Un acuerdo con el diablo Los sueños se cumplen
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Los sueños se cumplen

Logan detiene el beso, lo siento tan agitado como yo, une la frente a la mía y susurra en un suspiro, tratando de acompasar su respiración:

—Maggie… Esto… ¡Joder! Es un completo error —lamenta en una maldición.

Lo miro a los ojos sin saber qué decir.

—Lo… lo siento. No sé qué me ha pasado —justifico algo avergonzada.

Ambos nos quedamos unos segundos en silencio, asimilando lo que acaba de suceder. Es Logan quien toma la palabra al mismo tiempo que se coloca en pie.

—Lo mejor será que vuelvas a tu habitación. Han pasado más de dos horas y creo que estás bien. Necesitas descansar en tu cama.

—Sí, sí. —Me levanto de golpe, voy descalza, pero no me importa.

No lo miro más a los ojos, él me acompaña hasta la entrada de mi casa y siento cómo se queda pendiente mientras subo las escaleras hacia mi habitación.

Nada más entrar en mi cuarto me tumbo en la cama y suspiro con alivio al mismo tiempo que llevo los dedos a mis labios, sonrío y rememoro el beso tan increíble que nos hemos dado. Nunca me habían besado de esa forma, mucho menos, había sentido todo lo que experimento en estos momentos.

No puedo dormirme, no dejo de pensar en Logan, en cómo me sacó de la piscina en sus fuertes brazos, cómo me abrazó y ese beso que nos dimos.

Sí, yo lo inicié, pero él me correspondió y de qué forma tan increíble.

Aun tengo grabado su exquisito sabor y tiemblo al recordar el calor de sus manos en mi cuerpo.

Me levanto de la cama y bajo a desayunar, o más bien a almorzar por la hora, cuando escucho voces en la casa. Necesito un café bien cargado.

—¿Con quién has soñado? Porque ese brillo en tus ojos… —me indica Tessa con picardía en cuanto me ve aparecer en la cocina.

—Vaya, y ese golpe. ¿Qué te ha pasado? —pregunta Helena, acercándose a mi cabeza y llevando la mano hacia el raspón que llevo en un lado de la frente.

—No es nada, resbalé anoche cuando recogía algunas cosas.

—Joder, nos tenías que haber llamado —dice Steve, preocupado.

—Estoy bien.

Salimos al jardín y me sorprendo de que todo esté recogido y limpio. Logan ha debido de trabajar mucho para dejarlo todo así. De forma inconsciente miro hacia su caseta, pero está cerrada y no hay rastro de él por ningún lado.

Paso el resto del día en la piscina con mis amigos entre baños y juegos. Hemos decidido marcharnos al día siguiente por la mañana.

Me quedo dormida en una tumbona y es Steve quién me despierta.

—Creo que deberías ir a la cama —susurra cerca de mí—. ¿Te ayudo? —Me ofrece su mano, la tomo y caminamos en dirección a la casa. Ha anochecido y no veo ni rastro del resto de mis amigos.

—¿Dónde están los demás?

—Decidieron terminar la noche jugando al billar de tu padre. Llevas aquí dormida un buen rato y vas a coger frío.

—Gracias por estar siempre pendiente de mí.

Antes de entrar en la casa Steve me abraza y me susurra en el oído:

—¿No quieres que suba contigo y te dé calor en la cama? —Nos hemos besado en alguna ocasión, hemos salido juntos, y sé que él está loco por mí, pero nunca quise ser su novia.

—Steve… No insistas. Quedamos en que solo seríamos amigos —le recuerdo armada de paciencia. Lo quiero mucho, pero no lo veo como algo más.

—Vamos, Maggie… sé que me quieres, que te importo. —Me besa el cuello y me abraza con insistencia.

—Eres una gran persona y has estado siempre a mi lado en los momentos difíciles. No deseo una relación —le indico de forma clara.

—Probemos, no te vas a arrepentir. Seré el mejor novio del mundo.

Se inclina e intenta besarme, pero le aparto el rostro.

—No, Steve. —Él me abraza de nuevo e intenta besarme otra vez.

—Te ha dicho que no —susurra una voz grave a nuestro lado. Alzo la mirada y me encuentro con los ojos de Logan. Está situado a unos metros de nosotros, reposa su espalda sobre una columna del porche y tiene los brazos cruzados a la altura del pecho.

—No te metas, tío. Vete a limpiar —le espeta de malas formas Steve, sin apenas mirarlo.

Logan se acerca a él en dos grandes zancadas y lo toma por el brazo. Es más alto y fuerte.

—Apártate de ella —le advierte, desafiándolo.

—Te la estás jugando, tío. No sabes quién soy. Basta que hable con el padre de Maggie para que te eche de aquí —amenaza a Logan escupiendo sus palabras, encarándolo con sus aires de superioridad. Steve es buena persona, pero siempre hay que recordarle que mantenga los pies en la tierra.

—No te tengo miedo —lo encara con valentía y esto hace que el corazón me dé un vuelco por completo.

—Steve, si se te ocurre decirle algo de esto a mi padre le diré que Logan solo me defendió de ti. Aquí nadie va a perder su trabajo.

—¿Lo defiendes? —pregunta con asombro, mirándome.

—Defiendo lo que es justo. Te he dicho que no, estabas insistiendo y Logan solo ha venido en mi rescate. No la pagues con él —le advierto, seria y tajante.

—Esto es increíble —bufa, se da media vuelta y se marcha contrariado.

—¿Estás bien? —pregunta Logan cuando nos quedamos a solas.

—Sí. Steve es como un hermano, nos conocemos desde pequeños. Tranquilo. —No le doy importancia a lo sucedido.

—Quería besarte, algo que no hacen los hermanos —especifica con cierto tono seco.

—Bueno, está confundido. Le he dejado claro en varias veces que no quiero ser su novia.

—Perdona si me he excedido —susurra con la cabeza gacha.

—No. No. Está bien. Gracias. En ocasiones se pone un poco pesado. —Él asiente y comienza a dar media vuelta para marcharse—. Logan… —pronuncio su nombre y se me atascan el resto de las palabras en la garganta.

—Ve con tus amigos, yo solo soy un empleado —manifiesta al mismo tiempo en el que percibo que me está dejando claro que no me acerque más a él.

—Nos vamos mañana por la mañana. Volveré para pasar el verano.

Solo asiente, se da media vuelta y se marcha.

Tengo ganas de correr hacia él, de volver a besarlo, pero soy consciente de que tiene veinte años y debe querer más en una mujer de lo que yo le pueda ofrecer. Tampoco sé qué es de su vida sentimental, si exista alguien… Pero me propongo averiguarlo todo este verano.

***

Dos semanas después

Vuelvo a Los Hamptons y descubro que Logan no estará en todo el verano en la propiedad.

Lo ha pedido libre para hacer unos cursos fuera y mi padre se lo ha concedido.

¡No puedo creerlo! He soñado tanto con verlo, con acercarme más a él, con volver a besarlo que siento que el mundo se cae a mis pies.

No dejo de preguntarme por qué se ha ido, pero me temo que ha huido de mí y esto me duele.

Intento averiguar por mi abuela dónde se ha marchado, pero no consigo nada. No lo sabe. Me hago con su teléfono, quiero llamarlo y decirle que vuelva, que lo estoy esperando, pero no me atrevo. Yo solo soy la hija de su jefe y tengo dieciséis años recién cumplidos.

Continúo soñando el resto del verano con sus besos y con la mirada fija en su caseta cada vez que me baño en la piscina, por si le da por regresar, pero no lo hace.

El verano termina, vuelvo a Nueva York, comienzo un nuevo curso y el recuerdo de Logan no se va de mi mente.

Siempre lo tengo muy presente. Sé que ese beso que nos dimos no lo voy a olvidar nunca.