Capítulo 287 - Dolor de corazón (2)
P or la mirada que se lanzaron, quedaba claro que ninguno esperaba encontrar al otro allí. De hecho, si se dejaba de lado a Han Yiran, que dormía en la habitación, era la primera vez que Mo Zhiyuan y Shen Ruizhe estaban a solas desde la noche del Festival del Medio Otoño.
La sorpresa inicial en sus rostros se disolvió poco a poco, dando paso a otra expresión cuando el recuerdo de aquella noche en particular afloró en sus mentes.
«Mierda», pensó Mo Zhiyuan cuando Shen Ruizhe frunció el ceño y le lanzó una de sus miradas afiladas como navajas.
—Shiz... Maestro de Pico Shen.
Mo Zhiyuan se maldijo para sus adentros. ¿Cuántos años habían pasado ya? ¿Por qué seguía trabándosele la lengua? Shen Ruizhe ya no era su shizun. Ahora que había recuperado la memoria de su vida anterior, no podía permitirse volver a cometer semejantes errores. Sería como echarse lodo encima.
No quería a Shen Ruizhe como shizun, y no se arrepentía de haberlo rechazado en esta ocasión.
El ceño fruncido de Shen Ruizhe se relajó un poco. Alzó la barbilla con arrogancia y lo miró por encima de su nariz perfectamente esculpida.
—Estás aquí.
Los labios de Mo Zhiyuan se curvaron en un gesto burlón.
—¿Acaso no tengo derecho? Además, esta es mi habitación.
Por alguna razón, el «Ah» que se le escapó a Shen Ruizhe un momento después disgustó enormemente a Mo Zhiyuan. Era el tipo de «Ah» que uno oía tras hacer algo deplorable, pero siendo demasiado descarado para reconocerlo. El tipo de «Ah» que hacía que Mo Zhiyuan se sintiera inferior a Shen Ruizhe.
Odiaba ese «Ah».
Ignorando por completo a Mo Zhiyuan, Shen Ruizhe se sentó junto a la cama de Han Yiran y le tomó el pulso.
Mo Zhiyuan ladeó la cabeza con languidez mientras observaba el rostro concentrado de Shen Ruizhe. Solo ahora veía al Shen Ruizhe de su vida anterior: el adversario indomable e implacable que frustraba sus planes uno tras otro, el gran maestro del mundo del cultivo.
Décadas de sufrimiento contenido parecían ya grabadas en su hermoso rostro, confiriéndole a Shen Ruizhe un encanto distintivo y trágico.
—Chen Yuhuan estuvo aquí —comentó Mo Zhiyuan—. Si él dice que Yiran está bien, dudo que tú encuentres nada.
—En efecto —coincidió Shen Ruizhe. Soltó la muñeca de Han Yiran y se volvió hacia Mo Zhiyuan.
—La pregunta es más bien: ¿a qué esperas?
Mo Zhiyuan arqueó una ceja.
—¿De qué hablas?
Shen Ruizhe resopló.
—Manipular sueños es tu especialidad, ¿no? Métete en su cabeza y despiértalo. No tenemos tiempo que perder.
—Je.
Típico de Shen Ruizhe. El deber por encima de todo. Aunque, claro, se trataba de Han Yiran. ¿Desde cuándo le importaba el bienestar de Han Yiran?
—No hago eso a la ligera —dijo Mo Zhiyuan con una sonrisa dulce que rozaba la burla.
—¿En serio? Recuerdo que lo hacías bastante a menudo conmigo —replicó Shen Ruizhe.
A Mo Zhiyuan le encantaba meterse en la cabeza de Shen Ruizhe por la noche, desenterrando recuerdos horribles para que su shizun los rumiara mientras dormía.
Disfrutaba especialmente cuando Shen Ruizhe se despertaba a la mañana siguiente de un humor tan negro que ni siquiera podía disfrutar del desayuno.
Pero eso era con Shen Ruizhe, y esto era Han Yiran.
—Deja de compararte con Yiran —dijo Mo Zhiyuan, lo que hizo que Shen Ruizhe entrecerrase los ojos.
Para que constara, Shen Ruizhe no estaba intentando compararse con Han Yiran. Pero ahora que Mo Zhiyuan los había puesto en la misma frase, no pudo evitar pensar en los años en que lo condenaron por seguir vivo mientras Han Yiran estaba muerto.
Han Yiran siempre había sido el ojito derecho de Mo Zhiyuan.
Han Yiran era extraordinariamente valioso para Mo Zhiyuan.
Por eso, Mo Zhiyuan no quería hacer nada que pudiera herir a Han Yiran.
Con Shen Ruizhe no era lo mismo. Mo Zhiyuan podía hacerle cualquier cosa sin sentir el más mínimo remordimiento.
Porque en el corazón de Mo Zhiyuan, Han Yiran ocupaba el lugar más importante, mientras que Shen Ruizhe estaba relegado al fondo, al mismo nivel que sus otros adversarios molestos.
Lo sabía.
Sabía todo eso, pero se había permitido olvidar ese hecho tan importante. Había dejado que Mo Zhiyuan volviera a herirlo con sus palabras punzantes.
Era ridículo y patético a partes iguales.
Una sonrisa irónica asomó a los labios de Shen Ruizhe cuando ese pensamiento de autodesprecio cruzó su mente. No duró mucho, porque no era de los que se regodeaban en el dolor. Lo que pudiera cambiar, lo cambiaría. Lo que no, lo dejaría pasar.
El maestro de pico se puso en pie y clavó la mirada en Mo Zhiyuan.
—Como quieras —dijo—. Pero recuerda que Han Yiran no está entrenado en inedia. Si no despierta pronto, morirá de inanición. Y entonces solo podrás culparte a ti mismo.
Dicho esto, Shen Ruizhe agitó las mangas y se marchó.
No vio la sombra que se instaló en lo más profundo de las pupilas de Mo Zhiyuan.
La muerte de Han Yiran siempre había sido un tema sensible para él.
Le dolió aún más que Shen Ruizhe lo mencionara con tanta ligereza.
Sin el menor atisbo de remordimiento, viniendo de alguien que había matado a Han Yiran a sangre fría.
—Espera, Shen Ruizhe. Si pretendes maldecir a Han Yiran...
Mo Zhiyuan extendió la mano hacia el maestro de pico para detenerlo, pero antes de que llegara a tocar el hombro de Shen Ruizhe, un destello dorado de luz cegadora apareció de pronto ante sus ojos. Algo duro y abrasador impactó contra su mejilla y le giró la cabeza violentamente hacia un lado.
El ataque repentino dejó a Mo Zhiyuan aturdido. Lo que lo devolvió a la realidad fue la voz gélida de Shen Ruizhe.
—Si vuelves a tocarme, te cortaré la hombría y te colgaré boca abajo en la entrada de la secta como advertencia para todos los discípulos.