9. Gabriella
GAbrIELLA
Unas veces se gana y otras se pierde. El viejo dicho se cumple mientras subo en el ascensor hacia Holloway Corp., que pronto será absorbida por Gabana LLC. Lo siento, Enzo, pero yo gané y tú perdiste. Solo puedo imaginar lo cabreado que estaría cuando se enteró.
No voy a mentir, sin embargo. Me siento como si me hubiese tocado la lotería.
Enzo nunca debió actuar a mis espaldas como lo hizo.
Se lo tiene merecido. El hecho de que sea un empresario despiadado y con experiencia no significa que vaya a ganar siempre.
Doug Holloway es un hombre inteligente y sabe que voy a cuidar bien de la empresa que construyó.
Voy a convertirla en algo aún mejor y más exitoso.
No tengo ninguna duda sobre mis capacidades y la estrategia que he desarrollado para ayudarme a conseguirlo.
Es un hombre inteligente por elegirme. Muy inteligente. ..
No puedo terminar mi último pensamiento mientras entro en la oficina.
Todo el aire escapa de mis pulmones cuando prácticamente me tropiezo con Enzo, tambaleándome sobre mis tacones, totalmente sorprendida de verle aquí.
Él extiende la mano hacia mi codo para estabilizarme y yo lo retiro bruscamente como si su contacto me quemara.
—¿Qué diablos haces aquí? —siseo en voz baja, tratando de ignorar lo condenadamente guapo que está con su traje azul marino.
Su mandíbula angular y sus pómulos altos están más pronunciados de lo habitual porque está perfectamente afeitado, pero también porque luce un buen moratón.
Una parte de mí quiere preguntarle si está bien y aplicarle algo de crema de árnica.
Otra parte quiere golpearlo en el otro lado y darle un juego de moratones a juego.
También siento un traicionero dolor entre mis muslos, pero hago lo posible por ignorarlo. Sé lo que hay debajo de ese traje y ojalá no lo supiera. Saber y no poder hacer nada al respecto es una tortura.
—Un placer verte también, Srta. Bianche —dice con frialdad.
Antes de que pueda responder, aparece Doug. Justo a tiempo, porque al instante me contengo y respiro hondo, obligándome a estar tranquila. Estoy segura de que Doug aclarará todo esto con bastante rapidez. No hay necesidad de preocuparme ni entrar en pánico.
—Me alegro de veros a ambos —dice Doug y nos indica que le sigamos a la pequeña sala de conferencias.
Enzo hace un exagerado gesto con la mano cuando no me muevo inmediatamente. —No, por favor, adelante —digo obstinadamente.
—Las damas primero. Insisto —masculla.
Ninguno de los dos se mueve. Nos mantenemos firmes como un par de críos. Un momento después, Doug asoma la cabeza por la puerta.
—¿Hay algún problema?
Enzo me mira fijamente y mis fosas nasales se dilatan de fastidio. —No, por supuesto que no —respondo con suavidad, apartándome de la pesadilla de mi existencia y componiendo una expresión agradable—. ¿Cómo está hoy, Doug?
Uso deliberadamente su nombre de pila, esperando sonar amistosa.
Mientras paso junto a Enzo, lo ignoro por completo, pero capto bien el aroma de su colonia de sándalo.
Ningún hombre debería tener permitido oler tan bien.
Hace que una mujer haga tonterías. Debería saberlo, ya que cedí y me acosté con él. .. varias veces.
Al menos fue solo una noche. Intento sentirme mejor, recordándome ese hecho. Pero no está funcionando exactamente.
Los tres nos sentamos a la mesa. Doug indica que nos sentemos frente a él, así que me veo obligada a sentarme en la silla junto a Enzo. No me gusta, pero no quiero parecer maleducada.
—Me gustaría agradeceros a ambos vuestra paciencia y, con total transparencia, quiero que sepáis de inmediato que aún no he tomado una decisión final —dice Doug con cuidado, mirando de mí a Enzo.
Se me hunde el corazón. Maldita sea. Pensé que ya lo tenía.
—Sinceramente, no creía que alguien estuviera interesado en adquirir Holloway Corp. porque no he estado haciendo un buen trabajo estos últimos años debido a razones personales.
Asiento con conmiseración, lamentando el fallecimiento de su esposa.
—Sé que he descuidado el negocio. Y ahora, sorprendentemente, tengo dos ofertas excelentes —afirma, sonriendo ampliamente.
Oh, genial. Aquí es donde empezará a hablar de querer más dinero.
La bilis comienza a subir por mi garganta porque es aquí donde Enzo tendrá la oportunidad perfecta de superarme y ganar.
No puedo justificar comprar una empresa que no va bien por más dinero del que ya he ofrecido.
Tragando con dificultad, me obligo a mantener mi expresión neutral mientras él continúa hablando.
—Este es el trato. Me gustan los planes de ambos.
¿Qué significa eso? me pregunto, tratando de no parecer tan confundida como me siento.
—Por mucho que la Srta. Bianche y yo lo apreciemos —dice Enzo con suavidad—, no puede aceptar nuestras dos ofertas.
Me obligo a soltar una risa. —No es como si fuéramos a trabajar juntos. Hay que tomar una decisión.
—Eventualmente —dice Doug con astucia—. Aquí está mi propuesta: o bien subís vuestra oferta ahora mismo a algo tan increíblemente ridículo que no podré decir que no, o bien trabajáis juntos durante los próximos dos meses y quien yo considere más exitoso será declarado el nuevo propietario.
Por un momento, me quedo sin palabras. ¿Qué demonios? ¿Está bromeando? Nunca he oído un plan tan absurdo en toda mi vi...
—Me gusta —dice Enzo, mirándome—. Estoy dentro. ¿Gabriella?
Voy a matarlo.
Aclarándome la garganta, dirijo mi atención a Doug. —¿Cómo determinará quién tiene más éxito?
—Bueno, creo que será una combinación de cosas.
Quién atrae más clientes y aumenta las ventas es importante, por supuesto.
Pero también voy a hablar con mis empleados.
Siempre he dirigido una empresa como si fuera una familia y me tomo muy en serio sus opiniones.
Trátales bien y eso será de gran ayuda en mi libro.
Solo hay un puñado de empleados trabajando aquí, unos diez quizás, así que no sería difícil.
Además, siempre he tratado bien a los empleados, sean míos o de otra persona.
Es simple cortesía. Aparte de eso, me gusta aprender más sobre las personas con las que trabajo y tomar el tiempo para conversar y conocerlas mejor.
La verdad es que no puedo permitirme ofrecer más dinero.
Sería genial soltar una cifra enorme y acabar con esto ahora mismo.
Disfrutaría tirándoselo a la cara engreída de Enzo y salir de aquí como la única ganadora.
Pero no es algo que pueda permitirme en este momento.
No puedo ser imprudente y voy a tener que dejar mi ego a un lado y jugar con inteligencia.
Cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que es una situación en la que todos ganan para mí.
Ofrecer más dinero por este barco que se hunde está descartado.
No puedo dejar que fracase. Sin embargo, competir directamente con Enzo me da una red de seguridad.
Si fracaso, simplemente no le contaré a mi familia sobre esta pequeña empresa.
Sin embargo, si tengo éxito, entonces tendré derecho a presumir de que superé a Enzo Rossi.
Aunque estoy molesta con el hombre y no espero trabajar a su lado cada día, sé que esta es una oportunidad que no puedo dejar escapar. —Acepto —anuncio, con voz firme y segura.
—Excelente. —Doug se levanta de la mesa, sonriendo—. Vamos, quiero presentaros a todos y daros el recorrido oficial.
Enzo y yo seguimos a Doug por la oficina y conocemos a los empleados.
Está claro que Doug los valora y ha formado amistades con ellos.
Así que, por supuesto, no quiere que el nuevo propietario entre y haga limpieza, despidiendo a todos.
Hacer que los conozcamos mejor y trabajemos con ellos durante los próximos dos meses es en realidad un movimiento bastante genial.
Inevitablemente se formarán relaciones y yo no querría despedir a un amigo.
Toda la oficina ocupa menos de la mitad de la planta y Doug eventualmente nos muestra dos despachos uno al lado del otro. —Estos son perfectos para vosotros. Estaréis cerca el uno del otro, pero aún tendréis vuestro propio espacio privado para trabajar.
Intento no resoplar. Lo último que necesito o quiero es estar cerca de Enzo.
—¿Qué hay de ese elegante despacho de la esquina? —bromea Enzo.
Me esfuerzo por no poner los ojos en blanco.
—Todavía lo estoy vaciando —dice Doug—. Eventualmente, el despacho de la esquina será para uno de vosotros. Pero no hasta que se tome una decisión oficial. ¿Por qué no echáis un vistazo a vuestro espacio y me decís si tenéis alguna pregunta? Voy a consultar algo rápido con mi asistente.
Ignorando a Enzo, entro en mi nuevo despacho y miro alrededor.
Es perfectamente aceptable... excepto por el hecho de que está tan cerca de Enzo.
Antes de que pueda darme la vuelta, siento su presencia cuando entra detrás de mí.
Una pequeña emoción recorre todo mi cuerpo mientras me giro lentamente para enfrentarlo, cruzando los brazos.
—No te pongas demasiado cómodo —le digo.
Su boca se curva hacia arriba. —Curioso, justo venía a decirte lo mismo.
Clavo mis uñas en mis brazos. Capullo arrogante. —Seguro que pensabas que ya lo tenías todo en el bolsillo, ¿verdad? —Mi atención se dirige al moratón en su mejilla. Por alguna razón, me molesta.
—En realidad, sí —dice con ligereza.
—Eres tan arrogante —exclamo y sacudo la cabeza con incredulidad.
—Soy confiado. Hay una diferencia.
Todo lo que quiero hacer es bajarle los humos a su arrogante trasero. —Bonito bulto, por cierto. ¿Quién te dio una paliza?
Su sonrisa se evapora y me mira con enojo. —Como si no lo supieras —responde entre dientes.
—¿Cómo demonios iba a saberlo? —Mis cejas se juntan en confusión.
Durante un largo momento no dice nada, solo me estudia.
—Bueno —insisto, dando golpecitos con el dedo en mi codo—, no me dejes en suspense. ¿Un par de ladrones intentaron robarte?
—¿Por qué no se lo preguntas a Tommaso y Romeo? —dice sombríamente.
¿Qué, qué? Me llena la sorpresa.
—¿Qué tienen ellos que ver con esto? —pregunto con cuidado.
—Son los que me asaltaron. Suponía que tú los habías azuzado contra mí después de informarles sobre esto. —Levanta una mano y señala alrededor de la oficina—. Tampoco estaban muy contentos de que pasaras la noche en mi cama.
Mi mandíbula cae mientras mi mente corre. —Eso no tiene ningún sentido. No hay manera de que esos dos sepan lo nuestro.
—Pues lo saben, y se lo pasaron muy bien intentando darme una paliza.
Estoy muy confundida. —N-no entiendo.
¿Cómo se habrían enterado Tommaso y Romeo? A menos que... rápidamente uno los puntos y me lleva directamente a Lili.
Dios mío. No quiero creer que mi amiga hubiera dicho algo, pero debe habérsele escapado. Está saliendo con Romeo, contra mi consejo, y le encanta cotillear. Dejo escapar un suave suspiro y me siento fatal.
Dando un paso más cerca, mi atención se desplaza a la marca negra y azul en la mejilla de Enzo y mi pecho se aprieta.
Odio ver que está herido y saber que es mi culpa lo hace mucho peor.
Me desahogué con Lili, sin pensar en las posibles repercusiones o en que mi amiga tiende a cotillear y hablar demasiado.
.. y debe haberle llegado a mis primos. Después de lo que pasó con Rocco y Miceli, odian a la familia Rossi y usarán cualquier excusa para empezar una pelea.
A punto de disculparme, abro la boca, lista para tragarme mi orgullo, cuando Enzo sonríe.
—Todo lo que necesitas entender, cielo, es que voy a lucir muy bien en ese despacho de la esquina —dice arrastrando las palabras.
Y ahí está: el cabrón arrogante ha vuelto.
—¿Eso crees? —replico, acalorándome de nuevo. Olvídate de la disculpa.
—Lo sé. Pero, si quieres venir aquí todos los días durante los próximos dos meses e intentarlo, adelante. Pero, que sepas esto: estarás perdiendo el tiempo porque ya has perdido.
El hombre es increíble. —Eres el gilipollas más arrogante que he tenido la desgracia de conocer.
—Perdona, ¿qué has dicho sobre mi polla? —pregunta, curvando los labios hacia arriba.
—Te odio —siseo. Sé que es infantil pero, en este momento, lo odio tanto que solo puedo ver una neblina roja.
—Ya sabes lo que dicen. Hay una línea muy delgada entre el amor y el odio. No te vayas a enamorar de mí, cielo.
—Oh, métete eso por el culo. —Me acerco a él y le clavo el dedo índice en el pecho—. Vas a caer, Rossi. Y voy a disfrutar mucho viéndolo suceder.
Su boca se curva en una sonrisa burlona. —Bueno, me encanta darte placer... Bri.
—¡Uf! —Levanto las manos al aire, giro sobre mis talones y salgo pisando fuerte. Porque la verdad es que tengo miedo de que si sigue diciéndome cosas así, podría acabar detrás del escritorio, besándolo en el suelo.
Y eso no puede suceder.
Tiene un argumento válido y odio admitirlo, pero hay una línea muy fina entre el amor y el odio. Y ahora mismo estoy tambaleándome sobre esa línea extremadamente delicada. Porque por mucho que no lo soporte, también me atrae muchísimo el imbécil.
Dios, ayúdame.