Capítulo Dos #6
Que la desnudaran, la azotaran y le dieran placer una y otra vez no era su idea de normalidad. ¿Y lo peor? Ni siquiera estaba segura de odiarlo. La forma en que el clítoris todavía le palpitaba y los músculos se le habían aflojado la hacía recordar cada momento del dominio de ellos.
Madre mía, ¡nunca había tenido un orgasmo así en su vida! ¿Qué tenían estos dos machos gigantes que la tenían fascinada y asustada a la vez?
Caminó hacia las ventanas y se ocultó detrás de la cortina para mirar hacia fuera. —Es increíble —murmuró.
Gav'n se colocó detrás de ella. Él parecía ser el cariñoso y tierno; Jakk, el disciplinario severo. Y experto en dar placer.
El clítoris le palpitó de nuevo al recordar cómo él había manejado la doble penetración como un puto profesional.
No es que tuviera mucha experiencia para juzgar. Había tenido pocos novios durante la universidad: uno en el programa espacial, pero resultó ser un imbécil infiel. Nunca había estado con dos hombres a la vez. Hasta hoy, había sido virgen anal.
En las pocas horas desde que los hombres la recogieron, había recibido más atención masculina que en los últimos tres años en total.
Más atención, punto. Como la más joven, la menos agraciada y la menos interesante de una familia de cinco superestrellas, nunca había atraído mucha atención ni elogios.
Se había unido al programa espacial para demostrar que no era tan aburrida y mediocre como su familia le había hecho creer.
Ahora, nunca volvería a verlos.
Curiosamente, había pensado que dolería más de lo que dolió. Echaba de menos más a sus compañeras de tripulación que a su familia. ¿Dónde habían colocado a Brinley, Blythe, Sarai y Lily? ¿Les estaría yendo mejor o peor que a ella?
—¿En qué estás pensando? —preguntó Jakk. Se mantenía un poco más atrás, como de costumbre, pero eso no significaba que no le prestara tanta atención como Gav'n. Sus ojos dispares lo hacían fascinante y sexy. Se preguntó si las mujeres se le echarían encima.
—En mis compañeras de tripulación. ¿Podré verlas pronto?
Los rostros de Jakk y Gav'n se ensombrecieron.
—No, pashika —dijo Gav'n—. El consejo ha decretado que no podréis veros. Consideran que es lo mejor para vuestra adaptación y para la seguridad de nuestra especie.
La ira empezó despacio pero fue creciendo, ardiendo a fuego lento en la boca del estómago.
—¿Qué?
—Ya me has oído, Mira —dijo Jakk en tono de advertencia.
—¡Eso no es justo! —farfulló—. Son mis amigas. Necesito verlas. ¡Son como mi familia, la única familia que tengo!
Jakk negó con la cabeza.
—Ahora nosotros somos tu familia. Sabemos que es doloroso, pero se te ha dado la oportunidad de integrarte en nuestra sociedad en lugar de ser ejecutada o quedarte en prisión. Pero solo si sigues las normas que te damos.
Lágrimas ardientes de ira le brotaron de los ojos y se dio la vuelta hacia la ventana.
Gav'n la hizo girarse. Ella esperaba una reprimenda, pero él la envolvió en sus fuertes brazos y la estrechó contra su enorme pecho, acariciándole la nuca.
—Te adaptarás, pequeña.
Parte de ella quería empujarlo, luchar, discutir, pero no tenía fuerzas, y sentirse abrazada era tan reconfortante.
.. Se entregó a él, mojándole la camisa con sus lágrimas.
Casi de inmediato, sintió calor también en la espalda.
Jakk se había colocado detrás de ella, cerrando el círculo o, más bien, dejándola en medio de los dos hombres.
Se sintió pequeña e indefensa, como una niña. Pero extrañamente protegida.
Ahora nosotros somos tu familia.
Tenía que acostumbrarse a la idea. Lloró hasta que se le acabaron las lágrimas.
Cuando terminó, Gav'n le mostró el baño y le dio una bolsa de artículos de aseo que habían comprado para ella.
Incluía un dispositivo de limpieza dental con láser, un cepillo para el pelo y maquillaje en colores que no se pondría ni loca.
Sonrió para sus adentros, imaginando a los dos hombres intentando elegir los cosméticos.
Hombres tan grandes y capaces no tendrían ni idea de lo que le gustaba.
Se preguntó si con sus sobrinas se las verían igual de negras. Probablemente.
Habían dicho que la necesitaban. Ahora que estaba en su casa y los conocía un poco mejor, veía que era verdad. Un atisbo de calidez —la primera chispa de esperanza desde el accidente— le floreció en el pecho.
Tal vez sí encontraría un lugar aquí. Nunca había sentido que perteneciera a ningún sitio: ni a su familia de guapos supergenios, ni a la universidad, donde no había logrado hacer amigos ni construir una vida social como el resto de los estudiantes, y había preferido quedarse encerrada en laboratorios trabajando en inventos que nunca llegó a terminar.
Conseguir el trabajo en el proyecto de colonización había sido el único rayo de luz en su gris trayectoria, pero ella y sus compañeras de tripulación no lo habían conseguido.
Ahora todas estaban atrapadas aquí como pupilas de alienígenas paternalistas.
Con dedos tan grandes como pollas humanas.