Trev (Romance militar de héroes alfa nº 10) Capítulo Diez #2
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Capítulo Diez #2

—Yo creo que no —enseñé los dientes y me preparé para darle una cucharada de su propia medicina—.

Sé que estás detrás de algunos de los escándalos globales más sonados.

Destapaste la mayor operación de blanqueo de dinero del mundo.

Acabaste con esos estafadores multimillonarios de criptomonedas en Malta.

Has sacado clandestinamente a gente que abandonamos en Afganistán, y te has enfrentado a Hellbound varias veces.

Me miró con suspicacia. —¿Y cómo crees que sabes todo esto?

—Estoy entre los tres mejores, ¿recuerdas? Solo tengo que rastrear lo que hace el colectivo para saber que estás detrás. Donde vas tú, otros siguen. Eres un general cibernético, un multiplicador de fuerza.

Me dedicó una sonrisa astuta. —¿Porque nunca te has unido al llamado Colectivo del Demonio ni te has enfrentado a los malos?

—Solo cuando me beneficiaba a mí y a mi cartera —anuncié con orgullo.

—Bah. —Agitó una mano en el aire.

Fruncí el ceño. —¿Qué?

—Oh, venga ya. —Se recostó en el sofá y cruzó los brazos.

El movimiento me hizo admirar sus pectorales otra vez, pero no podía permitirme la distracción.

—Entonces —dijo—, ¿no hackeaste la lista de correos del mayor grupo supremacista blanco de América y cambiaste la ubicación de su reunión para que nadie apareciera en la manifestación real?

¿Cómo demonios sabía eso? —Yo no fui, pero quienquiera que lo hiciera, fue divertidísimo.

—De acuerdo. —Su sonrisa anunciaba más revelaciones que no me iban a gustar—.

¿No hackeaste la web de la revista de moda más importante del mundo y exigiste un rescate mientras mostrabas a viudas ucranianas, mujeres activistas en Irán y Afganistán, y fotos de uigures en cautiverio durante más de tres días?

—Cuatro días —le informé con altivez—. Pero nadie sabe quién lo hizo.

—Fuiste tú —afirmó con una certeza que alarmaba a mi ya alarmado ser—. ¿Eso también lo hiciste por diversión?

—No —repliqué irritada—. Las tendencias de otoño son noticia, pero era justo que también se prestara atención a la gente que sufre. Y esto lo dice una tía que es la fashionista original, que conste.

—Te creo. —Sus ojos me recorrieron y juro que un destello hambriento brilló en su mirada, provocando una reacción salvaje que volvió a humedecerme—. También fuiste la hacker que sustituyó el retrato oficial del Pequeño Zar en todas las webs del gobierno ruso por la foto de Hitler.

—El pueblo ruso merece saber lo que el Sangriento Vladdy le está haciendo al mundo.

Me dedicó una sonrisa plácida. —¿Quién es la heroína ahora?

Oh, mierda. Había confirmado todo lo que él había dicho con mis intentos de defender mis hackeos.

¿En serio, Moses? ¿Estás sexualmente borracha de él o qué? Tienes que dejar el mundo real y volver a conectarte.

—No, no lo necesitas —rebatió—. Lo estás haciendo bien.

Joder, joder, joder. Hora de buscar una salida de esta conversación.

—¿Quieres ser un héroe, chico guapo? Adelante, hazlo. —Le dediqué una mueca—. A mí me gusta respirar. Mi objetivo es llegar a los treinta y cuatro con todos los dedos de manos y pies intactos. Y la nariz también, si es posible.

—Escúchame. —Extendió la mano y el simple roce de su mano en mi muslo fue como sexo líquido corriendo por mis venas—. Tengo una propuesta para ti.

—No quiero oír más propuestas tuyas. A menos que sea sobre follar en el sofá. En eso sí podría dejarme convencer. De alguna manera, logré no verbalizar ese pensamiento obsceno.

—Trabaja conmigo. —Su voz me envolvió como una ducha cálida—. Laskin puede ser tu oponente más peligroso, pero tienes a Bishop pisándote los talones, y un montón de otros enemigos. No puedes sobrevivir ahí fuera sola. Me necesitas tanto como yo te necesito a ti.

—No necesito a nadie —espeté.

—Esta vez no puedes desaparecer. Laskin es demasiado poderoso. Te estás enfrentando al Kremlin. Las probabilidades están en tu contra.

Lo sabía, aunque no estaba dispuesta a admitírselo.

—Puedo mantenerte fuera del alcance de tus enemigos, y te pagaré bien.

—Muy amable de tu parte, pero los cadáveres no necesitan dinero. —Me miré las uñas.

—La gente va a salir herida a menos que desmantelemos las organizaciones de Laskin. Nunca nos hemos jugado tanto. Podemos luchar contra él. Podemos ganar.

—Eres un cartel motivacional con patas, pero ¿por qué tengo la sensación de que hay cosas que no me estás contando? —Mi curiosidad superó mi escepticismo—. Por ejemplo, ¿por qué estás tan empeñado en ir a por él?

—Laskin es una amenaza existencial para nuestro país, para el mundo.

—Hay millones de amenazas existenciales para el mundo y nuestro país cada puñetero día. —Incliné la cabeza y le escruté el rostro—. ¿Por qué Laskin y por qué ahora?

—No puedo decírtelo a menos que aceptes trabajar conmigo.

—Qué conveniente. —Lo desafié alzando la barbilla—. Déjame adivinar. ¿Alto secreto?

—Algo así.

—A ver si lo he entendido bien. Tú quieres que yo confíe en ti, pero tú no estás dispuesto a confiar en mí. ¿Es eso?

—Si por mí fuera, te pondría al día ahora mismo, pero hay vidas en juego y no puedo revelar nada a menos que te comprometas con el proyecto.

—Lo que sea —puse los ojos en blanco—. ¿Por qué tengo la sensación de que tienes un interés personal en esto?

—Porque lo tengo —hizo una pausa y tragó saliva antes de continuar—. Laskin quiere destruir a mis amigos.

—Espera —ahora eso sí era interesante—. ¿Te preocupan tus «amigos», sean quienes sean, pero no te preocupas por ti mismo?

—Mis amigos son mi familia. Si ellos están bien, yo estoy bien.

—Madre mía —me eché hacia atrás y lo contemplé boquiabierta—. Eso es... honorable a la antigua usanza, por no decir difícil de creer.

—Me estoy cansando de que cuestiones todo lo que digo —la irritación afiló su voz.

Por primera vez desde que lo conocía, había logrado traspasar su ecuanimidad y colmar su paciencia—.

Te estoy diciendo la verdad. Esto es lo correcto, lo único que podemos hacer para proteger al mundo, a este país y a mis amigos.

—Lo entiendo —lo provoqué con una sonrisa burlona—. Aquí es donde el buen samaritano se gana las alas.

—No soy ningún ángel, Specter —gruñó—. Lo sabes.

La advertencia en su tono me recorrió entera, despertando todo lo que no debía. Maldita sea, su insinuación de maldad me encendía como un lanzallamas.

Luché contra el efecto que tenía sobre mí y fui a por la yugular.

—Entonces, ¿no vas tras Laskin porque ha cometido genocidio por todo el mundo?

¿O porque ha usado la violación, la tortura, el veneno, la guerra bacteriológica y todas las armas de su arsenal para la destrucción masiva?

¿O porque aboga por el uso de armas nucleares y es el principal lameculos de Vladdy el Sangriento, su sicario favorito y quizás su sucesor, o al menos el títere que planea poner a gobernar Ucrania?

—Voy tras él por eso también —admitió—. Acabas de darme la razón. Hay que eliminar a Laskin.

—Empiezo a pensar que te escapaste de un manicomio —me froté las sienes, incapaz de contener mi asombro—. Tienes más probabilidades de atrapar el sol con una red de pesca.

—Tiene que ser un movimiento desde dentro —insistió—. Eres la única que puede llevarme a Hellbound.

—No, no puedo, y aunque pudiera, no lo haría.

—¿Por qué no?

—Te matarían, y a mí también.

—Infiltrarse en Hellbound será peligroso, pero puedo minimizar el riesgo para ti. Solo tienes que darme acceso y guiarme al lugar correcto. Después, me aseguraré de que ya no estés involucrada.

—Genial, maravilloso, fantástico —lo fulminé con la mirada—.

O sea, que vas a morir de forma horrible y completamente solo.

Sí, porque eso suena muy razonable. Me temo que no puedo ayudarte.

Lo mejor que puedes hacer cuando pase la ventisca es dejarme en algún rincón cálido y apartado del mundo.

Después, deberías volver al manicomio. Quizás si te atan, consigan mantenerte con vida.

—Laskin está haciendo daño a mucha gente —gruñó.

—Siempre habrá guerras en este planeta, matones como el Malvado Emperador Vladdy y Señores Sith como Laskin que se lucran con la tiranía —me apreté la manta alrededor—. ¿Qué podemos hacer la Poca Cosa de Mí y el Chiflado de Ti contra cabrones que tienen petróleo, dinero y armas nucleares?

—Tenemos la oportunidad de lograr una victoria en favor de los derechos humanos, la libertad y la democracia.