2. Enzo
ENZO
Escuchar a Gabriella Bianche hablar y ver la pasión en su rostro mientras expone la importancia de ayudar a las pequeñas empresas me dice varias cosas.
Una, es una mujer inteligente que tiene buena cabeza para los negocios.
Dos, se preocupa por la gente y por ayudarles.
Y, tres, me gustaría estirarme por encima de la mesa, arrastrarla hacia mí y descubrir qué otras cosas le apasionan.
La triste verdad es que hace mucho tiempo que una mujer no me llama la atención y me cautiva tan profundamente.
He visto a Gabriella en todas las reuniones este último mes y, no creo que sea mi imaginación, pero nuestro coqueteo es cada vez más intenso.
Por supuesto, somos sutiles al respecto.
Tenemos que serlo. Los Rossi y los Bianche tienen una historia jodida y nunca se han llevado muy bien.
Sin embargo, creo que podría llevarme bastante bien con Gabriella.
Cada vez que la miro, me imagino tomándola en mis brazos y besándola.
Preguntándome cómo se sentiría tener todas esas curvas exuberantes presionadas contra mí.
Quiero saber cómo sabe y se siente, cómo huele.
Los sonidos que haría cuando se corra con mi polla.
Mierda. Estar empalmado durante casi toda la reunión está empezando a volverse realmente molesto, y muy rápido. Necesito hacer algo con mi creciente obsesión... y mi pobre y muy solitaria polla.
Sé que su familia no es más que problemas y que no se puede confiar en ellos.
Especialmente después de lo que pasó entre Miceli y Rocco.
La parte lógica de mi cerebro sabe que debería mantenerme alejado de ella.
Sin embargo, la mitad inferior de mi cuerpo no está de acuerdo con eso.
Es una tentación a la que no quiero resistirme: absolutamente impresionante con su largo cabello oscuro y los ojos color caramelo más llamativos.
Cuando la luz les da justo en el ángulo correcto, juro que parecen toffee derretido.
Más que eso, me encanta lo feroz que puede ser, siempre defendiéndose y devolviendo constantemente los golpes a sus primos, que nunca la apoyan.
Son idiotas y me siento mal porque tenga que lidiar con ellos, pero verla en acción, haciéndoles parecer los tontos que son, es magnífico. Erección instantánea.
Aparte de nuestras interacciones limitadas en las reuniones con los otros miembros de las Cinco Familias, Gabriella es una completa desconocida.
Una a quien quiero conocer mejor. Creo que podría estar volviéndose más obvio para los demás, especialmente para mis hermanos, que no puedo apartar mi atención de ella. Y solo está empeorando.
Después de que termina la reunión, salgo con mis hermanos. Podemos ser un grupo escandaloso y ahora mismo se están burlando de mí por Gabriella porque son un puñado de capullos.
Angelo me da un codazo. —¿Qué pasa contigo y la señorita Bianche?
—Nada —respondo inmediatamente. Mi hermano menor es un mujeriego que nunca ha tenido una relación seria en su vida.
Aunque no debería juzgarlo tan duramente porque yo tampoco las he tenido.
No realmente. Tiendo a mantener las cosas ligeras y casuales, y normalmente veo a una mujer —traducción, me acuesto con una mujer— hasta que me presiona para tener algo más.
Entonces me largo y desaparezco más rápido que un ladrón en la noche.
No tengo tiempo para todo eso. Y, aunque dejo las cosas muy claras desde el principio, algunas mujeres piensan que son especiales y creen que pueden cambiarme.
Bueno, no quiero cambiar. Me encanta trabajar y, aparte de mi familia inmediata, mi trabajo es lo más importante de mi vida.
Quizás algún día eso cambie y dirija mi atención hacia el matrimonio y una familia, pero, honestamente, lo dudo.
Aunque veo lo felices que son Miceli y Vin con sus esposas, sé que mantener feliz a una mujer es un trabajo de mierda.
Y no del tipo de trabajo que generalmente disfruto.
—No podía quitarte los ojos de encima, Enzo. ¿Hay algo que deberíamos saber?
Miro a Miceli y frunzo el ceño. —Solo que voy a volver a la oficina para hacer más inversiones que os harán aún más ricos —manejo todas las carteras de inversión de mi familia y tienen más riquezas que el Rey Midas—. Además, todos sabemos que los Bianche son problemáticos.
—Eso es quedarse corto —gruñe Miceli.
Vin resopla. —La subestimación del año. De todos modos, volviendo a la señorita Bianche...
—Oh, por el amor de Dios, ¿quieres dejarlo ya?
Nunca he hablado con ella fuera de nuestras reuniones —en el momento en que las palabras salen de mi boca, veo a Gabriella apoyada en su Dodge Hellcat negro, con los brazos y los tobillos cruzados, observándome atentamente.
No estoy seguro de qué es más sexy: ella o el coche.
Ya, claro. Gabriella se ve más estilizada que la brillante máquina en la que reposa su perfecto trasero.
Tan sexy, de hecho, que tomo una respiración profunda y ligeramente temblorosa, incapaz de apartar mi mirada de ella.
—Vaya, vaya, vaya —ronronea Angelo—. Parece que alguien te está esperando.
—Vete a la mierda, Ang —murmuro y sonrío como un idiota.
—Ve a por ella, tío.
—Os veo luego —digo y ellos se ríen. Los ignoro y me dirijo hacia donde la encantadora señorita Bianche espera pacientemente.
Normalmente, tengo una línea suave lista para usar pero, por alguna razón, mi lengua de repente se traba y todo lo que puedo hacer es mirar fijamente sus ojos empapados de caramelo.
Nunca me pongo nervioso y he hablado con algunos de los empresarios y empresarias más importantes del mundo.
He almorzado en yates con la realeza, he sido invitado a estrenos de películas y he codeado con peces gordos de Hollywood, e incluso he asistido a una cena benéfica con el Presidente de los Estados Unidos.
He tenido conversaciones profundas con algunas de las mentes más brillantes de este siglo y nunca me he quedado sin palabras.
Sin embargo, Gabriella Bianche me deja completamente perdido y me cuesta forzar un simple hola. Su boca se curva, aparentemente divertida.
Joder. Parece que se me enciende una bombilla en la cabeza y me golpea con fuerza: estoy encaprichado con ella.
—Quería darte las gracias —dice ella—. No es frecuente que la gente me defienda como tú lo has hecho ahí dentro.
—De nada —digo, notando cómo su pelo brilla bajo la luz del sol—. Realmente me interesaba lo que tenías que decir. Creo que apoyar a las pequeñas empresas también es importante.
Su sonrisa se ensancha. —¿En serio? Eso es interesante. Pensaba que eras un tiburón.
—Puedo serlo —admito, acercándome más y captando un aroma de su perfume en la brisa. Es sensual, con olor a miel, y todo mi cuerpo responde. Me llena el deseo de conocerla mejor—. Gabriella —murmuro, probando su nombre en mi lengua, sin siquiera pretender hacerlo en voz alta.
—¿Sí? —Ella levanta una ceja juguetona.
Me aclaro la garganta. —¿Es así como te llaman todos? O, ¿tienes algún apodo?
—Todo el mundo me llama Gabriella. Aunque mi padre solía llamarme Bri.
Sé que su padre murió y asiento. —¿Erais cercanos? —Ella asiente, sin ofrecer más información—. Bri te queda bien.
—¿Tú crees? —pregunta con coquetería.
—Es corto, directo al grano, todo negocios.
Ella echa la cabeza hacia atrás y se ríe. Y es lo más fantástico que he visto jamás. El arco de su cuello es elegante y los botones de su chaqueta amenazan con abrirse contra la curva de sus pechos llenos. De repente, estoy salivando y el deseo de llevarme a Gabriella a casa conmigo casi me supera.
—Eres muy interesante, ¿lo sabías? —murmura.
—¿Lo soy? —Ahora es mi turno de ser evasivo.
Sus ojos color caramelo me estudian intensamente. —No eres exactamente fácil de leer, tampoco. Y soy muy buena leyendo a las personas.
—Yo también.
—¿Ah sí? Bueno, como estoy teniendo problemas para descifrarte, voy a tener que ser directa.
—¿Tú? ¿Directa? Estoy conmocionado —bromeo.
Una nube oscura pasa por su hermoso rostro. —¿Qué? ¿Una mujer no debe expresar su opinión?
—Al contrario. Me encanta que expreses tu opinión. Y cuando lo haces, tus comentarios son más inteligentes e interesantes que los de todos los demás juntos.
Si no me equivoco, sus pómulos altos se tornan de un ligero tono rosado y me encanta.
—Gracias —dice suavemente y me alegra que reconozca mi sinceridad—. Lo aprecio. No siempre ha sido fácil para mí.
—¿El qué? —pregunto, queriendo que amplíe esa afirmación.
—Hacerme cargo después de la muerte de mi padre. Que la gente, especialmente los hombres, me tomen en serio y escuchen las palabras que salen de mi boca en lugar de mirarme los pechos.
Si ella va a ir por ahí, yo también lo haré. Aunque estoy tentado de mirar hacia abajo, mantengo mi mirada nivelada y fija en la suya. —No quiero sonar como un cerdo machista, pero estoy seguro de que tus increíbles pechos han sido un escollo para muchos hombres.
Sus labios carnosos se curvan de nuevo. —Son bastante fantásticos.
Una risa brota de mi garganta. Dios, es desvergonzada y me encanta. Justo cuando me pregunto si debería invitarla a tomar algo, ella me lo pregunta primero.
—¿Tienes tiempo para tomar una copa?
De nuevo, me da ese parpadeo lento y sexy que hace que mi corazón tropiece en mi pecho. —Curioso porque justo iba a preguntarte lo mismo.
—Entonces vamos. Yo conduzco —se aparta del lateral del Hellcat y solo puedo negar con la cabeza mientras camina hacia el lado del conductor. No, no camina. Se contonea como una jefa con esos tacones altísimos.
Una vez que su exquisito trasero está fuera de vista, mi atención se desplaza hacia su coche y abro la puerta. —Bien. Esperaba poder dar un paseo en esta belleza —al deslizarme dentro, observo cómo lo enciende y luego se abrocha el cinturón de seguridad.
—Mejor abróchate el cinturón, señor Rossi.
Alcanzo el cinturón y lo encajo en su lugar. —¿Eres una conductora agresiva, señorita Bianche?
—Puedo serlo.
Pisa el acelerador y salimos disparados del aparcamiento. Curvo una mano alrededor del asiento y apoyo la otra en el salpicadero. Agresiva es quedarse corto. Diablos, maneja esta bestia como una conductora de escenas de acción. Es impresionante.
—¿Dónde aprendiste a conducir? —pregunto, agarrándome un poco más fuerte a mi asiento mientras tomamos una curva cerrada.
—Me enseñó el amigo de mi padre. Richard Petty —me mira y sonríe con suficiencia.
Mis cejas se disparan. —¿El Rey? ¿Richard "El Rey" Petty, el piloto más exitoso en la historia de la NASCAR? —pregunto con incredulidad.
—Así es. El tío Rich era muy amigo de mi padre.
No estoy seguro de qué decir, así que simplemente asiento, maravillado por esta mujer.
—No te preocupes, prometo devolverte de una pieza.
De nuevo, estallo en carcajadas. Gabriella definitivamente sabe cómo mantenerme en vilo. Es como un soplo de aire fresco comparada con todas las otras mujeres que he conocido.
—He visto ese cochecito elegante que conduces —dice—. Seguro que también puede ir bastante rápido.
—Sí, claro, pero nunca recibí instrucciones personales de conducción de Richard Petty —me giro y la miro—. Quizás puedas enseñarme algunos trucos.
—Oh, estoy segura de que podría enseñarte bastantes trucos.
Su tono bajo y sexy hace que mi polla se alargue contra mi cremallera.
Joder. Quizás si las copas van bien, podrían llevarnos a cenar.
Luego, si las cosas van realmente bien, tal vez pueda llevarla a mi casa para una noche caliente porque estoy bastante seguro de que Bri y yo incendiaríamos las sábanas.
El apodo le va bien y decido que voy a empezar a usarlo.
—Entonces, ¿adónde vamos? —pregunto, mirando de nuevo por el parabrisas.
—¿Has estado alguna vez en Maximilian's?
—Me encanta ese sitio.
—Me lo imaginaba. Es donde se reúnen todos los magnates de los negocios.
No tardamos mucho en llegar y Gabriella se detiene frente al aparcacoches.
Salimos y, mientras entramos en el restaurante, me siento realmente genial teniendo a esta hermosa e inteligente mujer a mi lado.
Estoy tentado de poner mi mano en su espalda, para que todos sepan que es mía, pero eso sería mentira.
Apenas la conozco. Sin embargo, me muero por saber más sobre ella.
Nos sentamos en una mesa de esquina que es relativamente privada y nos permitirá hablar sin demasiadas interrupciones.
O eso espero. Mucha gente que conozco viene aquí después del trabajo y se reúne.
Pero, no quiero hablar con ninguno de ellos esta noche.
Todo lo que quiero hacer es centrar toda mi atención en Gabriella.
Después de pedir las bebidas, permito que mi mirada recorra su rostro. Nunca me había sentido tan atraído por una mujer antes. Todo en ella es perfecto, justo mi tipo, y espero con ansias pasar esta noche con ella.
—Bueno, tengo que admitir que la razón por la que te invité aquí es puramente egoísta.
—¿Quieres mi cuerpo? —bromeo y ella se ríe.
—En realidad, quiero explorar tu mente.
Y justo así mi erección se desinfla. Lo último que quiero es una aburrida reunión de negocios con Gabriella. Maldita sea.