5. Capítulo 5 #2
—Y mándame fotos de todo por mensaje. Quiero vivir indirectamente a través de ti durante las próximas dos semanas.
—Lo haré.
—¿Y Honey? —Se separa, con las manos en mis hombros—. Lo que sea que pasara con Zach anoche no te define. Tú decides qué significa. Nadie más.
Se me cierra la garganta. —Gracias, Liv.
Mike aparece detrás de ella y le pasa un brazo por la cintura antes de abrazarla. —Hola, Honey —me dedica una sonrisa lenta—. Siento lo de Liv.
Se adelanta y me da un abrazo rápido.
—No pasa nada. ¿Te asegurarás de cuidar de ella mientras no esté?
—Siempre lo hago. —Me devuelve el apretón y me da un beso en la mejilla—. ¿Quieres venir a desayunar con nosotros?
¿Es el universo llamando otra vez?
—Es un ofrecimiento muy amable —digo, levantando mi teléfono—, pero estoy esperando a que un coche venga a buscarme, así que no puedo.
Además, no quiero ver a Zach y tener que despedirme.
—Vale. —Asiente, y dudo que me crea, pero no insiste.
Hablamos durante unos minutos hasta que mi teléfono vibra avisando de mi transporte.
Cuando nos despedimos, empiezo a dirigirme a la salida, mirando hacia atrás solo para ver a Mike poniendo su mano en la parte baja de la espalda de Olivia.
Es entonces cuando una cabellera rubia platino me llama la atención.
Zach.
Está sentado a la mesa con los demás invitados de la boda; tiene el pelo aún húmedo de la ducha y su camiseta roja de los Rome Raptors se tensa sobre su pecho, realzando sus anchos hombros y ese ridículo tatuaje de panal de miel en el antebrazo.
Lo odio. No porque no sea un tatuaje precioso. Es impresionante, pero tenerlo ahí es un recordatorio constante de que le jodí la vida, y solo estoy esperando el día en que se arrepienta y se tatúe un nuevo diseño encima.
Pensarlo me revuelve un poco el estómago.
Se echa hacia atrás, dando un sorbo a su café mientras se ríe con sus padres, que están a su lado.
Tiff está allí, todavía radiante por lo de ayer, con Jamie a su lado y Ella sentada en su regazo.
Su hija está destrozando alegremente una torre de tortitas mientras Jamie hace lo posible por evitar que el sirope manche su vestido.
Cuando Mike y Olivia llegan a la mesa, todos se levantan para saludarlos. Todos sonríen, están felices y... yo no estoy allí.
Trago saliva, apretando el ramo un poco más fuerte al sentir que me escuecen los ojos.
Esa es mi familia. Las únicas personas en este mundo que me aceptaron, y simplemente los dejé atrás en un intento de encontrarme a mí misma sin ellos.
Lo hiciste para ser mejor para ellos.
Ninguno me ha visto todavía, pero en cuanto Zach mira hacia mi lado, uso mi pelo como cortina y me dirijo al mostrador de recepción.
De espaldas al comedor, me vuelvo hiperconsciente de cada sonido a mi espalda.
El tintineo de los cubiertos. La risita de Ella.
El murmullo grave de la voz de Zach diciendo algo que no alcanzo a distinguir.
Debería ir allí. Debería despedirme de todos o al menos reconocer lo que pasó entre Zach y yo en lugar de escabullirme como una cobarde, pero mis pies no se mueven.
Sé que si voy allá y lo miro a los ojos, no podré irme. Caeré de nuevo en su órbita como siempre hago, y todos mis planes se desmoronarán.
Así que, cuando está todo pagado, agarro el asa de mi maleta, sujeto el ramo con más fuerza y me dirijo a las puertas principales. Mi corazón late con tanta fuerza que estoy segura de que todos en el vestíbulo pueden oírlo.
En cualquier momento, alguien va a gritar mi nombre. En cualquier momento, Zach va a levantar la vista, me va a ver y—
Cruzo las puertas. El aire fresco de la mañana me golpea la cara.
Lo he conseguido.
El conductor está apoyado en su coche, fumando un cigarrillo mientras me espera. Empiezo a acercarme, pero aminoro el paso cuando me doy cuenta de que Chris está de pie junto al vehículo, con su bolsa de deporte al hombro y el móvil en la mano.
Cuando me ve, levanta las cejas.
—¿Honey? —Mira su teléfono y luego vuelve a mirarme—. ¿Vas, eh, al Aeropuerto Internacional de Indianapolis?
Me detengo a unos metros, apretando el agarre de mi maleta. —Sí, voy para allá.
Él sonríe antes de enseñarme la pantalla de su móvil: la misma aplicación, el mismo conductor, el mismo lugar de recogida. —Parece que la aplicación nos ha emparejado. Debe de ser para ahorrar emisiones o algo así.
Cómo no. ¿Qué decía Olivia sobre el universo y un mazo? Con su lógica, habría acabado en mi propio romance Why Choose. Aunque dudo que Zach pudiese sobrevivir a semejante concepto.
El conductor tira el cigarrillo y lo pisa con el pie. —¿Van juntos?
Chris me mira con una pregunta en los ojos.
—Sí —digo—. Vamos juntos.
El conductor asiente y abre el maletero. Chris coge mi maleta antes de que yo pueda protestar y la coloca junto a su bolsa. Siempre hace eso: encargarse de las cosas sin que se lo pidan, hacerse útil, ser bueno de una manera que debería hacer que lo quisiera.
No es así, y esa es la parte más triste de esta situación.
Nos deslizamos en el asiento trasero y coloco el ramo entre nosotros para crear una distancia respetuosa.
—¿Dónde está Chase? —pregunto mientras el conductor se aleja de la acera.
—Él vuela más tarde porque tiene que ir a California para presentarse con su equipo —Chris se acomoda en el asiento—. Yo voy a Nueva York —dice en voz baja.
—¿A los Huntington Breakers?
Su rostro se ilumina. —Sí. Ya es oficial. Firmé el contrato el mes pasado. —Sonríe—. No es donde está Chase, pero es un buen equipo con Scotty Hendricks, y una gran oportunidad.
—Eso es increíble, Chris. —Lo digo de corazón—. Has trabajado muy duro para esto.
—Gracias. —La sonrisa se suaviza, volviéndose más genuina—. Se siente bien, ¿sabes? Por fin tengo un plan. Saber dónde se supone que debo estar.
Saber dónde se supone que debo estar.
Debe de ser agradable.
El coche se incorpora a la autopista y me apoyo contra la ventanilla, mirando el paisaje agrícola a través del cristal, sintiéndome un poco triste por cómo terminaron las cosas en St. Michael’s.
Tenía algunos amigos y las cosas empezaban a calmarse, pero ya no me parecía lo correcto.
Incluso volver ahora no sería lo mismo. Todo el mundo se ha ido.
Chris rompe el silencio aclarándose la garganta.
—¿Estás bien? —Su voz es suave—. ¿Por lo de anoche?
Anoche.
Se me encoge el estómago. No puedo creer que me pregunte eso, pero claro, puede que anoche fuera con él con quien me estuve desahogando, así que no puedo culparlo por preocuparse.
—Estoy bien —miento, sin querer entrar en detalles. Ya hemos hablado de nuestros ex antes, pero después de todo lo que pasó entre nosotros, ahora todo se siente un poco diferente.
—Honey. —La forma en que pronuncia mi nombre hace que se me cierre la garganta.
—No quiero hablar de ello.
—Vale. —No presiona. No exige explicaciones que tendría todo el derecho de pedir. Simplemente lo acepta y pasa a otra cosa—. ¿Tienes ganas de ir al crucero?
—Supongo. —Me giro y le dedico una pequeña sonrisa—. Olivia no puede venir, así que ahora voy sola.
—Ah. —Suelta un suspiro brusco—. Me ofrecería a ir, pero estoy un poco ocupado —bromea.
—No te preocupes. Estoy segura de que hay un grupo de tributo a Bailey Hill tocando. No quiero que te pases toda la noche sollozando sobre los quesos.
Él suelta una risita baja. —Creo que lo superaría bastante rápido. —Me mira, recorriendo mi rostro con la mirada.
—Sabes, creo que un crucero en solitario te vendrá bien de verdad —dice.
Entorno los ojos. —¿Por qué?