Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) Epílogo Enemigos
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Epílogo Enemigos

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En la habitación de Giordano, esa misma noche.

BLAKE

Mi padre quería que descubriera quién lo había traicionado.

Quién puso la bomba en su coche. Sabía que era alguien cercano y no se equivocaba.

Porque los Léoni habían sido una mera herramienta en manos de John, Vera y Scarlett.

La realidad era que teníamos muchos más enemigos de los que pensábamos y que estos estaban demasiado cerca.

Subimos a la habitación de Giordano que, aun en su estado convaleciente, debía enterarse de lo ocurrido. En los pasillos ya no quedaba nadie y esperaba que tampoco hubiera rastro de lo ocurrido en la sala de reuniones. Mis hombres se habrían encargado de ello.

Por suerte, encontramos a mi primo despierto y tan interesado como yo en la conversación que se estaba desarrollando.

Martia ya se había marchado. Ella también tenía que enfrentar la traición de Vera.

—Quién sabe si están todos los Ricco implicados. No me fio de Luciano —comentó Cósomo.

—Yo no me fío de nadie —dije, segura.

—Os ayudaremos a acabar con ellos —afirmó Álex.

—Por supuesto —confirmó Bass—. Y nosotros terminaremos lo que empezamos en Roma.

—¿A qué te refieres? —preguntó Giordano, que estaba tumbado en su cama. Todos estábamos rodeándolo.

—Hay muchas cosas que tenemos que contaros… —Romano miró a sus hermanos y se dispuso a contárnoslo todo—. A estas alturas, no tiene sentido que sigamos ocultándolo. Veréis…

La vida anterior de los Cabante me explicó muchas cosas sobre sus vidas actuales. Su pasado y su presente se estaban enfrentando y solo podría quedar uno en pie.

Así comprendí que no todo era blanco o negro.

Que el corazón y la razón podían ir tan de la mano como estar completamente alejados.

Que la suerte se conseguía labrando nuestro propio destino.

Y que nunca se había tratado del bien o del mal, sino del poder. Y ese poder lo llevábamos nosotros dentro e íbamos a utilizarlo.

Porque si quien ambicionaba destruirnos era fuego enemigo, lo veríamos venir y nos prepararíamos. Pero cuando quien quería herirnos era fuego amigo, la pesadilla comenzaba al abrir los ojos.

Y nosotros ya los habíamos abierto.

Estaríamos listos.

Empezaba el verdadero juego.