Sully (La Hermandad 3) 17 Alaina
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17 Alaina

DIECISIETE

ALAINA

La luz entra a raudales por la ventana y crea zonas de sol en mi dormitorio… Vaya. El pensamiento me detiene en seco.

¿Cuánto tiempo llevamos aquí para que haya empezado a llamar a este dormitorio mi habitación? No sé si debería alarmarme por lo rápido que ha sucedido o consolarme por sentirme tan como en casa aquí… al menos, de forma inconsciente.

Sigo sintiendo que piso huevos alrededor de cierto hermano Fitzpatrick. Y uno de estos días, vamos a tener la bronca del siglo. Lo presiento.

Se está formando una borrasca en el interior de esta casa, y con cada día, cada hora que pasamos sin hablarnos, gana velocidad. Antes de que nos demos cuenta, será de categoría cinco, y me temo que ninguno de los dos sobrevivirá.

Y si soy sincera conmigo misma, me muero de ganas de que vuelva a mi vida… de verdad. Lógicamente, sé que no podemos volver a como era hace dos años. Pero la romántica idealista que hay en mí todavía ve al macarra resentido que siempre se ablandaba con ella. Y ella quiere ayudarle desesperadamente.

Pero ya no somos esas personas, y no estamos en la Biblioteca Pública de Nueva York. Estamos en un piso franco en medio de… ni siquiera sé dónde, y hace unos días maté a un tío.

Joder, he matado a alguien.

Claro, fue en defensa propia, pero nunca pensé que sería capaz de hacer algo así.

Todavía me cuesta asimilar el hecho de no sentirme peor al respecto.

Creo que es porque todo se reduce a una pregunta: ¿él o yo?

Y en cuestiones de vida o muerte, voy a elegirme a mí antes que al tío cualquiera que me ha estado acosando y, al parecer, planeando nuestra vida juntos. Siempre.

Estiro el brazo y me sorprende que el sitio a mi lado esté vacío. Todavía está ligeramente cálido, así que Wolf no puede llevar mucho tiempo fuera.

Durante los últimos días, hemos tenido una especie de rutina, y ha sido… sinceramente, agradable. Muy agradable. Esta casa hace honor a su nombre, y me siento segura.

Normalmente, uno de los chicos prepara el desayuno; aún no sé de dónde ha salido la compra.

No les he visto salir, y nadie ha subido por el camino de tres kilómetros de largo.

Wolf me enseña a manejar armas —principalmente una pistola—, pero ayer me hizo ponerme creativa con una situación hipotética en una cocina.

Uno de los primeros días aquí, Rush me explicó algunas cosas en su minicentro de mando.

Una de ellas era un sofisticado sistema de seguridad que él mismo había fabricado.

En cuanto alguien entra en el camino de acceso, se envía una alerta a todos los dispositivos de seguridad, muy parecidos a los de Summer Knoll.

Al parecer, Rush también los hizo. Si alguien se acerca a menos de ochocientos metros de la casa, la alarma resuena por toda la vivienda.

Sully se ofreció a enseñarme defensa personal, pero hasta ahora solo hemos hablado de escenarios hipotéticos. Hoy por fin me va a enseñar algunos movimientos que puedo usar.

Hemos pasado las tardes juntos —los cuatro—, en el salón, jugando a videojuegos, escuchando discos, riendo.

Pero mis noches le pertenecen a Rush. Me ha estado enseñando a moverme por su centro de mando, de una manera muy elemental. Pensaba que se me daba bien la tecnología hasta que vi a Rush en acción. Tiene un don.

Es surrealista y agridulce. Me siento un poco culpable por lo mucho que estoy disfrutando de estar en esta burbuja solo con ellos tres. Me está metiendo estas… ideas en la cabeza sobre nosotros cuatro. Juntos. En una relación.

Lo cual es una idea completamente loca, lo sé.

No ha habido demasiadas muestras de afecto explícitas cuando estamos todos juntos, aparte de cogernos de la mano y besos castos en la coronilla. Pero cuando estamos solos, la cosa cambia.

Y una parte de mí fantasea con cómo sería tenerlos a todos… juntos.

Cierro los ojos y deslizo las manos por debajo del edredón y las sábanas. Sigo las curvas y valles naturales de mi cuerpo hasta llegar a los calzoncillos bóxer prestados que he estado usando para dormir.

Me rozo el clítoris a través de la tela mientras imagino cómo sería aquello.

Estamos todos en este dormitorio, pero en lugar de la cama «California king», es una cama de plataforma hecha a medida en la que cabemos cómodamente los cuatro.

Wolf es el más impaciente, así que me coge en brazos, me deja caer sobre la cama, se tumba encima de mí y me besa hasta dejarme sin aliento. Frota su polla contra mi coño y yo gimo en señal de aprobación.

Sully cierra la puerta de una patada y se apoya en ella; todavía se está castigando a sí mismo. Y Rush se recuesta contra el cabecero, contento de esperar hasta poder tenerme para él solo.

Wolf me baja los calzoncillos bóxer prestados, con las yemas de sus dedos callosos clavándose en mi piel. Una vez me los ha quitado, arrastra su nariz desde mi tobillo hasta arriba, dejando pequeños besos por el camino.

Su aliento cálido roza mi coño y…

—Joder, rojita.

La voz de Wolf me sobresalta, y aparto los dedos de mi clítoris con un chillido vergonzoso. Abro los ojos y veo a Wolf de pie a mi lado, con una mirada hambrienta.

—¿Necesitabas algo? —pregunto, y enrosco los dedos en el borde del edredón, pero lo dejo subido hasta la barbilla.

—Sí, nena, necesito algo.

El corazón se me acelera por la intención que esconden sus palabras. La avidez de su mirada reaviva el fuego que se había apagado prematuramente.

Me humedezco los labios y bajo el edredón hasta la cintura. Mi camisa ancha se ha movido mientras dormía y ahora se ha deslizado por un hombro.

—¿Qué necesitas, Wolf?

Sus ojos grises ahumados se oscurecen mientras se lleva una mano a la nuca y agarra el cuello de su camiseta. En un movimiento increíblemente sexi, se quita la camiseta, dejando al descubierto toda esa piel tatuada. Sus músculos se flexionan y siento un calor que se extiende por todo mi cuerpo.

Wolf lanza su camiseta a algún lugar detrás de él, pero se deja puestos los pantalones cortos de deporte. Apoya una rodilla en la cama y se inclina sobre mí. —A ti —dice contra mi boca.

Entonces me besa como si yo fuera el oxígeno que necesita para sobrevivir.

Hay algo tan inquietantemente similar a la fantasía que acabo de tener con Wolf que me da vueltas la cabeza.

Casi espero ver a Rush a mi lado, masturbándose mientras mira, y a Sully sujetando la puerta hasta que termine de castigarse.

Nuestras lenguas luchan por el dominio mientras hundo mis manos en su pelo. Aprovecho mi agarre para atraerlo aún más cerca de mí. Wolf gime en mi boca mientras frota su polla contra mí a través de las mantas. Pero no es suficiente.

Tardo unos preciosos segundos en apartar el resto de las mantas y abrir las piernas. Wolf no pierde el tiempo en acomodarse entre ellas, gimoteando de placer cuando solo dos finas capas de tela nos separan.

Quiero prenderle fuego a las pocas capas de algodón que hay entre nosotros para poder sentirlo contra mí. He fantaseado con este momento más de lo que me gustaría admitir, y prácticamente estoy salivando ante la promesa de placer de sus manos… de su polla.

Mi lujuria se calienta rápidamente hasta que puedo sentirla latir como el corazón. Muevo las caderas hacia arriba, y él gime mi nombre cuando deslizo mi coño caliente a lo largo de su polla cubierta de algodón.

Me pregunto durante medio segundo si he dejado una mancha de humedad en mi ropa interior, o en la suya. Pero entonces Wolf se aparta unos centímetros y sus dedos comienzan su exploración. Y ya no tengo tiempo para pensar en nada.

—Tan suave, rojita —dice Wolf contra mi boca mientras desliza una mano por mis costillas, subiendo mi camiseta prestada en el proceso—. Tan dulce.

Juguetea con mi pezón con el pulgar antes de bajar la boca. Su lengua rodea mi pezón, y cuando utiliza los dientes para tirar suavemente, lo siento directamente en el clítoris.

No he hecho esto muchas veces, pero aunque lo hubiera hecho, no creo que nada se sintiera como esto.

Se me nubla la mente cuando alterna su atención entre mis dos pezones. Sus dedos, su boca… sus dientes.

Arqueo la espalda e intento mantenerle la cabeza ahí, pero él tiene otras ideas.

—Me pregunto si eres suave y dulce en todas partes, nena. —Wolf murmura contra mi piel mientras desciende lentamente por mi cuerpo. Me mira por debajo de sus espesas pestañas, y juro que me corro un poco solo con esa mirada.

Su pelo negro, revuelto por mis dedos, le cae sobre la frente y su sonrisa es la cosa más carnal que he visto en mi vida. Envía un disparo de lujuria zumbando por mis venas.

La boca de Wolf deja un rastro de fuego hasta que llega al vértice de mis muslos.

Me provoca, rozando sus labios carnosos contra la piel sensible de la cara interna de mis muslos.

Desliza los labios justo por encima de mi clítoris y, a través de la tela de mis calzoncillos prestados, succiona. Fuerte.

Mis piernas se tensan y mi espalda se arquea cuando la sensación me golpea como un rayo. Me lame el coño a través de la tela, y estoy desesperada por sentirlo en mi piel.

Wolf aparta su cara de mí, y yo gimo mi protesta. No estoy segura de poder formar palabras que no fueran más y quédate y por favor.

—Una verdad por una verdad, nena.

La sonrisa de Wolf solo puede describirse como malvada, y arranca un ruido de frustración de mi garganta.

—¿Q-qué?

Con un dedo, aparta los calzoncillos bóxer hacia un lado, lo suficiente para pasar la punta de la lengua justo por el borde de mi coño. Antes de que pueda hacer nada más, se retira y me mira a través de sus pestañas.

—Ah, vale. —Me aclaro la garganta y miro al techo para ordenar mis pensamientos. Todo está revuelto y cubierto por una neblina de lujuria—. Yo, eh… no he hecho esto antes.

Trago saliva mientras siento que mis mejillas se calientan. Mis músculos se contraen al prepararme para el rechazo.

Debería haberlo sabido. Como no responde de inmediato, bajo la mirada hacia él, con los ojos entreabiertos.