Territorio compartido (Serie Ciencia Salvaje 2) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

generación tras generación, en la misma clase de cuidado meticuloso que ella había llegado a admirar tanto en su trabajo.

—¿Extrañas guiar? —preguntó Briar, mientras caminaban un poco por detrás de Osric y Winnie, que discutían animadamente sobre la ruta más adecuada de vuelta.

—Algunos días sí. Extraño la sensación de estar completamente presente en el terreno, sin ninguna pantalla de por medio.

Pero no extraño el peso de saber que un error mío podía costarle la vida a alguien más.

Con lo que hago ahora, los errores tienen consecuencias, claro, pero no de esa manera tan directa e inmediata.

—Es un tipo distinto de responsabilidad.

—Exacto. Y descubrí que necesitaba ese cambio, aunque me costara admitirlo durante bastante tiempo.

Se detuvieron un momento en la cima de la colina, compartiendo el termo de chocolate que Winnie había insistido en llevar, mientras el valle entero se extendía debajo de ellos en un silencio blanco interrumpido solo por el graznido ocasional de algún cuervo sobrevolando los pinos.

—Gracias por traerme aquí —dijo Briar, apoyando la cabeza contra el hombro de Ambrose mientras contemplaban juntos el paisaje—. Entiendo mucho mejor quién eres, viendo de dónde vienes.

—Y yo entiendo mucho mejor por qué defiendes con tanta pasión ese trabajo tuyo, después de conocer a tu padre y ver cómo creciste discutiendo sobre estos mismos temas en tu propia mesa familiar, aunque en un contexto distinto.

—Somos dos personas bastante afortunadas, ¿no crees? Por haber crecido en familias que, a su manera, nos prepararon exactamente para el trabajo que terminamos eligiendo.

—Afortunadas, sí. Y ahora, además, con la suerte añadida de habernos encontrado el uno al otro en mitad de todo eso.

Bajaron de vuelta hacia la casa cuando el sol empezó a inclinarse hacia el mediodía, con las mejillas rojas por el frío y el estómago pidiendo a gritos el almuerzo que Winnie ya había prometido, y Briar sintió, mientras caminaba junto a Ambrose por la nieve compactada,

una gratitud profunda por aquellos días compartidos en Idaho, por la bienvenida cálida de una familia que apenas conocía y que, sin embargo, ya empezaba a sentir, de un modo que la sorprendía gratamente, como una extensión natural de la propia.

• • •

Esa noche, después de la caminata con raquetas y la cena abundante que Winnie había preparado como celebración de su primer día completo en la casa, Briar y Ambrose se retiraron temprano a la habitación de invitados del piso superior,

un cuarto pequeño bajo el tejado inclinado con una ventana que daba directamente hacia el bosque nevado y una cama cubierta de mantas gruesas que Winnie había apilado, según explicó ella misma, "por si acaso el frío decidía ponerse serio durante la noche".

—Tu familia es maravillosa —dijo Briar, sentándose en el borde de la cama mientras se quitaba las botas, todavía con las mejillas sonrosadas por el frío de la caminata—. Entiendo mucho mejor de dónde sacas esa mezcla tuya de terquedad y ternura.

—Mi madre dice que soy la versión ablandada de mi padre. Él dice que soy la versión con menos sentido común, aunque lo dice con cariño.

—Creo que las dos versiones son ciertas a la vez.

Ambrose se acercó, quitándole con cuidado el gorro de lana que todavía llevaba puesto, revelando el pelo alborotado por el estático del frío, y la miró con una expresión que Briar reconocía ya como la que precedía, invariablemente, a algo mucho más íntimo que una simple conversación sobre familias.

—¿Sabes lo que más me ha gustado de hoy? —preguntó él, sentándose junto a ella en el borde de la cama.

—¿Qué?

—Verte encajar aquí con tanta naturalidad. Con mis padres, con esta casa, con este paisaje que llevo toda la vida considerando parte de quien soy. No esperaba que se sintiera tan fácil.

—Yo tampoco lo esperaba, la verdad. Pero se siente completamente natural.

Se besaron despacio, con la calidez residual del fuego de la chimenea que ardía en el piso de abajo subiendo apenas por las tablas del suelo, y Briar sintió que la ternura del día entero —la bienvenida de Winnie, la aceptación gradual de Osric,

el paisaje compartido de la infancia de Ambrose— se transformaba, poco a poco, en algo más urgente, más físico, mientras las manos de él encontraban los botones de su camisa con una lentitud deliberada que contrastaba con la avidez creciente de sus besos.

—Tus padres están justo en el piso de abajo —murmuró Briar, entre risas bajas, aunque sin ninguna intención real de detener lo que estaba empezando.

—Mi padre tiene el sueño más pesado de todo el estado de Idaho. Y mi madre, después de cuarenta años de matrimonio, ha desarrollado una habilidad casi sobrenatural para no escuchar absolutamente nada que no quiera escuchar.

—Eso es información extremadamente específica.

—Créeme, es relevante en este momento concreto.

Hicieron el amor despacio esa noche, con el cuidado silencioso que exigía la casa ajena y la ternura acumulada de todo un día compartido entre familia y paisajes nevados, la luz de la luna entrando plateada por la ventana pequeña del tejado inclinado,

iluminando apenas los contornos de la piel desnuda y las sábanas revueltas mientras fuera, el bosque entero permanecía en el silencio profundo de una noche de invierno sin viento.

Después, tumbados bajo el peso reconfortante de las mantas apiladas, con la respiración todavía irregular calmándose poco a poco entre los dos, Briar apoyó la cabeza sobre el pecho de Ambrose, escuchando el latido constante de su corazón bajo la oreja,

mientras él le trazaba círculos despacio sobre la espalda desnuda con una mano.

—¿Sabes qué? —dijo él, en voz baja, casi como si hablara más para sí mismo que para ella—. Creo que ya sé, con completa certeza, cómo quiero llamar a esto.

—¿Ah, sí?

—Sí. Pero sigo pensando que el momento adecuado no es aquí, en la casa de mis padres, con mi madre probablemente despierta abajo horneando algo a estas horas.

Briar se rio contra su piel, sintiendo la vibración de su propia risa mezclarse con el latido tranquilo bajo su oreja. —Vas a hacerme esperar mucho tiempo con esto, ¿verdad?

—El tiempo justo. Ni un día más, ni un día menos.

—Eres exasperante.

—Y aun así, aquí sigues.

—Aquí sigo —confirmó Briar, cerrando los ojos con una sonrisa que no consiguió borrar del todo, dejándose llevar poco a poco hacia el sueño mientras fuera, la nieve seguía cayendo despacio sobre el bosque silencioso de Idaho, envolviendo la casa entera en la clase de paz profunda que solo llegaba,

pensó justo antes de dormirse del todo, cuando por fin se encontraba exactamente el lugar y la persona correctos para quedarse.