Capítulo 326 - Buenos sentimientos
L a única razón por la que Mo Zhiyuan había perseguido a Shen Ruizhe era evitar que algo malo le sucediera al maestro del pico, pero no era de los que lo admitían en voz alta.
¡No después de que Shen Ruizhe lo echara del taller del Pico Jinlian la última vez!
¡No después de que Shen Ruizhe «ayudara» a Kuxing con su cuello de botella!
¡No después de que Shen Ruizhe menospreciara su ayuda!
En teoría, Mo Zhiyuan debería estar tan furioso con Shen Ruizhe como para negarse a dirigirle la palabra al maestro del pico durante el resto de su vida.
Y sin embargo, ahí estaba, preocupado por la seguridad de Shen Ruizhe.
Al ver al maestro del pico en perfecto estado de salud, tan sano que resultaba tan detestable como siempre, Mo Zhiyuan se sintió un poco estúpido.
—Shizun te pide que regreses a la secta cuanto antes —mintió.
Shen Ruizhe enarcó una ceja mirando al joven.
—Vaya. ¿Y por qué?
Mo Zhiyuan se encogió de hombros.
—Como ya dije, no soy más que un humilde discípulo. El líder de la secta jamás compartiría sus preocupaciones más íntimas conmigo.
Shen Ruizhe suspiró.
—Necesito esperar uno o dos días hasta que el caso se resuelva solo —dijo—. Puedes volver mañana por la mañana e informar al líder de la secta.
Mo Zhiyuan se enfureció al instante.
—¿Me tomas por una paloma mensajera? Si tienes algo que decirle, ¡escríbele una carta!
—........
Shen Ruizhe miró fijamente a Mo Zhiyuan como si el muchacho tuviera la inteligencia de un conejillo de indias. Aunque, por otra parte, estaba demasiado agotado para lidiar con aquel joven inmaduro.
Por la noche, Shen Ruizhe yacía en la cama con los ojos cerrados.
Mo Zhiyuan había conseguido que le prestaran un colchón, una almohada y una manta para tumbarse en el suelo, justo al lado de la cama.
Una vez apagadas todas las luces, la habitación quedó sumida en una oscuridad absoluta. Aunque Mo Zhiyuan estaba de cara a Shen Ruizhe, no podía distinguir su silueta en absoluto.
Lo único que oía era la respiración lenta y acompasada de Shen Ruizhe.
Tumbado en la oscuridad, a solas con él en aquella alcoba, Mo Zhiyuan no pudo evitar pensar en las noches que habían pasado juntos.
Los diez años que había pasado saqueando las sectas de cultivación y aterrorizando el reino mortal no habían sido más que un torbellino de matanzas. Tras matar a tanta gente, sus ojos quedaron velados por una capa carmesí y su olfato quedó dominado por el hedor de la sangre.
Solo cuando rodeaba con los brazos aquel cuerpo esbelto y lo estrechaba contra sí, lo envolvía una inexplicable sensación de tranquilidad. El olor a sangre se desvanecía y sus pecados quedaban lavados en el instante en que inhalaba el aroma frío y fresco de su shizun.
Era como reescribir el pasado. Un pasado en el que Shen Ruizhe se preocupaba profundamente por él.
Ahora que de verdad habían regresado al pasado, ¿cómo habían acabado igual? ¿Estaban destinados a ser enemigos, sin importar cuántas veces retrocedieran en el tiempo?
Mo Zhiyuan suspiró.
—Shizun —susurró para sí—. ¿No puedes quererme, aunque sea un poquito...?
Cerró los ojos y se dio la vuelta, dándole la espalda a Shen Ruizhe.
En la cama, Shen Ruizhe abrió lentamente los ojos y se quedó mirando la pared.
Apretó los puños con fuerza, clavando los dedos en la sábana con tanta fiereza que la tela quedó hecha un amasijo arrugado bajo sus manos.
Cuando llegó la mañana, Mo Zhiyuan se giró hacia el otro lado con un gemido. Abrió los ojos y vio que la cama estaba vacía. El joven se puso en pie de un salto, recorriendo con la mirada cautelosa la estrecha habitación en busca de Shen Ruizhe, pero no lo encontró por ninguna parte.
—¡Maldita sea, Shen Ruizhe! —maldijo en voz baja.
El joven salió disparado de la habitación con la ropa revuelta tras haber dado vueltas en el colchón toda la noche.
Bajó las escaleras haciendo ruido, atrayendo de inmediato la atención de los demás huéspedes.
—Vergonzoso —se oyó un comentario severo desde un rincón alejado del comedor. Mo Zhiyuan suspiró aliviado al ver la mirada de desaprobación de Shen Ruizhe.
—Estás aquí.
—¿Dónde más iba a estar a estas horas? —preguntó el maestro del pico mientras tomaba una cucharada de congee de su cuenco.
Mo Zhiyuan se sentó en una silla frente a Shen Ruizhe y pidió alegremente:
—¡Jefe! ¡Un plato de pastel de nabo frito y bolas de ñame, por favor!
La sola mención de comida grasienta hizo que a Shen Ruizhe le diera un tic en el ojo.
Si estuviera en el Comedor Anwei, podría optar por sentarse en otra mesa, lo más lejos posible de Mo Zhiyuan.
Por desgracia, la posada era pequeña y el comedor estaba abarrotado de gente que tomaba desayunos igual de grasientos. No tenía adónde ir.
—Ya que no pareces tener prisa por comer, supongo que ya habrás terminado lo que tenías que hacer aquí. ¿A qué esperas entonces? —lo instó Mo Zhiyuan mientras daba un gran mordisco a una bola de ñame.
—Estoy esperando —dijo Shen Ruizhe.
—¿Esperando qué?
—A que mi cliente haga lo correcto.
Mo Zhiyuan gruñó.
—Entonces vas a quedarte aquí meses.
Shen Ruizhe rio quedamente. Se llevó la taza de té a los labios y dio un sorbo.
—Tengo un buen presentimiento con este caso.
Apenas había terminado de hablar cuando una joven encantadora ataviada con una capa azul brillante apareció en la posada acompañada de dos doncellas.
—Maestro Shen —saludó al maestro del pico en voz baja—. Lamento interrumpir su comida. ¿Podría hablar con usted un momento, por favor?