Sígueme el juego (Desastres 4) 27
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Davis

E

l sol se está poniendo sobre el campo de entrenamiento, tinendo el cielo de tonos naranja y púrpura.

El aire es fresco, y el aroma del césped recién cortado se mezcla con el sudor de la práctica.

Salgo del campo, agotado pero satisfecho.

El entrenamiento ha sido intenso, y a pesar de las risas y el companerismo entre mis companeros, mi mente no puede dejar de pensar en lo que sucedió después de que Riley me entregara su diario.

Me dirijo hacia la sala de duchas, mis músculos todavía zumbando de la actividad.

Pero en lugar de enfocarme en los comentarios de mis companeros sobre el próximo partido, mi mente se aferra a la imagen de Riley y el mensaje que me envió.

La vulnerabilidad que mostró al darme su diario me hizo darme cuenta de lo mucho que realmente importa para ella.

La relación comenzó como una farsa, un intento de proteger mi imagen y ayudarla a salir de su situación, pero ahora se ha convertido en algo más complicado.

Mientras me ducho, las gotas de agua caliente caen sobre mí como una cortina, pero no logran borrar la preocupación que se ha arraigado en mi mente.

¿Qué debo hacer? ¿Debería arriesgarme y abrirme a ella?

O, por el contrario, ¿debería mantener la distancia y protegerme a mí mismo?

Mis pensamientos se entrelazan, cada uno empujándome en direcciones opuestas.

Finalmente, me visto y salgo del vestuario.

El bullicio del equipo todavía resuena en el aire mientras los chicos bromean y celebran.

A medida que camino hacia la salida, veo a Travis, el capitán del equipo, conversando con algunos companeros.

Cuando me ve, se acerca a mí con una sonrisa amplia, como siempre, y su energía es contagiosa.

—¡Oye, Texano! —grita Travis, dando un par de palmadas en mi espalda—. ¿Qué ha pasado ahí dentro hoy?

—Solo un mal día —respondo, tratando de mantener el tono ligero, pero en mi interior siento un torbellino de emociones.

Travis me observa con curiosidad, su mirada entrecerrada revelando que sabe que algo me preocupa.

—¿Qué pasa? No pareces tan entusiasta como de costumbre.

A pesar de mi deseo de mantener mis sentimientos para mí, no puedo evitar soltar una pequena risa.

—Solo pensando en algunas cosas.

—¿Te refieres a esa chica? —Travis pregunta, bajando la voz para que solo yo lo escuche. La preocupación en su tono es evidente, y no puedo evitar sentirme un poco expuesto.

—Riley es… diferente. —Mi voz se tambalea, pero la verdad es que no sé cómo explicarle la conexión que siento con ella—. No sé qué hacer.

Travis se apoya en una de las taquillas, cruzando los brazos, como si estuviera preparado para darme una lección.

—Mira, hombre, lo que tienes con Riley no es algo que debas tomar a la ligera. A veces, el miedo nos paraliza, pero si realmente te importa, arriesgarte es lo mejor que puedes hacer.

Sus palabras me golpean. ¿Arriesgarme? La idea de abrirme a Riley me aterra, pero también hay una chispa de emoción en el desafío. Me doy cuenta de que he estado escondiéndome detrás de mis miedos, utilizando la excusa de que esto es solo un juego.

—No es tan fácil como parece, lo nuestro no es lo que crees —murmuro, recordando la mirada de Riley cuando se enfrentó a la presión de ser vista como mi «novia».

Travis asiente, comprensivo.

—Lo sé, no soy estúpido y he sido como tu, Davis. Riley es diferente a todas la chicas con las que has estado y me hago una idea de que esto no empezó de la manera en la que tu hubieras querido, pero tienes que fijarte en el resultado final, ese es el que importa de verdad.

Mientras sus palabras resuenan en mi mente, siento que la determinación comienza a crecer. Tal vez tenga razón. Si realmente quiero explorar lo que hay entre Riley y yo, debo dejar de lado mis inseguridades y actuar.

—¿Y si no responde como espero? —pregunto, sintiendo que el miedo se asoma una vez más—. ¿Y si al final he metido la pata?

—No lo sabrás a menos que lo intentes —replica Travis con una sonrisa confiada—. Confía en tus instintos, hermano. Si no te arriesgas, nunca sabrás lo que podría haber sido. A veces, la única forma de avanzar es dar el primer paso.

Con eso en mente, me despido de Travis y salgo del vestuario, sintiendo que he tomado una decisión. Tal vez sea el día en que finalmente enfrente a Riley y le hable sobre lo que siento. Este momento de conexión y reflexión me ha dado la motivación que necesito.

A medida que dejo el complejo de entrenamiento, el sol se pone en el horizonte, iluminando mi camino. Estoy decidido a dar ese paso hacia adelante y no dejar que el miedo me detenga. Tal vez, solo tal vez, sea el comienzo de algo hermoso.

Sintiéndome más ligero, como si el peso de mis inseguridades hubiera disminuido, aunque no del todo.

La conversación con Travis ha encendido una chispa de determinación en mí, pero la verdad es que el miedo todavía está presente.

Me dirijo a mi coche, pero en lugar de encender el motor de inmediato, tomo un momento para respirar y procesar lo que he decidido.

El sol se ha puesto, y el cielo ahora está salpicado de estrellas.

Mientras miro hacia el horizonte, me acuerdo del mensaje de Riley que aún está en mi teléfono, esperando ser respondido.

La ansiedad se mezcla con la emoción mientras busco el mensaje en mi bandeja de entrada.

Las palabras que ella escribió me golpean una vez más, llenas de vulnerabilidad y honestidad.

«Hola, Dean. Sé que ha pasado un tiempo desde que nos vimos y he estado pensando mucho en ti. Quiero ser honesta contigo. Entregarte mi diario fue un gran paso para mí, y aunque estoy asustada, siento que necesitamos hablar. No importa lo que pase, quiero que sepas que estoy aquí».

Me detengo a pensar en lo que ha compartido.

El simple hecho de que haya tenido el valor de abrirse a mí me hace sentir que realmente le importa, y me doy cuenta de que no puedo seguir ignorando esto.

Mis dudas y temores no deberían dictar mi decisión.

Ella ha sido valiente, y es hora de que yo también lo sea.

Con la determinación creciendo dentro de mí, comienzo a escribir mi respuesta:

«Hola, Riley. Gracias por tu mensaje. He estado pensando mucho en ti también. Lamento no haber respondido antes. Necesito que sepas que lo que compartiste conmigo significa mucho y me gustaría hablar contigo. ¿Te gustaría quedar manana?».

Mientras escribo, cada palabra se siente liberadora.

Finalmente, estoy tomando una decisión. La idea de ver a Riley nuevamente me provoca una mezcla de nerviosismo y emoción, pero es un riesgo que estoy dispuesto a asumir.

Presiono el botón de enviar y el mensaje se marcha, dejando atrás una parte de mi indecisión.

Con el teléfono aún en la mano, decido que no puedo quedarme aquí esperando a que me responda. Quiero ver a Riley, quiero escuchar su voz y, sobre todo, quiero ser honesto con ella sobre lo que siento. Siento que he dejado pasar demasiado tiempo.

Subo al coche y arranco el motor, sintiendo cómo el ruido del motor me ancla a la realidad.

Mientras conduzco, mi mente se llena de imágenes de Riley: su sonrisa, su risa, la forma en que se ruboriza cuando está nerviosa.

La conexión que hemos compartido, aunque haya comenzado como una farsa, se ha transformado en algo más significativo.

Decido que, independientemente de lo que suceda, tengo que enfrentar mis sentimientos.

El viaje hacia su apartamento se siente como un impulso de adrenalina, cada giro y cada calle me acerca a la posibilidad de un nuevo comienzo.

Tal vez este sea el momento en que finalmente podamos dejar atrás nuestras inseguridades y abrazar lo que realmente sentimos el uno por el otro.

Al llegar a su edificio, el nerviosismo vuelve a apoderarse de mí. Tomo una respiración profunda y me recuerdo a mí mismo que esto es lo que he estado esperando. Salgo del coche y me dirijo hacia la entrada, sintiendo que cada paso me acerca más a Riley y a la posibilidad de un futuro juntos.

El aire es fresco y cargado de expectativas mientras me acerco a la puerta del apartamento de Julie.

La luz de la farola cercana se filtra a través de las ventanas, proyectando sombras alargadas en el pasillo.

Con cada paso que doy, siento que mi corazón late más rápido.

Estoy a punto de dar un paso decisivo en mi vida, y la adrenalina me empuja hacia adelante.

Al llegar a la puerta, hago una pausa, inhalando profundamente.

No puedo evitar sentir un escalofrío de nerviosismo recorrerme, pero estoy decidido.

Golpeo la puerta con un puno firme, el sonido resonando en el silencio de la noche.

Espero unos segundos, pero no hay respuesta.

Una sensación de incertidumbre me invade.

—¿Riley? —llamo, mi voz mezcla de esperanza y ansiedad—. Soy yo, Dean.

Un silencio pesado me rodea, y mi mente empieza a divagar. Quizás no está aquí. Quizás esto fue un error. Pero justo cuando estoy a punto de darme la vuelta, escucho un suave ruido proveniente de la puerta del lado, la de Julie.

La manija gira, y la puerta se abre lentamente, revelando a Julie con una expresión serena.

—¡Oh, Dean! No esperaba verte. —Su tono es cálido, pero también hay un aire de misterio en su mirada.

—Hola, Julie. ¿Está Riley aquí? —pregunto, sintiéndome un poco más esperanzado al verla. Pero en el fondo, una pequena parte de mí teme que la respuesta sea negativa.

Julie me observa, y puedo ver en sus ojos que está evaluando la situación.

—Riley... está en casa, pero no sé si quiere ver a alguien en este momento. Ha estado pasando por muchas cosas.

Mis pensamientos se agitan.

—¿Por qué? ¿Está bien?

Ella se toma un momento para pensar.

—Ha estado reflexionando. A veces, eso puede ser difícil de manejar.

El corazón se me acelera, recordando la conversación que tuve con Travis. Necesito ser valiente.

—Julie, necesito hablar con ella. Quiero que sepa que estoy aquí para intentar hacerlo bien. Lo que tuvimos no fue una farsa.

Las palabras fluyen de mis labios, cada una llena de sinceridad y determinación. Quiero que sepa que, a pesar de cómo comenzó todo, lo que siento por Riley es real. Julie me observa con una mezcla de aprobación y algo más que no logro descifrar.

—Dean, a veces la gente necesita tiempo para procesar sus sentimientos. Es importante que no la presiones —me advierte, aunque su tono es suave.

—Lo sé, pero también sé que he sido un idiota. La última cosa que quiero es que piense que esto es solo un juego.

Mientras hablo, hay un momento de silencio entre nosotros. Detrás de la puerta, en el apartamento de Julie, puedo sentir la presencia de Riley. Estoy seguro de que está escuchando, atrapada en su propia tormenta de emociones.

Julie se inclina un poco hacia mí, su voz baja y llena de comprensión.

—¿Por qué no intentas hablarle ahora? Estoy segura de que lo que tienes que decir es importante para ella.

Mi corazón late con fuerza, pero algo me detiene.

—¿Y si no quiere escucharme?

—Nunca lo sabrás a menos que lo intentes. La vida es demasiado corta para quedarte con dudas.

Con esas palabras resonando en mi mente, me vuelvo hacia la puerta. Quiero que Riley sepa que estoy aquí, que estoy dispuesto a enfrentar mis propios miedos.

—Riley, por favor, ¿puedes salir? Necesito hablar contigo.

El silencio se extiende, y siento cómo la ansiedad comienza a crecer. Pero antes de que pueda decir algo más, un leve movimiento detrás de la puerta llama mi atención. Mi respiración se detiene. ¿Podría ser?

Riley se asoma un poco, su rostro parcialmente oculto, pero sus ojos brillan con una mezcla de sorpresa y esperanza. El mundo parece desvanecerse a mi alrededor. Por fin, la distancia entre nosotros se reduce a nada, y puedo ver la incertidumbre y la vulnerabilidad en su mirada.

—Dean... —susurra, y en ese instante, todo lo que he querido expresar se apodera de mí. La presión de mi corazón se alivia al ver que está aquí, frente a mí, lista para enfrentar lo que sea.

Apenas puedo contener la emoción que me recorre.

—Riley, no quiero que pienses que esto fue solo un juego. No lo fue. Nunca fue así. Lo que siento por ti es real, y quiero intentarlo de verdad.

Los latidos de mi corazón resuenan en mis oídos mientras la miro, esperando una respuesta. Y aunque el futuro sigue siendo incierto, sé que estoy listo para asumir el riesgo. Estoy aquí, y eso es lo que importa.

Mientras esos momentos pasan, veo que Riley mueve la puerta un poco más, revelando más de su figura. El aire entre nosotros se llena de una tensión palpable, y siento que, finalmente, estamos en el mismo lugar, listos para enfrentar lo que venga.