Skandan 4.1
Han sido un par de meses difíciles.
He pasado más tiempo en malditas reuniones presenciales y por Zoom que jugando al críquet. Juro que, a este paso, estoy a punto de prohibir todas las reuniones para siempre. Por desgracia, son una parte necesaria del proceso.
Luego están las ruedas de prensa, las entrevistas y un sinfín de actos publicitarios a los que tengo que sacar tiempo. Me vuelven igual de loco.
Es un trabajo duro.
Pero necesario.
Estoy reconstruyendo la confianza que el equipo perdió cuando me marché.
La controversia por sí sola hundió su reputación.
El escándalo de los rumores sobre el supuesto «romance tórrido» que supuestamente tuve con la hija del entrenador Ratnam solo echó más leña al fuego.
Muchos aficionados se alejaron por la publicidad negativa.
Los patrocinadores huyeron en masa. Los anunciantes no querían que se les asociara con nuestra «imagen negativa», e incluso jugadores estrella y personal clave se apresuraron a desvincularse de nuestra «mala fama».
En resumen, fue un desastre sin paliativos.
Asumo la responsabilidad de todo eso.
Nunca he dejado de sentirme culpable por cómo abandoné al equipo, incluso después de ganar la demanda contra el entrenador Ratnam por dejarme en el banquillo en esos partidos cruciales.
Él solo estaba haciendo lo que cualquier padre responsable de clase media habría hecho. Yo estaba dejándome llevar por la ira.
Ahora me arrepiento.
Dado que el entrenador Ratnam murió de tanto beber después de aquello —otro escándalo que manchó aún más la imagen del equipo—, nunca tendré la oportunidad de tocarle los pies y rogarle perdón. Por eso apelo a mi deidad, le rindo homenaje y le pido que interceda y me conceda el perdón que busco.
Pero lo más importante es que ahora tengo la oportunidad de resarcir a la otra persona que quedó igualmente devastada por el desastre: Nirupama.
Es cierto que ella comparte la culpa conmigo por no admitir la verdad a su padre, por dejar que creyera falsamente que yo la había «seducido» y le había «robado» la «inocencia».
Pero también hizo lo que hizo, guardó silencio, porque es una buena chica tamil del sur de la India con valores decentes de clase media y no quería avergonzar a su familia ni a sí misma.
Así que la perdono, y la perdoné hace mucho tiempo.
Aunque ella piensa, como el resto del mundo, que mi compra del equipo y la empresa es parte de algún plan de venganza, la verdad es exactamente lo contrario.
Es mi intento de enmendar las cosas, de arreglarlas.
Y por eso estoy dispuesto a aguantar mil reuniones y entrevistas con los medios, por mucho que las odie todas y prefiera estar bajo el glorioso sol indio jugando al críquet todo el día.
Haciendo la pelota, tomando copas y endulzando el oído a patrocinadores y anunciantes para recuperarlos.
Reuniéndome en privado con jugadores estrella y convenciéndolos de que se unan al equipo.
Es jodidamente difícil, y ha habido momentos en los que me he preguntado por qué demonios me metí en esto.
Sorprendentemente, lo que no ha sido tan difícil como esperaba es conquistar a la persona que pensé que sería la más difícil.
Nirupama.
Sketchy —todavía odia que la llame así en privado— no ha hecho más que cooperar durante mis esfuerzos en los últimos meses. Al principio se resistió a mis ideas, pero poquito a poco ha empezado a ceder.
E incluso cuando se resistía, no se interpuso en mi camino. Entendió desde el principio que esto era tanto una cuestión de su supervivencia como de la del equipo. El equipo es la empresa.
Esa es la diferencia entre ser dueño de un equipo deportivo y de cualquier otro negocio.
En el deporte, no puedes separar a las personas del negocio.
Y creo que ella percibió que, fuera cual fuese mi animosidad hacia ella, tenía buenas intenciones para el equipo.
Así que cooperó, y eso ha ayudado enormemente.
Ahora, mientras terminamos una reunión crucial con un importante anunciante, veo que sus ojos brillan con algo parecido a la alegría cuando el anunciante me estrecha la mano y luego junta las palmas en señal de respeto hacia ella antes de marcharse con su séquito y su equipo.
La puerta apenas se cierra cuando ella gira sobre sí misma, con su bonita falda ondeando, y se ríe mientras aplaude con la alegría de una niña pequeña.
—¡Ha sido increíble! —dice—. No me habría creído que fueras capaz de convencer al viejo Muthu Aiyar. Es el cliente con fama de ser el más difícil de complacer y odia hasta el más mínimo rastro de escándalo. ¿Cómo demonios lo has convencido?
Sonrío, disfrutando de la alegría en su bonito rostro, de lo feliz que suena.
—¿De verdad quieres saberlo?
—¡Pues claro! ¡Por supuesto que sí! ¡Venga, cuéntamelo!
—Bueno, el viejo Muthu Aiyar tiene una joven amante a la que mantiene escondida en un bungaló en Pondicherry. Una amante muy blanca, muy joven.
Parpadea.
—Yo... nunca lo habría adivinado con solo mirarlo. Es un Tam Brahm de lo más tradicional. O sea, ¡todavía lleva veshti y las marcas de casta en la frente! ¿Lo dices en serio, lo de la amante?
Asiento.
—Muy en serio. Es una ex estrellita europea que hizo algunas películas tamiles.
Estaba a punto de convertirse en la próxima gran estrella y dar el salto a Bollywood.
Aiyar le hizo una oferta que no pudo rechazar.
Puede viajar por el mundo, comprar a su antojo, vivir muy cómodamente, y probablemente ya tiene un fondo de jubilación considerable ahorrado en una cuenta en el extranjero. ¡Y todavía no ha cumplido los 25!
Sketchy levanta las cejas, con los ojos muy abiertos de asombro.
—¿Y a cambio solo tiene que acostarse con él cuando él quiere?
—Lo cual es apenas una vez cada dos meses.
Y la mayoría de las veces, ni siquiera llega a hacerlo de verdad, ya sabes —hago un gesto lascivo—, por la edad, o por su afición al whisky de malta, o quizá tiene problemas de próstata.
La mayor parte del tiempo, lo único que tiene que hacer es sentarse en su regazo, traerle las bebidas y los aperitivos, escucharlo hablar y abrazarlo cuando duerme. Ah, y también le gusta que ella...
Le susurro la última parte al oído.
Jadea y se cubre la boca con la mano.
—¡No! ¡Estás de broma! ¿En serio? ¿Ese viejo tan tradicional es tan pervertido en la cama? ¡No me lo puedo creer!
—Sketchy, las personas más tradicionales son casi siempre las más pervertidas en la cama. Las dos facetas suelen ir de la mano, como las caras de una moneda.
Sacude la cabeza.
—Entonces descubriste todo esto y qué, ¿lo chantajeaste?
Sonrío y le guiño un ojo.
—No exactamente. Resulta que me topé con su hija adolescente, Shikha, en el club una tarde y le pregunté por su hermana Sarah. No tenía ni idea de qué le estaba hablando, claro.
Sketchy lo entiende. —Pero cuando Shikha llegó a casa, le preguntó a su padre quién era Sarah y por qué la gente pensaba que era su hermana, y él, por supuesto, pilló el mensaje a la primera.
Comprendió que tú sabes lo de su amante y que solo tenías que contarle a Shikha todo sobre Sarah para que su vida entera se derrumbara.
Todo el mundo sabe que Shikha es su única hija, y desde que murió su esposa, esa chica es su vida y su único legado.
Extiendo las manos. —Ahí lo tienes.
Sacude la cabeza y me da un golpe en el hombro.
—¡Granuja! Pero claro, también hiciste un trabajo estupendo en la reunión. Cuando terminaste, hasta yo estaba convencida de que el equipo irá a la Copa del Mundo este año y la traerá de vuelta a la India. Parecías tomártelo muy en serio.
Asiento. —Hay dos cosas que siempre me tomo muy en serio, Sketchy. El equipo. Y tú.
Se sobresalta y me mira con ojos de cierva sorprendida.
Pero no es ninguna cervatilla: hay una mujer dura y moderna detrás de esos hermosos ojos oscuros.
Una a la que han herido profundamente antes —este mismo tipo que está frente a ella— y que no perdona ni olvida fácilmente. Así son las cosas en la India.
Da un paso atrás, y veo la sospecha en sus ojos.
Entiendo su reacción. He sido duro con ella durante todo esto. Solo puedo imaginar lo difícil que debe de ser para ella pasar por todo este proceso, sin saber si realmente funcionará. Sin saber cuál es mi verdadera estrategia. Sin confiar en mí.
Lo que ella no sabe es que todo esto forma parte de la estrategia. No para el equipo, sino para nosotros.
—¿Qué está diciendo, señor? —pregunta en tono profesional y cortante.