27 Elle
ELLE
Esa tarde, entré en un bar de blues-rock a las afueras donde no había puesto un pie en mucho, mucho tiempo.
Era sábado, pero aún era temprano. Una banda estaba montando en el pequeño escenario de la esquina, solo unos pocos clientes —la mayoría hombres de aspecto duro— bebiendo en las mesas desperdigadas.
Una camarera limpiaba vasos y el camarero estaba preparándolo todo detrás de la barra.
Me senté en la barra, sola, notando miradas clavadas en mí.
Flynn se sentó en una mesa cercana.
Cuando el camarero se acercó, pedí un agua, y luego esperé. Ya me estaba preguntando si esto era una idea pésima. Pero a estas alturas, básicamente me había quedado sin ideas.
—Has tardado lo tuyo, cielo. —Una voz familiar llegó desde detrás de mí, y me giré para encontrarme a Jude acercándose—. Me preguntaba cuándo ibas a venir a llamar a mi puerta.
Se sentó en el taburete de al lado y le hizo una seña al camarero para que le pusiera una copa, mientras se limpiaba las manos manchadas de aceite de motor con un trapo. Había entrado por la puerta lateral, desde el taller de al lado, donde me había dicho que estaba trabajando en una de sus motos.
No me había pedido expresamente que viniera a verle aquí cuando le llamé, y yo no le dije que iba. Pero tampoco es que necesitara una invitación formal.
Me miró mientras yo bebía mi agua. Estaba nerviosa, recomponiéndome.
Con miedo de tener otro ataque como el de la iglesia, que él había presenciado, junto con todos los demás.
Estaba decidida a aguantar esta conversación sin echarme a llorar ni vomitar otra vez.
El resultado fue que me había ido completamente al otro extremo…
y me había puesto en modo reina de hielo.
Quizá Jude lo notó, porque se rio por lo bajo.
Rechacé la copa que me ofreció cuando el camarero le trajo la suya. Estaba bastante segura de que estaba embarazada, y solo pensar en alcohol me revolvía las tripas. El olor del sitio no ayudaba.
—Siempre te has llevado bien con Seth —dije, una vez que el camarero nos dejó solos, en un tono ligeramente acusatorio—. ¿No puedes hablar con Jesse y Brody?
—No —dijo simplemente, y cogió su copa—. Seth te mola, ¿es eso? —Dio un sorbo a su whisky y añadió—: ¿Confías en que está limpio? ¿Y en que va a seguir así?
—Sí —dije—. ¿Y tú?
—Sí —dijo—. Pero los adictos pueden decepcionarte.
Se me revolvió el estómago. Eran las náuseas del embarazo, las náuseas de todo el puto día, me dije, mientras intentaba ignorar la advertencia en sus palabras.
—Sé que hubo más de lo que tú crees que yo sé —presioné, y eso pareció captar toda su atención.
Dejó la copa y clavó sus ojos oscuros en mí—.
Cuando Seth fue echado de la banda, tú y Brody ibais con el «dejad que nos encarguemos nosotros».
Yo era joven e ingenua y todo me superaba.
La fama repentina, los medios, las giras.
Apenas podía mantener la cabeza en su sitio, así que confié en vosotros para que os ocuparais. Y quizá no debería haberlo hecho.
—¿En qué sentido?
—En el sentido de que todos le jodisteis desde el principio. Los contratos eran injustos, y lo sabéis todos. Todos nos llevamos nuestra parte del pastel menos Seth.
Era verdad. Y sabía que Jude estuvo muy metido en esas decisiones.
Brody siempre había sido el manager de Dirty, pero cuando se trataba de proteger a la banda, Brody no daba un paso sin consultar con Jude. Y a Seth siempre le habían tratado como una especie de riesgo para la seguridad.
—Seth entró en la banda el último —dijo Jude despacio—, y todos acordasteis que era un contratado. Sabíais lo que ponía en los contratos cuando los firmasteis.
—Sí, pero…
—Seth tenía problemas desde el principio y los tíos lo veían. Brody lo veía. Estaba protegiendo a la banda, protegiendo a Dirty, y esos erais tú, Jesse, Zane y Dylan. Seth no era miembro fundador.
—Ya, y cuando le echaron, yo también lo acepté.
Brody emitió nuestro comunicado oficial de que Seth había sido despedido por sus «problemas con las drogas».
Pero Zane estaba metido hasta el cuello en la botella por aquel entonces y nadie dijo ni una palabra de echarle.
A Seth le largaron, y a Zane le mandaron a rehabilitación.
¿Por qué? Y no me vengas con la mierda del «miembro fundador».
Jude no dijo nada, así que seguí.
—Asuntos de la banda, ¿no? No quisisteis explicármelo entonces, ¿por qué ibais a hacerlo ahora? —Negué con la cabeza, incrédula, cuando siguió sin darme nada—. Sabes que puedo poner a mis abogados con esto, ¿no? A escarbar. Puedo averiguar lo que sea que no queréis que yo —o Seth— sepa.
—Seth lo sabe —dijo Jude, atravesándome con su mirada oscura—. Seth sabe exactamente por qué le echaron de la banda. Y te lo diré una vez, Elle, tiene tanto que ver con asuntos del MC como con asuntos de la banda, lo que significa que no vamos a tener esta conversación.
Asuntos del MC; sabía lo que eso significaba.
Asuntos del motorcycle club.
O sea… ¿del club de moteros al que pertenecía Jude?
—¿Los Kings? —Me sorprendió la revelación, pero no me eché atrás—. Sí, vamos a tener esta conversación, sin ninguna duda, Jude.
Jude se limitó a reírse otra vez. —Cielo —dijo—. Sabes que no puedo hablar de asuntos del MC con nadie de fuera del MC, y tú no estás en el MC. Si quieres el parche, adelante, inténtalo, pero sin polla lo vas a tener jodidamente difícil.
—Puedo ir a Piper si tú no quieres hablar conmigo —dije.
La media sonrisa se le borró de la cara. —Si quieres amenazarme con mi propio hermano, pasar por encima de mí e ir a hablar con el vicepresidente de los putos West Coast Kings, cielo, adelante, inténtalo, a ver cómo te sale.
Podía verlo en sus ojos; no iba a dejar que lo intentara. Pero me estaba retando. Sabía que nunca lo haría.
Conocía a Piper, y Piper siempre había sido bastante majo conmigo, pero siendo totalmente sincera, el hermano mayor de Jude daba un miedo de la hostia. No querría cabrear a ese tío.
—Entonces dame algo, Jude. Por favor. —No estaba por encima de suplicarle en esto, y quizá se daba cuenta.
Quizá veía cuánto me importaba.
Aunque parecía impasible, finalmente ofreció: —Te diré esto. Seth Brothers es de los buenos.
—Entonces, ¿por qué no se lo dices a ellos? ¿Por qué no das la cara por él ante la banda?
—Porque no puedo. Y de todas formas no me corresponde a mí contar la historia.
¿Historia? ¿Qué puta historia?
—No necesito detalles, Jude. —Ahora estaba suplicando de verdad—. Solo necesito saber por qué es todo un puto secreto.
—Ya te he dicho por qué.
—El MC. —Me levanté para irme, asqueada de toda la puta mierda de club de tíos.
La banda. Y ahora el club de moteros.
Los tíos me habían dicho todos, a su manera, en alguna noche loca de gira u otra cuando se había liado parda y yo les había montado un numerito, que las mujeres estaban locas. Y quizá tenían razón. Yo desde luego era capaz de enajenación mental transitoria.
Pero los hombres… los hombres eran jodidamente ridículos. Cabezotas.
Tercos de cojones.
—Si no quieres hablar conmigo —le dije, con toda la calma que pude—, entonces voy a ir a Jesse. ¿Qué crees que va a decir cuando se entere de que estás ocultando mierda sobre Seth, y quizá también sobre Jessa, por tu puta lealtad a tu club de moteros?
—Elle. —Jude me agarró, su mano enorme apretada en mi antebrazo, y me apartó hacia un pasillo oscuro detrás de la barra. Flynn, mi guardaespaldas siempre alerta, por supuesto, no nos siguió; Jude era el jefe de Flynn. Cuando estuvimos solos, dijo—: No te conviene ir diciendo esas cosas aquí.
—¿Eso es una amenaza?
—Es una advertencia.
—Suéltame. —El corazón me iba a mil. No le tenía miedo a Jude, pero toda esta mierda de su club de moteros empezaba a acojonarme. Me sentía más vulnerable de lo normal, quizá, con este repentino e inesperado conocimiento de que muy posiblemente estaba embarazada, y no me gustaba sentirme así.
Quería largarme de allí.
—Eres una mujer lista, Elle —dijo Jude—.
No hagas el imbécil. —Me soltó el brazo, con suavidad.
Luego suspiró, profundamente irritado conmigo, y quizá un poco arrepentido—.
Y tienes razón. A Seth no le echaron exactamente de la banda por su adicción.
Sí y no. Lo único que puedo decirte aparte de eso es que la situación no fue exactamente lo que Jessa creyó ni lo que Brody y Jesse creen.
No me contó nada más, pero fue suficiente.
Suficiente para aferrarme a ello; la prueba de que tenía razón sobre Seth.
—Gracias —dije, con la voz suave y agradecida, y Jude asintió. Podía ver que le daba un poco de pena, y era obvio por qué.
Todos creían que conocían a Seth… pero yo conocía la verdad.
Conocía su corazón.
Y Jude también lo sabía.
Tenía razón; Seth era de los buenos.
Siempre lo había sido.
Seth quedó conmigo en mi casa, más tarde esa noche. Cuando le abrí la puerta, pasada la medianoche, me bastó una mirada a su cara para saber que no tenía que contarle lo que había pasado en la iglesia.
Ya lo sabía.
Quizá Zane o Jude o Dylan se lo habían contado. No lo sabía.
Daba igual.
Yo seguía sintiéndome fatal por todo. Fatal por mi conversación con Jude. O quizá eran solo las náuseas del embarazo que habían durado todo el puto día, aún llegando en oleadas paralizantes.
No quería hablar de ello, de nada de ello. Solo necesitaba sentir a Seth cerca.
Le cogí de la mano y le llevé arriba, a mi cama.
—Elle… —dijo una vez, dos veces, intentando hablar conmigo, pero le besé, desnudándole mientras le chupaba la boca sugerentemente, la lengua, hasta que se rindió.
No tardó mucho.
En cuestión de minutos estábamos desnudos en la cama.
Pero una vez que estuvo encima de mí y yo estaba más que lista para recibirle, se apartó, jadeando. —He oído lo que pasó en la iglesia. Los tíos… sé que no fue bien, Elle.
—No fue bien —admití—. Pero eso no significa que se haya acabado.
—Elle —dijo en voz baja pero con fuerza—, se ha acabado.
—No. Voy a hablar con los tíos otra vez, te lo prometo.