Sígueme el juego (Desastres 4) 3 #2
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Cinco minutos después, en los que para mi sorpresa nadie me ha reconocido por la calle, mi teléfono empieza a sonar y sé que en este momento ya no puedo ignorarla más.

Rechazar la llamada de mi hermana una vez tiene consecuencias mínimas, hacerlo dos ya es provocar a la bestia y no tengo ganas ni de lidiar con ella y después con Killiam, porque el siguiente en llamarme sería él para decirme que arregle lo que haya pasado porque si no él es el que está jodido.

¿Ves?, por eso mismo me niego a tener una relación, todo son problemas.

—Dime que esa tal Charlotte está mintiendo, porque si no voy a tener que cruzarme el país para patearte las pelotas. —Ese es su saludo sin darme siquiera la oportunidad de decir hola—. Vamos Dean, no te cargues tu sueno.

Y es esa última frase la que me desmonta por completo, porque si alguien sabe de verdad que es lo que significa para mi el futbol americano es mi hermana pequena, a la que por cierto me alegra ver sacar las unas, porque dice lo que piensa y eso tengo que agradecérselo a mi amigo.

—No conozco a esa tía y solo he salido a tomarme unas copas, al igual que hacía en la universidad, o es que a caso ya no puedo divertirme —digo más a la defensiva, aunque sepa que tiene razón y que este sueno es lo más importante en la vida para mí.

—Dean, sabes que eres una de las personas más importante de mi vida. Lo que menos quiero es que te arrepientas de tus actos, sobre todo porque te conozco y tengo claro que si eso llegara a ocurrir, sufrirás.

—Jacklyn…

—No, déjame terminar —me corta antes de que me de tiempo a protestar, aunque lo peor de todo es que sé que cualquier cosa que me vaya a decir tendrá toda la razón y puede que por eso mismo no me atreva a interrumpirla una segunda vez—.

Te quiero y te voy a apoyar en todo lo que quieras hacer, siempre que ninguna de tus decisiones se interponga entre tú y tu futuro, en el que llevas muchos anos trabajando, no te pido que lo hagas por mí, solo te pido que pienses en todo lo que llevas luchado, en todas las horas de sueno que te has perdido para entrenar y estudiar, en la de veces que has dejado de salir en la universidad y, que narices, incluso en el instituto.

Las chicas nunca han sido una distracción entre lo que te has propuesto, así que no dejes que todo eso que te rodea, por muy opulento que sea y sé de lo que hablo porque Killiam está rodeado de lo mismo, te desvíe de tu meta.

—Killiam está contigo, va a ser imposible que se desvíe de nada, está demasiado enamorado de ti como para dejarse tentar —respondo cuando al fin me doy cuenta de que me va a dejar interrumpir su discurso.

—Pues lo mismo deberías de hacer lo mismo y dejar de tontear con todas esas chicas que lo único que buscan son sus cinco minutos de fama junto a un jugador de la nfl.

—¿Has hablado con Marlon? Sí, seguro que sí, porque el muy capullo quiere que me heche novia o algo por el estilo.

—Lo mismo tienes que prestarle un poco más de atención a lo que te aconseja, Dean. No siempre vamos a estar ahí para sacarte las castanas del fuego.

—Yo también te quiero, enana —le respondo con burla, aunque realmente sí que quiero a mi hermana pequena, más que a nada en el mundo.

Por eso mismo sé que está realmente preocupada por mí y por toda la mierda que lee en los periódicos, porque estoy seguro de que cree que la manera de estar más en contacto conmigo es leyendo la prensa, porque no voy a enganar a nadie y decir que soy el mejor hermano del mundo.

El noventa por ciento de las veces es ella quien me llama, el otro diez por ciento es mi amigo, cabreado porque ignoro a su novia.

—No me hagas llamarte nunca más para echarte la bronca, tú eres el hermano mayor y cada vez que esto pasa me haces parecer más vieja.

—Sí, yo estaba pensando lo mismo, incluso me pareció ver una cana en la ultima foto que me mandaste.

Y así es como se consigue que tu hermana empiece a gritarte por teléfono y que sea la voz de tu amigo la que de repente se escuche al otro lado.

—Eres un cabrón, solo tienes que escucharla, está preocupada por ti —me dice Killiam un par de minutos después, que es lo que ha tardado en consolar a mi hermana después de que yo le haya dicho esa estupidez sobre las canas.

—Vale, discúlpame ante ella, sabes que no hablo en serio, pero es tan fácil sacarla de quicio.

Compartimos un par de frases más. Mi amigo me pone al día de como van sus entrenamientos, al parecer los Texans han empezado unos días antes que nosotros a entrenar.

Estoy deseando de que pasen el calendario de partidos para saber cuales son las fechas en las que nos vamos a ver.

Coincidir con él y Cody en el campo es de las cosas que más me gusta.

—Llama a Harris, seguro que también está deseando cantarte las cuarenta —dice a modo de despedida.

—Si no fuera por la pequena Hope ninguno de los dos sabríamos como le va a ese tío.

Nos despedimos con un par de frases más y mi promesa, que ambos sabemos que no es seguro que cumpla, de que la próxima vez seré yo quien llame a mi hermana.

La de que voy a intentar no aparecer más en las revistas de cotilleos es una que espero cumplir.

Además, ahora que al fin empiezan los entrenamientos de verdad, yo soy el primero que evitará salir más de lo estrictamente recomendable.

Cuando me guardo el teléfono en el bolsillo, tras una de las conversaciones más larga que he tenido con mi hermana en los últimos meses, me doy cuenta de dos cosas, la primera es que si alguien se ha dado cuenta de que estoy paseando por las calles de Boston y me ha reconocido, ha decidido darme mi espacio.

Y la segunda es que no sé por qué, pero al igual que hace un par de semanas, estoy frente a la pequena pastelería que consigue hacerme esbozar una sonrisa al recordar a la menuda chica que hay tras las puerta.

Ni siquiera me lo pienso, empujo la puerta y la campanilla tintinea cuando entro en el pequeno local.

Sigue al igual que la ultima vez, con la diferencia que esta vez si hay alguien en su interior.

Una mujer mayor, con el pelo rubio y corto ocupa una de las mesas que dan al escaparate, cuando se da cuenta de que la estoy mirando me dedica una amplia sonrisa y por un momento pienso que sabe quien soy.

—No te quedes ahí parado, muchacho.