Suyo para Poseer (Capos de la Mafia 4) 21 Blake
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21 Blake

BLAKE

Se me cae el alma a los pies. Esto no es bueno.

Estamos rodeados por sicarios y mis compañeros cazarrecompensas, que son extremadamente persistentes cuando se trata de cobrar un cheque muy grande.

Mi mente trabaja rápido, intentando elaborar un plan para que Angelo y yo salgamos de aquí sanos y salvos.

Sus hermanos estarán bien frente a mis compañeros cazadores —el único que quieren ahora mismo soy yo—, pero puede que tengan que abrirse paso a tiros entre los hombres de Gallo.

Vixen sonríe con suficiencia cuando Angelo se coloca delante de mí.

—No te la vas a llevar —gruñe él.

Ella sonríe con malicia. —Vaya, te has encontrado un protector, Mariposa. Un protector muy guapo —murmura, desviando su atención de mí a Angelo y recorriendo su cuerpo con la mirada.

Pongo los ojos en blanco.

—Me alegro de que hayan quitado tu nombre de la lista, Angelo Rossi, porque habría sido una pena tener que meterte una bala. Eres demasiado... —Sus palabras se desvanecen seductoramente y suspira—. Delicioso.

—Eh, gracias —responde él y, si la situación no fuera tan peligrosa, me habría reído. Solo Vixen coquetearía con su presa antes de eliminarla del escenario y solo Angelo sería lo bastante educado como para darle las gracias.

—Es bastante adorable —continúa como si me lo estuviera confiando—, pero también estás en mi camino. Así que, apártate o te haré daño.

Solo hay una cosa que disuadirá a Vixen, Fury y Beast de llevarme con ellos. Y es la promesa de más dinero. Una idea surge en mi cabeza y espero a Dios que funcione. Porque se nos acaba el tiempo rápidamente.

—No pierdas el tiempo conmigo cuando hay una recompensa más grande ahí fuera —le digo, metiendo la mano en mi chaqueta y sacando mi teléfono.

Sus ojos se entrecierran con sospecha. —¿De qué estás hablando? La última vez que miré, tu nombre estaba en lo alto de la Lista Negra.

—Mira de nuevo... en unos dos minutos. —Levanto mi teléfono para mostrarle el número secreto que estoy marcando y ella coloca una mano en su cadera, bajando su pistola.

—Has captado mi interés.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Angelo.

—Estoy cambiando el guion. —Al otro lado de la línea, una voz mecánica contesta—. Me gustaría añadir un nombre a la Lista Negra.

—¿Quién? —pregunta la voz acerada.

Puedo sentir todas las miradas sobre mí.

—Carmine Gallo —contesto sin vacilar.

—¿Recompensa?

—Cinco millones de dólares para quien lo traiga en la próxima hora —respondo con facilidad y siento que mis esperanzas aumentan. Eso debería desviar la atención de todos de mí y dirigirla a otro sitio.

—Joder —murmura Angelo.

—Espere para verificación de fondos —dice la voz.

Tengo más que suficiente dinero, así que no me preocupa que mi petición sea rechazada. Al encontrarme con la mirada sorprendida de Vixen, le lanzo una sonrisa astuta, y sus ojos verdes cambian, llenándose de codicia. Ya está buscando a Gallo.

—Eso es muchísimo dinero —dice, volviendo su atención hacia mí.

—Mucho más de lo que conseguirías por mí —le recuerdo.

—Ni punto de comparación —añade Angelo, respaldándome—. Yo iría a por Gallo ahora mismo si fuera tú. Coge ventaja sobre tus compañeros de ahí abajo.

Vixen mira hacia abajo para ver a Fury dirigiéndose hacia la parte inferior de la escalera de caracol.

No tengo ni idea de dónde se esconde Beast. Mientras tanto, Gallo se escabulle en dirección opuesta y puedo ver cómo el astuto cerebro de Vixen trabaja rápidamente, calculando cuál será su mejor movimiento.

Activo el altavoz y levanto el teléfono en su dirección justo cuando la voz electrónica vuelve a la línea y dice: —Fondos verificados.

—Buena suerte —dice ella, y luego sale corriendo lejos de nosotros, claramente dirigiéndose tras Gallo. El poder del dinero y la codicia siempre me asombra. ¿Por qué conformarse con solo 250.000 cuando puedes tener 5 millones?

Oh, gracias a Dios. Mis hombros se relajan de alivio, luego agarro el brazo de Angelo y lo empujo hacia adelante. —¡Vamos! —Todavía no estamos fuera de peligro.

Pero en el momento en que doblamos la esquina, nos encontramos de frente con Beast. El hombre es enorme e intimidante, y solo puedo imaginar lo que le sucedió en su pasado por la cantidad de cicatrices que cubren su cuerpo.

Por supuesto, solo puedo ver las partes visibles, pero estoy segura de que hay más.

Los largos cortes sobre sus brazos, cuello y cara, debieron doler terriblemente.

Casi sentiría pena por él si no estuviera intentando matarme.

—¿Adónde crees que vas? —Su voz es tan profunda, casi oxidada, como si no hablara mucho más allá de algún gruñido o gemido ocasional.

—Déjala en paz —le advierte Angelo, poniéndose delante de mí otra vez. Mi corazón se hincha ante su fiereza. Aunque Beast es un buen pie más alto que él, Angelo no muestra miedo. Mi guerrero.

—Te conviene revisar tu teléfono —le digo y, como si fuera una señal, su móvil suena con un mensaje entrante. Uno que sé que es de nuestro gestor, Fox.

Sus ojos oscuros se estrechan, pero no lo coge. En su lugar, se acerca más, levantando su pistola. —Vendrás conmigo.

—Ni de coña —gruñe Angelo.

—¡Mira tu mensaje! —grito.

Beast levanta su otra mano a la vista, balanceando unas esposas. —Viva o muerta. Podemos hacerlo de cualquier manera, Mariposa.

—¡Acabo de ofrecer 5 millones de dólares por la captura de Carmine Gallo! —suelto de golpe—. ¿Quieres eso o quieres seguir aquí perdiendo el tiempo conmigo?

—Primero tendrás que pasar por encima de mí —afirma Angelo con voz acerada, viéndose más formidable de lo que jamás le había visto. Dios, es tan valiente y quiero lanzarme delante de él, protegerlo como él me está protegiendo a mí, pero no me lo permitirá.

En el momento en que menciono cinco millones de dólares, Beast alcanza su teléfono, abre sus mensajes y parece considerarlo. Pero está tardando demasiado.

—Gallo acaba de irse por ahí —digo, esperando que cambie de opinión sobre llevarme con él. Pero Beast duda. Si hay algo que he aprendido sobre este hombre, es que le gustan los buenos desafíos—. Vixen acaba de ir tras él. Y estoy segura de que Fury no anda lejos.

Espero que, al ponerle ese pequeño dato delante, no pueda resistirse.

Finalmente da un paso atrás. —Es tu día de suerte, Mariposa.

Luego nos esquiva y baja las escaleras adentrándose en el caos.

Angelo me da un rápido beso en la sien. —Chica lista.

—Lo intento —susurro. Él toma mi mano y empezamos a avanzar por el pasillo, listos para salir de aquí.

Sin embargo, este lugar es enorme y nos lleva un minuto encontrar la escalera principal.

En el momento en que nuestros pies tocan el primer escalón, se oye un sonido seco y algo pasa zumbando junto a mi cabeza.

Oh, Dios, una bala.

—¡Agáchate! —grito, y ambos nos tiramos sobre las escaleras, aplanando nuestros cuerpos para convertirnos en un objetivo más pequeño.

—¿Quién demonios está disparando? —Angelo se desliza más cerca, cubriéndome con su corpulento cuerpo. Miro por debajo de su ancho hombro y obtengo mi respuesta.

Gallo está subiendo lentamente por las escaleras. La sangre corre por un lado de su cara y parece furioso. —Zorra —sisea.

No veo a sus sicarios en ningún sitio, pero oigo disparos viniendo de otra parte de la casa y huelo el acre olor a humo. Todo lo que quiero hacer es salir de aquí cagando leches, pero ahora tendremos que lidiar con Gallo.

—Igual te conviene esconderte —le digo, saliendo de debajo de Angelo, poniéndome de pie para enfrentar al capullo que sube lentamente por los escalones. Angelo se levanta, situándose justo a mi lado.

—Te buscan por muchísimo dinero —dice Angelo, provocándolo—, y hay personajes muy aterradores ahí fuera buscándote ahora mismo.

—¿Qué habéis hecho? —espeta Gallo.

No tiene buen aspecto y noto que su mano está temblando. La mano que sostiene la pistola, que todavía me apunta. Nada bueno.

—Darte a probar tu propia medicina —digo, sin arrepentirme de nada. Si no hubiera dado la vuelta a las tornas, no tengo duda de que Angelo y yo probablemente estaríamos muertos.

—Vais a pagar —gruñe. Mientras sube, doy un paso atrás—. Su familia también sufrirá. Me aseguraré de que mi venganza sea dulce y despiadada. No pararé hasta que cada Rossi esté enterrado y entonces mi familia se sentará a la mesa.

—Estás delirando —dice Angelo, subiendo lentamente de vuelta por la escalera conmigo.

—¡Y tú estás muerto! —declara Gallo, con una mirada salvaje en sus ojos oscuros.

La pistola se mueve en dirección a Angelo y hago lo único que puedo: lanzarme contra él, quitándolo de la línea de fuego.

Un dolor abrasador me atraviesa el hombro y, por un momento de aturdimiento, me doy cuenta de que el bastardo me ha disparado.

Oigo el eco de sus pies golpeando las escaleras, dirigiéndose directamente hacia nosotros, pero me siento mareada y cuando miro a Angelo, mi visión está borrosa.

Hay una mirada de horror en su rostro que rápidamente es reemplazada por una furia que nunca le había visto mostrar antes.

Una mano se desliza hacia mi bota y me doy cuenta de que Angelo está sacando mi cuchillo.

Pero ¿no sabe que un cuchillo no es rival para una pistola?

Estoy intentando reunir fuerzas y subir los últimos escalones, tratando de arrastrarme a un lugar seguro, pero cada movimiento es como fuego sobre mi piel.

Hablando de fuego, juro que el olor a humo se está haciendo más fuerte.

Solo desearía poder levantarme y moverme más rápido, pero todo está nebuloso y el dolor en mi hombro arde como el infierno.

De repente, me veo levantada en los fuertes brazos de Angelo y está corriendo lejos de Gallo.

.. lejos de las escaleras... pero el humo se hace aún más intenso y me obligo a concentrarme.

—¡Angelo! —jadeo, rebotando arriba y abajo contra él.

—Estás bien, estás bien. Voy a sacarnos de aquí.

—Huelo a humo.

—La mansión está en llamas —me informa.

Supongo que Fury provocó el incendio —se sabe que lo ha hecho antes para causar una distracción— porque está empeñado en hacer salir a Gallo para poder capturarlo. ¿O matarlo? Quién sabe. Todo lo que sé es que cada vez es más difícil respirar y mi hombro duele como una perra.

—Voy a dejarte en el suelo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Me coloca sobre una cama y cierro los ojos con fuerza, tratando de no hacer muecas y obligándome a ignorar el dolor. Necesito reunir todas mis fuerzas y ayudar a encontrar una salida de aquí antes de que las llamas puedan alcanzarnos.

—¿Dónde está Gallo? —consigo preguntar, tosiendo.

—Le apuñalé con tu cuchillo y al momento siguiente, apareció uno de tus compañeros de trabajo y Gallo salió corriendo.

Me reiría si no estuviera con tanto dolor. Entonces un pensamiento horrible me golpea mientras miro hacia la ventana que Angelo está abriendo. ¿Y si no logramos salir de aquí con vida? ¿Y si morimos y nunca tuve la oportunidad de decirle a Angelo que lo amo? Eso sería realmente trágico.

Levantándome de la cama, me tambaleo hacia la ventana y el aire fresco golpea mi cara. Respirando profundamente, golpeo con una mano contra la pared, tratando de mantenerme en pie.

—Vamos, nos vamos de aquí. —Angelo me levanta e intento no mostrar cuánto me duele—. Lo siento, gatita, sé que duele. Trata de aguantar, ¿vale?

Hace una mueca, como si no pudiera soportar verme con dolor, y asiento, dándome cuenta de que nadie me ha salvado así antes.

Durante toda mi vida, siempre he tenido que depender de mí misma.

Ahora, por primera vez, tengo un Caballero de Brillante Armadura que está matando a mis dragones y sacándome del castillo en llamas.

Me siento como la puta Cenicienta. ¿O quizás la Bella Durmiente?

Demonios, no lo sé. Nadie me leyó cuentos para dormir mientras crecía.

Enterrando mi cara contra su pecho, odiando lo inútil que me siento, me aferro a él mientras pisa el balcón.

Las sirenas de los camiones de bomberos aúllan en la distancia y miro por encima de la barandilla de hierro forjado para ver a una multitud de personas de pie debajo de nosotros, incluyendo a los hermanos de Angelo, Carlotta y Leo.

Ningún rastro de Gallo o de mis compañeros cazarrecompensas.

Estaría dispuesta a apostar a que le siguen la pista, y que ese cabrón está corriendo por su vida ahora mismo.

Y ni siquiera me siento un poco mal por ello.

El dolor en mi hombro se ha convertido en una sensación pulsante y constante, y espero que solo sea un roce. Un mal roce es mejor que una bala alojada en mi cuerpo.

El humo parece hacerse más intenso detrás de nosotros, pero todavía no veo señales de llamas, lo cual es bueno.

—¡Aguantad! —grita Miceli—. ¡Ya casi están aquí y os sacarán de ahí!

Supongo que está hablando de los bomberos, pero mi cabeza está un poco confusa. Aun así, siento que me viene un segundo aire, renovando mis fuerzas y la esperanza de que vamos a salir de aquí muy pronto.

Hasta que oigo una voz baja detrás de nosotros, y miro por encima del hombro de Angelo. Oh, no.

—No vais a ir a ninguna parte —amenaza Carmine Gallo con voz baja, entrando en el dormitorio.

Está cubierto de sangre, cojeando, y parece que acaba de ser atropellado por un camión.

Su pistola ha desaparecido, pero levanta su mano que sostiene mi cuchillo.

El mismo cuchillo con el que Angelo lo apuñaló antes.

Oh, Dios. La situación acaba de pasar de mala a peor y no tengo idea de cómo vamos a escapar de este maníaco otra vez. La mirada decidida en sus ojos me dice todo lo que necesito saber: no se detendrá hasta matarnos.