él solo asiente. Salgo de la cocina y me encamino hacia mi habitación feliz y contenta, como si la pasada noche no hubiesen intentado matarme.
Me arreglo con esmero, deseo toda la atención de Logan en mí.
Aliso mi pelo largo, me maquillo un poco, mi abuela siempre me dice que no me hace falta porque mis grandes ojos verdes son como dos faros de luz que me dan belleza de forma permanente, y me visto con unos vaqueros y una camiseta, cómoda para ir de compras.
Para esta noche pienso comprarme un vestido que le corte la respiración y al mismo tiempo no me quite ojo de encima.
Quiero que me desee de la misma forma en que yo lo deseo a él.
Logan me espera al lado del coche de mi padre, pero yo le digo dirigiéndome al mío:
—Conduzco yo. Tú estás lesionado y mi padre no me dijo nada de que yo no pudiese coger mi coche —le indico cuando advierto que va a protestar. Chasquea la lengua, contrariado, pero no tiene argumentos para rebatirme. Me sigue y se monta en el vehículo a mi lado.
Salimos de la propiedad en silencio y lo siento tenso durante el trayecto.
—¿Estás bien? —le pregunto con una sonrisa.
—Sí. Solo que no me gusta ir de copiloto. Prefiero llevar el control.
—Estás lesionado. Mi padre dice que conduzco bien.
—No lo haces mal —susurra rígido, y no puedo evitar soltar una carcajada cuando aprecio que frena con el pie al mismo tiempo que lo hago yo.
Llegamos al centro comercial y me dirijo a mis tiendas favoritas. Busco un vestido para salir esta noche con mis amigas. Cada sábado acudimos al club discoteca del hermano de Steve y allí nos lo pasamos muy bien. Este fin de semana no tenía previsto ir, pero las circunstancias han cambiado.
Me paseo por varias tiendas y no me convence ningún vestido.
Logan camina un par de pasos detrás de mí, algo que me pone nerviosa.
Entro en otra de mis tiendas favoritas, las dependientas me reconocen, gasto bastante dinero en ella, y me invitan a que me pruebe un par de vestidos.
Le ofrecen a Logan que tome asiento y le insisto en que lo haga.
Me meto en el probador, me pruebo ambos modelos, uno es morado, corto y con gran escote, y el otro, casi del mismo estilo, en color champán.
Me gusta muchísimo este último y tengo el atrevimiento de salir del probador descalza y preguntarle a Logan:
—¿Cómo crees que me queda? —lo siento atragantarse cuando me doy una vuelta por completo delante de él. Sonrío cuando aprecio sus ojos clavados en mis piernas, en el escote de mi pecho y en la media espalda que deja al descubierto. Es un vestido con poca tela, pero no es vulgar.
—Yo no sé nada de estas cosas —contesta algo incómodo. Percibo cómo su frente comienza a sudar.
—Vamos, ¿de verdad quieres que me crea eso? Puedes ser sincero. No me voy a enfadar porque me digas que me hace gorda.
—¿Cómo va a hacerte gorda? —inquiere en cierto tono de enfado—. No tienes ni un gramo de grasa en tu cuerpo. Eres una mujer que puedes ponerte lo que te propongas. Tienes unas piernas increíbles y unos ojos maravillosos. Podrías ser modelo.
Me inclino hacia él, lo siento contener la respiración cuando mi escote le queda muy cerca de sus ojos y le respondo:
—Gracias. Que conste que no me interesa ser modelo.
Como lo que quiero, también es cierto que hago ejercicio, pero mi cuerpo es pura genética.
Mi madre era así. No creas que vivo a base de dietas.
—Le hago un mohín con la cara, me doy media vuelta y vuelvo al probador para deshacerme del vestido.
He decidido quedármelo. Los ojos con los que me ha mirado Logan eran todo lo que necesitaba para gastarme todo lo que cuesta.
Me dirijo a la caja para pagarlo y él permanece cerca, paso mi tarjeta y cuando vamos saliendo de la tienda susurra en voz baja:
—Mil dólares por un trozo de tela. ¿Hemos acabado? —pregunta en tono normal.
—Te invito a comer, hay un restaurante increíble. Tiene estrella Michelín. Y después de todas las tiendas que hemos visitado nos merecemos un descanso.
—Tu padre me paga para que te proteja y no vayas sola.
—Exacto, odio comer sola. Acompáñame. Vamos. —Comienzo a caminar sin dejarle opción a más réplica.
Logan me sigue mientras lo escucho suspirar, llego a la puerta del restaurante, está lleno y es de los que no se puede comer ahí si no tienes reserva como mínimo con un mes de antelación, pero me conocen, saben que soy la hija de Harrison Wexler y no dudan en ofrecerme la mejor mesa del restaurante con vistas.
Tomamos asiento y percibo la incomodidad de Logan mirando todo a su alrededor. Nos entregan la carta y ambos la leemos en silencio. De repente, Logan la tira sobre la mesa y dice:
—Pide tú, yo no entiendo qué es lo que se come aquí con tanto nombre adornado que le ponen a las comidas. ¿De verdad te gustan estos sitios con lo buena que está una hamburguesa o un buen filete de carne? ¿Me has traído para impresionarme con tu vida de rica?
—Hemos venido porque estábamos cerca y me apetece. Pediré mi plato favorito para los dos. Te gustará.
Llamo al camarero, ordeno la comida y cuando nos quedamos a solas le comento:
—Invitarte a este lugar es una forma de agradecimiento porque anoche me salvases la vida a mí y a mi padre. —Siento que al escuchar mis palabras se relaja un poco.
—No tenías por qué —susurra, seco e incómodo.
—Quiero celebrar que estoy viva y eso es todo un logro. Cuando mi madre murió deseé en varias ocasiones irme con ella —confieso y percibo cómo su mirada hacia mí se enternece.
—Lo tienes todo en esta vida como para desear perderla —manifiesta enfadado.
—¿Qué es todo para ti? ¿Mucho dinero? No. Todo son unos padres juntos, unidos, felices y una vida normal. Lo mío es una existencia extravagante, cargada de lujos y vacíos que se llenan con dinero. No me hace feliz tener un coche carísimo, ni cosas de marca. Sería más feliz de otra forma.
—¿Cómo cuál? —se interesa.
—Con alguien a mi lado que me quiera de forma desinteresada.
—Tienes a tu padre y a tu abuela.
—Me refiero a un hombre —digo de golpe—. Que me quiera por mí misma, por lo que soy. No por ser la hija de alguien muy rico.
—¿No tienes novio? Eres muy guapa —aprecia de forma despreocupada mientras comienza a comer.
—No. Si lo tuviese tendrías un problema por cómo me besaste anoche —le espeto de golpe y percibo cómo deja el tenedor suspendido a medio camino hacia su boca y me mira en silencio.
—Eso fue un gran error y debo pedirte disculpas por ello —admite, pero no lo creo.
—Yo no lo catalogaría de un error. De hecho, debo confesarte que me gustó. Nunca me habían besado de esa forma —revelo y siento que traga con dificultad.
—Maggie… —susurra en voz baja.
—Desde que nos besamos en mi dieciséis cumpleaños he deseado repetirlo, el recuerdo me ha perseguido durante todo este tiempo y anoche fue mucho mejor.
—No debió ocurrir —zanja, algo crispado.
—¿Por qué? —insisto, mirándolo a los ojos. Taladrándolo.
—Porque mírate y mírame —dice, exasperado.
—Yo solo veo a un hombre y a una mujer que se atraen demasiado —suelto con franqueza y él se queda helado ante mis palabras.
—Soy un empleado de tu padre. No soy la clase de persona con la que se relacionan las ricas herederas. Quizás te atraigo porque no me parezco a los hombres con los que estás acostumbrada a tratar.
—Cuando te conocí tenía catorce años. Desde ese día he soñado contigo —confieso con valentía.
Logan me observa con los ojos muy abiertos.
—Será mejor que volvamos a casa. Me duele el hombro.
—Lo siento como una excusa, pero no lo discuto.
Pago la cuenta y nos encaminamos hacia mi coche.
Hacemos el trayecto de vuelta en completo silencio y nada más entrar en el salón Logan me dice que lo avise cuando vaya a salir esta noche y me hace saber que mientras estará descansando.