8 Rush
cRR
OCHO
RUSH
Sully termina la llamada y tira el móvil en el portavasos de la consola central. Suelta el aire, aunque la expresión de enfado no se le borra del todo de la cara. —Lo hará. Pero ha dicho que será por el doble de nuestra tarifa habitual.
—¿El doble? —Enarco una ceja y echo otra ojeada por el retrovisor para ver cómo está mi pajarito.
Está acurrucada contra el pecho de Wolf con los ojos cerrados.
Bien. Necesita descansar. Pequeñas ascuas de celos se arremolinan en mis entrañas; quiero ser yo quien la consuele ahora mismo.
Era mi trabajo protegerla, y he fallado.
Pero la encontré. Eso tiene que contar como algo, ¿no?
Apago esas ascuas con la verdad, lo suficiente como para que parpadeen y se extingan con un siseo. Sé que este es el plan. Solo tengo que ceñirme al plan.
Ahora que Wolf está de acuerdo, lo único que se interpone en mi camino es Sully. Miro a mi hermano y me fijo en su mandíbula apretada y su puño cerrado mientras mira por la ventanilla. La tensión recorre cada músculo de su cuerpo y tengo claro que, esté listo para admitirlo o no, la ama.
Lo cual es bueno.
Es bueno, me digo a mí mismo, aunque algunas partes de esto parezcan como si alguien me hubiera clavado un atizador al rojo vivo en las tripas.
Sabía que no iba a ser fácil al principio: compartir a una mujer así.
Compartir a una mujer por una noche es una cosa, pero compartir a una mujer para el resto de nuestras vidas es algo completamente distinto.
Somos tres gilipollas alfa y posesivos, y nos han entrenado para ser los mejores, así que sabía que no sería tan fácil como dejarla caer en nuestro universo y decir «portaos bien». Pero no me esperaba esto; nada de esto.
No anticipé la yuxtaposición que es Alaina.
Canta frente a un público cada semana, pero tardó un año en acercarse a mí.
No esperaba su risa ni la forma en que ama con fiereza a sus primos. No esperaba que encandilara a Wolf tan inocente y fácilmente, ni que fuera ella la que le rompió el corazón a Sully todos esos años atrás.
Tengo la sospecha de que va a sorprenderme a cada paso.
Suelto el aire por la nariz y cualquier resto de celos me abandona. Si no puedo ser yo quien le ofrezca consuelo ahora mismo, entonces me alegro de que sea uno de mis hermanos.
—Sí, el doble. Ha dicho el doble y un favor —dice Sully con un gruñido en la voz.
—Mmm, alguien se está volviendo avaricioso. ¿Y estamos seguros de que Doc no puede reunirse con nosotros? —pregunto con un suspiro, intentando que la adrenalina se estabilice.
—Sí. Está de vacaciones por la costa —dice Sully mientras tamborilea con el pie en el suelo—. El cabrón no se ha cogido vacaciones en diez años, ¿y va y elige esta semana de entre todas?
Siento cómo se me frunce el ceño mientras encajo esta pieza de información en el gran rompecabezas. —¿Le dio Da el visto bueno?
—Ni idea. Doc dice que sí, pero como la cobertura es irregular donde está Da, no puedo confirmarlo. —Sully aprieta la mandíbula y sé que está pensando lo mismo que todos nosotros: debería estar en casa para esto.
—Con lo que le pagamos, Doc debería acudir en cuanto lo llamamos.
Me importa una mierda dónde esté —gruño.
Usar a alguien nuevo es siempre una apuesta, y últimamente no me siento con mucha suerte, ni muy caritativo, pero no necesito decírselo a Sully.
Estoy seguro de que ya lo sabe—. ¿Qué opinas del tío?
¿Deberíamos cambiar nuestro punto de encuentro a un lugar más alejado del piso franco?
—Depende. ¿Cómo te sientes de confiado? —Sully hace una pausa—. ¿Lo suficiente para arriesgarla a ella? —Hace un gesto con la cabeza hacia el asiento trasero—. Porque no sabemos una puta mierda de él.
La miro de nuevo por el retrovisor. Parece un ángel caído: cubierta de tierra, arañazos y sangre. No hay forma de que se dé cuenta de su propia ferocidad. Todavía no. Pero lo hará, un día, pronto.
Ya le había hecho un voto silencioso a ella, a mis hermanos, a mí mismo, de que la convertiría en una de nosotros.
No se da cuenta de que lleva su fiereza como una suave chaqueta de cuero.
—Doc ha estado en nuestra nómina durante al menos veinte años. Si quisiera hundirnos, ha tenido muchas oportunidades de hacerlo antes. Y si responde por este tío…
—Sam —interrumpe Sully.
—Por Sam, si me hubieras preguntado la semana pasada, te habría dicho que claro. ¿Pero hoy? No, hoy no me siento muy confiado. Cámbialo a un lugar totalmente aleatorio y a un par de horas de distancia.
Sully se encoge de hombros; un movimiento forzado y rígido que parece más incómodo que despreocupado. —Claro. Cosa tuya, hermano. A mí no me importa demasiado de una forma u otra.
—Cierra la puta boca y déjate de gilipolleces, tío —espeta Wolf desde el asiento trasero.
Sully se tensa y gira la cabeza bruscamente para mirar a Wolf. —Que te jodan, tío. Esto no cambia una mierda entre nosotros. —Hace un gesto entre él y Alaina—. Vine por vosotros, porque somos hermanos.
—Sí, somos putos hermanos. Así que más te vale recordarlo la próxima vez que intentes esa gilipollez de nuevo, ¿entendido? —El tono de Wolf es duro, implacable.
No le falta razón. A pesar de las ruidosas protestas de Sully hacia nuestra pajarita, ha estado alterado desde su secuestro. Decido no mencionar el hecho de que tuvieron que separarlo no de uno sino de dos tíos en el sótano de la cochera hoy mismo.
—De acuerdo, Wolf —masculla Sully entre dientes. Suena mucho más a que te jodan, Wolf.
Miro a Wolf en el espejo. Aprieta la mandíbula y su mirada haría que hombres de menos valía se measen encima. Sully aguanta la mirada como solo un hermano podría. Es su mierda y tendrán que arreglarla ellos. Nadie dijo que esto sería fácil. Pero somos hermanos, y somos más que solo sangre.
Diez minutos silenciosos después, me aclaro la garganta. —Vale. Entonces vamos a usar a este tipo de reserva. Dile que se reúna con nosotros en… joder, ¿dónde estamos?
—Ni puta idea. Algún pueblo sin ayuntamiento. Encontraré un lugar donde podamos reunirnos a unas ochenta millas al oeste del piso franco —dice Sully mientras abre su móvil y saca la aplicación del GPS.
Asiento hacia Sully y luego cruzo la mirada rápidamente con Wolf en el espejo. —¿Cómo está nuestra chica?
Wolf suspira y pasa suavemente la mano por el pelo enmarañado y con costras de sangre de Alaina. —No lo sé, tío… es que… hay mucha sangre y…
Sully gira la cabeza bruscamente para mirar fijamente al asiento trasero en general. —¿Qué quieres decir con que hay mucha sangre?
—Quiero decir, gilipollas, que está cubierta de sangre, y no puedo decir si es suya o de ese hijo de puta de la cabaña —prácticamente gruñe Wolf a Sully.
—Vamos a tener que hablar de todo lo que pasó. Conocer su versión de los hechos —dice Sully, con las cejas fruncidas.
—¿Qué le ha pasado a tu «a mí no me importa»? —se burla Wolf.
Sully se gira en su asiento, con el rostro pintado por una mueca de enfado. —¿Me estás jodiendo…?
—Basta —digo con un suspiro—. Volviendo al tema. Estoy dispuesto a apostar que la mayor parte no es suya. Pero aun así necesita que la revisen. Tiene algunas laceraciones serias, y estoy seguro de que tiene una conmoción cerebral.
—Nos reuniremos con Samuel en el Wolfpack Lodge —dice Sully mientras vuelve la vista al frente y se desplaza por su móvil—. Es el hotel más cercano donde podemos tener algo de privacidad y aun así tener varias estrategias de salida en caso de que las cosas se tuerzan. Otra vez.
—¿Alguna información sobre la gente que ha hecho esto? —pregunto mientras me incorporo a un tráfico más denso.
—No, todavía no. Nuestros chicos no vieron mucho antes de que empezaran las explosiones, así que incluso si había alguna prueba, ya se ha esfumado —dice Sully mientras teclea en su móvil—.
He hecho el check-in. Así no tendremos que cargar con ella por el vestíbulo y arriesgarnos a que algún buen samaritano llame a la policía.
—Se gira para mirarme—. ¿Has tenido noticias de tu contacto?
Niego con la cabeza. —Todavía no. Pero tendremos algo pronto. De eso, estoy seguro.
—¿Y estás seguro de que podemos confiar en él?
Últimamente hemos tenido más que nuestra cuota de gilipolleces.
Si no tuviera a mis hermanos, no sé qué haría.
A todos nos han inculcado una buena dosis de paranoia —es un mal necesario en nuestras vidas— pero desde que nuestros hermanos se chivaron hace dos años, ha estado en su punto más alto. Cada minuto que estamos despiertos.
Joder, incluso estoy dudando de mi propio padre estos días. Lo que me recuerda... —¿Ninguno de los dos ha tenido noticias de Da?
Sully me mira de reojo, con el rostro duro. —¿Qué quieres decir? Creía que estaba de camino a casa. ¿No te llamó cuando aterrizó como de costumbre?
Niego con la cabeza e intento controlar mis pensamientos arremolinados. —No estoy seguro de poder añadir otro puto estrés a este día… Espera. ¿Qué día es?
—Casi domingo. —La voz de Wolf es baja, pero después de una ojeada a mi pajarito, dudo que se despertara aunque gritáramos. Está completamente frita.
Suspiro y me paso una mano por la cara, sintiendo la barba de un par de días raspar contra mi piel.
—Joder. No he dormido en más de veinticuatro horas.
—Hago una pausa—. Pero no, no he hablado con Da.
Y no he olvidado todo lo que pasó antes de lo de O'Malley.
—Suspiro y miro la carretera interminable que se extiende ante mí.
No hay mucho tráfico aquí, al menos no a estas horas de la noche—.
Pero procedamos con cautela. Todavía no confío en él.
—¿Así que no vamos a un piso franco de la Hermandad? —No hay pregunta en su tono.
—Sí. Vamos a nuestro piso franco. Vamos a Golden Oak —confirmo. Nombramos nuestra propiedad Golden Oak como un guiño a la forma en que los robles de los alrededores se vuelven dorados en otoño.