Capítulo 312 - Cambié de opinión
S hen Ruizhe lo observó un instante antes de apartar la mirada y seguir trabajando en la misteriosa esfera metálica que sostenía entre las manos.
—Si no quieres venir, no tienes que venir.
Mo Zhiyuan oyó literalmente cómo algo se quebraba en su cabeza. Antes de darse cuenta, ya había cruzado la distancia entre ellos a grandes zancadas. Acto seguido, estampó ambas manos sobre el banco de trabajo de Shen Ruizhe, obligando al maestro del pico a mirarlo de nuevo.
—Siempre eres así —gruñó Mo Zhiyuan con furia—. Por tu culpa Zhang Xukai se ha convertido en un cultivador débil e inútil, ¡incluso con más de cien años!
Shen Ruizhe ladeó la cabeza con gesto burlón y le sonrió.
—¿De qué va esto? ¿De verdad te preocupas por él o simplemente le tienes envidia?
—Envidia...
Mo Zhiyuan agarró a Shen Ruizhe por las solapas y tiró de él hasta que sus narices quedaron a escasos milímetros.
—¿Quién le tiene envidia? —le siseó en la cara—. Me importa una mierda Zhang Xukai. Y tú también. Y Kuxing. Y Shang Jieyun.
—...
Shen Ruizhe respiró hondo con calma. Posó una mano sobre la de Mo Zhiyuan y dijo con suavidad:
—Suéltame.
Su tacto quemaba como un hierro recién sacado de la forja. Sorprendido, Mo Zhiyuan lo soltó de inmediato. Shen Ruizhe se dejó caer pesadamente en su asiento y contempló el rostro angustiado de Mo Zhiyuan.
—Hubo un tiempo en que yo también quería oficiar tu ceremonia Guan Li —le recordó Shen Ruizhe—. Pero te marchaste de la Montaña Tianhe antes de que pudiera hacerlo. Después de eso, ya no fue posible.
Porque se habían convertido en enemigos, y cada vez que se veían acababan a golpes. Shen Ruizhe ya no sabía cómo llegar a Mo Zhiyuan.
Mo Zhiyuan soltó un bufido despectivo, con los ojos encendidos de odio.
—No quería que oficiaras mi ceremonia Guan Li —espetó—. Me da igual.
Nada más decirlo, Mo Zhiyuan se sintió increíblemente estúpido por haber encarado a Shen Ruizhe. Si de verdad no le importaba, ¿a qué venía tanto escándalo? Podría simplemente no asistir a la ceremonia Guan Li de Zhang Xukai y punto.
Mo Zhiyuan sintió ganas de estrellarse la cabeza contra la pared.
—¿Sabes qué? Olvídalo —espetó.
Shen Ruizhe exhaló en silencio a sus espaldas.
El joven se dirigió hacia la puerta. Estaba a punto de alcanzar el marco cuando oyó la voz de Zhang Xukai desde el exterior.
—Shizun, me gustaría repasar los pasos de la preparación contigo. ¿Tienes un momento?
Mo Zhiyuan se volvió y le dedicó a Shen Ruizhe una sonrisa ladina.
Shen Ruizhe lo miró con el ceño fruncido.
—¿Shizun?
Toc, toc, toc.
Shen Ruizhe estaba a punto de hablar, pero Mo Zhiyuan fue más rápido. Con movimientos de depredador, volvió sobre sus pasos y saltó por encima del banco de trabajo. Con un gesto brusco y poderoso, obligó a Shen Ruizhe a ponerse en pie y lo aprisionó entre sus brazos.
Shen Ruizhe le lanzó una mirada asesina.
—¿Qué demonios pretendes? —siseó.
—Cambié de opinión —declaró Mo Zhiyuan con voz grave y ronca, lo que hizo que el corazón de Shen Ruizhe se estremeciera violentamente.
Con una mano le aferró la nuca y con la otra le sujetó la tentadora curva de la cintura. Entonces capturó sus labios en un beso feroz y ardiente.
Shen Ruizhe abrió los ojos de par en par por la sorpresa. Pillado desprevenido y momentáneamente aturdido, no logró apartar a Mo Zhiyuan antes de que este le introdujera la lengua, dominando agresivamente el interior de su boca.
Con pericia consumada, el antiguo Emperador del Anochecer exploró el interior de la boca de Shen Ruizhe mientras asaltaba sus labios con succiones y mordiscos apasionados.
Aunque Shen Ruizhe despreciaba aquel beso forzado, se descubrió consumido sin remedio por el abrazo ferviente y posesivo del hombre más joven.
El fuego de la lujuria en su corazón, que creía extinguido desde hacía años, resurgió de pronto con violencia y lo abrasó desde dentro.
Solo pudo fruncir profundamente el ceño en un gesto vano y sutil de resistencia.
La pérdida de compostura de Shen Ruizhe no pasó desapercibida para el astuto discípulo. Mo Zhiyuan introdujo con destreza una pierna entre las de Shen Ruizhe y las obligó a separarse. Después alzó la rodilla contra su ingle y comenzó a provocarlo con una serie de movimientos deliberados.
Shen Ruizhe contuvo el aliento cuando su cuerpo respondió involuntariamente al audaz contacto de Mo Zhiyuan.
—¡Mo Zhiyuan! —murmuró incoherentemente contra sus labios. Como este se negaba a romper el beso, le mordió el labio con fuerza hasta hacerle sangre.
Finalmente, Mo Zhiyuan rompió el beso. Se lamió la sangre del labio inferior desgarrado y lo miró con sorna.
—Adelante —dijo—. Dile a Zhang Xukai que entre y te salve de mí.