Capítulo 290 - Dolor de corazón (5)
M o Zhiyuan se rio.
—Joven Maestro, ¿aspiras a ser carpintero? ¿Qué más da si sabes cortar leña o no?
—No importa, pero...
Han Yiran se mordió el labio inferior. Ni él mismo entendía por qué sentía la necesidad de confiar sus inquietudes a aquel desconocido. Al final, se calló como de costumbre.
—No es nada. Olvídalo.
Mo Zhiyuan dejó el hacha y lo miró directamente a los ojos.
—Joven Maestro, perdóname, pero hace un momento pasé por casualidad frente al salón principal y escuché lo que tu padre dijo de ti. No me digas que te tomas en serio sus palabras.
Han Yiran soltó una risa triste.
—Es mi padre. Por supuesto que me tomo en serio sus palabras.
—Los padres no siempre saben qué es lo mejor para sus hijos —afirmó Mo Zhiyuan—. Que tu padre y tus hermanos sean fornidos y capaces de levantar un toro a pulso no significa que tú también debas serlo.
Una expresión de dolor cruzó el rostro de Han Yiran. Eso sí que era el tipo de habilidad que sin duda deleitaría a su padre: levantar un toro a pulso.
Mo Zhiyuan caminó hacia Han Yiran e hincó una rodilla frente a él. Por alguna razón, a Han Yiran se le aceleró el corazón cuando miró los hermosos ojos fénix de Mo Zhiyuan.
Este sirviente...
—Tú...
Mo Zhiyuan tomó con suavidad las manos de Han Yiran entre las suyas y dijo:
—Han Yiran, estás bien tal como eres. No tienes que fingir ser otra persona para brillar.
Han Yiran abrió mucho los ojos, sorprendido. ¿Aquel sirviente acababa de llamarlo por su nombre completo? ¿Qué sirviente hacía eso? Pero ¿por qué la forma en que pronunciaba su nombre le resultaba tan familiar?
Era como si aquel desconocido llevara mucho, mucho tiempo llamándolo por su nombre, Han Yiran.
Era como si se conocieran desde hacía muchos, muchos años.
A Han Yiran le dio un vuelco el corazón. Le apretó las manos a Mo Zhiyuan y preguntó:
—Tú... ¿quién eres?
Mo Zhiyuan le dedicó una amplia sonrisa.
—Soy tu mejor amigo. Y llevo mucho tiempo esperando a que despiertes.
... ¿Eh?
—... ¿Despertar? Pero si no estoy dormido.
—Sí lo estás.
Mo Zhiyuan le posó una mano en la mejilla. Su contacto era tan cálido que al instante inundó el corazón de Han Yiran de emociones inexplicables.
—Yiran, despierta, ¿vale? Abre los ojos. Me encantaría comer tus pasteles de crema.
A Han Yiran le rodaron las lágrimas por las mejillas.
Quería despertar. Si aquello no era más que un mal sueño, quería despertar con todas sus fuerzas. No sabía qué le esperaba al despertar, pero mientras aquella persona estuviera a su lado, estaba dispuesto a afrontar cualquier peligro o desafío.
—Sí —susurró—. Quiero despertar.
Salir de su propio sueño fue como perder el suelo bajo los pies, pero no porque estuviera cayendo, sino porque todo a su alrededor se hacía añicos como un espejo. El patio trasero desapareció, la mansión desapareció, e incluso el apuesto y misterioso sirviente se desvaneció.
Han Yiran respiró hondo y cerró los ojos. Cuando los abrió de nuevo, estaba tumbado en un colchón suave, con el rostro de Mo Zhiyuan a escasos centímetros del suyo.
Con un suave suspiro, Mo Zhiyuan también abrió los ojos.
—Por fin —dijo con una sonrisa—. Por fin has despertado.
—Mo... Shixiong.
—Yiran...
La mano de Mo Zhiyuan, grande y cálida, le rozó la mejilla. Fue un roce suave, pero aun así Han Yiran se apartó.
—¿Yiran...?
Han Yiran carraspeó, incómodo, tratando de disipar la tristeza que le oprimía el corazón.
—Mo Shixiong, me he comportado como un niño mimado. Lamento haberte molestado.
La sonrisa de Mo Zhiyuan se desvaneció.
—Yiran, nunca me has molestado.
Han Yiran esbozó una sonrisa irónica. Mo Zhiyuan era un mentiroso.
Por supuesto que era una molestia. Siempre lo había sido.
¿Cuántas veces se había entrometido en los asuntos personales de Mo Zhiyuan?
Sin darse cuenta, se había interpuesto entre Mo Zhiyuan y la persona que amaba, solo para satisfacer su orgullo y alimentar su ego.
Han Yiran sentía una profunda vergüenza de sí mismo.
—Mo Shixiong, eres demasiado amable. En cualquier caso, te prometo que no te complicaré más la vida.
Mo Zhiyuan suspiró.
—Yiran, yo nunca he pensado eso.
Han Yiran se obligó a sonreír, pero tenía el corazón hecho pedazos. Era la primera vez que se había enamorado tan intensamente de alguien. Por desgracia, su primer amor estaba destinado a desmoronarse como un castillo de arena que se lleva la marea.
Aun así, no pudo evitar ser egoísta una última vez.
—Mo Shixiong, si no te importa, ¿me concederías una última petición...?
Mo Zhiyuan pareció aliviado. Una no, cien últimas peticiones le concedería a Han Yiran si hiciera falta.
—Claro, ¿qué necesitas?
Han Yiran respiró hondo para calmarse antes de decir:
—Quiero que cierres los ojos un momento.