Touchdown accidental Interludio 2
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Interludio 2

CUARTO Y GOL

por La Suplente

La finta más antigua del fútbol se llama play action : finges la carrera para que el otro muerda, y cuando ha mordido, lanzas. Todo el arte está en vender la mentira con el cuerpo antes de decir la verdad con el brazo.

Lena pensó en eso —Ryder se lo había explicado con saleros un martes— la noche en que él dejó las manos sobre el mostrador del almacén, abiertas, a la luz mala del fluorescente, y le dijo que las mirara.

—Corriges mis rutas —dijo él—. Corrige esto. Escríbelas bien.

Ella las miró como miraba todo, despacio y en orden, con esa atención que a Ryder le daba más miedo que cualquier defensa.

La izquierda, la asegurada, tenía el nudillo del índice ensanchado y el callo del pulgar donde muerde la costura.

La derecha, la obrera, tenía dos dedos que no cerraban del todo desde una luxación y una cicatriz de una rejilla ajena.

—Manos de pianista, había escrito yo —dijo Lena, y le ardió la cara.

—Estas manos han cobrado doce años de snaps —dijo Ryder—. Son lo primero que se paga. No hay nada de piano aquí.

—¿Puedo? —preguntó ella.

Y él, que decidía en medio segundo dónde iba el balón entre once hombres que querían matarlo, tardó tres en contestar que sí, porque una cosa era enseñar las manos y otra dejar que se las leyeran.

Lena le recorrió el nudillo con un dedo, como quien sigue una línea difícil.

Le giró la mano para leerle la palma, y él la dejó hacer con una quietud que no usaba ni con el médico del equipo, porque el médico lo tocaba para arreglarlo y esto no tenía nombre en ningún parte.

Subió por la muñeca, y ahí notó lo que él no podía esconder con ninguna finta: el pulso, disparado, delatándolo por completo.

—Vas muy rápido —dijo ella, en voz baja, sin dejar de tocarle la muñeca—. El pulso.

—Es el fluorescente —mintió él, y los dos supieron que mentía, y a ninguno le importó.

Ella siguió subiendo, aprendiéndole el brazo con las dos manos, y cuando llegó al hombro, al hombro derecho, al de la cicatriz que él no enseñaba ni en verano, Ryder se tensó entero, un cierre de aduana anterior a cualquier decisión.

Lena se detuvo. No quitó las manos: las dejó quietas donde estaban, sobre la tela, y le buscó los ojos y le hizo la pregunta entera sin abrir la boca.

Él contestó con la barbilla. Medio centímetro. Sí.

Y ella le leyó la cicatriz a través de la camiseta, despacio, dos veces, sin una palabra, y fue lo más desnudo que le había pasado a Ryder Vane con la ropa puesta.

La respiración se les fue espesando por el mismo camino, la frente de ella a un palmo de la de él, y todo lo que quedaba por hacer estaba ahí, a un movimiento.

Fue Lena la que paró. Retiró las manos con el mismo orden con que las había puesto —hombro, brazo, muñeca, un repliegue, no una huida— y se echó atrás lo justo para que el aire volviera a tener sitio.

—Hasta aquí —dijo, con una voz serena que le costaba un dinero que no pensaba cobrarle.

—Vale —dijo él, porque los monosílabos eran lo único solvente que le quedaba.

—No es un no. Es un todavía. —Le sostuvo la mirada—. Los libros buenos no se leen en diagonal. Y a ti no pienso leerte en diagonal.

Él asintió, porque había señales de la línea de golpeo que no se discuten.

Se sentaron en el suelo del almacén, entre las hombreras, con una bolsa de gominolas de fresa, y hablaron de nada media hora, la mejor del mes. Y con las rodillas casi tocándose, Lena hizo la pregunta que llevaba dentro y no sabía dónde poner.

—¿Tú me lees a mí —preguntó, mirando una gominola en vez de mirarlo a él— o lees la historia?

Ryder no entendió.

—¿Qué historia?

—La nuestra. Esto. —Movió la mano entre los dos—.

Los martes, los saleros, el almacén. A veces pienso que te gusta esto porque es una buena historia.

Y las buenas historias se quieren mucho...

hasta que dejas de serles útiles al argumento.

—Se metió la gominola en la boca, para no seguir hablando—. Y entonces se pasa página.

Ryder la miró un rato largo, y por una vez no tuvo una jugada preparada.

—No sé leer esa diferencia —dijo al fin—. Nunca he tenido que separar a una persona de su historia. Iban siempre juntas.

—Ese es justo el problema —dijo Lena, en voz muy baja—. Que van juntas hasta que se separan. Y cuando se separan, siempre sobra una de las dos.

Él fue a decir algo y no encontró qué. Y Lena, que había vendido la finta perfecta —una tarde de manos y calor para esconder, debajo, el miedo de verdad—, se levantó y le dedicó la sonrisa de las que no llegan del todo a los ojos.

—Se hace tarde —dijo—. Corrige el orden de los pads. Sigue mal.

Y se fue, dejándolo sentado en el suelo del almacén, con la bolsa de gominolas medio vacía y una pregunta que nunca se había hecho: si quería a Lena o quería la historia de Lena, y si, llegado el caso, sabría notar la diferencia a tiempo.

Fuera empezaba a llover. Ryder se quedó mirándose las manos que ella acababa de leer, y pensó que había una jugada, en algún sitio, que servía para esto. Solo que no la sabía. Todavía.

Continuará el viernes.

512 comentarios

quinceyardas · hace 3 h Necesito hablar de la evolución de esta mujer como escritora.

Comparad la entrega 1 con esta. La de agosto la escribió alguien que había VISTO fútbol.

Esta la ha escrito alguien que ha tocado la cicatriz de un hombro operado con las dos manos a oscuras.

O ha conocido el amor, o ha fichado un consultor con muñeca lesionada. NO. HAY. TERCERA.

↳ pilar_qb1 · hace 2 h lo que a mí me ha destrozado es la conversación del final. «van juntas hasta que se separan, y cuando se separan siempre sobra una de las dos». Lena tiene MIEDO de ser la historia y no la chica y la entiendo demasiado.

la_del_800 · hace 2 h quién es Wystan?? el ayudante nuevo de la biblioteca?? La Suplente no mete personajes por meter, ese chaval va a ser importante, apuntadlo. Wystan con i griega, me he fijado. esta mujer no pone una letra al azar.

mara_v · hace 58 min El que quiera de verdad a alguien tiene que querer también las partes que no dan buena historia. Lo digo yo, que escribo. 🖊️✨

↳ la_del_800 · hace 51 min mara con cariño pero tú no escribes ESTO, tú comentas ESTO. hay diferencia jajaj

soledad_lee · hace 22 min «Los libros buenos no se leen en diagonal.» Me lo he apuntado en la nevera. Gracias por otro viernes, Suplente. 🖊️

Fin del interludio 2.