40 ÁLVARO
ÁLVARO
Se acerca Nochevieja y ningún plan me convence.
Las fiestas en las discotecas son muy caras; además, se masifican y hay que hacer horas de cola para pedir, horas de cola para el baño y horas de cola hasta para conocer a tíos, y lo único que te apetece es volver a casa.
Con María no hemos vuelto a hablar desde la obra; la cagué yendo a la fiesta y no yendo al estreno.
Estaba demasiado eufórico y en ese momento solo quería estar con Thiago.
Para colmo, la amiga de mi madre, la propietaria de mi piso, me dijo que pasarían el Fin de Año en Barcelona, con su marido y las gemelas, y van a quedarse en casa.
—Tú haz tu vida, no te preocupes por nosotros, que nos instalamos en la habitación libre y no molestamos. Pero es que los hoteles están carísimos y así también veo el apartamento —me dijo, por teléfono.
Si me quedo, va a resultar incómodo, pero tampoco me apetece salir. Hay noches que, realmente, no deberían existir.
Miro la conversación con Thiago: no me ha dicho nada más desde que le envié la canción.
Las semanas con él han estado muy bien y el sexo ha sido algo espectacular; jamás había sentido una atracción tan grande, pero tal vez sea solo eso: atracción.
No me ha dejado claro cuándo volverá de Galicia ni si se volverá a quedar en casa ni nada…
Voy a la conversación con Unai. Se me hace raro no poder escribirle de forma natural. Empiezo a notar el «haberlo dejado» con él, así que tal vez sea el momento de iniciar nuestra relación como amigos. Le empiezo a escribir un mensaje, pero decido hacer una videollamada.
—Hola, Unai.
—¿Qué tal? Qué sorpresa.
—¿Por qué? —le pregunto.
—No sé…, no me lo esperaba.
Como no sé qué responderle, me sincero con él.
—Me apetecía hablar contigo. ¿Qué estás haciendo?
Veo que teclea la pantalla, como si estuviera mirando otras cosas a la vez que habla conmigo.
—Nada, hablando con gente. Los grupos, ya sabes… La gente no calla. —Nos quedamos en silencio—. ¿Y tú? ¿Cómo van las fiestas?
Me pongo los cascos para hablar con él.
—Bien. Bueno… Navidad. Sin más. Ya sabes que no me va mucho todo este tema. ¿Sigues en Londres? ¿No has venido a Barcelona?
—Imposible —me responde—, me he mudado con Daniel y, además, nos han puesto unos entrenamientos extra. La verdad es que necesito recuperar. Pasaré también Fin de Año aquí. ¿Tú tienes plan?
—Pues… —No sé si inventarme algo para que no piense que soy un perdedor o decirle la verdad—. No tengo plan, no hay nada que me apetezca.
Tarda unos segundos en contestarme.
—Nosotros haremos una fiesta en el apartamento. —Vacila unos segundos—. Si te apetece venir, ya sabes. Todavía me debes una visita a Londres.
Me emociono al ver que hay algo de cariño por su parte. Aunque no sé si lo dice sabiendo las pocas probabilidades que hay de que vaya.
—¿Lo dices en serio? —le pregunto.
—La invitación va en serio. ¿Por qué no?
—No sé. Coger un avión hasta allí… es un poco locura, ¿no? Después de todo…
—¡Uuuh! —ironiza—. Muy loco coger un avión para ir a ver a un… amigo
.
Noto un punto de tristeza al referirse a mí en estos términos y pienso que tal vez sería buena idea que fuera y nos
viéramos. Hablar cara a cara. Al fin y al cabo, no hemos terminado mal. O eso quiero pensar.
—Eh… —dudo.
Ir a Londres es mejor opción que cualquier otra en la ciudad. Además, Nochevieja en el extranjero, para un futuro guía turístico… Es que me pega todo.
—En serio, si te apetece, aquí hay sitio de sobra. —Se le ve emocionado—. Ya vuelve todo el mundo a Londres y vamos a montar una fiesta enorme. Conocerás a Daniel y a un montón de gente.
—Pero… —Me debato entre lo correcto, lo oportuno, lo que debo hacer y lo que no—. ¿Crees que es bueno que lo pasemos juntos?
—Precisamente —me dice—, celebramos el cierre del año; nos damos un abrazo por todo lo que hemos vivido y nos deseamos lo mejor para el año siguiente. Así no terminamos con una discusión en medio de una discoteca, ¿te parece?
Se le nota dolido. Aun así, está insistiendo. El plan me empieza a apetecer…
—Te tengo que colgar que vamos a salir —me corta—. Dime si te animas y miramos vuelos.
Nos despedimos rápido y colgamos.
Al momento, miro billetes. Son un poco caros, pero tengo suficiente en la cuenta para la ida y la vuelta. Y el alojamiento será gratis, así que…
Es entonces cuando tengo una idea mejor todavía: ¿y si le doy una sorpresa? Pero necesito saber su dirección.
Le mando un mensaje…
ÁLVARO:
Unai…, gracias por la invitación, pero creo que no podré. Está caro. Me quedaré en BCN. Eso sí, ¡pásame la dirección de tu nueva casa, que te enviaré una postal de Navidad
!