Su Julieta (Imperio de Realeza 2) 28 Romeo
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28 Romeo

ROMEO

El vodka me quemaba la garganta. Lo odiaba, pero llevábamos dos horas negociando el contrato con la Bratva, puliendo meticulosamente cada detalle tedioso de nuestro acuerdo comercial, y no podía soportarlo completamente sobrio.

Mátenme ya.

Me sentí aliviado cuando sonó mi teléfono, dándome una razón para escaparme de esta pesadilla.

Salí de la sala de reuniones para atender la llamada de Matteo.

—Romeo. —Su voz estaba llena de angustia, y mi corazón empezó a latir con fuerza—. El Carnicero ordenó matar a Sienna y Sofiya.

El corazón me dio un vuelco y se me apretó el pecho.

—Mierda.

—Te necesito de vuelta en la ciudad. No puedo... —Se aclaró la garganta—. Nada puede pasarles.

Quería a Sienna y Sofiya. La idea de que alguien las amenazara hacía que la oscuridad en mi interior forcejeara contra sus ataduras.

—¿Sabemos quién aceptó la oferta? —Los asesinos a sueldo usaban una red en la dark web para aceptar asesinatos en todo el mundo.

—No. Franco está investigando, pero nada hasta ahora.

Quise sugerirle que le pidiera a Sienna que ayudara a Franco, aunque sabía que en este momento la protegería aún más, así que no insistí.

Volví a la sala de reuniones y les hice una seña a mis hombres, que inmediatamente vinieron a mi lado. Temía contarle la amenaza a Dimitri. Esto no iba a salir bien.

—Tenemos que volver a la ciudad. El Carnicero ordeno un ataque contra Sofiya y Sienna.

Dimitri se puso de pie de un salto y maldijo. Volteó hacia Maxim y habló en un ruso rápido.

—Cinco de mis hombres te acompañarán ahora y enviaremos a los otros veinticinco esta próxima semana.

Levanté la barbilla.

—Gracias.

—Protégelas, De Luca. —Dimitri tenía el rostro severo y los puños apretados. Estaba claro que preferiría proteger a su hermana él mismo, pero tenía responsabilidades como Pakhan.

—Lo haré.

Los soldados de la Bratva nos siguieron en su SUV blindado hasta que llegamos al jet. Subí trotando las escaleras metálicas.

Volvíamos a New York.

De vuelta con Julieta.

Se me revolvió el estómago al ubicarme en el asiento, con los soldados a mi alrededor.

Si el Carnicero iba tras Sofiya y Sienna, yo no podía conducirlo hasta Julieta.

Miré por la ventanilla del avión, pero todo el color había desaparecido del paisaje al darme cuenta de que tendría que alejarme de ella.

Había sido incapaz de salvar a mi padre y de proteger a mi madre.

Me negaba a que la historia se repitiera.