63 Dimitri
DIMITRI
—Hora de dejar de trabajar, Malyshka.
Sonreí cuando Sienna apartó la mirada de la pantalla de su computadora, mirándome con un ceño adorable y fruncido.
—Solo tengo una cosa más que investigar.
Había tenido una llamada con Aleksei a primera hora de la mañana y desde entonces había estado cazando a Souleater.
La había visto tener ese tipo de concentración obsesiva cuando la observaba a través de las cámaras de seguridad, pero vivirlo en persona era diferente.
Al menos yo estaba aquí para obligarla a comer y a tomar descansos.
Negué con la cabeza.
—Eso dijiste hace una hora.
Me miró parpadeando con una expresión de ojos grandes y sorprendidos.
—¿Eso fue hace una hora?
Acorralé su cuerpo en el sofá, mordiéndole el labio inferior.
—Sesenta y dos minutos, para ser exactos.
Soltó un chillido de protesta cuando cerré su laptop.
—Pero estoy tan cerca. Te juro que la respuesta está muy cerca, pero no la puedo conseguir. Solo dame otra hora…
La interrumpí con un beso.
—Buen intento, nena. Podrás entenderlo mejor cuando descanses. —Agarré su computadora y la puse sobre la mesa de centro—. Y en este momento, necesito abrazarte.
Gruñó, pero se derritió inmediatamente contra mi pecho cuando me senté a su lado en el sofá y la senté en mi regazo.
—Apuesto a que no le dices a Aleksei que tiene que dejar de trabajar y darte mimos.
Me reí y pasé mi dedo por su labio inferior en un puchero.
—No puedo decir que lo he hecho.
—Probablemente sea lo mejor. Hay alguien más con quien él se quiere acurrucar.
Alcé una ceja, sin embargo, no dijo más y no iba a entrometerme en la vida amorosa de mi familia.
Inhaló profundamente y agarró mi mano, presionando mi palma contra su vientre justo a tiempo para que yo sintiera una pequeña patada.
—Hoy ha estado pateando mucho. Creo que está empezando a sentirse acorralada.
—No puedo creer que vayas a dar a luz en dos semanas.
Enterró su cara en mi cuello y apretó mi camiseta.
—No me lo recuerdes.
Le di un beso en la cabeza para que no viera la ansiedad en mi rostro. Sofiya no paraba de enviarme artículos sobre el parto y cómo apoyar a tu pareja durante el mismo, mas me habían aterrado. Tantas cosas horribles podrían pasar.
—Lo harás increíble. Y yo estaré contigo.
Suspiró.
—Simplemente no voy a pensar en ello en este momento.
—De acuerdo, nena —murmuré.
Recorrí mis dedos arriba y abajo por su vientre, deseando que nuestra bebé volviera a dar patadas. Me había perdido mucho, y ahora su embarazo casi terminaba. Estaba decidido a absorber cada experiencia que me quedara.
—¿Has…? —Mi pregunta se atoró en mi garganta. Mierda. Pensé que me habían quitado la capacidad de estar ansioso, pero ahí estaba, tartamudeando frente a mi esposa.
—¿Qué? —Los dedos de Sienna pasaron por mi cabello, calmándome al instante.
—¿Has pensado en nombres? ¿Para nuestra niña?
Ella levantó la vista con una sonrisa, pero entonces su labio inferior empezó a temblar. Le sujeté la cara con ambas manos.
—¿Qué pasa?
—Es que es tan agradable oírte decir eso. Nuestra niña. Intenté aceptar que nunca me amarías, pero la idea de que no amaras a nuestra bebé…
Cerró los ojos con fuerza, y lo único que pude hacer fue darle suaves besos por la cara. Me dolía el corazón por el dolor que le había causado, por las decisiones que nunca podría deshacer.
—Perdón. —Soltó una risa temblorosa y se secó los ojos—. Tú solo estás siendo dulce y yo soy un desastre llorón. Para responder a tu pregunta, quizás he pensado en algunos nombres.
—Siempre puedes desmoronarte conmigo. —Fruncí el ceño—. Excepto que no me gusta verte llorar.
Me besó riendo.
—Normalmente no lloro tanto. Las hormonas del embarazo son una locura. Pero yo estaba pensando en un nombre ruso. Quiero que tenga todos los apodos adorables. Mi nombre no tiene todas las versiones adorables.
—Excepto la que inventaron los guardias, Sienochka. —Era adorable, pero la bestia posesiva que llevaba dentro se erizaba al ver que fueron mis hombres a quienes se les ocurrió. Le acaricié la mejilla con la mano—. ¿He olvidado ponerte apodos, Malyshka?
—Solo digo que no me importaría tener más —agregó con seriedad.
Apoyé mi sonrisa en su hombro.
—Lo tendré en cuenta. —No pude evitar que mis labios besaran una línea errante por su cuello—. ¿Qué nombres rusos te gustan?
Agarró su teléfono de la mesita, con una amplia sonrisa en su rostro.
Me reí cuando abrió su aplicación de notas.
—Oh, ¿quizás has pensado en algunos nombres?
Puso los ojos en blanco, pero eso solo hizo que mi risa se profundizara. ¿Alguna vez había sido tan feliz?
—Sveta y Polina me ayudaron con algunas ideas, y yo había reducido la lista a algunas de mis favoritas: Katya, Zoya y Liliya.
Se me cortó la respiración en el pecho y mis dedos se quedaron congelados en su camino sobre su vientre.
—¿Sí?
—Sí. Katya y Zoya son adorables, pero sigo volviendo a Liliya.
Polina dijo que podía tener Lilya o Lilochka como apodos.
El nombre significa lirio, y esa era la flor favorita de mi mamá.
—Sus ojos se humedecieron de nuevo y tragó saliva con fuerza—.
He echado mucho de menos a Mamma durante mi embarazo.
Sigo deseando poder hacerle preguntas y pedirle consejos.
—¿Cuántos años tenías cuando murió?
—Once.
—Lo siento mucho, cariño. Tus dos padres murieron al mismo tiempo, ¿verdad?
—Sí y no. —Se mordió el labio—. Matteo y yo estábamos en casa cuando pasó. Estábamos viendo una película y escuchamos los disparos.
Maldije.
—Nunca deberías haber escuchado eso, nena.
—No es nada comparado con lo que tú…
—No. No compares. ¿Y si nuestra niña nos perdiera así? Sería horrible. —Pasé mi pulgar por la arruga preocupada entre sus cejas—. Nunca dejaré que eso pase. Nuestra niña crecerá con dos padres amorosos.
—¿Lo prometes?
—Sí. Lo prometo. —Apoyó su cabeza en mi hombro y yo jugué con los rizos de su cabello—. ¿Qué pasó después?
—Matteo y yo salimos por los túneles subterráneos bajo nuestra casa, pero si Matteo hubiera estado solo, podría haber corrido a la oficina y peleado con mi tío. Uno de ellos seguía vivo, y podría haberlos salvado. Pero él me salvó a mí.
La culpa estaba escrita en su rostro, una culpa que no era suya para cargar.
—Me alegro muchísimo de que lo haya hecho, carajo. No hay garantía de que pudiera haber salvado a alguno de tus padres, pero es casi seguro que habría muerto en el proceso. Además… —Le di un beso en la punta de la nariz—. Eres infinitamente digna de ser salvada.
—¿Tú crees?
—Sin duda alguna. Haces del mundo un lugar mejor solo por ser tú, y eso sin contar las cosas increíbles que haces y las vidas que has salvado con tu hackeo.
Se apoyó en mi caricia.
—Pareces bastante obsesionado conmigo.
—Lo estoy. —Mis labios rozaron los suyos y ella se suavizó, su lengua recorriendo la comisura de mi boca. Me obligué a apartarme, solo un poco—. He sido un tonto.
Ladeó la cabeza y continué:
—Tú y yo perdimos a nuestras madres más o menos a la misma edad, pero yo cerré mi corazón al amor mientras el tuyo permaneció abierto.
Frunció el ceño y negó con la cabeza.
—Tuve a mi hermano y a Gianna y después, amigos y seguridad. Nunca tuviste nada de eso. —Su voz suave y el tacto ligero de sus dedos sobre la barba de mi mejilla calmaron mi corazón adolorido—. Y amas a tus hermanas, a Polina y a Sveta. Maxim, Aleksei, Sergey y Vovk.
Fulminé con mi mirada al animal dormido.
—El traidor.
Se rio.
—¿Traidor?
—A Vovk le agradas más de lo que jamás le agradé yo.
—Bueno, nunca le compraste una chaqueta impermeable ni un suéter. Además, estoy bastante segura de que quiere a la bebé más que a nadie.
—Nuestra niñita. Liliya.
—¿Sí?
Tragué el nudo en mi garganta.
—Liliya era el nombre de mi madre.
Los ojos de Sienna se llenaron de lágrimas, pero su suave sonrisa era lo más radiante que había visto jamás.
—Entonces es perfecto. Nuestra Liliya.