Mi mundo se viene abajo
Un año y tres meses después
Mis diecisiete años están siendo una completa mierda.
Este año Logan no me envió las diecisiete rosas blancas y no pude celebrar mi cumpleaños en Los Hamptons para verlo.
A mi maravilloso padre se le ocurrió invitar a todos mis amigos a nuestra casa en Punta Cana, donde me quedé parte del verano y luego mis amigas me convencieron para irnos unas semanas a España y acepté, pero no he podido quitarme a Logan de la cabeza en todo este tiempo.
Ni siquiera deseo a besar a otro hombre por temor a que desaparezca el maravilloso recuerdo del beso que nos dimos.
Sin embargo, no puedo seguir así. Necesito verlo y decirle esto que siento o me voy a volver completamente loca, estoy decidida.
He hablado lo que me sucede con mi psicóloga, ella me dice que lo idealizo y que lo tengo como un estándar o referencia de hombre, pero es mucho más que eso.
Lo que despierta en mí cuando lo tengo cerca y me mira no lo he sentido con nadie más.
Su mirada emana poder, atracción, sensualidad, me envuelve por completo…
He intentado olvidarlo, pero no puedo, es más fuerte que yo.
Estoy decidida a coger mi coche y presentarme por sorpresa en Los Hamptons con cualquier excusa para ver a Logan.
Es viernes por la tarde y creo que me vendrá bien pasar el fin de semana fuera.
Hago una pequeña bolsa con ropa y me dirijo a mi coche sin decir a nadie cuáles son mis pretensiones.
Cuando llegue a la casa en Los Hamptons informaré a mi abuela y a mi padre de que decidí pasar el fin de semana lejos.
Cargada con mi mochila al hombro me encamino hacia mi coche cuando observo el vehículo de mi padre entrar en la propiedad. Maldigo mi suerte al encontrármelo y espero a que su chófer se baje para saludar a mi padre y decirle mis planes. Solo espero que no me lo prohíba.
Mi cara se cambia de color cuando observo que es Logan quién conduce el coche y luego le abre la puerta para que se baje mi padre. Mi corazón se acelera e intento controlar todas las emociones que estoy experimentando en estos instantes. ¿Desde cuándo es el chófer? ¿Por qué no sabía nada de esto?
—Maggie, cariño, ¿sales? —pregunta mi padre abrazándome.
—Eh… No —susurro con los ojos clavados en Logan.
A una distancia prudente de nosotros. Lo encuentro guapísimo con el traje de chaqueta oscuro que lleva.
Este año y pico sin verlo ha hecho que lo sienta más fuerte y atractivo.
Encuentro sus ojos más claros y la barba recortada le dan un toco sexy increíble. Parece mayor.
—Desde hace unos días Logan está aquí para ser mi chófer. A Dan lo han tenido que operar de urgencias y tardará unos meses en poder regresar a su trabajo. Necesitaba a alguien de confianza a mi lado y este muchacho ya lleva algunos años trabajando para mí y se ha ganado mi confianza.
—No sabía nada. Llamaré a la familia de Dan para interesarme por su estado. —Lleva siendo nuestro chófer muchos años, desde que tengo recuerdos.
—No los molestes. Está bien, hija. Logan lo sustituirá hasta que se recupere por completo.
—Hola, Logan —lo saludo de forma educada. Él solo me dedica una leve inclinación de la cabeza.
—¿Vamos dentro? Me gustaría cenar contigo. Apenas te he visto en esta semana —propone mi padre.
—Sí —respondo algo confusa. Mi mente está puesta en Logan. En lo cerca que lo tendré de ahora en adelante. Quiero mucho a Dan, pero espero que tarde en volver a su puesto de trabajo.
Mientras cenamos solos, hoy es viernes y mi abuela siempre tiene salida con sus amigas al club, le pregunto a mi padre:
—¿Logan va a vivir aquí?
—Sí, en la zona del servicio, en la habitación de Dan.
—¿Cómo… pensaste en él para sustituir a Dan? —intento averiguar.
—Desde que llegó a Los Hamptons hace un buen trabajo, es eficiente, discreto y trabaja para la familia, me hacía falta alguien de confianza como chófer.
Ya sé que desde que tienes tu propio coche no necesitas a mi chófer, pero si un día se te ofrece, lo tienes a tu disposición, como tenías a Dan. Ya lo sabes, hija.
—Gracias, papá —contesto con una gran sonrisa. Desde que mi padre me regaló mi coche nunca más volví a disponer de su chófer, pero creo que con Logan en ese puesto volveré a dejar que me lleven al instituto y donde necesite.
Me paso por la cocina antes de irme a la cama y descubro a Logan cenando ahí. Elodie me saluda y dice:
—¿Ya has visto a quién vamos a tener un tiempo por aquí hasta que Dan se recupere?
—Sí —susurro mirándolo con atención, sentado a la mesa, con las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los codos y sin corbata. Está arrebatador, mucho más guapo y atractivo de lo que lo recordaba. No se me pasa desapercibido cómo sus ojos me recorren de arriba abajo en un discreto escrutinio.
—Bueno, yo me voy a la cama —se despide Elodie y doy gracias por quedarme a solas con Logan.
Un silencio incómodo planea entre nosotros. Él baja la mirada al plato y continúa comiendo mientras que yo me acerco y me siento cerca.
—Me alegro de verte por aquí después de tanto tiempo —susurro.
—Sí —murmura—. ¿Qué tal estás? —pregunta por cortesía.
Estoy a punto de decirle: extrañándote, deseando verte y saber de ti, que nos volvamos a besar… pero me contengo.
—Bien.
—Te veo bien —aprecia con la mirada clavada en la mía.
—Yo también. Ahora nos veremos más.
—Sí, eso parece.
—Espero que te hagas con este trabajo.
—Me he criado en las calles de Nueva York, me conozco esta ciudad mejor que la policía.
Logan se levanta con el plato en su mano, lo deja en el fregadero y recoge la mesa bajo mi atenta mirada. No puedo apartar mis ojos de su ancha espalda, de lo fuerte que son sus brazos y de cada músculo que se tensa en su pecho.
—Espero que todo esté bien en la que será ahora tu habitación, si necesitas algo solo tienes que pedirlo.
—Gracias, eres muy amable. Me voy a descansar. Nos vemos, Maggie.
—Sí, nos vemos, Logan —susurro con el pecho hinchado de alegría. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz.
Me encamino hacia mi habitación, pero al pasar por el salón escucho a mi padre hablar por teléfono.
Lo siento visiblemente nervioso, algo que me desconcierta, Harrison Wexler jamás pierde el control sobre nada.
Es un hombre autoritario con amigos tan influyentes como el mismísimo presidente de los Estados Unidos.
—¡Joder! —maldice—. Haz lo que sea necesario, no podemos perder ese negocio, es donde se lava casi todo el dinero.
—Se queda en silencio y escucha a quién sea que tenga al otro lado de la línea—.
Pues recuérdales que yo soy mucho más poderoso que ellos —dice alzando la voz al mismo tiempo que yo me escondo para que no repare en mi presencia.
Mi padre cuelga la llamada y lo observo tirar el teléfono sobre el sofá con rabia y pasearse por el salón como un león enjaulado. Sin duda tiene graves problemas.
Me marcho a mi cuarto con las palabras que acabo de escuchar retumbándome en los oídos.
Me tiendo en la cama y me pregunto por qué hablaba de lavar dinero.
¿Es que mi padre tiene negocios que no son legales?
Me surge la duda. Hasta donde sé es el presidente del Grupo Wexler, un complejo de empresas de logística, puertos y comercio.
También tiene la Fundación Wexler, donde organiza galas, tiene museos y otorga becas.
Me convenzo de que seguramente habré escuchado mal o mi padre se refería a otro asunto. Es una persona intachable, con varios premios recibidos, importante, influyente y sumamente rico.
En las siguientes dos semanas apenas veo a Logan, siempre anda para arriba y para abajo con mi padre. Tampoco lo veo a él.
Es viernes por la noche y decido ir de fiesta con mis amigas, no me voy a hacer vieja esperando por Logan.
Salgo de la propiedad en mi coche y me cruzo con el de mi padre que viene entrando, le pito, Logan para el vehículo a la altura de mi ventanilla y mi padre baja el cristal tintado de la parte trasera donde viene sentado.
—¿Dónde vas? —se interesa.
—De fiesta con mis amigas.
—Ten cuidado, cariño. Si estás cansada o bebes algo llama a Logan para que te recoja —me ofrece y una luz se enciende en mi cabeza. Ya sé cómo regresaré a casa esta noche.
De repente, percibo que un coche negro con los cristales oscuros se acerca a gran velocidad hacia nosotros. Logan se baja del coche con la rapidez de un guepardo y grita:
—¡Agachaos! —Se coloca entre la ventanilla de mi padre y mía.
Un tiro resuena en el aire y el fuerte ruido de los neumáticos en el asfalto me hacen presagiar que se han marchado.
Levanto la cabeza con temor, temblando y veo a Logan arrodillado en el suelo y con sangre en el brazo.
Le han disparado. Me bajo del coche, junto con mi padre, y nos agachamos a su lado mientras hace una llamada, pero me sorprende que no sea a los servicios de emergencia.
Llama a su seguridad y le cuenta lo sucedido.
—¿Cómo estás? —le pregunto a Logan, arrodillada a su lado, nerviosa.
—Solo me ha rozado la bala, no es nada.
—Vamos dentro —nos apremia mi padre mirando hacia todos lados, con miedo.
—¿No vas a llamar a la policía ni a una ambulancia? —inquiero en forma de asombro mientras caminamos los tres con prisa en dirección a la casa.
Mi padre no me responde. Llevo a Logan hasta el sofá y le pido a Owen y Eloise que traigan toallas y desinfectante.
Logan se deshace de la chaqueta y la camisa con ayuda de Elodie, mientras yo tengo que centrarme en el hombro donde mana su sangre y no en su increíble pecho.
—Papá, necesita que le curen esta herida. Llama a un médico —le suplico cuando le veo dar órdenes por teléfono, pero no llama a una ambulancia.
—Hazlo tú, Maggie. Siempre has querido poner en práctica todo lo que tu madre te enseñó —me espeta de malas formas. Me desconcierta que me hable así. Luego sigue sumido en llamadas de teléfono que no tienen nada que ver con el auxilio a Logan y esto me pone de los nervios.
Miro a Logan con miedo y él asiente, como tratando de tranquilizarme.
—Estoy bien, no es nada.
—Trae el maletín de mi madre —le ordeno a Owen, alterada.
—Me tengo que marchar. No llaméis a nadie —nos ordena mi padre—.
Llamaré a un médico de confianza. Gracias, Logan.
Nos ha salvado la vida a mí y a mi hija.
Te recompensaré. Maggie, cúrale la herida mientras llega alguien.
Lo sucedido no puede salir de aquí. Nada de policía —nos advierte antes de irse de forma apresurada.
—¡¿Qué está pasando?! —pregunto con temor mirando a Logan.
—Creo que tu padre tiene enemigos —susurra con tranquilidad.
—¿Enemigos que han estado a punto de matarnos? —inquiero, aterrada—. ¿Y no quiere que intervenga la policía? No entiendo nada.
Comienzo a limpiarle la herida a Logan mientras mi cabeza no deja de dar vueltas.
—La bala solo te ha rozado, pero te hacen falta unos puntos para que deje de sangrar —manifiesto.
—¿Puedes cogerlos? —pregunta con naturalidad.
—Yo solo jugaba con trece años con mi madre a ser médicos. En ocasiones cuando hacíamos de comer juntas ella me enseñaba a dar puntos sobre la carne cruda. Pero era un juego. Esto es real —susurro con miedo, casi temblando.
—Haz lo que recuerdes. No te preocupes por el dolor. Adelante, cógeme esos puntos. Confío en ti —manifiesta mirándome con atención.
—¡¿Estás loco?! —inquiero con los ojos muy abiertos.
—¿Quieres que me desangre? —pregunta. Y lo miro con terror.
—Vale, pero necesito que estés tumbado por si te mareas o algo. Va a doler. Vamos a la cama de tu habitación.
Owen y Eloise preparan todo y les pido que me dejen a solas con Logan. Vuelvo a limpiar y desinfectar la herida y me dispongo a cogerle un par de puntos en el hombro. Mis manos tiemblan, pero trato de controlarme.
—Voy —susurro antes de pincharlo. Logan ni se inmuta, lo miro y compruebo que está consciente.
Le doy un par de puntos, cierro la herida como puedo y la cubro con una gasa.
—Creo que valdrá hasta que te vea un médico. Es probable que te quede una fea cicatriz —susurro con el corazón en cogido.
—Es preferible a que medio me desangre. Gracias —agradece mirándome a los ojos de una forma tan intensa que hace que mi corazón se acelere a un ritmo vertiginoso.
—Soy yo la que debo darte las gracias. Si no fuese por ti puede que en estos momentos estuviese muerta. No sabemos si ese hombre venía por mí, por mi padre o quería matarnos a ambos —murmuro con miedo.
De repente, Logan tira de mi mano y se apodera de mis labios de una forma hambrienta y voraz. Le correspondo al beso mientras todo mi cuerpo se estremece.
Unos toques en la puerta nos interrumpen, me separo de él agitada y escuchamos:
—Ha llegado el doctor.
Carraspeo un poco mirando a Logan, ambos tratamos de acompasar nuestras respiraciones y le indico:
—Que pase.
El médico que ha enviado mi padre es de mediana edad, revisa la herida de Logan y me felicita por mi trabajo.
Lo cierto, es que leo y veo muchos vídeos sobre medicina y cirugías.
Le receta unos analgésicos por si tiene dolor y le indica que se tome unos días de reposo.
El médico se marcha, es Owen quién lo acompaña a la salida, y de nuevo me quedo a solas con Logan.
Un silencio incómodo nos embarga, ninguno de los dos sabemos qué decir después de la forma tan pasional en la que nos hemos besado, y en esta ocasión yo no propicié el beso.
—Creo que debería dejarte descansar —susurro, pero no tengo ganas de irme. Por mí me tendería en la cama a su lado y lo cuidaría el resto de la noche.
—Gracias nuevamente.
En un impulso me abrazo a él y le revelo:
—Pasé muchísimo miedo cuando vi que te habían herido.
—Más pasé yo cuando salí corriendo del coche para tratar de impedir que ese hombre se te acercase —confiesa acariciándome el cabello y dándome un delicado beso en este—.
Creo que tu padre tiene algunas cuentas pendientes y han tratado de llamar su atención a través de lo más importante que tiene en su vida, que eres tú.
Ten cuidado, Maggie. Mucho me temo que tu padre no es el hombre que crees —me advierte, consiguiendo que cierta inquietud se instale en mi interior.
Me separa un poco de él y lo miro a los ojos, confusa, recordando las palabras que escuché a mi padre sobre lavar el dinero, pero no le digo nada a Logan. Me niego a pensar que mi padre no sea el hombre intachable que representa en la sociedad y siempre he creído que es.