6. Capítulo 6
Zach
M e dejo caer en el sillón reclinable con mi iPad en equilibrio sobre el muslo y un vaso de agua al lado.
Estoy agotado. La pantalla me devuelve el resplandor, obligándome a entrecerrar los ojos mientras reproduzco los vídeos que se suponía que debía ver ayer.
No los toqué entonces; Honey tenía toda mi atención, y no me arrepiento ni un segundo.
Por fin ha aceptado venir a casa, lo que significa que la Operación: Honey, he reducido la distancia por fin puede ponerse en marcha. Está a punto de decir que sí, lo noto. Por eso le puse una llave en la mano después del tercer orgasmo de anoche. Es solo un pequeño incentivo.
Quiero darle acceso sin filtros a mi vida, porque eso es exactamente lo que quiero de ella, y aunque estoy exhausto y apenas puedo mantener los ojos abiertos, la idea de tenerla aquí todos los días, feliz y asentada, hace que valga la pena.
Las notas del entrenador Summers brillan en la pantalla con letras de un rojo furioso: EVANS — VIGILA TU JUEGO DE PIES EN LAS JUGADAS DE OPCIÓN. DEMASIADO PREDECIBLE EN LAS ENTREGAS DE BALÓN.
Rebobino el clip de nuevo, observando el tercer cuarto contra Southern Collegiate.
Más concretamente, la lectura de opción que debería haber ido a Sebi pero que de alguna manera fue interceptada.
Ahí estaba: mi pie izquierdo señalando exactamente a donde iba a lanzar, telegrafiando la jugada antes de que ocurriera.
Error de novato. Maldita sea. Ese es el tipo de mierda que no hago desde el instituto.
Empieza otro clip. Cuarta y dos contra Rome U. TOMA DE DECISIONES DEMASIADO LENTA. REESE ESTUVO ABIERTO DURANTE 3 SEGUNDOS COMPLETOS.
Hago una mueca al verme dudar, estando a punto de sufrir un sack antes de forzar un pase a Dax que resultó incompleto. El entrenador tenía razón; Reese había estado totalmente desmarcado en la ruta cruzada. ¿Cómo demonios se me pasó eso?
Como si no tuviera suficiente en lo que concentrarme, las notificaciones parpadean en la parte superior de mi pantalla. Nuevos mensajes. Textos, correos, mensajes directos. Son las dos de la mañana y el mundo sigue sin ser capaz de dejarme en paz.
Apretando los dientes, reprimo el impulso de lanzar el iPad al otro lado de la habitación.
No por los mensajes. Puedo lidiar con ellos.
Es solo que no creo que Honey pueda, y eso es lo que realmente me está carcomiendo.
Saber que la vida que quiero podría estar erosionando poco a poco la única cosa que necesito.
A ella... a nosotros .
Deslizo la barra de notificaciones hacia abajo, borrándolas, cuando aparece un recordatorio de cita.
Martes 15:00: ver a Hailey
Lo descarto con el pulgar. Como si pudiera olvidarlo.
Luego reviso mis correos electrónicos, deteniéndome al ver el nombre de mi madre en la cabecera de un mensaje. Su nombre es suficiente para que preste atención porque sé que esto no va de fútbol. Va de Connecticut y de la bomba de relojería conocida como Ella y Tiff allá en casa.
Abro el mensaje y lo leo rápidamente, con la mandíbula tensándose a cada línea.
Zach:
Ha llamado el abogado de Tiff. Los Nick están presionando para que la vista por la custodia total sea el mes que viene en lugar de en junio. Alegan «circunstancias de emergencia».
Llamame cuando puedas.
Te quiero,
Mamá
Se me encoge el estómago de solo pensar en Tiff. Se suponía que ya debería estar aquí. Ese era el plan. El sueño... pero los sueños son para gente que puede permitírselos, y ahora mismo nos enfrentamos a un maldito ejército con bolsillos sin fondo y sin conciencia.
La familia Nick quiere enterrarla en los tribunales hasta que se quede sin dinero y haya renunciado por escrito a cualquier derecho que Ella tenga siquiera de saber quién es su padre.
No pasará. No es posible. Aun así, las preguntas se desbocan, haciendo que sea imposible desconectar la mente.
¿Y si ya han comprado al juez?
¿Y si se quedan con Ella?
¿Y si todo lo que intento construir se viene abajo?
La familia de Jamie es implacable y está lista para ir a la guerra por esto, pero hago lo posible por sacudirme esos pensamientos de la cabeza. Si quiero funcionar y creer que tenemos una oportunidad real de ayudar a Ella, entonces necesito creer que tenemos una oportunidad justa.
Abro el documento que mi madre ha adjuntado y leo las notas, mordiéndome el labio inferior. Adiós a ver esas jugadas y dormir una hora antes de que Honey se despierte. Ahora voy a pasar el tiempo que tengo leyendo estos papeles, buscando algún resquicio legal.
Tiene que haber una manera de sacar a Tiff de Connecticut y traerla aquí con nosotros a Indiana. No puede estar atrapada en casa de mis padres porque un gilipollas quiera castigarla por sus errores.
Sus errores.
Joder. No quería decir eso. Ella no es un error. Es lo mejor que le ha pasado a mi familia.
Intento leer durante otros diez minutos antes de dejar caer el iPad en mi regazo con un suspiro.
Tengo el cerebro frito, y cada intento de dar con una solución solo empeora las cosas.Me levanto, me sirvo una taza grande de café y vuelvo al sillón.
Entonces, por fin, abro el chat de grupo del equipo que he ignorado desde que traje a Honey a casa.
Dax: @Zach, ¿has visto las notas del entrenador sobre el partido de SoCol? Te está dando caña con lo de las lecturas de opción.
Sebi: Sí, Evans, tal vez intenta mirarme a mí de vez en cuando en lugar de solo a Reese y Dax. Me estoy poniendo celoso por aquí.
Mason: Tenemos que repetir esos ejercicios de opción mañana. Estoy libre a las 6:00 si alguien más se toma en serio lo de arreglar esto.
Reese: Dadle un respiro. Honey por fin ha aceptado ver su casa. Mañana nos ponemos al día con eso.
Sebi: ¡UUUUUUHHHHH!
Dax: ¿Estás pillando cacho, Evans? ¿Por eso nos ignoras?
Mason: ¿Podemos centrarnos, por favor, en el hecho de que vienen ojeadores la semana que viene y no en si se le está mojando la polla a nuestro quarterback?
Sebi: Mason, eres literalmente la versión humana de un aguafiestas.
El último mensaje llegó hace cuatro horas y, conociéndolos, probablemente estén todos dormidos, soñando plácidamente con arreglar las malditas jugadas de opción.
Mientras tanto, yo estoy aquí, asegurándome de que mi prima no pierda a su hija a manos de un grupo de gente que no ve en ella más que un problema de relaciones públicas.
Ah, y no olvidemos proteger a mi novia de unos fans rabiosos que aprovechan cada oportunidad para minar cada una de sus inseguridades.
Volviendo a las imágenes del partido, intento concentrarme en el patrón de cruce que me ha estado dando problemas todo el fin de semana.
La nota del entrenador en el vídeo es tajante, como de costumbre: PROBLEMA DE COORDINACIÓN ENTRE EVANS Y DAX. ARREGLAD ESTO O OS QUEDÁIS EN EL BANQUILLO.
Tal vez Mason tenga razón. Tal vez sí necesitemos esas repeticiones extra. Pero la idea de dejar a Honey sola por la mañana después de haber conseguido finalmente que venga no me parece bien.
Vuelvo a mis mensajes y mi pulgar se queda suspendido sobre el chat de grupo.
Debería contestarles. Se merecen al menos una respuesta sobre el entrenamiento extra, pero mi mente está demasiado dispersa entre la crisis de Tiff y Honey durmiendo en el piso de arriba como para centrarme en rutas de opción y patrones de coordinación.
Aparece un mensaje nuevo. Reese.
Reese: ¿Estás despierto? Acabo de ver que has leído los mensajes. ¿Todo bien?
Maldito Reese. Debería haber sabido que ese capullo insomne estaba despierto y merodeando por el chat de grupo como si fuera su único pasatiempo.
Zach: Sí. Mirando las notas del entrenador. Tienes razón con las repeticiones extra. ¿Qué tal a las 7:30 en lugar de a las 6:00? Necesito asegurarme de que Honey esté bien primero.
Su respuesta llega al instante.
Reese: A las 7:30 me va bien. Tráetela si quieres. Siempre es bienvenida.
Suelto una carcajada porque, aunque Reese esté perpetuamente soltero, lo entiende. Sabe que Honey es mi todo de una manera que los demás no captan. Para mí es más importante que nada de esto porque, en última instancia, sé que ella es con quien volveré a casa cuando todo esto termine.
Ojalá ella también lo entendiera. Ojalá Olivia estuviera aquí.
Ojalá tuviera una amiga leal con la que pudiera hablar de cualquier cosa, porque a veces siento que nunca podré ser suficiente.
Claro, ella restará importancia a lo mal que están las cosas con la gente de aquí, pero quiero que tenga a alguien con quien desahogarse.
Alguien que no piense que se está rompiendo cuando se queja.
Pensar en cómo se le iluminó la cara cuando mencionó que esa chica, Jenni, dio la cara por ella, me dio un rayo de esperanza de que tal vez, por fin , está empezando a creer que no tiene que luchar contra este lugar sola.
Tal vez si ve eso y se siente cómoda caminando por el campus sin una diana en la espalda, se sienta más cómoda con la atención que recibe por mi culpa.
—¿Zach? —Su tono bajo y somnoliento corta el ruido en mi cabeza y es capaz de mejorar cualquier cosa. Honey, igual que su nombre, es un elixir que calma mi alma con su mera presencia.
Miro hacia arriba y allí está ella.
Descalza, con el pelo revuelto, ahogándose en mi camiseta de South Point Prep.
Y joder. Mi polla se agita como si tuviera mente propia porque ella ni siquiera tiene que intentarlo. La mera existencia de Honey es suficiente para destrozarme.
—Cásate conmigo —susurro, sin siquiera pensarlo mientras dejo el iPad sobre la mesa de centro.
Ella pone los ojos en blanco, pero su sonrisa ya se está formando. Eso sigue sin ser un no. Su cuerpo encaja perfectamente contra el mío mientras se deja caer en mi regazo como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar. Porque así es.
Ojalá ella lo viera.
La agarro por las caderas para recolocarla, inclinándola para que su culo perfecto no descanse directamente sobre mi polla, que ya está semirrígida, porque la última vez que me puse duro solo de mirarla , amenazó con dormir en una cama distinta. No es que cumpliera su amenaza.