Sully (La Hermandad 3) 23 Rush
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23 Rush

VEINTITRÉS

RUSH

—Rush.

Mis hermanos y yo nos detenemos en seco, a mitad del pasillo, tras seguir a nuestro pajarito. Como uno solo, nos damos la vuelta y caminamos hacia Da. Lana palidece visiblemente al vernos marchar hacia ella, y yo sonrío con sorna para rematar. No me importa cuál sea su razonamiento, no me gusta.

—Sentaos, chicos. Tenemos que charlar un poco. —Inclina la cabeza hacia tres sillas—. ¿Nos das un minuto, Lana?

Ella asiente y se levanta de la mesa sin decir palabra.

—¿Qué pasa con el pájaro? —Da nos clava su característica mirada de «no me vengas con tonterías».

—¿Con cuál? —se mofa Wolf—. ¿Con la nuestra o con la tuya? Porque tengo unas cuantas palabras bien elegidas sobre tu pájaro, Da.

—Cuida tu tono, muchacho. No olvides quién es tu presidente. —Señala a Wolf con el dedo a modo de advertencia.

—Oh, ¿es con él con quien estoy hablando ahora? Porque pensaba que hablaba con mi padre, no con mi presidente. —Wolf hace una mueca de desprecio y Da levanta una ceja en son de advertencia.

—Frena esa falta de respeto, ¿vale? Os lo pregunto como ambas cosas.

—¿Qué pasa con ella? —pregunto. No necesito que estos dos se enfrenten ahora mismo. Wolf está con la mecha muy corta; todos lo estamos.

Da desvía su atención hacia mí. Su intensidad es de sobra conocida, casi se habla de ella con reverencia. Se rumorea que un tipo se cagó encima solo con la mirada de Da. Por supuesto, se ha ganado sus galones como el Carnicero de la Hermandad.

Pero cuesta casar esos rumores con el hombre al que vi con unas zapatillas peludas de Chewbacca las Navidades pasadas. Afirmó que no quería herir los sentimientos de Sarah por no ponerse su regalo de Navidad, pero lo pillé luciéndolas hasta bien entrado el año nuevo.

—¿Vas en serio con ella? —Junta las puntas de los dedos frente a su cara.

—¿Cuándo he reclamado yo a alguien?

Se acaricia la barba mientras nos examina. —¿Es oficial, entonces? ¿La habéis reclamado?

—Hemos estado un poco ocupados, pero extraoficialmente, sí. Lo haremos oficial muy pronto.

—Ah. ¿Y cómo os va a funcionar eso a los tres? Supongo, por vuestra pequeña exhibición de poder aquí —hace un gesto hacia los tres que estamos sentados—, ¿que estáis todos involucrados con el pajarito?

—Eso déjanoslo a nosotros. Nosotros no estamos preocupados, así que tú tampoco deberías estarlo —dice Wolf mientras se reclina en su silla, ensanchando su postura.

Da arquea las cejas ante el tono despectivo de Wolf. —Pero sí me preocupo por vosotros. Como vuestro padre y como vuestro presidente. —Mira a Sully—. Estás terriblemente callado, chico.

Sully mira fijamente a Da y se encoge de hombros. El movimiento es forzado. —Alaina es nuestra, Da, ¿qué más necesitas oír?

—Ah, así que tú también estás con el pajarito. Interesante. No te veo rondar a su alrededor tanto como tus hermanos. —Da nos echa un vistazo a los tres, pero estoy demasiado tenso para pararme a descifrar su mirada prácticamente inexpresiva.

—Esa es solo tu percepción de una interacción con los cuatro. Alaina era mía mucho antes de que tú la conocieras, Da, así que, con todo el respeto, no tienes ni puta idea de esto.

Da se echa hacia atrás y se cruza de brazos sobre el pecho. —Eso no es del todo cierto.

Me inclino hacia adelante. —Explícate.

—Conocí a vuestro pajarito cuando era un bebé.

Aidan la trajo un par de veces. Pero Lana nunca estaba con él, y él nunca hablaba de ella.

Sin embargo, estaba jodidamente orgulloso de Alaina.

Era una cosita diminuta, apenas balbuceaba palabras y correteaba de forma inestable.

La metíamos en el parque con vosotros en el jardín trasero.

La sorpresa me deja inmóvil un momento. —¿Por qué nos cuentas esto?

Da me mira, y las líneas de su rostro se acentúan por la reflexión.

—Una parte de mí se siente... responsable de la chica.

Aidan fue mi amigo durante mucho, mucho tiempo.

Y la Hermandad... ellos no fueron tan amables con él como lo fueron conmigo, como lo son con otros.

—Suspira y clava la vista en el jardín—.

Lo que le pidieron... no estaba bien. Y no se tomaron muy bien su negativa.

Nada volvió a ser igual. Conoció a Lana poco después y empezó a alejarse de la Hermandad.

Seguía presentándose en las reuniones del consejo, pero la camaradería había desaparecido.

Asiento, archivando mentalmente esa información para investigar a Aidan y lo que hizo dentro de la Hermandad.

—¿Es por eso por lo que te casas con Lana? ¿Como una especie de honor mal entendido hacia tu amigo muerto?

Los ojos de Da centellean hacia Wolf, pero este, como de costumbre, no se inmuta. Sostiene la mirada de Da con firmeza. Y también como de costumbre, intervengo para frenar su mierda.

—Cuéntanos sobre vuestra reunión familiar al otro lado del charco —interrumpo su concurso de ver quién la tiene más larga.

—Cillian Kelly anunció a su sucesor: su sobrino, Quinn Kelly.

Los tres asentimos al unísono. Quinn está tan loco como su tío. Supongo que hay que estarlo en su posición.

La gente suele hablar de aquella vez que Cillian decapitó a media sala.

He oído docenas de rumores sobre por qué lo hizo, pero él nunca lo confirmó.

En cualquier caso, palidece en comparación con la vez que vimos a Quinn incendiar sistemáticamente la casa de cada persona que estuvo en un pub la noche anterior.

Al parecer, alguien se burló de la madre de Quinn, algo sobre que ella calentaba algo más que la cama de Cillian, y un grupo de personas se rió. Ese fue su error fatal.

Quinn ni siquiera estaba en el pub cuando ocurrió esa supuesta broma. Es retorcido, astuto y un auténtico comodín. Sería un gran aliado para nosotros cuando yo ascienda, pero es tan probable que nos masacre como que nos felicite.

—¿Tan pronto? Cillian no es mucho mayor que tú.

Da mira a Sully. —Ya. Quién sabe cómo funcionan estas cosas. Quizá Cill solo quería que se corriera la voz de que tiene un sucesor preparado. O está planeando algo y quiere un sistema de seguridad para la Hermandad. Es difícil saberlo con Cill, ya lo sabéis.

—Ya. Al menos has vuelto entero.

Los cuatro nos quedamos en silencio ante el recordatorio de lo fácil que le resulta a Cillian apretar el gatillo.

—Represalia.

Da levanta una ceja y se gira hacia mí. —¿Qué pasa con eso?

—¿Cómo que qué pasa con eso? Entraron en nuestra casa en mitad de la noche como ladrones comunes...

—¡Y se llevaron a nuestra puta chica en nuestro propio pub! —me interrumpe Wolf con tono gélido.

—Parece que la habéis recuperado bien, sin embargo —dice Da, observándonos a todos.

Siento que frunzo el ceño y se me revuelven las entrañas. —¿Estás sugiriendo que dejemos que un ataque así quede impune?

Niega con la cabeza y se tira de la barba, alisándola. —No. Solo dadle algo de tiempo.

—¿Tiempo? —Wolf golpea la mesa con el puño y se pone de pie en un movimiento explosivo—. El tiempo podría matarla.

—¿No se trataba esto de Summer Knoll? —se mofa Da.

—Sabes de sobra que esto también trata sobre ella. —A Wolf le tiembla la mandíbula.

—Si no más —añado con voz dura—. Para mí, se trata más de ella que de Summer Knoll.

—Mientras vosotros estabais por ahí haciendo quién sabe qué con vuestro pajarito, yo hice unas cuantas llamadas y organicé algunas cosas. Ahora estoy esperando a que den resultado antes de que hagamos un movimiento.

Miro a Wolf, luego a Sully, y sé solo con esa mirada que ninguno de nosotros está satisfecho con esa respuesta.

Asiento un par de veces, más para mis adentros que para otra cosa.

Llevo semanas con mis sospechas, pero el supuesto plan de Da me dice todo lo que él no confesó: o sabe quién está detrás y no planea tomar represalias, o sabe quién está detrás y no puede tomarlas.

Sin embargo, solo hay un puñado de razones por las que no podría tomar represalias: alianzas, personas protegidas, los pocos intocables de la ciudad, o que fuesen órdenes de Cillian.

—Me sorprende que no tengáis ya a alguien colgado en las cocheras por esto —reflexiona Da, interrumpiendo mi espiral de pensamientos.

—Tuvimos a gente. No a la adecuada. Nos topamos con algunos...

obstáculos inesperados. El que lo planeó tuvo ayuda.

Fue algo preparado y con múltiples frentes.

Cortaron la luz en O’Malley's pero no en los edificios circundantes; las cámaras públicas en un radio de veinte millas estaban en un bucle de sesenta minutos, pero las de residencias privadas fueron inhibidas, lo que significa que dejaron a alguien atrás para asegurarse de que siguieran así; y la furgoneta accidentada y calcinada era inidentificable, abandonada en una carretera secundaria en medio de la nada. Sin cámaras. Sin testigos.

—¿Así que os habéis rendido? Eso no suena propio de mi hijo.

La rabia que siempre fluye en mi interior burbujea ante su insinuación. —No soy un puto cobarde.

Él sonríe, con esa curva lenta de sus labios como diciendo ¡Te cacé! Siempre le ha gustado apretar ese botón mío en particular. Aprieto la mandíbula, frustrado por haber caído en su mierda otra vez.

Todo el puto mundo sabe que yo consigo que las cosas se hagan, y no tengo que demostrar ni una mierda.

—Me he ganado mi lugar en la Hermandad. Todos lo hemos hecho —hago un gesto hacia mis hermanos—, así que a menos que haya algo más, esta conversación ha terminado. —Mis palabras son bajas, apenas conteniendo el gruñido que siento atrapado en mi pecho.

Le doy la cortesía de cinco segundos para responder, y cuando no lo hace, empujo mi silla hacia atrás y me levanto. Mis hermanos hacen lo mismo, y todos nos damos la vuelta y salimos de la cocina.

—Una cosa más.

Nos detenemos en el umbral de la cocina, pero ninguno de nosotros se da la vuelta.

—Estaré fuera unos días. Lana también. Estamos trabajando en algo para Cillian.

Asiento y me alejo. Wolf y Sully me siguen hasta mi centro de mando, como le gusta llamarlo a Alaina, y cierro la puerta tras ellos.

Sully ya está pasando el escáner por la habitación en busca de micrófonos, y Wolf está revisando los lugares obvios buscando una cámara. Hemos estado fuera semanas y no tengo ni idea de quién estuvo en Summer Knoll, y mucho menos en esta parte de la casa.

Cuando estamos seguros de que es seguro, todos empezamos a hablar a la vez.

—Voy a llamar a los King.

—Tenemos que irnos.

—Está planeando algo.

—Vale —grito—. Hablemos de esto rápido. No quiero dejar a Alaina sola ahora mismo, y alguien tiene que revisar su habitación.

—Uno de nosotros debería quedarse en su habitación por la noche. Me siento jodidamente expuesto aquí, y me pone nervioso. —Wolf se estremece, subrayando su punto de vista.

—Sí, estamos de acuerdo en eso, y uno de nosotros debería estar con ella tanto como sea posible durante el día también —dice Sully mientras se apoya en la pared junto a la puerta.

Estoy seguro de que su atención está dividida entre nosotros y el esfuerzo por oír algún movimiento en la habitación de Alaina.

Estamos demasiado lejos para eso, pero no voy a ser yo quien se lo diga.

—Y voy a llamar a Maeve ahora. Creo que es hora de que dejemos de hablar de reunir a nuestros propios aliados y empecemos a consolidarlos.

—Se me revuelve el estómago. Siento que esto roza la línea de la traición, y tenemos que tener cuidado de no caer al otro lado.

Temo que no habría vuelta atrás de eso, ni con Da ni con la Hermandad.

—Me pondré en contacto con Diesel y lo pondré al día. Estoy seguro de que estará de acuerdo —dice Wolf mientras mete la mano en el bolsillo para sacar su teléfono.

—Yo veré qué tal con Matteo. Nunca viene mal tener a los italianos de nuestro lado —ofrece Sully.

—Sí. Quizá O’Malley y sus chicos. También tengo a algunas otras personas a las que tantear. Es un buen comienzo. Hagámoslo mientras el viejo no está.

—Sí, suena bien. Haré una llamada y luego entraré con Roja —dice Wolf, marcando ya.

Me siento en el extremo de mi sofá y saco el teléfono del bolsillo. Llamo a Maeve y ella responde al primer tono.

—He estado esperando tu llamada.

—Sí. ¿Sigues dispuesta a pasarte? Nos estamos moviendo más rápido de lo que pensaba. —Me froto la mandíbula, y la barba de varios días me raspa las yemas de los dedos.

—Estaremos allí mañana sin falta —dice ella, y cuelga la llamada.

—Jesús, ¿le costaría mucho decir adiós? —murmuro mientras me pellizco el puente de la nariz. Acabamos de volver y ya quiero marcharme.

No quiero dejar que el cansancio me venza, así que arrastro un portátil desde mi mesa de centro hasta el regazo y lo abro para revisar los paneles en busca de nueva información.