4. Capítulo 4
Zach
A l salir del baño, me ajusto la pajarita en un vano intento de ocultar mi sonrisa burlona.
Es imposible cuando el sabor de Honeycomb sigue en mis labios. Aún puedo olerla; aún puedo sentir la forma en que su cuerpo temblaba bajo el mío mientras me daba todo lo que necesitaba para demostrar que todavía vale la pena luchar por nosotros.
Mientras vuelvo a la mesa, capto la mirada de Mike. Aunque está en la pista de baile, tiene la suficiente coordinación como para lanzarme una mirada de sospecha.
Sabe lo que acaba de pasar en ese baño. Lo sabe porque el pobre idiota ha tenido que oírme hablar sobre lo enamorado que he estado de Honey desde el último año de instituto.
Le guiño un ojo antes de meter las manos en los bolsillos, buscando el tejido de encaje.
Sí, sigue ahí.
La tela es suave, delicada y aún está caliente. Cierro el puño alrededor de ella, sintiendo la evidencia de lo que acabamos de hacer, de lo que me dejó hacerle a pesar de todas sus protestas sobre que ya me había superado.
Joder .
Mi polla da un respingo, poniéndose dura de nuevo solo con el recuerdo. Aún no ha salido del baño; quizá podría volver para otro asalto.
No. Concéntrate, Evans.
Hago crujir mi cuello y me ajusto los pantalones discretamente antes de sentarme. Madison, Dash, Cade y Savannah siguen en sus sitios.
Madison se gira hacia mí al instante. Tiene los ojos muy abiertos y está sonriendo.
No digo nada ni le hago caso a propósito. En su lugar, me aclaro la garganta, me ajusto la pajarita de nuevo y miro hacia la puerta del baño.
Aún no ha salido. Así que, o bien se está tomando muy en serio el papel de que no estamos juntos, o está intentando averiguar cómo llevar ese vestido mientras yo sigo goteando de su interior.
Sí, no he usado condón. Honey se pone la inyección desde que tengo memoria y, como de costumbre, no me detuvo.
De cualquier modo, el hecho de que no esté aquí me ha dado tiempo para encontrar el lugar de observación perfecto.
—¿En serio vas a ignorarme? —pregunta Madison indignada—. ¿Qué ha pasado? —chillan sus cuerdas vocales, atravesando la música.
—Nada. —Cojo mi bebida y doy un largo trago, concentrándome por completo en esa puerta del baño.
—Pff. ¿Crees que me voy a creer eso?
—Madison, no presiones —advierte Dash, echándose hacia atrás y pasando la mano por la espalda de ella.
Ella se gira hacia su prometido. —Oh, por favor. Literalmente la ha sacado de la pista de baile y de la sala a rastras. ¿No te acuerdas de cómo terminó eso para nosotros?
La cabeza de Dash gira bruscamente hacia ella. —Madison.
—¿Y cómo terminó eso exactamente para vosotros, Dash? —pregunta Cade con tono monocorde. Mira alternativamente a su mejor amigo y a su hermana, con el ceño fruncido. Vale, pensaba que yo lo tenía difícil con todo el lío del padre del bebé de Tiff, pero quizá este tío lo tenga peor.
—Nada —dice Dash.
Madison levanta la barbilla en un simulacro de desafío. —Si «nada» significa que me besó, entonces claro. No pasó nada entre nosotros.
Dash emite un sonido a medio camino entre un gemido y un gruñido, pero Madison se limita a encogerse de hombros, satisfecha de sí misma. —Venga, ya estamos prometidos. —Muestra su anillo gigante como si fuera la Prueba A—. Ya no puedes estar enfadado por eso.
—No estoy enfadado por eso —dice Cade, inclinándose hacia su mujer, Savannah—. Solo intento evitar que cuentes demasiadas intimidades.
—Ya es tarde para eso —murmuro.
Cuando veo un atisbo de su vestido, toda mi atención se centra en ella. La música se desvanece; las voces desaparecen. Solo queda Honey saliendo del baño, aferrando la falda de su vestido, nerviosa y avergonzada.
Sigo cada uno de sus pasos, observando su forma de caminar. Mantiene la barbilla alta, intentando parecer compuesta a pesar de que sé que está de todo menos eso.
No mira hacia mi dirección, pero sabe que la estoy observando.
Siempre lo sabe.
Cuando se deja caer de nuevo en su silla junto a Chris, veo que cambia el peso de su cuerpo y luego cruza las piernas. Una pequeña mueca de dolor cruza su rostro; tan rápido que la mayoría de la gente no se daría cuenta, pero a ella no se me escapa nada.
Está dolorida. Bien. Que se acuerde de mí cada vez que su apretado coñito se contraiga.
Chris se inclina para decirle algo y ella fuerza una sonrisa, asintiendo a lo que sea que esté contando.
Sus ojos se desvían hacia mí por apenas un segundo y, cuando nuestras miradas se encuentran, sus mejillas se tiñen de rosa. Desvía la vista rápidamente, sonriéndole a Chris como si no hubiera pasado nada entre nosotros en ese baño.
Sí, Honeycomb. Intenta fingir que ahora mismo no estás pensando en mí.
Intenta fingir que no me sigues deseando.
—Mira, podemos hablar de lo mucho que Dash y yo anduvimos a escondidas, pero después de ver eso, hay algo que creo que deberías saber.
Vale, ahora tiene mi interés.
Madison se inclina hacia delante. Está a punto de decir algo, pero luego toma aire bruscamente y retrocede. —Oh, no sé si debería decírtelo.
Me observa y el resto de nuestro lado de la mesa espera.
—Si te lo estás cuestionando, Madison, entonces es evidente que no deberías decírselo —suelta Cade de inmediato.
Madison lo ignora, prácticamente vibrando de emoción. —No puedo callármelo. No puedo. No cuando veo esos ojitos de perro apaleado que tiene, rogando que Honey abra los ojos.
Me quedo sentado y simplemente observo cómo ella sola se va poniendo nerviosa.
Da un respingo en su asiento y se vuelve hacia mí. —Se va de crucero mañana. —Tras soltarlo de golpe, se recuesta en su asiento con los labios apretados, pero pendiente de mi reacción.
Lo único que le doy es un arqueo de ceja.
—¿Un crucero? Guau... Ni siquiera he tenido que interrogarte. Lo has soltado así como así.
Asiente enérgicamente, con sus rizos rubios rebotando al compás.
—No es culpa mía. Es la primera vez que veo una sonrisa en tu cara desde que hemos llegado.
—Vale.
—Se ha pasado el último mes con esa chica, Olivia. —Señala a mi mejor amigo y a su muy embarazada mujer.
Traidor .
Así que supongo que el hecho de que Honey se quedara en su casa no es el único secreto que Mike y Olivia me han estado guardando.
—Decidieron irse de vacaciones de chicas antes de que nazca el bebé.
—Interesante. —Me echo hacia atrás, jugueteando con el borde de mi cerveza mientras mi mirada va de mi mejor amigo a mi Honeycomb.
—Son dos semanas. Se lo estaba contando todo a Tiff mientras nos arreglábamos esta mañana. Ni siquiera intentó ocultarlo.
Me inclino hacia delante, apoyando los codos en la mesa. —¿Adónde se va en ese crucero?
—Vuelan a Florida y recorren las Bahamas.
—¿Por qué? —Es la primera pregunta que me viene a la mente.
Savannah, la mujer de Cade, interviene. —¿Acaso hace falta una razón para ir a las Bahamas?
—No. No es eso. Solo que no puedo creer que todos me hayan ocultado esto. Ni siquiera se ha mencionado el tema.
—¿No te dice eso todo lo que necesitas saber? —pregunta Dash. Sabes, pensaba que me caía bien el tipo. Parecía tranquilo y solo un poco melancólico, pero ahora no estoy tan seguro.
—Al parecer, aún está tratando de aclarar las cosas. Dijo que quiere encontrarse a sí misma antes de que empiecen las clases de nuevo... si es que vuelve a clase —continúa desvariando Madison.
—¿Qué? —Se me encoge el pecho. ¿Puede que Honey no vuelva a la universidad? Eso no es algo que me haya mencionado nunca. Dejar St. Michael’s y tomarse un descanso, sí, ¿pero dejar la carrera después de todo el trabajo y los años que le ha dedicado? Eso es muy serio.
—¡Ya te dije que era un bombazo! —Madison da saltitos en su asiento.
—¿Y por qué me cuentas esto? —pregunto despacio—. ¿Para que me siente aquí atormentado, imaginándola rodeada de tíos borrachos en una despedida de soltero?
—No. —Me da un ligero empujón en el hombro, apoyándose en Dash con una sonrisa—. Te lo digo para que puedas hacer algo al respecto.
—¿Qué crees que voy a hacer?
Pone los ojos en blanco y suelta un suspiro exasperado. —¿De verdad tengo que planearlo todo yo? Venga, Zach. Eres jugador de fútbol; te pasas la vida diseñando jugadas en tu cabeza. Deberías ser capaz de idear la jugada más importante de tu vida.
Tiene razón.
Si no hago algo con Honey ahora, no tengo ni idea de cuándo la volveré a ver. No puedo negar que hay una pequeña parte de mí preocupada por que se olvide de mí. Por que acabe casándose con el jugador de hockey solo porque él está ahí y disponible.
Miro al otro lado de la sala hacia Honey. Ahora está en la pista de baile con Tiff y Ella. Curiosamente, después de haber tenido dos orgasmos en el baño, parece mucho más relajada que antes.
—¿Dos semanas? —digo, sin dejar de mirar a Honey.
—Sí. A partir de mañana.
Quiere encontrarse a sí misma, pero ¿cuándo se dará cuenta de que no estará completa sin mí?
Madison toma aire con fuerza para evitar chillar. —Vas a hacerlo, ¿verdad?
Doy un largo trago de mi cerveza antes de responder. Cuando lo hago, mantengo la mirada clavada en Honey. —Tengo que estar en el campamento de entrenamiento en tres semanas.
Madison agita las manos, agarrándome en el proceso para poderme sacudir. —Oh, Dios mío, entonces es el momento perfecto. —Tiene sus manos en mi brazo ahora, tirando de mi traje mientras mira a su hermano, a su prometido y a su cuñada—. Es el destino.
¿Lo es?
Puede que tenga que estar en el campamento en tres semanas, pero soy un novato. El campamento no es mi único compromiso. Tengo reuniones y cosas de patrocinios de las que ocuparme. Tengo que encontrarme un piso nuevo... ¿pero me saltaría todo eso y sufriría las consecuencias por Honey?
Sí, joder, lo haría.
—Te lo veo en la cara. —Las manos de Madison vuelan a su boca—. Realmente lo vas a hacer, ¿verdad?
Me aparto de la mesa, dirigiéndome ya hacia Mike. —Tengo que hablar con alguien.
—¡Ay, Dios mío, esto está pasando! —Madison aplaude.
—No se lo digas a nadie —le digo con firmeza a Madison.
—Tu secreto está a salvo conmigo. —Se cierra los labios con una cremallera imaginaria, los bloquea y luego lanza la llave invisible en dirección a Speedy... quiero decir, a Dash.
Eso hace que Dash y Cade se rían a carcajadas. Lo que sea. No me importa.
Cruzo el salón del banquete y localizo a Mike y Olivia balanceándose juntos en la pista de baile. Él la tiene rodeada con ambos brazos, con las manos apoyadas en la parte baja de su espalda y la barriga de ella presionada entre ambos.
—Mike. —Le toco el hombro—. ¿Puedo hablar contigo un segundo?
Se gira con las cejas levantadas. —¿Ahora?
—Ahora.
Mira a Olivia, que ya se está apartando de su abrazo, pero ella no se va. Empieza a seguirnos. Cuando ambos la miramos expectantes, ella se encoge de hombros.
—Cualquier cosa que le puedas decir a mi marido, la puedes decir delante de mí. —Cruza los brazos sobre su barriga—. Sobre todo porque estoy bastante segura de que ya sé de qué va esto.
—Vale, ella puede venir. —La necesitaré para que este plan funcione, de todas formas.
Nos alejamos de la pista de baile y buscamos un lugar tranquilo cerca de la barra. Antes de que pueda siquiera abrir la boca, Mike se lanza.
—Mira, lo siento por no haberte dicho que Honey se ha estado quedando con nosotros, pero Olivia me amenazó con cortarme el grifo con el sexo y, con sus hormonas de embarazada poniéndola cachonda, no habría acabado...
Olivia le golpea en el pecho. —Oye. No culpes a mis hormonas cuando tú no puedes pasar ni un día sin mojar.
—Cariño...
Pongo una mueca de disgusto, levantando ambas manos. —Chicos. Esto es demasiada información. Por favor. —Tomo aire—. No os he traído aquí para preguntaros por eso. Ya sabía que estaba con vosotros.
—¿Qué? —pregunta Mike.
—¡¿Cómo?! —pregunta Olivia más fuerte.
—Si tenéis que saberlo, a Honey se le olvidó desactivar el compartir ubicación. Sé exactamente dónde está desde que se fue.
—Oh, Dios mío. Realmente eres un acosador. —Olivia niega con la cabeza—. Y yo todo este tiempo defendiéndote.
—No la he acosado. Solo he comprobado su ubicación de vez en cuando. —Miro a Mike—. Aunque el hecho de que no me lo dijeras rompió todos los códigos de colegas que existen, me alegra que estuviera con vosotros y no con sus padres. Pero no os he traído aquí por eso.
Centro mi atención en Olivia. —¿Te vas mañana de crucero con mi futura esposa?
—Ay, joder —dice Mike.
—Sí. Ay, joder , es la palabra.
Mike suspira. —En primer lugar, no es tu futura esposa. Rompisteis hace más de un año.
—Detalles. —Le aparto la mano de la cara con desdén.
—En segundo lugar —añade Olivia—, quería ir a este crucero para alejarse de todo. Por eso no se lo dijimos a nadie.
—¿Por «todo» te refieres a mí?
Con los brazos cruzados, se encoge de hombros sin disculparse. —Si te sientes aludido...
—Sabes que no es así, Olivia. —Le sostengo la mirada—. Honey ha estado miserable desde que cortamos. Al igual que yo.
Olivia se yergue y mira a Mike. La conozco lo suficiente para saber cuándo se siente incómoda.
—No quiero disgustar a Honey. Nunca he querido, pero después de esta noche, no tengo ninguna garantía de cuándo volveré a verla.
Me mudo a Georgia. Ella... no sé adónde va a ir.
Lo único que sé es que esta podría ser mi única oportunidad de llegar hasta ella antes de que sea demasiado tarde y haga una estupidez como salir con un jugador de hockey.
—Chris es un gran tipo —dice Olivia.
—Yo soy mejor.
Frunce los labios, no queriendo responderme. Está bien. Eso solo significa que sabe que tengo razón.
—También soy definitivamente mejor para Honey. Ayúdame a demostrárselo.
Me acerco más. —Necesito tu ayuda.
No parece convencida, pero después de una larga pausa, suspira. —Tienes dos minutos para convencerme, Evans.
Sonrío. —Cielo, no tienes ni idea de lo que puedo hacer en dos minutos.