Capítulo 236 - El plan definitivo de Mo Zhiyuan
E sa noche, Mo Zhiyuan soñó con Shen Ruizhe.
Más concretamente, soñó con el momento en que acababa de capturar a su shizun y lo retenía como rehén en su Palacio de la Luna de Sangre.
Aunque se había sacrificado voluntariamente a cambio de las vidas de los discípulos inocentes de la Secta de los Siete Pilares Celestiales, eso no significaba que se hubiera sometido a Mo Zhiyuan.
El tigre aún osaba enseñarle los dientes a Mo Zhiyuan incluso después de que le arrancaran los colmillos y le cortaran las garras.
Ante su insolencia, el deseo de Mo Zhiyuan de destruir a Shen Ruizhe no hacía más que crecer.
Cada día maquinaba un nuevo plan perverso para torturar a Shen Ruizhe.
Clavarle agujas bajo las uñas hasta hacerlo gritar de dolor.
Cortarle los meridianos uno por uno hasta dejarlo tullido.
Obligarlo a arrodillarse durante días hasta que perdiera el conocimiento.
Sus ayudantes de confianza eran muy creativos en ese sentido. Nunca les faltaban ideas que sugerirle.
A lo largo de los tormentos, Shen Ruizhe permaneció inflexible e inquebrantable. Su espíritu se mantuvo firme aunque su cuerpo se desmoronaba poco a poco. Hubo un momento en que Mo Zhiyuan bajó de su trono para burlarse en persona de su shizun.
Todavía lo recordaba con claridad meridiana: Shen Ruizhe tendido en el suelo de mármol, con el cuerpo destrozado por una paliza tan salvaje que le había fracturado al menos cien huesos. Y todo porque se había negado a aceptar una copa de licor que Mo Zhiyuan le ofreció como «muestra de respeto».
Con una jarra de licor de tributo en la mano, Mo Zhiyuan se cernió sobre su archienemigo. Después, con desprecio, inclinó el recipiente y dejó que el líquido cayera en cascada, salpicando directamente el rostro de Shen Ruizhe.
Una sonrisa cruel se extendió por los labios de Mo Zhiyuan, con los ojos brillantes de gozo perverso mientras observaba a Shen Ruizhe jadear y toser en el suelo, el cuerpo y el cabello impregnados del licor que tanto despreciaba.
Entonces Mo Zhiyuan lo agarró del largo cabello, le echó la cabeza hacia atrás con violencia y lo obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Sabe bien? —se burló—. Shizun, ¿quiere un poco más?
Como respuesta, Shen Ruizhe le escupió en la cara y espetó:
—Mo Zhiyuan, algún día pagarás por tu insolencia.
La sonrisa de Mo Zhiyuan se desvaneció cuando la escena que tenía delante se disolvió en otra. Kuizhou azotó el aire como una serpiente furiosa y le golpeó la espalda con tanta fuerza que lo derribó.
Al levantar la vista, descubrió que ya no estaba en el vasto salón del Palacio de la Luna de Sangre; el suelo de mármol bajo sus pies había dado paso al familiar entarimado de la cabaña de bambú de Shen Ruizhe.
Del mismo modo, el shizun ya no yacía en el suelo, roto e indefenso. Ahora se erguía frente a Mo Zhiyuan, con los ojos encendidos de sed de venganza y todo su cuerpo emanando un aura de autoridad intimidante.
—Hoy es el día en que pagas por tu insolencia —dijo pausadamente.
Las cadenas doradas se elevaron hacia el techo como dragones celestiales antes de caer sobre él sin piedad.
Mo Zhiyuan dejó escapar un grito...
—¡Joven cultivador, joven cultivador!
Una mano arrugada le palmeó el rostro repetidamente, y Mo Zhiyuan abrió los ojos a un mundo completamente distinto.
Estaba de vuelta en su paisaje onírico: un acantilado solitario con vistas a la vasta extensión de oscuridad que se abría debajo, con nubes negras y grises que se agitaban de forma ominosa en el fondo.
—Eres tú.
Mo Zhiyuan se llevó una mano al pecho agitado y suspiró aliviado.
El gran demonio soltó una risotada de deleite. Se frotó las manos arrugadas y preguntó:
—Joven cultivador, ahora que te has librado del poder espiritual divino, ¿te gustaría tomar una Píldora de Corrupción del Núcleo?
Extendió las manos y en sus palmas se materializó una píldora del tamaño de una perla.
El gran demonio albergaba grandes esperanzas de reclutar a aquel joven prometedor en las filas demoniacas, pero, para su sorpresa, Mo Zhiyuan apartó el rostro de la píldora.
—No. La situación ha cambiado. Ya no puedo tomarla.
El semblante del gran demonio se descompuso, como si alguien le hubiera arrojado un cubo de agua fría a la cara y le hubiera borrado todo el entusiasmo.
—P-Pero joven cultivador, ¿qué ha pasado? —balbuceó confundido—. ¿Qué ha pasado?
¿Qué ha pasado? Shen Ruizhe, eso es lo que ha pasado , pensó Mo Zhiyuan lleno de resentimiento.
Su vida ya corría peligro. No podía arriesgarse a otra transgresión bajo la mirada perspicaz de Shen Ruizhe. De lo contrario, más le valdría ir directamente al Pico Jinlian, entregarle Yinglong a Shen Ruizhe y pedirle que lo matara allí mismo.
No... tenía que ser más astuto.
—Por ahora, me quedaré en la Secta de los Siete Pilares Celestiales —declaró—. No tocaré las artes demoniacas hasta que abandone la secta.
—P-Pero, joven cultivador...
El gran demonio estaba al borde de las lágrimas. Los humanos eran volubles y no paraban de cambiar de opinión, pero ¿acaso habían pensado en este pobre demonio viejo? ¡Tenía una cuota de reclutamiento que cumplir!
Por desgracia, Mo Zhiyuan se mantuvo firme en su decisión, así que el gran demonio no podía hacer nada. Solo le quedó marcharse entre lágrimas, aunque no sin antes arrancarle al joven la promesa de que lo buscaría cuando estuviera listo para abandonar el camino recto.
Mo Zhiyuan pasó el resto de la noche despierto en la cama, meditando sobre su situación.
Shen Ruizhe se había vuelto tremendamente fuerte, probablemente porque tenía dos Núcleos Dorados en su cuerpo, fusionados en uno solo.
El Shen Ruizhe actual podía aplastarlo con la misma facilidad con que un niño aplasta una hormiga.
Por no hablar de que Shen Ruizhe, con los recuerdos de ambas vidas, tenía cuentas pendientes que saldar con él.
Por otro lado, sin recurrir al cultivo demoníaco, Mo Zhiyuan no podía igualarlo en progreso de cultivo ni en fuerza. Sería eternamente más débil que Shen Ruizhe, daba igual cuántas etapas de cultivo superara.
¿Qué hacer entonces para salir de aquella situación tan miserable?
Muy sencillo.
Tenía que avanzar paso a paso.
Ahora más que nunca era imprescindible robar el Núcleo Dorado de Shen Ruizhe en el momento más oportuno y huir con él.
Sin su Núcleo Dorado, Shen Ruizhe no era nada.
Tras tragarse el Núcleo Dorado de Shen Ruizhe, Mo Zhiyuan podría saltarse años de cultivo y dar un salto tan monumental en fuerza que los demonios se desnucarían de tanto mirar hacia arriba con asombro.
Ese pensamiento lo llenó de confianza y aligeró sus pasos mientras se dirigía a su clase matutina al día siguiente.
Pero entonces, al ver a la persona que estaba al frente, sus pasos se volvieron pesados sin querer. No era Gu Zhenren, quien debía enseñarles a dibujar Talismanes Defensivos. En su lugar estaba Shen Ruizhe.
Cuando el maestro de pico vio el rostro petrificado de Mo Zhiyuan en la entrada, cerró un pergamino de golpe y dijo:
—Toma asiento, Mo Zhiyuan. Estás estorbando a los demás estudiantes.