Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 4) Capítulo 270 - Festival del Medio Otoño (7)
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Capítulo 270 - Festival del Medio Otoño (7)

E l árbol seco se alzaba imponente frente al frío viento otoñal, mientras sus hojas descansaban esparcidas a sus pies, cubriendo el suelo como una alfombra dorada.

Shen Ruizhe, con los ojos entrecerrados, se apoyaba contra el tronco del árbol y respiraba hondo. El aire frío le inundó los pulmones, despejándole la mente durante unos segundos.

—Hmm...

El maestro de pico inclinó la jarra con gesto juguetón antes de llevársela a los labios y dar un largo trago de vino.

Le disgustaba el sabor agridulce del vino. También odiaba el efecto que el alcohol tenía en algunas personas. Les arrebataba las inhibiciones, transformando a un buen esposo en uno violento y a una madre amorosa en una irresponsable.

Shen Ruizhe nunca había comprendido el apego de la gente al vino.

Hasta que, por supuesto, necesitó el escape que el vino podía ofrecerle.

Shen Ruizhe soltó una risa amarga. El vino tenía la mágica habilidad de borrar las penas. Apagaba el cerebro y ahuyentaba los pensamientos desagradables.

Cuando estaba ebrio, las lágrimas no acudían. Y si lo hacían, seguramente sabrían a vino...

Shen Ruizhe estaba a punto de dar otro trago cuando alguien le arrebató la jarra sin piedad. El maestro de pico entornó los ojos para mirar al ladrón de su vino.

Mo Zhiyuan tenía el rostro más negro que el carbón.

—¿Has perdido la cabeza, Shen Ruizhe? —espetó—. ¿Has olvidado tu posición? ¿Tu reputación? ¿Qué pensarán tus discípulos si te encuentran así, borracho como una cuba?

Shen Ruizhe dejó escapar un gemido. La voz de Mo Zhiyuan era como un taladro de hierro que le perforaba el cráneo.

—Devuélvemela —dijo con voz débil, casi provocando que Mo Zhiyuan vomitara sangre allí mismo.

—Arghhh, eres un desastre.

Mo Zhiyuan intentó arrastrar a Shen Ruizhe para ponerlo en pie, pero el maestro de pico se negó en redondo a moverse. Es más, se dejó caer al suelo y se tumbó sobre un montón de hojas doradas.

Mo Zhiyuan soltó un gruñido de frustración. Se agachó junto a Shen Ruizhe y empezó a darle palmaditas en la mejilla.

—Shen Ruizhe. Eh. Despierta.

—Mmn...

El maestro de pico mantenía los ojos fuertemente cerrados. Solo el leve pliegue entre sus cejas indicaba que aún no había perdido del todo la consciencia.

Mo Zhiyuan negó con la cabeza, incrédulo. Se dejó caer junto al maestro de pico dormido y puso los ojos en blanco.

—He pasado por tres ensayos y una actuación esta noche.

Estoy reventado. Y aun así salgo a buscarte.

¿Y tú qué has estado haciendo todo el día, Shen Ruizhe?

¿Eh? ¿Echarte una siesta para recuperarte?

¿Y luego qué? ¿Beberte todo el vino para expulsar el veneno?

¡Tendré que darle las gracias a Chen Yuhuan por su fantástica receta!

Mo Zhiyuan fulminó con la mirada al maestro de pico dormido. Era evidente que Shen Ruizhe no lo había oído. Y si lo había hecho, se negaba a darse por aludido.

—...

Mo Zhiyuan dejó escapar un hondo suspiro. Se acercó más a Shen Ruizhe y observó detenidamente el rostro del maestro de pico.

Ojos fuertemente cerrados, mejillas sonrosadas como capullos de rosa y labios rojos como la sangre. El hombre iba bien arropado bajo varias capas de túnicas, pero la imagen que acudió a la mente de Mo Zhiyuan mostraba al mismo maestro de pico cubierto apenas por una túnica interior en desorden.

Fue la noche en que se acostaron juntos por primera vez.

La noche en que cruzaron los límites entre shizun y discípulo.

La noche en que iniciaron una relación íntima y prohibida.

También fue la noche en que Mo Zhiyuan descubrió una faceta diferente de Shen Ruizhe. Una que solo podía contemplar tras despojarlo de su ropa, su dignidad y su honor.

Solo él había hundido los colmillos en la delicada carne de Shen Ruizhe e invadido su cuerpo con total abandono.

Solo él había visto a Shen Ruizhe con la polla de un hombre enterrada hasta la empuñadura en su interior.

Solo él había saboreado la emoción y el placer de sentir su miembro ordeñado hasta la última gota, su esencia engullida por aquel shizun suyo.

Solo él sabía lo que era sostener el cuerpo tembloroso de Shen Ruizhe cuando alcanzaba el orgasmo al ser follado por su discípulo.

En ese momento, Mo Zhiyuan notó cómo su miembro se endurecía dentro de los pantalones. Se maldijo en voz baja. ¿Qué demonios le pasaba? Un solo pensamiento sucio sobre Shen Ruizhe y su polla se ponía firme como un soldado listo para la batalla.

Cosas de la juventud. Suspiró.

—Venga, se acabó la siesta —dijo Mo Zhiyuan. Deslizó un brazo bajo el cuerpo de Shen Ruizhe y lo incorporó—. Tenemos que volver.

Por una vez, Shen Ruizhe no se resistió. Entreabrió los ojos y miró a Mo Zhiyuan sin decir palabra.

Mo Zhiyuan apretó los labios.

—Si no te conociera, pensaría que estás de luto por alguien —dijo.

Pero eso, por supuesto, no era cierto. Al fin y al cabo, el Mo Zhiyuan de esta vida aún no se había manchado las manos de sangre. Nadie había muerto por su culpa. Todavía no.

Sin apartar de Mo Zhiyuan aquella mirada vacía, el maestro de pico respondió:

—Estoy de luto.