The Quarterback Sweep (The Four Quarters Collection 4) 26. Capítulo 26
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26. Capítulo 26

Zach

—

Última oportunidad para venirte con nosotros —dice Dax, saliendo del cuarto de baño con una toalla enrollada a la cintura—.

Reese ha encontrado un sitio que hace smash burgers hasta medianoche y, te lo digo en serio, ¡me voy a comer cinco para celebrar nuestra segunda victoria de la temporada! ¡Toma ya!

Dax se echa tanto hacia atrás al gritar que tiene que sujetarse la toalla para que no se le caiga.

—Paso —digo, flexionando los dedos mientras me pongo hielo en la muñeca. Todavía me queda un poquito de dolor por el golpe que me llevé hace unas semanas, pero no es suficiente para que me retire del campo y deje de demostrar lo que valgo.

—Ya lo has dicho tres veces, pero no tiene sentido. No sabemos cuántas victorias más vamos a conseguir. ¡Tenemos que celebrar cada una de ellas!

Me río porque tiene razón. Nuestra primera victoria solo ocurrió por una lesión, y esta se redujo a una jugada horrible de Dallas.

Básicamente nos han regalado ambas victorias.

Estoy agradecido, pero también sé que no debo acomodarme, especialmente después de ver cómo se puso el entrenador con Owen al final del partido.

El pobre no gana para disgustos. Ganamos y, de alguna manera, él sigue siendo al que ponen de vuelta y media.

—Estoy bien. Tengo que ponerme al día con Baseball Bachelor .

Dax me mira fijamente. —Cada día te pareces más a la tía emocionalmente inestable de alguien que tiene carteles decorativos que dicen Live, Laugh, Love . —

—Tiene gracia que lo digas tú, que estás a un estornudo fuerte de enseñarle todo el equipo a todo el equipo.

Miro hacia el nudo de su toalla y él, por instinto, se lo aprieta.

Cuando siente que todo está seguro, me señala con aire acusador. —¿Ves? Ese es exactamente el tipo de detalle de observación que notaría una tía divorciada antes de apoltronarse en el sofá con una copa de pinot para ver a quién le da Sam Brennon la rosa.

—Son muñecos de cabeza oscilante.

—¿Perdona?

—Reparte muñecos de esos.

Dax parpadea despacio. —Que sepas eso lo hace, de alguna manera, peor.

—Vete ya a comerte tu hamburguesa —digo, despidiéndolo con la mano.

—Vale —dice con tono arrastrado—, pero te traeré una.

—No quiero ninguna.

Coge su camiseta y se la pasa por la cabeza. —Bueno, pues la vas a tener —dice mientras su cabeza asoma por el hueco. Cuando termina de ponerse los vaqueros y el cinturón, vuelve al baño y solo regresa cuando ya huele como una tienda de fragancias de lujo.

—Muy bien, voy a recoger a Reesey. No hagas nada que yo no haría.

Coge la cartera y el móvil antes de dirigirse a la puerta.

—Eso es poner el listón bajísimo —murmuro para mis adentros.

—Es un listón generoso —me espeta por encima del hombro. Claramente me está juzgando—. Duerme algo, QB, y descansa la muñeca.

—Eso haré, jefe.

La puerta se cierra de golpe y sonrío ante su último comentario, sabiendo exactamente a qué se refiere. Solo porque a él le guste hacerse pajas en la habitación cuando yo salgo a cenar no significa que yo me tome las mismas libertades.

Me relajo contra el cabecero, disfrutando del mayor silencio que he tenido desde la victoria de esta noche.

2-6.

Tengo que creer que ese récord solo puede mejorar en nuestros próximos 9 partidos.

Lanzo la bolsa de hielo derretida sobre la mesita de noche y estiro las piernas frente a mí. Me duele todo el cuerpo pero, por una vez, el dolor va unido a una victoria. Eso por sí solo hace que esté de demasiado buen humor como para dormir.

Cojo el mando y pongo The Baseball Bachelor .

—Muy bien, Sam —murmuro a la habitación vacía, pasando canales—. Veamos a quién le toca muñeco esta noche.

Antes de que pueda quitarle el silencio, el móvil vibra con el tono de Honey.

Casi salto de la cama al agarrar el teléfono del escritorio, soltándolo del cargador, y leo su mensaje.

Honeycomb🍯: ¡Felicidades, Zach! Estoy muy orgullosa de ti.

Sonrío y vuelvo a mi sitio en la cama antes de responder.

Zach: Gracias. ¿Lo has visto?

Honeycomb🍯: Claro que sí. ¡Has estado genial! Dos victorias ya en el marcador. ¿Lo estás celebrando?

Miro hacia la puerta por la que acaba de desaparecer Dax, dando muchísimas gracias por no haber ido.

Zach: Por lo visto, las smash burgers son obligatorias después de cada victoria a partir de ahora.

Honeycomb🍯: Como debe ser.

Zach: Yo me he quedado.

Honeycomb🍯: ¿Por qué?

Zach: Se me ocurre una forma mejor de celebrarlo.

Honeycomb🍯: ¿Con helado?

Zach: Solo si es con sabor a panal de miel.

escribiendo...

Se queda así un rato y espero, porque conozco bien a Honey. Está procesando un abanico de emociones ahora mismo. Ira, indignación, curiosidad, ganas de jugar. Es la misma rutina por la que hemos estado pasando desde que empezamos a hacer sea lo que sea esto.

¿Ligar por mensajes? ¿Eso existe siquiera?

Honeycomb🍯: Estoy intentando con todas mis fuerzas no fomentar este comportamiento.

Le sonrío al móvil, recordando todas las cosas coquetas que me escribió solo para hacerme sentir mejor después de mi derrota.

Zach: Lo estás haciendo fatal.

Honeycomb🍯: A lo mejor es que eres imposible de disuadir.

Zach: Así que no te molestes. Simplemente llámame.

Lo lanzo ahí, esperando que muerda el anzuelo. No he oído su voz desde el crucero y la echo de menos. Esta victoria me ha vuelto lo suficientemente descarado como para pedir por fin lo que quiero.

*Honeycomb llamando*

¿Qué narices?

¿Eso ha funcionado ?

¿Todo este tiempo podría haberlo pedido simplemente y ella me habría llamado? Seré idiota.

Pulso rápidamente el botón verde de "aceptar" antes de que pueda echarse atrás.

—¿Honeycomb?

Relájate, Z.

Me acomodo contra las almohadas, echando los hombros hacia atrás mientras intento sonar informal en lugar de tan ansioso como me siento en realidad.

—Hola, Z. Suenas muy despierto para alguien que acaba de jugar un partido de fútbol de tres horas y media.

—No puedo evitarlo. Ya sabes cuánto me gusta oír tu voz.

—Bueno, felicidades. De verdad. —Su voz se suaviza—. ¿Esa ruta cruzada en el cuarto? Fue increíble. Grité tan fuerte cuando lanzaste ese touchdown que te juro que toda mi residencia me oyó.

—¿Ah, sí? ¿Cómo se llama la residencia?

—Zach —dice en tono de advertencia.

Suelto una risita y dejo caer la cabeza contra las almohadas. —Lo siento. Sabes que siempre me ha gustado lo mucho que gritas por mí, Honeycomb. Solo quería ver si podía experimentarlo de nuevo.

Se oye un suave bufido al otro lado del teléfono. —Eres increíble.

—¿Eso es un no me lo vas a decir?

—Ya sabes la respuesta.

Tiene razón. La sé. Pero eso no quita que quiera ayuda para reducir la lista de posibles universidades en las que podría estar.

—Puede, pero ten por seguro que podría hacerte gritar de más de una forma si supiera dónde estás.

Oigo el leve roce de las sábanas en su lado y no puedo evitarlo. Empiezo a imaginarla sobre sábanas moradas, llevando mi camiseta y solo un pequeño tanga debajo. Exactamente lo que solía ponerse cuando salíamos.

—Estabas guapísimo ahí fuera —dice.

—¿Viste cuando atravesé su línea de defensa para avanzar veinte yardas en el tercero?

—Sí. —Se le entrecorta la respiración antes de bajar la voz—. Te veías tan poderoso ahí fuera.

Me acomodo más en las almohadas; se me está poniendo la polla un poco dura porque el simple hecho de oír su tono entrecortado siempre me pone a mil. —¿Te gustó mirarme, eh?

—Cállate. —Hay otro roce de sábanas—. No seas engreído.

—Demasiado tarde.

Se queda callada y hay más movimiento por su parte.

Luego, muy suavemente, pregunta: —¿Estás solo, verdad?

—Eh, ¿sí? Dax se ha ido a por hamburguesas con Reese.

—Mhm.

En cuanto lo dice, algo encaja en mi cerebro, porque conozco ese tono. El aire entrecortado que se cuela en su voz, la pequeña vacilación, el nerviosismo.

Madre mía.

Honey está cachonda.

Sonrío. Está cachonda, pero no quiere ser ella la que dé el primer paso. Quiere hacerme creer que es idea mía. Qué mona.

Bueno, si eso es lo que quiere, voy a hacer que se lo gane.

Me acomodo más en las almohadas y bajo más la voz, alargando las palabras. —Cuéntame más sobre lo que pensabas mientras me mirabas esta noche.

Exhala de forma temblorosa. —Solo... en cómo te quedas ahí parado en el pocket con tanta calma aunque estés a punto de que te arrollen esos jugadores de fútbol gigantes.

—Mm. —Dejo que el sonido retumbe—. Me gusta tomarme mi tiempo. Leer la defensa. Esperar la apertura perfecta. Y luego la meto bien profundo cuando menos se lo esperan.

Se oye otro pequeño tropiezo en su respiración. Es casi imperceptible, pero estoy atento para detectarlo.

Continúo, con voz densa y sin prisas. —Justo como esta noche. Pensaban que me tenían atrapado, pero simplemente salí suave y fácil... dejé que la presión aumentara... y luego se lo di exactamente donde más les dolía.

Ella emite un pequeño sonido y sus sábanas vuelven a rozar. —Eres tan engreído cuando ganas.

—Solo cuando me lo gano.

Acaricio mi polla endureciéndose a través del pantalón de chándal y doy una pasada, lentamente. Me duele un poco la muñeca, pero esto va a valer jodidamente la pena.

—Zach...

—Dime una cosa, Honeycomb —digo con voz arrastrada, dejando que cada palabra se estire—. Cuando salí del pocket esta noche... dijiste que no podías respirar. ¿Fue por cómo moví las caderas o por cómo cuadré los hombros antes de plantarme y lanzar lo que te puso así?

Su exhalación sale temblorosa. —Todo. Simplemente... te mueves como si fueras el dueño del espacio y nada pudiera tocarte a menos que tú lo permitas.

—Mhm. —Tarareo bajo, alargándolo—. Me gusta tener el control.

Sentir cómo todo se alinea perfectamente.

Leer cada pequeño espasmo, cada señal. Esperar ese momento perfecto en el que todo se abre...

y entonces lo aprovecho. Despacio al principio.

Luego profundo, asegurándome de que sienten cada pulgada de mi decisión.

Un pequeño sonido involuntario escapa de ella. Las sábanas vuelven a rozar, pero esta vez sigue un sonido húmedo y rítmico. Es silencioso, pero no hay duda de qué ruido es. Ha ido demasiado lejos como para ocultarlo.