Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 26 Roni
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—Eh, tú. ¿Qué hora es?

Jude me miró, sin ninguna prisa en particular. —Es sábado —dijo—. ¿A quién coño le importa?

Estaba terminando de colgar la gran foto en blanco y negro sobre lienzo de él y Piper con su padre en la pared de mi salón.

Sonreí y fui a coger el móvil del bolso. —Solo quiero asegurarme de que me da tiempo suficiente a arreglarme. Vienes esta noche, ¿verdad?

—Sip. Voy a pasarme con Jesse y Katie para pillar el final de la actuación y recoger ese culo sexy. —Se echó hacia atrás y examinó su trabajo colgando cuadros—. ¿Te parece que está recto?

—Hmm. —Me puse a su lado y miré la foto, ladeando la cabeza en varios ángulos, valorando.

—¿Me estás vacilando?

Sonreí. —Está recto. Por fin. —Luego me puse de puntillas y le besé en la mejilla—. Buen trabajo.

—Tengo que decir que queda bien encima de tu sofá de señorita.

—Mi sofá de señorita es una antigüedad y, para tu información, es precioso.

—No está mal —dijo, sentándose en él para empezar a desembalar lo que parecían revistas de motos y puñados sueltos de papeleo que probablemente necesitaba organizar—. Podría ser más blando. Está tieso que flipas.

Simplemente sonreí y volví a lo que estaba haciendo: clavar chinchetas en un mapa de Norteamérica que ahora colgaba en la pared del comedor junto a mi escritorio.

Estaba contenta como unas pascuas de que Jude estuviera metiendo sus cosas en mi piso antes de irse de gira.

Había dejado su piso de alquiler, aparcado su coche en casa de Jesse y las motos en casa de Piper, dejado parte de sus muebles enormes de tío también en casa de Piper, y traído todas sus cosas personales aquí.

Lo que significaba que, incluso cuando él no estuviera aquí, sus cosas sí lo estarían… y yo sabría que iba a volver.

Me funcionaba de maravilla.

Además, podía abrir el armario y tocar su ropa, y oler su almizcle de hombre de bosque y derretirme y todo eso.

Yo me quedaba en Vancouver para trabajar; era optimista respecto a poder dejar mi trabajo de oficina pronto y centrarme en promocionar eventos.

Después del evento de Nochevieja, Summer y yo habíamos hablado de hacer un par de espectáculos en primavera, cuando ella volviera de una gira corta que iba a hacer por la costa.

Y tenía un evento bastante grande esta noche en el que ella iba a hacer una pequeña aparición sorpresa como invitada, lo que me tenía superemocionada.

En cuanto estuviera promocionando eventos para ella, se me abrirían más puertas.

Y entre todas las fiestas fabulosas que iba a organizar, visitaría a mi hombre en la carretera. Quizá incluso me lo llevara de clubes conmigo en algunas de las ciudades grandes, para coger ideas y hacer contactos.

—Simplemente voy a elegir los sitios adonde quiero ir y pasar de los demás —le dije—. ¿Fargo? No, gracias. Austin, sí, por favor… —Ya tenía el calendario de la gira clavado en la pared junto al mapa, con las fechas en las que planeaba unirme a él en la carretera resaltadas en rosa.

—No te culpo —dijo.

—Tres conciertos en New York… voy seguro a esos. —Me giré a mirarle, sentado en mi sofá de señorita bajo su foto—. Y mientras estés fuera, me quedaré mirando tu foto…

Me lanzó una mirada, levantando una ceja, y yo pestañeé coqueta. Sonrió a medias. —Sigo sin creerme que de verdad quieras eso aquí.

—¿El qué?

Señaló con el pulgar por encima del hombro hacia la foto gigante en blanco y negro.

—¿En serio? Es preciosa. —Di unos pasos más cerca, cruzándome de brazos mientras la contemplaba—. Mira qué mono eres, asomándote por detrás de la pierna de tu padre con tu maraña de pelo oscuro… y esos ojos… ¿Cuántos tenías, cuatro?

—Algo así.

—Eso hace que Piper tuviera, ¿qué, nueve o así?

—Sí.

Miré más de cerca al niño mayor de la foto, de pie junto a su padre con la barbilla bien alta. —Parece un pequeño cabroncete rubio.

—Lo era.

—Cabroncete rubio mono —murmuré—. La peor clase.

—Sip.

Me quedé mirando a los dos niños de la foto y a su padre guapo con su cazadora de cuero y vaqueros desgastados, el pelo rubio un poco revuelto por la brisa.

Las arrugas profundas alrededor de los ojos de tanto entornarlos al sol.

Piper se parecía mucho a él, incluso a los nueve años. —¿En qué coño estaba yo pensando?

—¿Eh?

—Ya sabes. Cuando estaba tan prendada de tu hermano. Debió de seducirme toda esa actitud de malote. O sea, tenía una cicatriz en la cara. No creo que mis hormonas pudieran ver más allá de eso cuando era adolescente.

—Ya.

—En serio. Tú siempre fuiste mucho más guapo que él.

—Me he pasado la vida a la sombra de Pipe. ¿Crees que no sé cuál es mi sitio?

—Tu sitio es a mi lado.

Dejó de ordenar sus papeles y se levantó, caminó hasta mí y me besó por eso.

Le rodeé con mis brazos y él hizo lo mismo conmigo. —Eres mi hermano Grayson favorito con diferencia —le dije, mirándole a los ojos—. Siempre lo fuiste. No lo olvides nunca.

—¿Siempre?

—Siempre.

—¿Y tu lista sexual de objetivos?

Se me cayó la mandíbula. —¿Sabes de eso?

—Yo lo sé todo, cariño.

—Ya. Bueno. Le deseaba de lejos. No es lo mismo. Cuando me acerqué, Piper no fue muy amable conmigo, Jude.

—No te respetó.

—Ni de coña.

—¿Sabes…? —Se inclinó, rozándome los labios con los suyos—. Le partí la boca por eso. Cuando me enteré de lo que te hizo en aquella fiesta.

Madre mía. Eso me pilló por sorpresa.

Sabía lo unidos que estaban Jude y su hermano. Ben solía mencionarlo; lo mucho que le fastidiaba a Piper que Jude estuviera siempre de gira con el grupo.

—¿Le pegaste?

—Habría hecho algo peor, pero solo pude meterle un golpe. Era más grande que yo. Siempre lo ha sido.

—Pero tú tienes el corazón más grande. Y, francamente, la polla más grande. Por lo que recuerdo. Aunque, para ser justa, nunca llegué a intimar tanto con la suya…

—Ahórrame los detalles o le parto la boca otra vez la próxima vez que le vea.

—Ay, cielo. —Me estiré y le besé de nuevo—. ¿No lo sabes? Las mujeres siempre prefieren al hermano con la polla más grande.

Gruñó. —A las mujeres les gustan los rubios peligrosos.

Claro. Rubios y peligrosos.

Piper. Zane. Taze.

Todos los tíos con los que me había acostado cuando debería haberme acostado con él.

Y quizá por primera vez estaba empezando a entender de verdad hasta qué punto era ese un tema sensible. Que quizá Jude siempre se había sentido a la sombra de su hermano de alguna forma.

Estar a la sombra de Dirty tampoco debió de ayudar mucho a disipar esa sensación a lo largo de los años.

Jude Grayson tenía fuerza, confianza y carisma; esas eran tres de las cosas que siempre me habían atraído más de él. Pero era humano. Estaba lleno de contradicciones, debilidades e inseguridades, como cualquiera.

Era un hombre que una vez se permitió empezar a enamorarse de una chica que creyó que había elegido a su hermano en vez de a él. Un hermano al que quería y admiraba, lo cual probablemente lo hacía peor.

—A las mujeres también les gustan los morenos y misteriosos —le dije. Le pasé la mano por el costado de la cara, sobre su barba suave, mirándole a los ojos oscuros.

—Cierto. Estoy bastante seguro de que Jesse moja de vez en cuando.

—A las mujeres les gusta la devoción —le dije, con total seriedad—. A las mujeres les gusta el respeto. A las mujeres les gusta que las quieran.

Se le suavizó la mirada mientras contemplaba mis labios. —¿Ah, sí?

—A las mujeres les gustan los hombres que las hacen sentir como la única mujer del mundo.

—Mmm. —Me fue empujando despacio hacia atrás hasta que choqué contra mi escritorio—. Creo que todavía no te he respetado encima de este escritorio —murmuró, rozándome los labios con los suyos otra vez… y enviándome un escalofrío de deseo por todo el cuerpo, tan intenso.

Luego me rodeó la nuca con la mano y me atrajo hacia él para un beso que me curvó los dedos de los pies… mientras su otra mano recorría mi cuerpo y empezaba a quitarme la ropa…

Y me hizo sentir como la única mujer del mundo, como solo él sabía hacer.